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Página 114 – Sitio sobre chorradas acerca de cómo escribir ficción

Blog

  • El deseo de una experiencia más positiva es, en sí misma, una experiencia negativa

    Advertencia de contenido: este es un texto tomado (¿de forma pirata?) del libro El sutil arte de que te importe un carajo de Mark Manson. Hay palabras altisonantes. Muestra una opinión bastante controvertida sobre la vida y con la que probablemente estés en desacuerdo de inmediato. Sí eres menor de edad…no te hará la menor gracia porque está en desacuerdo con tu visión del mundo en la que lo mereces todo. Hecha la advertencia, ya sabes a lo que vas a enfrentarte.

    <<Y, paradójicamente, la aceptación de la experiencia negativa es, en sí misma, una experiencia positiva. Lo anterior resulta un total corto circuito para nuestro cerebro, así que te daré un minuto para deshacer el nudo de pretzel en el que se encuentra tu mente y quizá sirva que lo vuelvas a leer: El desear una experiencia positiva es una experiencia negativa, mientras que el aceptar una experiencia negativa resulta en una experiencia positiva. Es a lo que el filósofo Alan Watts se refería como “La Ley de la Retrocesión”, que presenta la idea de que mientras más persigas el sentirte bien todo el tiempo, más insatisfecho estarás; pues perseguir algo sólo refuerza el hecho de que careces de ello. Mientras más desesperado estés por hacerte rico, más pobre y más indigno te sentirás, independientemente de cuánto dinero poseas en realidad. Mientras más te desesperes por ser sensual y deseado, más feo te encontrarás, independientemente de tu apariencia física actual.

    Mientras más te desesperes por ser feliz y amado, más solitario y más asustado te encontrarás, sin importar quiénes te rodeen. Mientras más busques la iluminación espiritual, más egocéntrico y superficial te convertirás en tu intento por llegar a ese estado.


    Es como la vez que aluciné con LSD: sentía que mientras más caminaba hacia una casa, más lejana se tornaba. Y sí, acabo de usar mis alucinaciones de drogadicto para demostrar un punto filosófico sobre la felicidad. Y me importa un carajo.


    Como señalaba el filósofo existencialista Albert Camus (y estoy casi seguro de que él no consumía LSD): “Nunca serás feliz si continúas buscando en qué consiste la felicidad. Nunca vivirás si estás buscando el significado de la vida”.


    Puesto de una manera más sencilla: No lo intentes. Ya sé lo que estás pensando: “Mark, todo esto me parece increíble pero, ¿qué hay del Mustang para el que he estado ahorrando? ¿Qué hay acerca del cuerpo esbelto por el que me mato de hambre? Después de todo, pagué mucho por esa escaladora elíptica. O, ¿qué hay de esa casa con vista al lago que he soñado? Si todo eso deja de importarme, entonces nunca lograré nada. No quiero que eso suceda, ¿o si?” Qué bueno que preguntas.


    ¿Te has dado cuenta de que a veces, cuando algo deja de importante tanto, sale mejor? Fíjate como, en ocasiones, la persona que menos se interesa en el éxito es quien lo logra. ¿Has notado cómo, a veces, cuando empieza a valerte un carajo, todo parece alinearse? ¿Qué sucede en esos casos?

    Lo que es interesante sobre la Ley de la Retrocesión — que dicho de otro modo sería como “Ley de la Inversión de las Cosas”—, es que habla de una “reversión”: que algo te importe un carajo trabaja al revés. Si perseguir lo positivo es negativo, entonces perseguir lo negativo genera lo positivo. Aquel dolor muscular que persigues en el gimnasio se cristaliza en mejor salud y energía. Los fracasos en los negocios son los que, al final, nos dejan un mejor entendimiento de lo que es necesario para tener éxito. Enfrentar tus inseguridades, paradójicamente, te hace más carismático y más confiado frente a los demás. El dolor que causa una confrontación honesta es lo que origina la mayor confianza y respeto en tus relaciones. Sufrir miedos y ansiedades es lo que te permite construir coraje y perseverancia.

