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La ficción como herramienta histórica

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  • Cómo escribir ficción reflexionando sobre la Guerra: una traducción de la conferencia La marca de Caín por Margaret MacMillan. Tercera bala.

    silhouette of soldiers walking
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    La guerra trae beneficios inesperados, una mejor planificación de estado por ejemplo. ¿Puede llevar beneficios a ciertos sectores de la población?

    LA MARCA DE CAÍN: HUMANIDAD Y GUERRA P3

    Y así la guerra —y de nuevo no podríamos elegir hacerlo de esta forma — puede traer beneficios a la sociedad. Puede beneficiar a ciertas personas en particular. Por ejemplo, puede beneficiar y ha beneficiado a las mujeres. Las mujeres estaban, y se consideraba así por un amplio sector antes de la Primera Guerra Mundial, incapacitadas para votar en Bretaña. Se decía que no tenía sentido darles el voto porque votarían como sus maridos les dijeran que votaran, así que tan sólo habría que contar el doble de votos; una pérdida de tiempo. O que las mujeres no podrían decidir las complicadas cuestiones en las que los hombres tomaban parte. Quiero decir, sus talentos estaban en llevar la casa pero no en lidiar con las grandes cuestiones sociales. Y por supuesto, lo que pasó en el curso de la Primera Guerra Mundial, es que las mujeres empezaron a llenar roles para los que se las había considerado incapaces antes de eso. Empezaron a hacer los trabajos que los hombres habían estado ahciendo antes de la guerra. Por lo que el gobierno lo reconoció, incluso aquéllos que habían denigrado el voto femenino, que se les debía el voto. E, incluso antes de que terminara la guerra en 1918,  mientras la Guerra aún estaba en auge —el gobierno aprobó un artículo — que no fue mucho más allá, era un artículo cauto; sólo las mujeres mayores de 30 podían votar. Pensaban que las mujeres menores de 30 eran demasiado volubles para votar realmente.

    Por lo que la guerra, en su propio devenir, trae beneficios. Funcionó también en el siglo XX, las dos guerras mundiales acortaron la brecha entre ricos y pobres porque cuando tienes una guerra, tienes que movilizar todos los recursos de una sociedad y pasar impuestos que serían impensables en tiempos de paz. Así fue como Walter Scheidel y Thomas Piketty y otros pensaron y lo encuentro convincente. Que lo que ellos llaman como la Gran Compresión entre ricos y pobres cuando las sociedades se volvieron más igualitarias; pasó entre 1940 a 1946 y fue en gran parte una consecuencia de la guerra.

    La otra pregunta que sale a colación una y otra vez es: ¿Es la guerra una cuestión biológica o es cultural? Es cierto que la mayoría de las especies —y es verdad desde los insectos a los pájaros y los mamíferos — tienden a tener una conciencia territorial. Diferentes especies tienden a pelear por o defender su nido, su árbol, sus rocas, sus pedacitos de tierra. Parece y por mucho que la especie más emparentada con nosotros — los chimpancés — se movilian para defender su territorio o robar objetos codiciables. Ya sean hembras o no, de otros. La mayoría de los chimpancés parecen ser agresivos. Sin embargo, solo para darles alguna esperanza; hay un contra ejemplo.  Están los bonobos. Su comportamiento no es adecuado para una audiencia familiar, pero dejénme decirles que hacen el amor, un montón, y no la guerra. Y es posible argumentar que la biología no es determinista, la biología puede indicar que como especie tendemos más a pelear y organizarnos para pelear pero no de forma determinante.

    Está claro que los factores culturales importan. Pelear, la forma de pelear se ve determinada frecuentemente por el tipo de sociedad en la que están. Los griegos luchaban de pie en las praderas, y eso parcialmente por elección. No tendían a luchar a caballo. Los nómadas, los Mongoles por ejemplo, peleaban a caballo porque ese era su mundo. Mientras que las razones para la lucha pueden ser agrupadas en ciertos grupos principales — ganancia material, defensa, la ideología y la emociones en cuarto lugar, las emociones desde el orgullo a la venganza— diferentes sociedades tendrán suficientes razones por las que desean luchar. En la Edad Media y la época moderna temprana, los países iban a la guerra por razones dinásticas. No se consultaba a la mayoría de la población; se hacía la guerra porque un gobernante en particular quería la guerra por una razón en particular[1]. Eso cambió en la era moderna, creo. Nosotros como ciudadanos, nos hemos vuelto más partícipes de las guerras que peleamos. El gran cambio, supongo, ocurrió a principios del siglo XIX. Antes del siglo XIX, las guerras del siglo XVIII tendían a verse limitadas, tendían a tener motivaciones definidas y tendían a ser las guerras de los gobernantes. No eran las guerras de la gente común, a la que no se les consultaba. Ocasionalmente, la gente común se veía impresionada por o sería conscripta para pelear en el ejército. Y lo hacían sin ninguna voluntad de participar. Y cuando los ejércitos del siglo XVIII marchaban de noche, tenían que tener guardias alrededor porque los soldados aprovechaban cualquier oportunidad para escapar. De hecho muchos ejércitos, sí tenían algo de inteligencia, no marchaban por la noche en lo absoluto. Era demasiado riesgoso, perdías demasiados soldados.

