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  • Cómo escribir ficción reflexionando sobre la Guerra: una traducción de la conferencia La marca de Caín por Margaret MacMillan. Tiro de gracia

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    LA MARCA DE CAÍN: HUMANIDAD Y GUERRA Sesión de preguntas y respuestas p2

    ANITA ANAND: pregunta por aquí. Sí.

    EDWARD STRINGER: Edward Stringer de la Fuerza Aérea. ¿Cómo crees que las armas nucleares han alterado los cálculos que mencionaste sobre cómo decidimos ir a la guerra?

    MARGARET MACMILLAN: Bueno me gustaría pensar —y es una buena pregunta —lo que frecuentemente se pensaba en la Guerra Fría —que la armas nucleares proveían de estabilidad. Que la destrucción total asegurada con ese magnífico acrónimo MAD, de hecho refrenaba a cada lado de atacarse mutuamente. Así que las armas nucleares trajeran la paz y eran este tipo extraordinario de arma diseñado para no ser usada o eso parecía ser así durante la Guerra Fría. Lo que me preocupa sobre cualquier arma en general es que, tarde o temprano, alguien querrá usarla y pensará en formas de usarla. Y una de las cosas que debería preocuparnos es la proliferación de las armas nucleares y no sólo de las grandes. También de las cabezas nucleares pequeñas, por ejemplo, y antes que después alguien va a decir que se pueden usar. Saben que pasó lo mismo con el gas mortífero antes de la Primera Guerra Mundial Se prohibió en una de las convenciones de la Haya, creo. La gente dijo que nunca se usaría, es espantoso, pero una vez en situación de guerra; dirás que tenemos que usarlo todo, tenemos que echarle de todo. Tarde o temprano alguien lo verá como algo que puede usarse

    ANITA ANAND: Quiere decir que desde —y esta es una pregunta para los dos realmente — quiero decir que ya que ambos están hablando de armas nucleares — esto es, que saben la magnitud de la destrucción —pero la tecnología de la guerra se vuelve más y más sofisticada. Se está volviendo más y más pequeña. —Quiero decir, que eso es lo enorme — pero ahora tenemos guerras de drones. Personas desarrollando robots para la guerra. Ya o existe la conexión entre la guerra y el conquistado.  ¿No es esa una presión mayor que la de presionar el botón rojo?

    MARGARET MACMILLAN: Bueno, creo que desde hace tiempo ya existe la guerra a distancia —quiero decir que la mayoría de los soldados de la Primera Guerra Mundial murieron por el uso de artillería, no cara a cara por el uso de bayonetas —pero creo que ahora estamos llegando a dos tipos de guerra que parecen no tener mucha conexión….Quiero decir que la gente que murió en Ruanda fue asesinada con machetes y azadas en las terribles matanzas que pasaron allí. Y tienes razón, tenemos armas mucho más avanzadas técnicamente hablando. Quiero decir que si desean tener una tarde de verdadera pesadilla, vayan a casa y vean..hay un vídeo de YouTube sobre un robot asesino con el tamaño de un chícharo que va alrededor de uno sacándonos de circulación en dos segundos.  Y el hecho de que los drones y asumo que los robots asesinos puedan ser manipulados desde Texas, ya sabes, para matar a alguien en el otro extremo del mundo. Creo que estamos perdiendo la apreciación que los soldados tienden a tener —tal vez los marineros menos pero que los soldados siempre han tenido —que si matas a alguien es bastante desagradable. Sabes, incluso en la Primera Guerra Mundial, si no mataban de hecho a la mayor parte del enemigo a bayonetazos o disparando a quemarropa, veían los efectos de la artillería en el cuerpo humano. Y creo que más gente está matando a otros sin ver los efectos de ello.

    ANITA ANAND:  Bueno, veamos lo que nuestro amigo de la Fuerza Aérea tiene que comentar.

    EDWARD SPRINGER: Puedo ver el argmento, pero diría que, lidiando con muchos de nuestros pilotos de drones, que se ven emocionalmente afectados. Y creo que es muy fácil decir que se trata de un videojuego. Ve y habla con los que lo han estado haciendo durante años y tenemos que manejar activamente el estrés de vernos envueltos en tal tipo de conflicto.

    MARGARET MACMILLAN: (por encima) Okey, sí.

    EDWARD STRINGER: Así que no creo que las personas se vean…removidas de todo. I podría decir que si miras la historia de las tácticas y las armas, cualquier cosa que pone un poco de distancia, se ha visto relegado como algo poco caballeroso, ya sea un submarino o un arco.

    MARGARET MACMILLAN: Sí

    EDWARD STRINGER: Creo que lo que me preocupa de verdad, es el precio de entrada. Y conectándolo con el comentario de Robert sobre las guerras de información conectadas con lo cibernético, se va está volviendo muy barato y más fácil de negar la participación del estado, y creo que esas son dos tendencias muy desestabilizadoras por las que hay que preocuparse.

