Autor: Merriam A. Grain

  • Clasificaciones para quebrarse la cabeza en dos partes (PARTE 2)

    Mmmm estábamos con la clasificación del tipo de escena.

    No nos demoraremos mucho aquí (eso digo que pienso)  y entonces me pongo a hablar por los codos (hago algo distinto). Se llama escena de diálogo interno o monólogo. Y puede ser así como lo exhibo o pasar directo al monólogo interior con un grado de simbolismo mayor o menor a según. Esto no me lo creo ni yo que lo escribí pero bueno, ilustra la cosa:

    Firmó inmediatamente el seguro de vida. Estaba seguro que Shirley era una idiota integral que terminaría en la calle si él sufriera un accidente. Ella decía que pagar el seguro no disminuiría los impuestos por defunción y que eran jóvenes y estarían juntos por muchos años. ¡Que sabía ella de impuestos si no trabajaba! Además, no quería que el hijo de ambos sufriera la falta de atención resultado de que Shirley tuviera que trabajar, probablemente como asistenta porque sólo sabía limpiar y cocinar. En esta trama, el seguro de vida podría representar el genio financiero de la mujer que ¡zas!, lo asesina agregando etanol al 60% en la gasolina del auto y abandona al hijo en un convento.

     Para complementar este tipo de escenas, también existe una que Chuck Wendig considera indispensable —y mi madre también pues no le gustan las historias sin diálogo

    Mmmmm. Ya valió. Otra vez nos encontramos al negrito en el arroz. Papaito Piernas Largas (“Daddy Long Legs[1]) de Jane Webster.

    Resulta que, Intrigada por el uso repetitivo de esta novela como telón de fondo —pretexto en realidad, para historias yaoi o adaptaciones al manga shoujo— decidí aventurarme en su lectura. Cosa más bella. Es una historia contada en forma de ¡cartas! El diálogo, brilla por su ausencia. Es todo monólogo interior y narración descriptiva. Y aun así logró conquistar mangakas y uno que otro cineasta. No, mi mamá no la leería nunca.

    Bueno, ya me fui por las ramas —me emocioné.

    En fin, si han leído “El silencio de los inocentes” de Thomas Harris o la han visto; recordarán que Starling es sureña y del campo. Su forma de hablar —muy marcada en el «much obliged m’am» — la delata como “plebeya” junto con sus zapatos baratos (¿o era la bolsa?). Un recurso al estilo «Muestra no digas/expliques» que también nos ayuda con la introspección a la psique del personaje en su tono, uso del lenguaje —palabras endecasílabas, gramática correcta o frases mal construidas— e interacción o traición entre lo que dice y hace.

    De acuerdo con Domet, la escena de diálogo ayuda a acelerar el ritmo del relato pues queremos saber que dicen después. Supongo que con el diálogo se activa el síndrome del chismoso de la ventana que todos llevamos dentro.

    Escena 4 toma 2. ¡Acción! Las escenas de acción son escenas para llevar la trama hacia adelante —no pregunten, yo tampoco entendí mucho esta definición. El caso es que este tipo de escena tiene lugar cuando tu personaje decide hacer burradas para lidiar con las consecuencias después. Ya sea porque no se paró a reflexionarlo o porque no consultó las cartas del Tarot. Domet lo explica como la REACCIÓN a los eventos (no sólo correr y tirar trancazos o ametrallar a los malos).

    Para estas escenas su consejo me pareció interesante: empezar en ¿medias res[2]? o a mitad de la acción para crear tensión. Describiendo un montón lo que siente, escucha, ve y prueba el personaje.

    Por otro lado, el otro buen consejo es: empieza por el principio. Ah, escribir/diseñar es difícil. Contradictorio. Y maravilloso.

    ¿Similares a las escenas de acción pero más lentas e internas son las escenas de drama? En realidad un simple estofado[3] con acción, descubrimiento y emoción a partes proporcionales. Si tuviera que describirlo como un platillo; para mí, el drama sería mole de olla. Caldo de carne con papas en cubitos, zanahorias, elote y chile guajillo…para los que no sepan que es.

    Sarah Domet utiliza una escena de El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald como ejemplo. Y tengo un problema (o voy a la ruina). Por desgracia, leí el libro en español. No me resultó tan genial como le parece a ella. Por lo tanto no alcanzo a ver lo que ella dice. Eso o no tengo la costumbre de sobre analizar lo que leo. Empero, es algo así como el clímax de Ana Karenina, cuando Ana se da cuenta que no puede seguir con la vida que lleva y reacciona arrojándose a las vías del tren. Eso o no tengo idea de qué esta hablando la autora.