    En serio, podría seguir pero sé que comprendes mi punto. Todo lo que vale en esta vida es ganado a través de superar la experiencia negativa asociada. Cualquier intento de escapar a lo negativo, de evitarlo, aplastarlo o silenciarlo sólo resulta contraproducente. Evitar el sufrimiento es una forma de sufrimiento. Evitar los problemas es un problema. La negación del fracaso es un fracaso. Esconder lo que causa pena o vergüenza es, en sí misma, una vergüenza. El dolor es un hilo que forma parte de la tela de la vida e intentar separarlo no sólo es imposible sino destructivo: intentar arrancarlo también deshace todo lo demás. Pretender evitar el dolor es darle demasiada importancia; en contraste, si logras que el dolor te importe un carajo, nada podrá detenerte. >>

    <<Mira, esto funciona así: morirás algún día. Ya sé que es obvio, pero quería recordártelo en caso de que lo hubieras olvidado. Tú y todos los que conoces pronto estarán muertos. Y en el pequeño lapso entre ahora y ese momento hay un número limitado de cosas que deben importarte. Un número bastante limitado. Y si vas por la vida dándole importancia a todo y a todos, sin hacerlo conscientemente o por elección, bueno, acabarás jodido>>

  • Una verdad, ninguna verdad

    Pecados de luz,

    Redención de sombras.

    Paraíso de ciegos;

    Todos nosotros que no vemos.

    La llave maestra, la verdad oculta;

    El cambio que llega y es fuerza,

    hecha de preguntas y dudas.

    No más actos de fe;

    lógico y razonable.

    Asombro incansable.

  • 2do día de los 90 para la creación del mundo

    De acuerdo con Sarah Domet —90 days to your novel— y cito textual para luego traducirlo:

    «Every writer aims to immerse the reader so deeply into the story, to so hypnotize the reader with the details and the writing, that she continues turning the pages. You want your reader to feel like she’s literally present in your fictional world, running right alongside your characters as they get swept up in the action of the story. This is, after all, one of the reasons people read: to lose themselves in a world more interesting than their own.»

    «Todo escritor desea sumergir a su lector en su historia de forma tan profunda que lo hipnotice con los detalles y la escritura, así que continúen volteando las páginas [las reseñas de los periódicos como el Times llaman pageturner a los libros destacados…algunas veces por su publicidad y otras porque realmente te harán querer leer todo el libro en tres noches].

     Quieres que tú lector se halle de modo literal presente en tu mundo de ficción, corriendo a la par de tus personajes que se ven arrastrados por la acción dentro de la historia. Esto es, después de todo, la razón por la que la gente lee: para perderse a sí mismos en un mundo mucho más interesante que el suyo«

    Juguemos pues a envolver al lector con detalles que no parecen importarle al común de los mortales (muchas personas omiten ver, escuchar, sentir y saborear de su vida consciente pero lo notan en cuanto falta en un relato…¿qué pex con esta gente?[1]) y sin embargo nos conectan con ellos de forma emocional.

    ¿Tienes una prenda favorita (por lo regular una camiseta) que no tiras y te pones con minúsculos agujeritos perceptibles pero igual te vale? Un personaje así ¿lo olvidarías o lo recordarías? ¿Odiarías al villano que ama su capuchino con aroma a vainilla por las mañanas después de enviar al protagonista por él? ¿Recuerdas lo suaves que son los ositos de peluche? Usa:

    Tu nariz: ve y huele las rosas o el aroma nauseabundo del zorrillo o el asqueroso aroma a urea que queda en el fondo del aroma de cualquier perfume o fragancia.

    Tus ojos: tendrás que aprender más colores de los primarios…Y si estás ciego harás un mejor trabajo que cualquiera de nosotros describiendo cosas con los otros sentidos.

    Tu lengua: además de salado hay otros sabores.

    Tus dedos: ¿cómo es la superficie de tu escritorio? La mía es lisa, excepto donde el cutter llegó a rayar la formaica.

    Tu imaginación: no pienses en el tentáculo rosa que se acaba de robar un tamal de tu refrigerador…

    Sé feliz con tus propias chorradas.


    [1] Yo soy una….plop.