    ANITA ANAND: Tenemos tiempo para otra pregunta. La joven por allá, por favor.

    MARGOT DAHINDEN: Mi nombre es Margot Dahinden. Soy estudiante de antropología en la Universidad de California. Mi pregunta es muy simple: ¿qué piensas del poder o la importancia de la deshumanización como algo que pueda exacerbar o comenzar una guerra?

    MARGARET MACMILLAN: Creo que la deshumanización es absolutamente crítica acerca de como las personas se comportan en la guerra y frecuentemente nos lleva a la guerra. Quiero decir que una de las cosas que fueron más llamativas del periodo anterior a 1939 fue como la Alemania nazi usó palabras como “gusanos” y “desechos” y “virus” para deshumanizar a sus oponentes. Sabes que una vez que comienzas a catalogar a tus oponentes como algo menos humanos que tú mismo o hablas de ellos como de una enfermedad del cuerpo político; entonces estás haciendo un buen trabajo al deshacerte de ellos, cuando los eliminas, cuando los exterminas.

    Quiero decir que regresando a lo que hablábamos sobre la propaganda antes, usamos la propaganda[1] para representar a aquellos que son nuestros vecinos. De pronto, ya no son tus vecinos —ya no son como tú, son tus enemigos — y los conviertes en algo menos que humanos[2].  Y esta sucedió, y no únicamente en el siglo XX. Ha pasado otras veces también. Y probablemente facilita matar seres humanos porque no sientes que estés matando a alguien que se parece a ti. Estás matando algo que es extraño, estás deshaciéndote del mal político al deshacerte de esta persona. Y creo que el uso de tal lenguahe es muy tremendamente poderoso para preparar a las personas a hacerse cosas terrible. Creo, que es muy, muy poderoso.

    ANITA ANAND: Desafortunadamente este es todo el tiempo que tenemos. La próxima vez estaremos en York, al norte de Inglaterra, cerca de la batalla más sangrienta librada en tierras inglesas y consideraremos el rol del guerrero.

    Si desean saber más, vayan a la página web de radio 4 y busquen las páginas Reith.  Tenemos un archivo, tenemos filme, tenemos fotos; te mimamos. Pero hasta entonces, mi agradecimiento a ustedes, la audiencia. Y por favor únanse a mí en agradecerle a nuestra conferencista del 2018: Margaret MacMillan.  

    APLAUSOS.


    [1] Aquí está la relación entre escribir ficción y la guerra. El escritor nunca esté exento de sus propias opiniones políticas porque las lleva consigo en primero lugar y en segundo; toda posición política dictada por los valores de la empresa para la que se trabaja (en el caso del copywriting) dan lugar a que el escritor instruye y/o caracteriza a través de su punto de vista a los amigos de los enemigos. El escritor no es un individuo flotando en el limbo. Por desgracia.

    [2] Para el caso de las elecciones, otra de las maniobras a usarse es convertir al enemigo en “neoliberalismo salvaje”. Lo que transforma a los candidatos contrarios en bestias babeantes y hambrientas de poder…. Para que vean donde entra el escritor a crear los cuentos de hadas. Escribir ficción no es un asunto solo del escritor, también del que lee.

  • Cómo escribir ficción reflexionando sobre la Guerra: una traducción de la conferencia La marca de Caín por Margaret MacMillan. Disparar sin preguntar primero 1

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    LA MARCA DE CAÍN: HUMANIDAD Y GUERRA Sesión de preguntas y respuestas p1

    ANITA ANAND: Asíq que es en este momento en que nos gustaría invitarlos a hacer preguntas. Tomemos esta pregunta de por aquí.

    DAVID PASCAL: Mi nombre es David Pascal. Soy un controlador de tráfico aéreo retirado y ahora conductor de autobús. Mi pregunta es: cuando crecía en los 50 y 60s en Londres, nos decían de modo categórico que la ONU se aseguraría de que no hubiese más guerras. Los soldados de la ONU entrarían al menor signo de conflicto y habría paz de ahí en adelante. ¿Tiene algún punto de vista sobre el por qué eso no ha sucedido?

    MARGARET MACMILLAN: Creo que las organizaciones son sólo tan buenas como sus miembros y las Naciones Unidas se vieron muy limitadas desde el principio de la Guerra Fría; se convirtió en la arena donde las tensiones de la Guerra Fría se manifestaron. Y de esa forma la Unión Soviética no apoyaba nada que los Estados Unidos quisieran hacer y viceversa. Y como cada uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad tiene derecho a veto, la ONU lo encontró verdaderamente difícil.