    Y fiuu, vaya que es para romperse los cuernos con estas clasificaciones. Creo que debí atacar primero el problema ¿qué es una escena? En lo que a mí respecta me quedo con dos tipos de escena: interna y externa. El diálogo y el drama los tomaría como resultado del uso de ambos tipos de escena. La acción no sé ¿Tú?


    [1] En inglés se les dice así a las arañas patonas que no son arañas sino opiliones y que da lugar al mote del donante generoso que envía a Jerusha a estudiar.

    [2] A muchos autores les encantan las referencias en latín…tendré que estudiar latín, coñ..ac.

    [3] El más sencillo de los platillos es un manjar de dioses en manos de alguien calificado. Yo, por desgracia no lo estoy. Tengo la entrada vedada a la cocina…excepto para hornear pan. O hacer rollitos de jamón, que son seguros, fáciles y casi imposibles de arruinar.

  • Bob esponja mola

    ¿Estás pensando en abandonar esta entrada? Antes de hacerlo déjame poner dos de mis cartas sobre la mesa:
    Bob esponja no me gusta
    La explicación de las causas que llevan a un resultado no significa que estamos de acuerdo con el resultado. Ni que el resultado tenga por fuerza que ser así.

    Digamos que un día cualquiera compras una película del botadero en el super. Llegas a casa y empiezas a verla. La trama…se trata de mujeres en atuendos ajustados* luchando contra un archi-villano que pretende convertir a un bebé en el emperador inmortal que actuará como su marioneta y reinará sobre los seres humanos. Como no sabe que bebé es el bueno, secuestra a un montón de niños; al fin y al cabo puede convertir a los bebés sobrantes en sus secuaces. Hay además un científico trabajando en una capa invisible y un detective eficaz contra los malos del montón pero inefectivo contra los super villanos.
    No suena muy diferente de un film americano de super héroes ¿O si?
    ¿Y qué tienen que ver los super héroes con Bob Esponja? Un mucho y nada como verás  a continuación.
    La película realmente no era muy atractiva en realidad. Es una película de culto, es china una parte de los diálogos estaba sin traducir y el presupuesto la hizo parecer un episodio de Batman y Robin con ropa y lugares a lo futurista sólo faltaban los pow y los pam en sendas viñetas para serlo de verdad.
    Ante las caras un tanto insatisfechas de mi familia, se me ocurrió la pregunta:
    ¿Qué hace de esta película distinta (en cuanto a la trama)  de Superman o Batman? Que hace que Batman o Superman no nos parezca tan ridículo**. A lo que recibí una respuesta inesperada. Mi mamá me contestó:
    ¿Te acuerdas del día que nos subimos al camión y había dos jóvenes hablando de Bob Esponja? ¿Cómo hablaban?
    Recordé. Los dos estudiantes de CBTyS (bachillerato tecnológico), eran verdaderos forofos de Bob Esponja; se habían aprendido los capítulos como si de oro líquido se tratara. Comentaban con una fruición los capítulos, que casi se antojaba ver la caricatura. Apuesto a que se sabían mejor sus escenas favoritas que la tabla periódica, la cronología de las  conquista española o la carta de los derechos del niño. O las tres cosas juntas.
    Es decir, hay a quién le gusta Bob Esponja. Y a quién le gusta el Quijote. Y a quienes les gusta el béisbol. Y…el fútbol. Y…muchas otras cosas que no nos gustan***.
    Lo extraordinario no es que a otros les guste algo que no nos gusta a nosotros. Lo extraordinario es encontrar cuando compartimos algo que nos gusta y disfrutar aquello que compartimos; sin menospreciar lo que no como ridículo, estúpido o inútil.
    Por lo tanto, Bob Esponja mola. Siempre y cuando no me obligues a verlo.

    *Heroínas. Por si se les antoja ver a Maggie Cheung, Anita Mui y Michelle Yeoh.
    **Claro que la manufactura la pone a años luz de estos filmes y no parecía del todo bien contada. Aunque no hay modo de saberlo porque según mi profesor de cine en la universidad, los japoneses tienen películas con veinte minutos de inmovilidad total (¿quién puede ver eso?). A saber que consideran los chinos como bien contado porque no conozco a ningún chino que me diga y dudo poder leer algún tratado sobre escritura de ficción que esté escrito en chino.
    ***A mi no es que no me guste el fútbol, lo que no me gusta es que sea pretexto para comportarse como multitud. Del mismo modo que los conciertos de rock, o cualquier evento masivo. De hecho, no me gusta ver deportes, ni en la tele ni en vivo. Me gusta más participar, a pesar de mis grandes habilidades atléticas que consisten en tropezar con el balón o temer todo objeto que caiga del cielo.