  • Con un desgarrón interno

    Cuando salgo, el bolso es inevitable. Aunque no lleve nunca cartera. Las carteras de mujer suelen ser demasiado grandes para meterlas en el bolsillo trasero del pantalón. Son terriblemente lindas pero sumamente enojosas y llamativas así que no las uso. El colmo de la liberación femenina es seguir usando cosas tan incómodas que debe uno meterlas en alguna parte, en lugar de viajar libre y feliz con bolsillos de pantalón grandes. No, hay que lucir el cuerpo con alguna prenda que no se vea bien con los bolsillos rellenos de celular o cartera.

    Llevo un monedero de tela satinada acolchada a colores rojo, amarillo, blanco y azul con relieve de hilo anclado a su superficie. Hace ya un rato que reemplacé el forro con fieltro y que la mariposa tejida desapareció; aún con eso no me decido a tirarlo. Además del monedero llevo una bolsa plástica con cierre (un kit de cepillo dental reciclado) donde meter la identificación oficial sin la dirección actualizada, un par de aspirinas, la tarjeta de “movilidad” —que no es otra cosa que la tarjeta que tuve que comprar para poder usar el metro, el metrobús y el trole (dejando la vieja con algún dinero irrecuperable), una aguja con tres hilos y la tarjeta de puntos de alguna farmacia que maneja puntos por su compra.  

    Sin importar la pandemia, uso un frasco reciclado de shampoo, de esos que ponen en el baño de los hoteles —cortesía de algún familiar—relleno de gel anti-bacterial…hasta la mitad, un frasco lleno de loción corporal o crema para manos y un espejo color amarillo de alguna tienda coreana del centro (el de la ciudad, aquí ni siquiera hay chinos). Acompañados de una bolsita de Kleenex que se eterniza mientras llega la temporada del estornudo —por lo regular cuando no los cargo, los lentes de sol y un tubo de bálsamo labial que nunca sé para que lo quiero si no me lo pongo.  

    Todo eso viaja en la bandolera favorita que es de cuero negro chino —¿cuero chino? (sí, es de auténtico cuero Made in China), muy suave; con cadena metalera y un desgarrón de la bolsa interior que acabo de coser la semana pasada. Allí viajan las gotas para los ojos y la micro navaja suiza con palito para la cutícula.

    Este es uno de los ejercicios propuestos hace dos entradas, el de describir el interior de un bolso de mano. ¿Quién se anima a describirme el interior de su cartera o su refrigerador? ¿O a decirme qué tipo de personaje soy sólo con la descripción de mi bandolera?

  • Un minuto

    Hoy quiero proponerles un minuto. No de silencio. El silencio no le hace justicia a nadie.

    Un minuto de ritmo guapachoso, de cumbia, de risa…metalero si quieren. De abrazos. En memoria de todos los que nos dejaron el año pasado y hasta este año nuevo (año nuevo lunar). Sea por cuestiones que hemos olvidado con el Covid —cáncer, corazón, accidente automovilístico,  vejez, encuentros cercanos del tipo choque policial; o por Covid y sus secuelas.

    ¡Un brindis —con jugo de zanahoria, cerveza, champagne o lo que les guste— por todos ellos! Por hacer que ahora el huequito que nos dejaron, sea nuestro deber llenarlo con recuerdos en un acto milagroso en el que ellos reviven por un instante en nuestras sinapsis. Estos minutos tendrían que ser aleatorios y acompañados.

  • Dogma

    Palabras no. 23

    Dogmas, dogmas de fe.

    Para confesarte lo que yo no sé.

    Para atragantarme en la verdad,

    como la miras tú.

    Para perderme fuera,

    en un espacio que se queda sin materia.

    Con el nombre borrado,

    ¿qué sabes tú de mi que se pueda olvidar tan a propósito?

    Tan a propósito que se me antoje cierto,

    tan cierto que mi apremio sea ocultarlo.

    El presente como un tiempo inacabado.

    Epopeya de tinieblas,

    que me habla sin reconocerse.

    De ti y nuestras memorias relegadas.

  • ¿Por qué empezar con el final? [escribiendo ficción]

    Isaac Asimov y Robert Mckee están de acuerdo en un proceso: escribir hacia atrás

    ¿Eh?