    Creo también que lo que ha sucedido con el correr del tiempo — y esto es muy humano — olvidamos porque quisimos la institución en primer lugar. Sabes que quisimos la institución después de la Segunda Guerra Mundial porque sabíamos lo que había sucedido en ausencia de una organización similar. Es ahora, setenta, ochenta años después, que tendemos a olvidarlo. Es un poco como la Unión Europea. La Unión Europea, creció inicialmente, al menos en parte, del deseo de evitar los destructivos nacionalismos que destrozaron Europa dos veces en la memoria de muchas personas pero el tiempo pasa y la gente olvida. Pero me gustaría no rendirme, creo que tenemos que seguir insistiendo. Aunque es difícil ser optimista algunas veces.

    CLARE MULLEY: Mi nombre es Clare Mulley. Soy biógrafa, principalmente de mujeres conectadas con la guerra o que participan. Mi pregunta es sobre la comedia de Aristófanes, Lisístrata, en la que las mujeres se van a la huelga sexual y eso termina con la Guerra del Peloponeso.

    MARGARET MACMILLAN: Sí…

    CLARE MULLEY: ¿Crees que seríamos tan propensos a la guerra si las mujeres estuvieran a cargo? (Risas).

    MARGARET MACMILLAN: Esa es una muy buena pregunta (Aplausos). Mi respuesta breve es que no. (Risas). Creo que las mujeres han sido con frecuencia las porristas de la guerra. Conoces la Guerra del Peloponeso. Fueron la madres espartanas quiénes dijeron: “Regresen con el escudo o sobre éste”. Y ciertamente en el siglo XIX, que he revisado bastante, algunas de las personas más feroces hablando sobre el bando contrario eran mujeres. La esposa de Bismarck dijo de la Guerra Franco-prusiana: “Me gustaría dispararles a todo, incluso a los bebés” y esta era una agradable matrona alemana. Así que no estoy segura que las mujeres sean más amables o gentiles por naturaleza. Quiero decir, la pregunta que solían hacerme cuando era más joven era: ¿No tendríamos menos guerras si las mujeres fueran las que dirigen al mundo? Así Indira Gandhi, la Sra. Bandaranaike en Ceylán o Sri Lanka, Golda Meier, Margaret Thatcher. Quiero decir, ninguna de ellas era más pacífica que otros líderes masculinos, así que mi respuesta es no.

    ROBERT FOX: Mi nombre es Robert Fox. Fui reportero, aún soy reportero y columnista y he reportado para la BBC en las Falklands. Así que, las noticias falsas. ¿Qué tanto toman parte del debate las fake news y la propaganda como algo natural en la guerra? ¿Y como algo que hace notorias la sospecha y la duda; son un catalizador para mayor conflicto o sospecha y para la paz, por lo tanto, al día de hoy?

    MARGARET MACMILLAN: Oh, esas es una pequeña buena pregunta. La información siempre ha sido importante en tiempos de guerra, creo. Saber que planea el enemigo y engañarlo.  Napoleón era un maestro en eso. Nunca dejaba que su enemigo por donde estaba a punto de pasar o dónde iba a atacar. Pero creo que lo que estamos viendo hoy es una distorsión aumentada de la verdad, con una mayor resistencia incluso a creer que existe algo remotamente llamado como verdad en lo absoluto y eso lo encuentro muy corrosivo y peligroso. Quiero decir que encuentro la serie de explicaciones dadas por el gobierno ruso después del intento de asesinato, aquí en Salsbury, no parece como si quisieran que lo creemos. Parece haber una historia fantástica detrás de otra. Quiero decir, casi como el tiroteo sobre la aerolínea alemana sobre Ucrania. Y así creo que ese es un movimiento peligroso para todos nosotros.  

    ANITA ANAND: Déjame regresar con Robert. ¿Crees que como alguien que ha estado de alguna manera en ello y ahora se interesa por éste problema, se espesa la niebla de la guerra?

    ROBERT FOX: Creo que es como lo estaba diciendo y Margaret. Creo que es la falta de consenso en cuanto a qué es la verdad.

    MARGARET MACMILLAN: Sí.

    ROBERT FOX: Lo sabes ¿’Qué es la verdad’? dijo la Verdad, burlándose de Pilato; y algunos no se quedaron a escuchar la respuesta’ Creo que el caso Skripal y el cloro en la Duma en Siria, lo han puesto de relieve. Estoy de acuerdo, lo han puesto de relieve absolutamente. Puedes atravesar la esfera de Twitter, navegar online y las teorías conspiratorias abundan. El hecho es que las democracias, las democracias liberales con las que estamos casados, las que apoyamos; están basadas en el consenso. De hecho la lucha con las llamadas fake news, es un batalla de disconformidad y controversia y aun estoy lejos de creer que nos lleven a un mayor conflicto o no creeremos en la autoridad y por lo tanto entraremos en Guerra. Lo que no es necesario para promover la paz. Creo que sería un agujero para la anarquía.