  • Clasificaciones para quebrarse la cabeza en dos partes

    (Según Sarah Domet en “90 days to your novel”  y que me hacen querer claudicar. De hecho si no claudico es porque tengo el talento de ser obstinada y cuando alguien me dice que no…)

    A grandes rasgos existen dos tipos de escena narrativa: interna y externa.

    Las internas se caracterizan porque mucho de lo que pasa en el día, pasa en nuestras cabezas. Las discusiones entre todos los yo existentes, lo que pensamos de las cortinas de la vecina o lo mucho que nos agradó ver el magnífico derriere del vecino o vecina que lava el coche en domingo…

    Al contrario, las externas se refieren a todos los encuentros casuales de nuestro personaje con personajes menores. Si compra pan o va al gimnasio entonces saluda a la asistente de mostrador o se despide del recepcionista con un movimiento de cabeza. Una especie de interacción que le permite enlazarse con el mundo exterior y, que de acuerdo con Domet; en caso de faltar, hace de la historia algo aburrido…

    Si recuerdo bien, Teresa (de “La insoportable levedad del ser”) no tiene mucha interacción que digamos con otros personajes. Mucho menos la niña de “El amante de la China del Norte”. Aunque quizás por eso,  estas historias son LITERATURA y no resultan tan populares como Agatha Christie. Para Sarah Domet[1], las buenas novelas están pobladas de estas relaciones casuales en formas y arreglos distintos. Lo que nos lleva a Miss Marple; Miss Marple siempre está recordando lo que dijo o hizo este o aquel tipo y habla con toooodo el mundo. Así que algo de razón debe de tener. Pocas personas se sustraen a la emoción de resolver un acertijo de Chritie.

    Hay un webtoon en particular donde ver este juego de escena interna/externa de una forma particularmente divertida y encantadora: Yumi’s cells de Donggeon Lee. Los pensamientos del personaje principal, Yumi; son actuados en escena por la célula del amor, del hambre, emocional, la de las buenas manera, la racional, histeria, traviesa. Todo lo que pasa por su cabeza es un juego de interacción entre estos mini-personajes. Por lo que, al menos en este caso, las escenas externas muestran a Yumi como una entidad que engloba lo que sucede fuera; ya sea sola o con otros personajes. Me parece que es un buen ejemplo porque es un webtoon y está a medio camino entre el guión y la novela. A Ronald B. Tobias (el de las “20 master plots”) le gusta usar películas en sus ejemplos (además de libros) porque lleva menos tiempo VER de qué demonios está hablando. Aunque quizás haga falta un medio con recursos distintos —dónde verlo y leerlo; pues en el cine (no digo que sea más fácil escribir para cine)  cuentas con imágenes que se mueven y en las novelas sólo te puedes fiar de las palabras. Un mismo problema con herramientas diferentes.

    OTROS TIPOS DE ESCENAS:

    ¡Peligro! Aquí  veo aproximarse el barco del cliché en la escena de ambientación

    La brisa fresca y el cielo azul cuando nuestro personaje está de buenas y la tormenta cuando las cosas van mal.

     Claro, es impensable que un buen autor no las pueda arreglar para ambientar. Y, como dice el anfitrión de Esto es ópera cuando habla de Turandot: «no siempre el cliché es malo». El cliché puede ambientar rápidamente logrando una identificación sin mayores explicaciones:

    La mañana brillaba al sol, le sonrió a su imagen en el espejo.

    También puede ayudar; aportándonos un poco de direccionalidad a la hora de buscar nuestra propia ambientación. En Yumi’s Cells; Donggeon Lee utiliza  a una banda de rock llamada «Endorfinas»  para ejemplificar lo bien que se siente Yumi en determinadas circunstancias.

    Camilleri —mi escritor fetiche—dice abiertamente algo como esto: el cielo tronaba y Montalbano, que cambiaba de humor según el clima, estaba que echaba chispas. Y nosotros echamos chispas con el comisario.

    Explicadas hasta el cansancio en Conceal don’t feel 1 y su secuela. Las escenas emocionales. Oh, vaya ¿es una lata ir a leerlas? De acuerdo[2]; para Domet resulta imprescindible explicar con sensaciones físicas las emociones para darle sabor al caldo. Yo creo que te las puedes brincar diciendo como se siente el personaje en corto, si lo que importa es la acción. Por supuesto, son de lo más importante si el cuento es un romance. O, en las tramas de venganza y de cenicienta donde resulta imprescindible darle emoción al asunto.