    Para Asimov, resultaba mucho más lógico comenzar escribiendo el final. Del mismo modo en que, para McKee, la solución a la crisis del personaje debe ser resuelta ANTES que escribir el resto de la historia. Para que sea comprensible, saber cuál es la respuesta a la crisis.

    Está técnica es bastante buena para el novato como yo que no tiene ni idea de cómo lograr avanzar en la historia (exceso de ideas generadoras pero ni pista de como continuarlas).

    ¿Por qué?  Hilary Mantel explica que escribir con la certeza absoluta de lo que va a pasar después, que es una de las características de la novela histórica —tener certeza de que tal o cuál batalla sucedió o de la boda esta o aquella por los documentos o las consecuencias históricas (considerando que no se hayan quemado los archivos) —eleva el nivel de juego. Necesitas imaginar y recrear el único escenario donde tal resultado es posible.

    Otros caminos —a pesar de que las posibilidades son infinitas ya que nunca se puede conocer la realidad tal y como es ni lo que piensan realmente las personas vivas con que ni mucho menos las muertas; se cierran en automático. Y por supuesto que eso no lo vuelve de ninguna manera un único camino linear y encima recto. Para nada, simplemente reduce el número de puertas posibles y a uno le corresponde encontrar la combinación correcta. Que es lo razón por la cual escribir es un proceso casi imposible de describir. Puesto que tienes que hallar tú solito, sin computadora (que ya lo hacen y mejor que uno), las combinaciones del evento n multiplicado por el número de escenas. 

    A esto se añade que resulta más sencillo eliminar todo aquello que resulta paja…que últimamente parece ser lo que piden los editores, al menos en inglés, con tal de sostener 70, 000—100,000 palabras…que no dudo que algunos autores pueden y deben escribirlas pero tampoco resulta un requisito indispensable para una buena historia; pues es menos complicado saber si son importantes o no para llegar a la resolución del conflicto y que tan largas deberán ser para añadir tensión.

    Visto en retrospectiva, saber a dónde tienes que llegar, te ayuda a elegir las piedras que levantarás en el camino para que tú personaje deba decidir aventurarse por el bosque o lanzarse desde un risco en vez de transitar el camino plano y libre de obstáculos. Puedes rebobinar la cinta y analizar dónde pierdes la lógica de las decisiones. Y si tus personajes son como los míos, tendrás que meterlos a un cuarto de interrogatorio para ir localizando sus mentiras una a una puesto que ya conoces el resultado.

     Que cuando uno dice chorradas, puede opinar cualquier cosa.

  • Una tarea especial desde el libro 90 days to your novel de Sarah Domet [semi–traducción con ingrediente secreto Knorr Suiza]

    En este ejercicio, haz una lluvia de ideas de tantas memorias tempranas[1] como puedas, escribiéndolas con tanto detalle como sea posible, dedicándoles por lo menos un párrafo a cada uno. Para este ejercicio, no te preocupes de escribirlo en escena o  editarte mientras lo escribes. El objetivo es seguir escribiendo tanto como sea posible dentro de un mínimo de dos horas [que según ella te estás dando]. Si es la primera vez que has escrito en un rato, no te sientas obligado a escribir algo perfecto [inclusive si ya escribes profesionalmente, ¿cuál es el punto de angustiarse buscando la perfección? —falta que lo reescribas y el trabajo del editor]

    Solo déjate llevar con libertad mientras piensas en cada recuerdo. Te proveo de algunas pistas para que empieces, aunque no deberías sentirte limitado a éstas categorías.

    PERSONAS: [el hueso del caldo y la sal[2]] tu maestro favorito o el peor, el cartero, tu primera niñera [mexicanos al grito de «abuela»], tus vecinos, tu primer crush, tu mejor amigo de la infancia, alguien que te metió o te metía en problemas, alguien a quien admirabas a la distancia, alguien que tú pensarás que era atractiva o atractivo, tus abuelos o un pariente lejano, la persona más triste que hayas visto, alguien que conocieras de vista pero con quién nunca hablaste.