    ANTONIA LEE: Hola, mi nombre es Antonia Lee y soy estudiante de antropología. Y la pregunta que quisiera poner sobre la mesa es algo que dijiste antes sobre Pinker y esta idea de que somos menos violentes. Como sociedad moderna evolucionada de cazadores recolectores o lo que sea, menos violentos y menos interesados en la guerra. Y mi pregunta es esta: ¿cómo reconcilias esta idea de progreso con la violencia de incremento gradual y de mayor lentitud con las que nos topamos hoy en día? Por decir, el genocidio de personas indígenas en las Americas, que fue un proceso lento pero igual resultado del fuego ciudadano.

    ANITA ANAND:  Cierto…

    MARGARET MACMILLAN: Creo que probablemente estoy de acuerdo contigo. Creo que Pinker es muy persuasivo pero demasiado optimista y por supuesto en todo esto, están la definición de violencia y existen diferentes niveles de violencia y distintos niveles de ataque y muchas formas de atacar a las personas. Creo que estaba mirando principalmente la guerra organizada, la violencia organizada. Pero el movimiento lento de los conquistadores americanos, por ejemplo; que involucró cruentas batallas como la de Wounded Knee, entre Nativos americanos y las fuerzas americanas. Pero también están las invasiones o usurpaciones de tierras destinadas a ser, por ejemplo, para los Lakota pero que se han visto despedazadas a cachitos, destruyendo su cultura. Así que pienso que si se toma la violencia a una escala mucho más general. Crep que veremos todo tipo de violencias y es difícil decir que ha desaparecido.  Si lo que estamos mirando como guerra es únicamente la guerra organizada, es posible que estemos viendo mucho menos de ella. Creo que vemos menos pero eso también podría ser solo un puntito en el radar. Creo que deberíamos revisarla. La Historia humana es muy larga y sólo porque hemos estado 70 años sin grandes guerras, eso no quiere decir que vayamos a vivir sin muchas guerras.

  • Cómo escribir ficción reflexionando sobre la Guerra: una traducción de la conferencia La marca de Caín por Margaret MacMillan. Tercera bala.

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    La guerra trae beneficios inesperados, una mejor planificación de estado por ejemplo. ¿Puede llevar beneficios a ciertos sectores de la población?

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    Y así la guerra —y de nuevo no podríamos elegir hacerlo de esta forma — puede traer beneficios a la sociedad. Puede beneficiar a ciertas personas en particular. Por ejemplo, puede beneficiar y ha beneficiado a las mujeres. Las mujeres estaban, y se consideraba así por un amplio sector antes de la Primera Guerra Mundial, incapacitadas para votar en Bretaña. Se decía que no tenía sentido darles el voto porque votarían como sus maridos les dijeran que votaran, así que tan sólo habría que contar el doble de votos; una pérdida de tiempo. O que las mujeres no podrían decidir las complicadas cuestiones en las que los hombres tomaban parte. Quiero decir, sus talentos estaban en llevar la casa pero no en lidiar con las grandes cuestiones sociales. Y por supuesto, lo que pasó en el curso de la Primera Guerra Mundial, es que las mujeres empezaron a llenar roles para los que se las había considerado incapaces antes de eso. Empezaron a hacer los trabajos que los hombres habían estado ahciendo antes de la guerra. Por lo que el gobierno lo reconoció, incluso aquéllos que habían denigrado el voto femenino, que se les debía el voto. E, incluso antes de que terminara la guerra en 1918,  mientras la Guerra aún estaba en auge —el gobierno aprobó un artículo — que no fue mucho más allá, era un artículo cauto; sólo las mujeres mayores de 30 podían votar. Pensaban que las mujeres menores de 30 eran demasiado volubles para votar realmente.

    Por lo que la guerra, en su propio devenir, trae beneficios. Funcionó también en el siglo XX, las dos guerras mundiales acortaron la brecha entre ricos y pobres porque cuando tienes una guerra, tienes que movilizar todos los recursos de una sociedad y pasar impuestos que serían impensables en tiempos de paz. Así fue como Walter Scheidel y Thomas Piketty y otros pensaron y lo encuentro convincente. Que lo que ellos llaman como la Gran Compresión entre ricos y pobres cuando las sociedades se volvieron más igualitarias; pasó entre 1940 a 1946 y fue en gran parte una consecuencia de la guerra.

