
Por cierto, en esta clase de cosas existe la tendencia de mirar por encima del hombro del dibujante que está haciendo la cubierta y empezar a hablar sobre cuero, botas hasta los muslos y espadas desnudas.
La luz fantástica. Terry Pratchett.
Adjetivos como «llenos», «redondos» e incluso «vivaces» empiezan a colarse en la narración hasta que el escritor tiene que darse una ducha fría y acostarse un rato.
Lo cual es bastante estúpido, porque ninguna mujer que se gane la vida con su espada va a ir por ahí con aspecto de haberse escapado de un catálogo de lencería de esos que se envían por correo y en sobres discretos.
Es estúpido, pero de todos modos se perpetua. Sobre todo si el cuento está dirigido a cierto público.
En la literatura «femenina», los vampiros cazadores visten de cuero. Incluso si el cuero resulta incómodo para moverse o un material latoso para lavar (no se puede echar sin más en la lavadora). Además de que no se puede vestir de cuero bajo la lluvia, un acontecimiento meteorológico muy ad hoc para luchar o acechar. En lugar de eso, nos dicen que no se le notan las manchas de sangre y protege muy bien de las heridas. ¿En serio? ¿Por qué no entonces, un traje de combate de camuflaje? Protege, es facil de lavar y los hay en negro, gris y verde.
En el caso de las heroínas en la literatura fantástica para hombres, a ninguno se le ocurre que no usar mangas es un incordio. Hay mosquitos, las ramas te rasguñan la piel, el sol te quema…
¿Nacen los clichés para comunicar rápidamente o nacen para mantener el interés dirigido? No sepo.
Pasto kalo.
Deja un comentario