    LUGARES: [aquí dejo de traducir literalmente y le añado un poco de chile de árbol]; empieza por la casa (hasta el baño sirve… especialmente si el grifo gotea o alguna puerta hace ewwwk), el trabajo, la parada de autobús, la estación del metro, la casa de tu amig@, el consultorio del dentista o la fonda de la esquina. Los salones de clase. Debajo de las sábanas…La puerta de hierro dónde te rehúsas a mirar hacia adentro en la noche —por miedo a ver un rostro encajado entre los barrotes.

    OBJETOS: [agrego chile de árbol, no sé si es cultural o que, pero de niño uno no recuerda el abrigo favorito o ¿si?…dejen su comentario]; que llevas en la bolsa del pantalón, tu cartera, tu bolso de mano, tu teléfono (¿podremos hacer un texto publicitario?), tu mejor olla de cocina, el destornillador que jamás usas pero está ahí por si las moscas, tu tazo favorito o tu taza si no conoces los tazos.

    EXPERIENCIAS: [este ya es mi ingrediente secreto no tan secreto, caldo de pollo de hule coreano —pueden sacarle la bolsita al ramyon y usar los fideos como sopa normal, que no menciona Sarah Domet como experiencia pero algunas las mete en el rubro de cosas]; primer beso —mito entre los mitos, tu primer sartén quemado, tu primer dedo machucado con el martillo, primera mascota, el apagón de la última semana, la vez que te cayó encima un chaparrón (y no hablo del vecino)…

    En sí, el ejercicio tiene que ver con los pequeños detalles que hacen real una narración y que te llevan a imaginar que estás allí aunque sólo deben estar presentes como detalles, pues una narración completa de un día normal es algo que nadie busca en una historia.

    Yo recuerdo en particular un detalle minúsculo de uno de los libros de Kurt Wallander (Henning Mankell), no recuerdo exactamente cuál; pero en esa escena estaban haciendo una redada y Wallander extiende un mspa sobre su auto. El viento es tan fuerte que se levantaban las esqui nas de papel del mapa y tuvieron que usar (creo) los vasos desechables para que el mapa no saliera volando. Y con este detalle, ya imaginamos el viento y el papel…el sol tibio en la cara y…son detalles que hacen real nuestro pequeño mundo imaginado. Así que escriban la chorrada que se les ocurra y sean felices resolviendo los problemas que les guste resolver.


    [1] No puedo recordar muchas cosas de mi pasado sin ver las fotos, es como si sufriera de amnesia selectiva y de hecho es más sencillo empezar con lo que tienes a la mano

    [2] A mi me falla la sal al cocinar…por lo regular me hace falta ponerle más 

  • ¿Es falso?!! ¿Elvis no está muerto?! ¿WhatsApp será una app de pago?!!

    Las fake news abundan. Los terraplanistas abundan. Los testigos del ovni de la biblia de las abducciones sagradas abundan….¿Ya no sabes a quién creerle? Pues Ophelia Pastrana tiene un videito muy útil.

    Es lo suficientemente útil como para mandárselo a los amigos que, de repente, les dé por mandarte esas cadenitas de reenviarlo a diez usuarios de x, y i z para mantener su privacidad segura —cuando se añade algo después de la y, se vuelve a usar «y» pero se siente raro cuando debe tener el sonido de la «I». Para enseñarles cómo diferenciar de trancazo las fake news de la reales…bueno…

    Todos sabemos que los medios inflan o hasta inventan cosas con tal de tener público (viven del tráfico visual y los anuncios). Este blog se trata de inventar cosas. Pero al menos, las noticias «reales» salieron de alguna parte que se puede comprobar o desmentir (en teoría) y las fake news son peores que los chismes porque ni siquiera sabes si fue Lupita la del 404 la que lo empezó. Al menos se sentirán mejor armados contra ellas. Menos solos en medio de una avalancha de información. También pueden optar por no ver noticias…

  • Fuga de conciencia

    Palabras no. 22. Cabe señalar que es algo que escribí cuando era muy joven y creía muchas cosas en las que ya no creo. Espero que sea lo suficientemente bueno.

    Confesor que escuchas y no eres el mejor amigo.

    Me deleito en mirarte y cuando salgo a buscarte,

    eres esquivo.

    Furtivo.

    Un audaz fugitivo.

    Te amo…y eres el ángel caído.