    La otra pregunta que sale a colación una y otra vez es: ¿Es la guerra una cuestión biológica o es cultural? Es cierto que la mayoría de las especies —y es verdad desde los insectos a los pájaros y los mamíferos — tienden a tener una conciencia territorial. Diferentes especies tienden a pelear por o defender su nido, su árbol, sus rocas, sus pedacitos de tierra. Parece y por mucho que la especie más emparentada con nosotros — los chimpancés — se movilian para defender su territorio o robar objetos codiciables. Ya sean hembras o no, de otros. La mayoría de los chimpancés parecen ser agresivos. Sin embargo, solo para darles alguna esperanza; hay un contra ejemplo.  Están los bonobos. Su comportamiento no es adecuado para una audiencia familiar, pero dejénme decirles que hacen el amor, un montón, y no la guerra. Y es posible argumentar que la biología no es determinista, la biología puede indicar que como especie tendemos más a pelear y organizarnos para pelear pero no de forma determinante.

    Está claro que los factores culturales importan. Pelear, la forma de pelear se ve determinada frecuentemente por el tipo de sociedad en la que están. Los griegos luchaban de pie en las praderas, y eso parcialmente por elección. No tendían a luchar a caballo. Los nómadas, los Mongoles por ejemplo, peleaban a caballo porque ese era su mundo. Mientras que las razones para la lucha pueden ser agrupadas en ciertos grupos principales — ganancia material, defensa, la ideología y la emociones en cuarto lugar, las emociones desde el orgullo a la venganza— diferentes sociedades tendrán suficientes razones por las que desean luchar. En la Edad Media y la época moderna temprana, los países iban a la guerra por razones dinásticas. No se consultaba a la mayoría de la población; se hacía la guerra porque un gobernante en particular quería la guerra por una razón en particular[1]. Eso cambió en la era moderna, creo. Nosotros como ciudadanos, nos hemos vuelto más partícipes de las guerras que peleamos. El gran cambio, supongo, ocurrió a principios del siglo XIX. Antes del siglo XIX, las guerras del siglo XVIII tendían a verse limitadas, tendían a tener motivaciones definidas y tendían a ser las guerras de los gobernantes. No eran las guerras de la gente común, a la que no se les consultaba. Ocasionalmente, la gente común se veía impresionada por o sería conscripta para pelear en el ejército. Y lo hacían sin ninguna voluntad de participar. Y cuando los ejércitos del siglo XVIII marchaban de noche, tenían que tener guardias alrededor porque los soldados aprovechaban cualquier oportunidad para escapar. De hecho muchos ejércitos, sí tenían algo de inteligencia, no marchaban por la noche en lo absoluto. Era demasiado riesgoso, perdías demasiados soldados.

    Pero lo que trajo el cambio fue la Revolución Americana, que introdujo en el mundo la idea de que la gente tiene el derecho a pelear por su propio gobierno y que el gobierno tiene una obligación para con sus ciudadanos. Entonces, por supuesto, lo que cambió mucho las cosas fue la revolución Francesa. Lo que hizo la Revolución Francesa fue cambiar de modo dramático el estatus de siervo al estatus de ciudadano. La Revolución Francesa inauguró la idea, y otros países comenzaron a seguirla, de que los franceses realmente tenían participación de su propio gobierno. Si tienes algo que decir en la elección de tu propio gobierno, entonces también tienes una obligación de defenderlo y entonces este cambio súper interesante tiene lugar, en el que la naturaleza del soldado cambia. Otra de las cosas que pasan, por supuesto, mientras transcurre el siglo XIX; es que Europa se industrializa a una escala masiva, la sociedad se vuelve más compleja. Comienzan a existir organizaciones masivas más grandes y más poderosas. Y eso quiere decir que las guerras pueden volverse —y vaya que lo hicieron, más mortíferas. Europa ahora tiene la capacidad y los países que la siguieron— de matar a mayor escala y de forma mucho más eficiente. Las armas son más eficientes y ahora es posible, gracias al poder de la industria en Europa y los Estados Unidos y otros países a lo largo del globo, de tener armas en el campo de batalla por tiempos más largos, de mantener ejércitos en el campo por más tiempo, de tener ejércitos mucho mayores y de continuar sustentándolos. En los viejos días, un ejército se iría a los cuarteles invernales. Podía quedarse en una parte del país, siempre que hubiera alimentos. — Prácticamente en cualquier sitio, recolectando por ahí. — Ahora podían mantenerse ejércitos en los frentes occidentales. Por ejemplo, en el Frente Oriental por años y años.

    Tan solo por dar una idea de lo mucho que se había hecho más grande la guerra: en 1812 Francia invadió Rusia con 600,000 hombres. En 1870 la Confederación Alemana invadió Francia con cien mil doscientos hombres[2]. En 1914, Alemania movilizó tres millones de hombres. Y así la guerra se fue volviendo más y más grande.