    CONTINUARÁ…


    [1] Usa como ejemplo a Charles Dickens que poblaba sus novelas con docenas de personajes «insignificantes pero divertidos de conocer». ¿Algún experto en Dickens por ahí? Yo solo he leído Christmas Carol y no fue de mis favoritos, por lo tanto no recuerdo mucho.

    [2] Cómo detesto las escenas de recuerdos en los doramas, son demasiado largas y no aportan nada a lo que ya viste. Resultan repetitivas si ya viste el episodio. Si no, te ahorran el ir a verlo…

  • Conceal don’t feel : en narrativa las emociones no se nombran 2

    Desde la entrada sobre la emoción y cómo no decirla (recuerden, sólo mostrarla, no decirla y eso fue humor negro), han pasado unas cuantas páginas de Homo Deus de Yuval Noah Harari  (también de Las dos torres de Tolkien, que aunque no lo crean no había leído). Y en ellas he encontrado un resumen interesante y lógico del cambio social y su reflejo en la forma de la expresión literaria.

    Es como leer a Joseph Campbell pero con una perspectiva histórica en vez de psicológica, en pocos párrafos. Además de estar relacionada con la entrada anterior (Conceal don’t feel) al hablar de los sentimientos, las ideas dominantes y la forma en la que se representan en la literatura o los medios. La realidad es que, no podría decirlo mejor (no soy tan buena escribiendo) pero lo intentaré y añadiré un comentario/crítica.

    Harari habla del humanismo como de una religión. Para él, las religiones no necesariamente requieren de un dios, sino de una serie de postulados que creemos y entendemos como especie y que nos guían a través del mundo en una especie de cartilla filosófica moral.  De tal suerte que el humanismo comienza sus dogmas  de fe con el valor de la vida humana como centro. La religión cristiana (desde la ortodoxa hasta la protestante y new age) ponen a dios en el centro del universo y nos convierte en meros recipientes de una voluntad externa. Para este tipo de concepción del mundo, los sentimientos humanos NO son preponderantes.

    El humanismo (algunas personas o muchas lo mezclan con residuos de creencias en dios) ve la vida humana como una serie de experiencias. Por eso el arte y el turismo se concentran en vendernos experiencias: la ruta Otomí, el impacto de las cataratas del Niágara…la búsqueda del cambio a través de la experiencia humana. Vaya, este hombre habla de la trama de búsqueda como producto del humanismo.

    ¿Cito un poquito? Si, citaré un poquito.


    “De forma parecida, mientras que la mayoría de las narraciones pre-modernas se centraban en acontecimientos y actos externos, las novelas, las películas y los poemas modernos suelen girar alrededor de sentimientos.
    Las epopeyas grecorromanas y las aventuras caballerescas medievales eran catálogos de hazañas heroicas, no de sentimientos. Un capítulo contaba cómo el valiente caballero luchaba contra un ogro monstruoso y lo mataba. En otro capítulo se relataba cómo el caballero rescataba a una hermosa princesa presa por un dragón que escupía fuego y lo mataba. Un tercer capítulo narraba cómo un malvado hechicero secuestraba a la princesa y cómo el caballero perseguía al hechicero y lo mataba. No sorprendía que el héroe fuera invariablemente un caballero, en lugar de un carpintero o un campesino, porque los campesinos no realizaban hazañas heroicas.
    De manera significativa, los héroes nunca experimentaban ningún proceso importante de cambio interno. Aquiles, Arturo, Roldán y Lanzarote eran guerreros intrépidos que ya tenían una visión caballeresca del mundo antes de que emprendieran sus aventuras, y seguían siendo guerreros intrépidos con la misma concepción del mundo al final. Todos los ogros que mataron y todas las princesas que rescataron confirmaron su coraje y perseverancia, pero en último término les enseñaron pocas cosas.
    Que el foco humanista se centrara en los sentimientos y las experiencias, en lugar de en las hazañas, transformó el arte. A Wordsworth, a Dostoievski, a Dickens y a Zola les importaban poco los valientes caballeros y sus proezas, y en cambio describieron cómo se sentía la gente corriente y las amas de casa”

     Después de este párrafo ejemplifica como Survivor (nunca he visto el programa, así que tendré que creerle) en vez de ofrecernos batallas sangrientas, combates encarnizados a muerte con un solo vencedor; al gusto del patricio medieval o del espectador grecorromano, nos ofrece cinco minutos de desafíos de educación física para preescolares y montones de charlas analizando lo que otros dijeron y los sentimientos resultantes.