    Pero lo que trajo el cambio fue la Revolución Americana, que introdujo en el mundo la idea de que la gente tiene el derecho a pelear por su propio gobierno y que el gobierno tiene una obligación para con sus ciudadanos. Entonces, por supuesto, lo que cambió mucho las cosas fue la revolución Francesa. Lo que hizo la Revolución Francesa fue cambiar de modo dramático el estatus de siervo al estatus de ciudadano. La Revolución Francesa inauguró la idea, y otros países comenzaron a seguirla, de que los franceses realmente tenían participación de su propio gobierno. Si tienes algo que decir en la elección de tu propio gobierno, entonces también tienes una obligación de defenderlo y entonces este cambio súper interesante tiene lugar, en el que la naturaleza del soldado cambia. Otra de las cosas que pasan, por supuesto, mientras transcurre el siglo XIX; es que Europa se industrializa a una escala masiva, la sociedad se vuelve más compleja. Comienzan a existir organizaciones masivas más grandes y más poderosas. Y eso quiere decir que las guerras pueden volverse —y vaya que lo hicieron, más mortíferas. Europa ahora tiene la capacidad y los países que la siguieron— de matar a mayor escala y de forma mucho más eficiente. Las armas son más eficientes y ahora es posible, gracias al poder de la industria en Europa y los Estados Unidos y otros países a lo largo del globo, de tener armas en el campo de batalla por tiempos más largos, de mantener ejércitos en el campo por más tiempo, de tener ejércitos mucho mayores y de continuar sustentándolos. En los viejos días, un ejército se iría a los cuarteles invernales. Podía quedarse en una parte del país, siempre que hubiera alimentos. — Prácticamente en cualquier sitio, recolectando por ahí. — Ahora podían mantenerse ejércitos en los frentes occidentales. Por ejemplo, en el Frente Oriental por años y años.

    Tan solo por dar una idea de lo mucho que se había hecho más grande la guerra: en 1812 Francia invadió Rusia con 600,000 hombres. En 1870 la Confederación Alemana invadió Francia con cien mil doscientos hombres[2]. En 1914, Alemania movilizó tres millones de hombres. Y así la guerra se fue volviendo más y más grande.

    La guerra se volvía mucho más y más extensiva y sus motivaciones cambiaron. Hubo una advertencia. Un general, el General Moltke el mayor, que había presidido la victoria alemana sobre Francia en 1870, lo advirtió en uno de sus últimas apariciones en público. Dijo: “Hemos cambiado de las guerras de gabinete a las guerras del pueblo”. “Eso tendrá incalculables consecuencias. Una vez que comiencen las guerras del pueblo, cuando la pasión de la gente esté involucrada, será muy difícil pararlas” Dijo: “Siete años, treinta años, quién sabe, y pena para aquél que encienda Europa, quien ponga la sartén al fuego”

    Y así, lo que vimos en el siglo XX fue el desarrollo de la guerra a escala masiva. Hemos reaccionado por supuesto: hemos intentado crear instituciones internaciones. Hemos encontrado formas de evitar la guerra. Hasta el momento, creo, sin mayor éxito.

    Así que si he hecho algo esta noche, ha sido motivarnos a tomar la guerra como algo serio. Ir y entenderla. Ir y mirar nuestras reacciones. Sólo si, examinamos la Guerra, tenemos una esperanza de lidiar con ella, de manejarla, de contenerla y tal vez; —aunque eso sería una esperanza muy grande— de prevenirla.

    La próxima vez, quiero hablar de los que pelean de hecho y de la guerra misma. Tenemos sentimientos mezclados al respecto. Tanto admiramos como tememos al guerrero y tenemos preguntas. Como me gustaría sugerir que hay preguntas sobre la guerra misma, sobre lo que los hace pelearla. ¿Por qué los hombres y las mujeres se preparan para pelear y morir? Estas son preguntas difíciles pero importantes. Gracias.

    APLAUSOS.

    En la guerra hay algo que siempre está presente, sin importar cuánto o no, se hayan desarrollado los medios de comunicación masiva: la propaganda. Las apariencias. El cuento acerca de los vencedores y los vencidos. ¿Podemos cambiar las guerras en curso y las que vienen cambiando nuestra forma de contarla?

    Es por esta razón que elegí traducir esta conferencia. Porque los cuentos de hadas construyen catedrales. ¿Pueden los cuentos de hadas evitar las guerras al contarlas de forma distinta o elegimos contarlas igual para que el mundo no pierda una fuente de excitación?