    La guerra se volvía mucho más y más extensiva y sus motivaciones cambiaron. Hubo una advertencia. Un general, el General Moltke el mayor, que había presidido la victoria alemana sobre Francia en 1870, lo advirtió en uno de sus últimas apariciones en público. Dijo: “Hemos cambiado de las guerras de gabinete a las guerras del pueblo”. “Eso tendrá incalculables consecuencias. Una vez que comiencen las guerras del pueblo, cuando la pasión de la gente esté involucrada, será muy difícil pararlas” Dijo: “Siete años, treinta años, quién sabe, y pena para aquél que encienda Europa, quien ponga la sartén al fuego”

    Y así, lo que vimos en el siglo XX fue el desarrollo de la guerra a escala masiva. Hemos reaccionado por supuesto: hemos intentado crear instituciones internaciones. Hemos encontrado formas de evitar la guerra. Hasta el momento, creo, sin mayor éxito.

    Así que si he hecho algo esta noche, ha sido motivarnos a tomar la guerra como algo serio. Ir y entenderla. Ir y mirar nuestras reacciones. Sólo si, examinamos la Guerra, tenemos una esperanza de lidiar con ella, de manejarla, de contenerla y tal vez; —aunque eso sería una esperanza muy grande— de prevenirla.

    La próxima vez, quiero hablar de los que pelean de hecho y de la guerra misma. Tenemos sentimientos mezclados al respecto. Tanto admiramos como tememos al guerrero y tenemos preguntas. Como me gustaría sugerir que hay preguntas sobre la guerra misma, sobre lo que los hace pelearla. ¿Por qué los hombres y las mujeres se preparan para pelear y morir? Estas son preguntas difíciles pero importantes. Gracias.

    APLAUSOS.

    En la guerra hay algo que siempre está presente, sin importar cuánto o no, se hayan desarrollado los medios de comunicación masiva: la propaganda. Las apariencias. El cuento acerca de los vencedores y los vencidos. ¿Podemos cambiar las guerras en curso y las que vienen cambiando nuestra forma de contarla?

    Es por esta razón que elegí traducir esta conferencia. Porque los cuentos de hadas construyen catedrales. ¿Pueden los cuentos de hadas evitar las guerras al contarlas de forma distinta o elegimos contarlas igual para que el mundo no pierda una fuente de excitación?


    [1] Me suena a alguien que está haciendo una guerra en estos momentos. Y con todo, la mayoría de la población de ese país no se da cuenta de que tan en la edad media siguen viviendo.

    [2] 1.2 million men.

  • Cómo escribir ficción reflexionando sobre la Guerra: una traducción de la conferencia La marca de Caín por Margaret MacMillan. Segunda bala.

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    Y bueno, esto apenas acaba de empezar. El primer tema sería la guerra y la humanidad. Y ¿luego?

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    Y así mi segundo tema principal será la relación entre la guerra y la organización de la sociedad humana. Ahora, es muy difícil pensar que la guerra tenga algo que ver con las sociedades organizadas y pacíficas, pero yo argumento que sí. La guerra es algo que requiere un buen grado de organización. Es la aplicación de la violencia organizada. No es la violencia del uno a uno. Es la aplicación de la violencia organizada. Requiere disciplina, requiere financiamiento, equipo, liderazgo y por supuesto, seguidores[1]. Y eso requiere, conforme se va volviendo más y más complicada, mucha organización.

    Ahora, hay mucho debate entre arqueólogos, antropólogos e historiadores sobre cuando este nivel de organización necesario para permitir pelear una guerra se volvió parte de la sociedad humana. Se asume generalmente que las sociedades de cazadores recolectores, no había mucha organización porque no era necesaria — ¿Por qué molestarse en tener una rígida organización política y social cuando podías cambiarte a un nuevo coto de caza o pastura? Y así parece —y digo parece porque la evidencia es muy, muy difícil de obtener, fue hace tanto tiempo — que si llegaba a darse la violencia, era uno a uno mucho más que algo organizado.

    (11.47) Fue con el desarrollo de la agricultura con lo que las sociedades humanas se volvieron más y más complejas y se asentaron. Y una vez asentadas, una vez con cimientos, una vez que tenías un apego con una parte particular del mundo, entonces te convertías en presa de otros y tenías que defenderte —y es muy difícil decir que una cosa vino primero y luego la otra — pero parece que la organización de la sociedad humana, una vez que nos convertimos en personas agricultoras, fue paso a paso hacia la defensa o el ataque para tomar de otros lo que querían.

    Paradójicamente — y creo que hay muchas paradojas acerca de la guerra — la misma organización que hizo posible para las sociedades defenderse contra los ataques, también trajo beneficios. Y así, ver la guerra como algo que es totalmente destructivo y no lleva a ninguna mejora de la condición humana, creo que es equivocado. Nos gustaría decir que de verdad existen otras formas de mejorar la sociedad humana pero hasta ahora, no hemos sido capaces de encontrar una.