    Parece lógico y resulta fascinante porque es cierto que la literatura cambió.  Como resultado del cambio de ideas en la mente de montones de seres humanos. Y como bien sabemos, los editores y los escritores solían estar en las líneas de avanzada; con las antenas puestas para ser capaces de imaginar el mundo. Aunque…si, hay un ligero pero…(diría Hamm, la hucha-cerdito, peros, peros, peros)

    La historia griega de Jason y el vellocino de oro, con todo y sus acciones heroicas como corresponde a una historia homérica, también habla de sentimientos. Escondidos, claro, bajo la regla «muestra, no expliques/digas».

    Al fin y al cabo, Jason empieza la búsqueda del vellocino como el ingenuo muchacho que visita al usurpador, pidiéndole que le devuelva el trono. Muchacho que se convierte en un astuto rey (durante su viaje) que reconoce no le regresarán el trono usurpado por las buenas. Tendrá que ser Cabrera y asesinar al rey y los súbditos con la cabeza de la Gorgona Medusa o de lo contrario, el será el asesinado. Es decir, no terminó tal como empezó. Un caballero con ideas caballerescas. Porque empezó un caballero con ideas caballerescas y terminó un caballero con ideas prácticas.

    ¿Y qué pasó con los sentimientos? Pues que, durante las múltiples ocasiones en las que este cuento fue contado; fue adquiriendo esa belleza de los vidrios pulidos por el mar, libre de asperezas o bordes filosos. Es decir, los sentimientos se volvieron invisibles, más no inexistentes. Al fin y al cabo, lo que sí dio un giro, fue la forma de presentar las cosas.

    Harari no se enreda con las sutilezas de construcción de una trama —después de todo es historiador y su libro no trata de convencernos de cómo escribir una historia.  Aquí lo valioso es que la forma que se le da a la historia resulta inherente al estilo y la conducción mental de la época. Un personaje no puede decir aquello en lo que no podría creer. Ende, Jason no puede abrir la boca para decir que se siente agobiado.  Se siente agobiado pero no lo dice.

    Es como dice Hillary Mantel en Adaptation; puede usar un lenguaje moderno pero no expresar lo que no cree o no sería lógico que creyera. Una trampa que podría llevarnos a la incongruencia histórica. Siempre y cuando el lector sepa algo de historia. Cuando no, nos lo tragamos enterito como yo con Hannibal, el origen del mal.

    Sin embargo, pensándolo bien…¿cuándo escribió Shakespeare Otelo?  A bien, seguro antes que Wordsworth y Dickens si no puedo precisar el año o el siglo. Claro que Otelo no era ningún ombre común o ama de casa pero ya entonces se reconocían los celos…

    Luego, está Sancho Panza; que no es un personaje principal pero que, no es ningún caballero o rey —lo siento…no puedo recordar que hacía Sancho (haré la confesión más horrible de todas las confesiones horribles y quizás esto tenga que ver con mi incapacidad de terminar una novela; no he leído completo El Quijote y para cómo va la cosa no lo haré, no le hallé el gusto) —y que es retratado por Cervantes con sus intereses y preocupaciones a pesar de ello.

    Probablemente se deba a esta cualidad del autor que, al estar en sintonía no sólo con su imaginación; sino con las ideas más avanzadas, comienza de alguna forma a influir en los pensadores importantes. Que en algún momento deben de leer novelas. O coleccionar ukiyo-e.

    ¡Quién sabe? ¿Y tú, piensas que nombrar los sentimientos es una cualidad humana de hace siglos o comenzó con el humanismo?

    Comenten…comenten…comenten…no poseo la verdad universal y si creen que estoy siendo ofensiva o no los convence mi argumentación es bueno que nos confrontemos para que haya más ideas. O si no, comenten para que no me sienta sola…sniff sniff, lagrimitas de coco.

  • Me gusta el color azul y soy niña

    Cómo preámbulo a esta frase creo que necesito explicar dos cosas: una, mi sobrino está en edad preescolar y dos; comprendo que de alguna forma se les tiene que enseñar a los pequeños qué baño les corresponde. En México, los baños públicos para adultos siguen separados por la polaridad hombre-mujer o mujer-hombre.[1]

    Con esta información empiezan las chorradas de hoy.

