
Cuando la comunicación se rompe (como lo hace en ocasiones) podemos señalar el error y hacer nuestro lenguaje más específico. Sin duda otra oscura mañana, caliente como un horno en algún otra habitación de hotel, empacando, vistiéndose… y no encuentro mi calcetín. Abrí la puerta del armario y dije <<Has visto mi calcetín?>> <<Cierra>> dijo ella. <<Me estaba peinando con eso>>. Examiné ambas oraciones en su totalidad. No saqué nada en claro. <<La puerta del armario>> dijo ella; <<hay un espejo ahí. Me estaba peinando con él. >> (Campbell 1976:216-217).
THE BRIDGE AND THE RIVER Or The Ironies of Communication. GRAHAM DUNSTAN MARTIN. French, Edinburgh.
Cierto. Podemos aclarar las cosas al pre-guntar. O poner cara de bobo.
Sin embargo, ¿qué sucede cuando cuándo no hacemos ninguno? Se tuerce. Se rompe. Damos por descontado que la comunicación sucede cuando abrimos la boca y hablamos. No siempre es el caso. La comunicación es mucho más que… comunicarse. Se lleva el deseo de preguntar y el deseo de volverlo a intentar. De explicar. De ponernos en una posición de escrutinio.
¿Qué tan deseoso estás de intentarlo otra vez después de decir algo? Pasto kalo.
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