    Steven Pinker, el psicólogo de Harvard y otros, argumentan que como especie nos estamos volviendo menos propensos a arreglar nuestras diferencias a través de la violencia y producen estadísticas que parecen indicar que incluso los grandes derramamientos de sangre de las guerras mundiales del siglo XX, XX y XXI son proporcionalmente menos violentos que los siglos anteriores.

    Y de alguna manera eso no parece ningún consuelo porque mientras henos aquí en un rincón pacífico del mundo, tenemos que recordar cuantos conflictos violentos y mortíferos y destructivos ha habido desde 1945 ya sea en Indo-China, grandes áreas del Este medio, los distritos de los Grandes Lagos de África — algunos de estos lugares donde los conflictos aún continúan.

    Tal vez porque vivimos en lugares tan pacíficos,  esto no es cierto para todos nosotros pero creo que sí lo es para muchos de nosotros — tendemos a pensar en la guerra como en una aberración, una ausencia de la paz, como algo que sucede cuando la sociedad normal se desbarata y de nuevo mi argumento es que ésta no es una forma útil de mirar la guerra. La guerra no es necesariamente sólo la ausencia de la paz. La guerra es algo que las sociedades humanas hacen frecuentemente a propósito y comúnmente, diablos, lo hacen muy bien.

    Hay una tendencia, entendible creo, de evitar mirar la guerra y decir que es de mal gusto, barbárico, algo que no deseamos volver a hacer de nuevo. Yo creo que necesitamos entenderla. Pienso que necesitamos considerarla porque ha jugado un papel importante en la historia humana y creo que, a menos que la observemos, seguirá jugando un rol en la historia humana. Así que pienso que como historiadores y ciudadanos, necesitamos estar conscientes de lo que la guerra significa.

    Mi propia aproximación es, por supuesto, la de alguien Canadiense. Somos un país pacific. Nos gusta hacer la paz, nos identificamos con los pacificadores y hablamos mucho sobre la paz. Nos olvidamos con frecuencia que tenemos otra cara. Todo lo que tengo que hacer es decirles que miren un partido de hockey canadiense (risas). Pero también llego aquí como historiador interesado en la evolución de la sociedad humana, interesada en cómo sucedieron las cosas como sucedieron, e interesada en cómo la gente toma decisiones para guerra o la paz porque éstas están entre las decisiones con mayores consecuencias que uno puede tomar. ¿Por qué los políticos de 1914 decidieron que la guerra era una opción razonable? ¿Qué pensaban que estaban haciendo? ¿Qué pensaban que podrían lograr? ¿Qué los movió a ello?

    Bueno, un punto de partida para entender la Guerra es ir y preguntarse si forma parte del ser humano. Y esta es una de esas preguntas incómodas y, si se usa una metáfora militar, se da una batalla de teorías al respecto y no les daré una respuesta firme porque no puedo más que ir y presentar las preguntas ante ustedes. De hecho, algunas veces creo que la serie, el ´titulo de toda la serie; debió ser un signo de interrogación. — ¿La marca de Caín?, pregunta: ¿Estamos condenados por nuestra biología a pelear?

    Ahora, habrá quienes digan que lo estamos, que es simplemente una parte del ser humano. Que el estado natural de los asuntos humanos es desear pelear; y luego. Luego están por otro lado, los que dirán que no. Que eso no es cierto, que no estamos condenados —ya sea por nuestra biología o nuestra cultura —a luchar.

    Muy, muy brevemente, creo que las diferencias pueden resumirse entre aquellos entre Rousseau y Hobbes. Rousseau creía que los hombres y las mujeres vivían pacíficamente en las sociedades primitivas; que antes de que las sociedades se volvieran organizadas, el conflicto no existía, ni la violencia tampoco. Con el desarrollo de las sociedades organizadas, con el desarrollo de la propiedad organizada, es que la gente se volvió violenta. Y Hobbes, por supuesto, como sabrán; lo veía de modo muy diferente. El describía el estado de la naturaleza de modo anti idílico. Era “desagradable, brutal y rápida[2]