    [1] Me suena a alguien que está haciendo una guerra en estos momentos. Y con todo, la mayoría de la población de ese país no se da cuenta de que tan en la edad media siguen viviendo.

    [2] 1.2 million men.

  • Cómo escribir ficción con H. La ficción como herramienta histórica en una variante no reconocida como literatura

    Escribir como estilo de vida

    «La ficción es una herramienta»

    Nuval Yoah Harari

     ¿Qué hace la ficción en el libro de un historiador?

    Explicar cómo la ficción nos lleva a cooperar con otros humanos, ya sea nuestro vecino de al lado o alguien a quien que no conocemos. Y es que hay una variante de la ficción que todos conocemos y que no ocupa una clasificación en el estante bibliotecario de la literatura. Se llama…mejor no les digo cómo se llama. Corren tiempos peligrosos. A decir verdad, siempre son tiempos peligrosos para pensar diferente. No debería sorprenderme de ello.

    Mejor me robo el ejemplo que usa Harari[1]. Si a un musulman le preguntan qué piensa sobre el hinduismo, lo más probable es que les diga que es una ficción con sus dioses de múltiples brazos. Y si le preguntas a un católico que piensa sobre el budismo, te dirá que todo es ficticio, un cuento sobre la reencarnación en la que dejar el cuerpo físico detrás y ser convertido en gusano es muy poco probable. Me gustaría saber que dicen de cierto paño pintado…

    Harari concilia el asunto diciendo que cualquier cosa que los humanos digan para tratar de entender a dios es una ficción puesto que los humanos no pueden entender a dios…Yo como atea hereje que soy, creo que todo es ficción. Incluso la Historia.

    Regresando  —deberían prohibirme las vueltas en U del pensamiento; éstas ficciones nos han llevado como especie a construir una civilización. ¿De qué otro modo comprendemos la civilización si no es a través de sus historias sobre la creación? Es el origen de la literatura y parte de los primeros registros escritos. Es sobre estas historias que aceptamos tener al líder tal o al líder cuál…

    ¿Quién en su sano juicio y sin una historia se iría a la primera guerra mundial? Es sorprendente como, incluso con las fotografías de la Guerra de Secesión americana en 1852, todavía hubo quien ensalzará la guerra como gloria y bautizo de fuego… Con el montón de alemanes, franceses y británicos aceptando matar por matar por el honor del expansionismo.

    Es sobre estas historias que aceptamos cargar piedritas —algunas de ellas piedrotas; hasta un lugar donde no hay piedras para edificar maravillas de las que luego decimos son obra de extraterrestres. O de masones que poseen los secretos del universo. Las llaves del cuento diría yo.

    Es decir, la ficción es PODEROSA. Y en eso están de acuerdo tanto Harari como McKee. Aunque esté clasificada bajo la R y no precisamente de romance, en las bibliotecas. ¿Y a qué viene a cuento esto de la ficción no reconocida como literatura? En que el escritor, sin saberlo o totalmente consciente de ello, de alguna forma le da sentido a la realidad a través de la ficción que escribe.

     ¿O por qué es que solo después de escribirse las novelas de Jane Austen las personas empezaron a buscar el amor en sus vidas[2]? Antes de eso te casabas por conveniencia social. Toda la comunidad participaba del evento y era parte de ello lograr que la unión creara un poco de ventaja para todos.

     ¿Por qué otras razones se le criticaría a JK Rowling no introducir elementos arco-iris en la obra de teatro sobre los hijos de Harry y Draco? Porque para muchos lectores, el crecimiento del joven mago y su salida de la alacena fueron tablas salvavidas en un mundo homofóbico. Ahora las personas buscan que dicha ficción se adecue a lo que vivieron y a sus experiencias personales. Buscan su existencia reconocida en un mundo ficticio como validación.

    Este fenómeno teniendo lugar en un mundo que abandona más y más la otra ficción. La ficción es un evento psicológico y social.  Es una herramienta que puede ayudar a mantenernos unidos, aliviar el sufrimiento debido a la discriminación. Y del mismo modo puede crear divisiones y herir.

    ¿Cómo vas a usar la ficción? ¿Dejaras que otros la usen solo porque tú no te metes en esos temas? Aquí todo es posible. Lo más importante es como dice Claudia Rankine: «Si quieres ser Donald Trump, se Donald Trump, pero se consciente de ello».


    [1] No he leído el libro, estoy en el proceso de ver este video de aquí, culpable de este rollo de entrada. https://youtube.com/watch?v=9drNVSuyp0w&feature=share

    [2] Bueno…Austen con sus libros y la maravillosa suerte de la reina Victoria de Inglaterra encontrando a un maravilloso compañero sexual en su marido…. Sí, en su marido. De ahí que lo victoriano fuera casarse y ser feliz con EL marido…