    Jugando con mi sobrino (no recuerdo exactamente qué pasaba ni por qué salió (mi mente es a cada segundo que pasa un caos más revuelto, se me empiezan a ocurrir cosas en desorden), expresé que me gustaba el azul. Él, inmediatamente replicó:

    —Pero tú eres niña, te gusta el rosa

    —No, a mi me gusta más el color azul

    —A las niñas les gusta el rosa y a los niños el azul

    —Pues soy niña y a mí, no me gusta el rosa —contestó mi contestatario y rebelde afán de llevar la contraria (y que tiene confianza en que mi sobrino me rebatirá con igual espíritu contradictorio); porque la verdad, si me gusta el rosa…no todas las tonalidades.

    Odio con fervor el rosa pastel con el que tejen las chambritas para bebé – – y también el azul del mismo tono. Sin embargo, si me dan a elegir, preferiré el azul al rosa desde el medianoche más profundo hasta el azul turquesa más brillante, cítrico y chillón.

    Desde entonces, he observado la amplia gama de colores presentes en los juguetes para niños y la pobreza de tonalidades en los juguetes de niña. Pues, así sea una patineta, una bicicleta o ¡un arco! (Katniss logró lo que Mérida de Valiente no pudo, dar variedad a las actividades de riesgo femeninas); éstos suelen ser invariablemente, rosas. De cuando en cuando y con suerte, puede uno encontrar el morado.

    Claro que ésta ausencia de opciones se revierte de forma extraordinaria en la edad adulta. Los hombres no suelen tener acceso a prendas tan coloridas como las femeninas y el eterno blanco y negro es el parangón de la elegancia del buen vestir masculino. Pasando por el azul marino y el gris.

    Sólo los gays se permitían variar su guardarropa con esa fantasía policromática del espíritu libre de prejuicios. 

    Y  con toda la libertad de elección de colores que hacemos gala en el vestido (y los zapatos), seguimos haciendo uso del rosa como estandarte en las campañas comerciales o sociales que implican mujeres. Hay un shampoo con una campaña televisiva para Argentina con el «poder rosa» como eslogan y el cáncer de seno se identifica con un lazo rosa perla.

    ¿En qué momento se vestirán los bebés de rosa y/o azul con independencia de su sexo?
    Supongo que cuando hayamos abandonado el machismo interior del código de colores dónde se necesitan diferencias entre uno y otro.

    Claro que este tipo de cosas son más un acuerdo tácito para volver el mundo más comprensible y fácil de catalogar que un elemento machista subconsciente. Porque hasta a mi (que lo estuve pensando) se me haría un poquito (de acuerdo, un algo) raro; un bebé niño con ropa en rosa o vestidos. La mantita puede ser de cualquier color. ¿La ropa? No sé. También me causa conflicto no ser capaz de definir al mundo en polaridades, le ahorran a uno situaciones complejas…hasta que recuerdo que preferiría una navaja Suiza de regalo a un anillo de diamantes o una bolsa de marca. Y la variedad de Pantones en los objetos.


    [1] ¿Siguen separados en los recintos escolares y se unifican para los adultos ó se han vuelto uno para todos en todas partes; en otros países? —comenten y no me dejen con la duda… Google no es tan bueno respondiendo estas preguntas

  • Conceal don’t feel: en narrativa las emociones no se nombran

    Cuando escribimos/dibujamos cómics o diseñamos pasamos al extremo opuesto. Amplificamos, exageramos y magnificamos nuestras emociones, todo lo contrario de lo que expresa el título. El objetivo: lograr una reacción. Conseguir que la audiencia/target se emocione y odie, ame, le entre hambre.

    Eh, para, para, para. ¿No se supone que ibas a hablar de la máxima: «muestra, no expliques o digas»?

    Oh… Sí, estaba a punto de olvidarlo.

    ¿Recuerdan que ya les había dicho, sean perspicaces cuando lean manuales? En «90 days to your novel», en concreto en el capítulo sobre los tipos de escenas, Sarah Domet lo vuelve a mencionar… sólo que ella nos aclara:

    «He aquí una regla general para tratar con emociones en la ficción: Nunca menciones explícitamente la emoción. No escribas ‘Estaba triste’ o ‘se sentía feliz’. Estoy segura que has escuchado la regla: Muestra, no digas (don’t tell). A los lectores no les gusta que les digan como leer una escena,  en cambio a los lectores les gusta relacionarse con las emociones a través de sensaciones físicas. Si usas una escena emocional para revelar la ira de Kevin porque han robado en su bar, Milton’s, no escribas ‘Kevin estaba furioso’. En vez de eso, muéstralo: ‘Las manos de Kevin se cerraron en puños que se tornaron rojos y más tarde, blancos. Su cara se sentía caliente, como una tetera a punto de explotar con la presión del vapor. Se mordió el interior de las mejillas y probó la sangre, cálida y metálica’ «

    Pero, ¿es esto cierto?