    Ahora, tan lejos como la evidencia lo permite, parece estar más cerca de lo que dice Hobbes. Que incluso en las sociedades cazadoras recolectoras, la gente se mataba unos a otros. Hay ahora, creo, mayor evidencia para esta idea. He estado recientemente en el muy, muy atractivo pueblo de Bolzano en el Tirol —un muy atractivo pueblo italiano, tanto italiano como alemán — y he visto colas para el museo. Y le he dicho a alguien: “¿Sabes cuál es la gran atracción en el museo?” Y la gran atracción era el Hombre del hielo del que algunos de ustedes han oído hablar. Este es un cuerpo congelado descubierto en 1991. Ha estado congelado desde que murió en algún momento del 3300 B.C. y presumiblemente salió, por el vestido y lo que llevaba, parte de una sociedad de cazadores. Se asumió inicialmente que se había perdido y muerto en una tormenta de nieve y permanecido enterrado en el glaciar hasta que el glaciar empezó a derretirse. Pero los escaneos y nuevas pruebas bioquímicas encontraron que tenía una cabeza de flecha metida en una axila y pruebas posteriores encontraron heridas que mostraban que había sido atacado al menos dos veces. De modo que este tipo de evidencia y otros ejemplos alrededor del mundo; con frecuencia tumbas que datan del milenio, parecen indicar que incluso antes de que la sociedad humana se volviera organizada, ya nos matábamos unos a otros.  

    Y ustedes podrían argumentar y Steven Pinker ha argumentado, que fue el desarrollo de la sociedad humana organizada de hecho, lo que hizo posible pelear el uno con otro pero también detener la violencia. Pararnos de luchar unos con otros dentro de una unidad política particular. El desarrollo de lo que Hobbes llama “el Leviatán”, un poderoso gobierno con una fuerza monopolizada (al menos dentro de tal pensamiento) algo positivo ya que entre todas sus fallas fue proveer con un mínimo de ley y orden. Proveyó de un marco donde las personas, que podrían no haber tenido mucho de lo que consideramos libertades pero dentro de las cuáles las personas podían tener negocios, negociar, trabajar en conjunto. Y la evidencia apunta a que dentro del Imperio Romano, por ejemplo, la gente vivía más tiempo, comía mejor. No porque los romanos fueran benevolentes y lo trajeran a cuento, sino simplemente porque imponían la ley y el orden; haciendo posible que otras actividades tuvieran lugar dentro de dicho marco.

    Con el tiempo, el desarrollo de unidades políticas más grandes parece haber ayudado a pesar de no haber sido el propósito con el que se crearon. La necesidad de mantener el monopolio de la fuerza y la necesidad de mantener unidades políticas mayores para defenderse de los enemigos externos e internos a llevado a los gobiernos a lo largo de la historia; a tener más control sobre las sociedades y sus recursos.

    El crecimiento de Bretaña de los siglos XVII y XVIII se debió en parte a la construcción de una Marina eficiente. Lo que significaba administrar los recursos necesarios para la Marina, organizando a sus oficiales, entrenando a quiénes se convirtieron en oficiales de Marina. Al menos en la Marina Británica, no podías comprar un puesto de oficial, tenías que saber cómo navegar. Mientras que en el ejército no tenías que saber nada más allá de como sentarte en un caballo y verte bien. Es por esto que el desarrollo del poder Británico fue de la mano con desarrollo del estado Británico, su organización y su capacidad para usar sus recursos para la guerra.

    Quiero decir que tendemos a pensar en Samuel Pepys como en un maravilloso reportero que contó historias maravillosas de la vida en Londres pero por supuesto; que fue tremendamente importante como burócrata en ayudar a la administración y la implementación de sistemas administrativos para la Marina Británica y se aseguró que tuviera los recursos necesarios. Y así la organización de las sociedades para la guerra ha traído una gran movilización de recursos, inversiones en la ciencia y la tecnología, ha traído gobiernos más eficaces en averiguar que era lo que existía dentro de sus fronteras.

    El desarrollo de la estadística en el siglo XIX se debió en parte a la necesidad de los gobiernos de saber cuánta gente podían mover y cuántos recursos tenían. El crecimiento de la ciencia y la tecnología en el siglo XIX y en el siglo XX fue en parte impulsada por las necesidades de la guerra. Y de nuevo se podía escoger no hacerlo así, pero creo que tenemos que entender que algunas veces la guerra puede traer beneficios insospechados. Y con frecuencia los estados hacen cambio que benefician a mucha gente simplemente para movilizar mejor los recursos destinados a la guerra. Después de la Guerra de Crimea, en la que Rusia fue catastróficamente derrotada; Alejandro II abolió el vasallaje en Rusia. En parte para reformar el sistema de conscripción, intentó modernizar la burocracia e invirtió en un sistema de justicia. Su gobierno y los posteriores promovieron un sistema de vías de ferrocarril. Y esto era para la guerra, pero también trajo como he dicho, consecuencias inesperadas.


    [1] Los dictadores no llegan a ninguna parte ellos solitos, más bien parece que son las marionetas de todas las moscas alrededor suyo…

    [2] En el original: «disagreeable, brutal and short». Solo que no hallo como traducir «short» de modo que tenga sentido con lo demás.