    No del todo. Supongo que Sarah Domet no había leído a Camilleri. Y eso no es ninguna sorpresa. Un escritor, diseñador o dibujante tiene menos y menos tiempo para leer y ver por placer que por trabajo. Poco a poco el tiempo para refrescar nuestras  ideas se reduce. Dando por descontado que ya hubiera Montalbano en el 2010. Así que no la juzgaremos por ello.
    Sin embargo, no creeré a pie juntillas la máxima. Y cito, de Muerte en mar abierto de (así es)  Andrea Camilleri, 2014:

    «Livia, fascinada por aquella noche tranquila y clara, quiso esperar a que el barco correo estuviera en mar abierto para marcharse».

    Y que conste que no lo usa sólo con Livia, aunque también de vez en vez, Montalbano relincha de alegría como aconseja Domet.

    De este fragmento obtenemos algo, la máxima es más que nada, sólo una regla general y no una regla de oro. Después de todo, las reglas están allí hasta que alguien más llega y las rompe. Por lo pronto, podemos hacer lo que podemos hacer y buscamos hacer.

  • NO TE LO CREO

    Escribir como estilo de vida

    No te lo creo

    En teoría, un personaje es válido por la identificación que sentimos hacia él o ella. No necesita ser apabullante en su belleza.

    ¿En serio?

    No te lo creo.

    En primer lugar porque tanto el cine como la televisión y los cómics funcionan con imágenes. Y nos sentimos atraídos hacia la belleza más que al talento. Por desgracia y desearíamos que no fuera así, tratamos de convencernos que no.

    En segunda, porque más y más, hemos convertido a la belleza en un requisito, no en un elemento inherente a la persona.

    ¿Y cuál es el origen de esta reflexión sobre la belleza física en cómics, películas, series, novelas?

    Simple. Un comentario acerca de un personaje de webtoon.

    Como trasfondo, déjenme explicar un poco la historia. No toda porque no es imprescindible. Tampoco el nombre del webtoon, que tiene sus méritos, pero no generó por si mismo todo este rollo.

    El comentario tiene como eje central al personaje, digamos…Mirna; quien tiene problemas con su aspecto (es gordita y eso no es despectivo, yo también tengo grasa superflua) y traumas debido a una falsa amistad de un estatus económico superior al suyo,  que la traicionó; por lo que intriga para que otros niños acosen o aíslen al personaje femenino principal: Diana.

     En otras palabras, el autor quiso incluir una razón para comprender el origen de su animadversión hacia Diana y hacer la historia menos unilateral en este juego del cambio de puntos de vista. Aunque creo que no lo logró…como verán después.

    Diana es perfecta. Tiene dinero, es talentosa, bella (diría un pelado: tiene más curvas que la carretera con cara de muñeca) y además; ¿hay más?, un amor de persona sin fallas de debilidad en su personalidad que la lleven a hacer tonterías o gemir de miedo.

    Zip, zero. Las fallas son por completo ajenas a ella. A mí me bastaría esto para odiarla…porque nadie es perfecto y porque como personaje no sabría qué hacer con ella (les dije que tenía sus méritos el webtoon).

    Además de Diana, está Ron, su amigo. Con un físico impresionante para alguien de quince años: pectorales de gimnasio, abdomen de six-pack, ojos verdes enormes, cabello rubio, inocente como un pollito bebé.

    Aclaro, ambos son así debido a que han sido modificados en un laboratorio, no nacieron así. Hasta aquí el decorado alrededor del comentario.

    Pasando ahora sí, al relleno de la empanada. En su comentario, esta persona anónima; odia al personaje Mirna porque ella (la persona del comentario) ha aprendido a quererse a sí misma y no le parece que el aspecto físico sea determinante en absoluto para odiar a otros. Ni sus talentos o desahogo económico. Mirna no merece ninguna compasión, es una ****…

    Eh…eh…un momento. Rebobinen. Algo no cuadra, como dice mi comisario favorito. Cuando nos identificamos con un personaje es porque:

    1. Se parece a nosotros (los ojos, el cabello despeinado, tiene un gato o un perro, va al psiquiatra).
    2. Tiene un problema que nosotros tenemos y deseamos superar (amamos al personaje) o nos resulta insoportable (lo odiamos). Genera una emoción, ergo nos engancha en la historia.
    3. Hace cosas que no podemos hacer como James Bond, Superman…Cersi (ser malo y disfrutarlo sin problemas de consciencia). Lo admiramos o envidiamos secretamente.

    Supongamos por un minuto que Mirna es realmente despreciable. Y con esto termina este relleno:

     ¿Por qué razón leer un webtoon en el que los personajes principales son perfectos (no casi, perfectos) si te aceptas tal cómo eres? ¿La mera emoción de la acción? ¿Saber el origen o resultado de la modificación en el laboratorio?

    Es posible. Quizás el webtoon es mucho mejor de lo que yo podría darle crédito[1].
    Sin embargo, justo después de leer este comentario como dije antes… algo no cuadraba.
    ¿Responden ustedes también con la frase del título o, soy la única? Podría ser.



    [1] Yo admito tener cierto nivel de insatisfacción con este puerquecito que me lleva a leer historias así de cuando en cuando; en una especie de tiovivo de reinfección en el que leo, me siento insatisfecha, necesito una dosis de belleza, satisfago mi necesidad de realidad virtual y vuelta a empezar. A lo mejor por eso el comentario tenía un tufillo raro, porque era mi propia consciencia. Por otra parte, no a todos nos gustan las mismas cosas.

  • Recorte no. 1

    Este es un recorte de periódico virtual. Me pareció tan interesante que quise compartirlo. Ya saben, lunes de patchwork.

    https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/el-mundo-despues-de-la-pandemia

    Ah, es de la pandemia de 1919 pero tiene resonancia. Disfruten u omitan según deseen.

  • Cree

    Escribir como estilo de vida

    ¿Y ahora se supone que debo convertirme a otra religión?
    Si… algo así.


    A la tuya. Cree en lo que escribes. Lo suficiente como para que a la mitad del proceso no pienses «esto es una mierda».

    Porque seguramente lo será. Al principio. Y  tendrás que pelear con una historia hasta terminarla para que salga la mierda. Entonces la dejarás allí, abonando hasta que esté lista para que la pongas entre las calabazas, los pepinos y los jitomates. Cuando den fruto tus plantitas, tendrás una buena historia. Lo que es seguro se va a tardar un rato. Paciencia. El que abandona pierde.

    ¿No me crees?
    Les dejo este cuento. Fue rechazado. Algunos de ustedes reconocerán en seguida el estilo. La historia que se derivó de éste. Y notarán como se convirtió en abono para una planta aún más bella. Dejen su comentario para ver si adivinan.  Pista: fue publicado en mayo de 1963 en Fantasy and Science Fiction y fue traducido directamente (no sé por quién pero si estoy segura que no fui yo…si lo saben comenten para darle crédito porque sólo se necesita leer para saber el autor del cuento…)


    Crean. Celebren sus pequeños logros. Hagan un esfuerzo por desafiarse a sí mismos. Y suscríbanse. Creamos los unos en los otros.

  • Tres es el número mágico

    Escribir como estilo de vida

    No sólo es un número de primera —o primo. Es el más grande y el más pequeño de la narrativa de ficción. Porque, de acuerdo con Joseph Campbell, es el número máximo de intentos que puede un héroe acometer la empresa. Podrá fallar las dos primeras pero deberá salir airoso la tercera… o perderemos la atención del lector. Quién no nos tolerará fallos más allá de éste número. Es constante en los cuentos de hadas; dónde podemos comprobar la teoría de Campbell.

    Tres veces se le pregunta a la reina por un crimen imaginario. En dos no abre la boca para defenderse. Al tercero, a punto de ser quemada por bruja, llegan los jóvenes príncipes encantados en cisnes y todos son rescatados. O así por el estilo.

    Es la unidad más pequeña de actos en los que se dividirá una historia. Ya antes de Aristóteles, los diversos autores de tragedias y comedias  —algunos ahora anónimos — habían descubierto el tres como número ideal de actos. O mínimo, para lograr nuestra satisfacción.


    Y,  a pesar de ello, debe permanecer oculto. No debe nombrarse en ningún momento para enumerar los fallos del personaje. Tampoco debe notarse en el transcurso de nuestra historia con una clara división. Sólo los autores deben saber en qué lugar se esconde.

    Además del mínimo de actos, representa el número más apropiado de personajes principales: personaje principal, compinche-patiño-ayudante-interés amoroso y antagonista-villano. O de compañeros, como en El mago de Oz: Espantapájaros, León y Hombre de hojalata.


    Bajo estas circunstancias, el número tres parece un «abracadabra» o «ábrete sésamo» que nos da acceso a la magia. ¿No creen?  Casi. Así de cerca.
    ¿Y tú, conoces otro número mágico?  Cuéntanos.