—Pero—dijo Evan—, si el lenguaje de la magia[1] hay que vivirlo y sentirlo, ¿por qué no se usa nuestra propia lengua? ¿No es eso lo que vivimos y sentimos más de cerca?
—Sí, desde cierto punto de vista—dijo Favila, entrando en la conversación—. Pero no desde otro. Dime, Evan, ¿tú al hablar normalmente vas pensando en lo que significan las palabras?
—Claro
—¡Que va! —dijo Favila riendo—. Cuando vas al mercado de Villatrampa y pides una libra de mantequilla, ¿al pedirla, sientes en la mano el peso de la libra? Cuando dices “mantequilla”, ¿sientes la dorada mantequilla sobre la lengua?
—Hombre, no—dijo Evan—. Sí, tendrás razón. ¿Pero quieres decir con eso que una lengua distinta puede ser mejor?
—¡Sí, para que sientas el sabor de la mantequilla!
—¿Y eso por qué?
—Pues precisamente porque no es la lengua acostumbrada. Todos los sabores y colores, todos los aromas y texturas del mundo los llevamos aprisionados en el fondo del alma, tapados por el lenguaje. Verás, es que el lenguaje es como el dinero. Es un montón de moneditas que se pueden cambiar y permutar sin pensar. […] Es un mero indicador, no es una cosa de verdad.
—¿Pero por qué es mejor una lengua desconocida?
—Como te digo, precisamente porque es desconocida. Porque obliga a la mente a salir de sus hábitos….
Doneval. Capítulo 19 pg. 246-247. Graham Dunstan Martín, Espasa-Calpe 1988.
[1]En la próxima entrada te diré porque he puesto esto aquí. Por lo mientras, piénsala.
¿Te acuerdas cuando la novela de amor se fue a la basura porque no era una historia quita-pon dónde identificarse plenamente con los protagonistas porque la heroína era una genio de 19 años y el prospecto amoroso un billonario con problemas psicológicos?
¡Acabo de descubrir la base secreta de los marcianos venusinos! Y toda la conspiración que hace posible que estas historias resulten redituables (ergo, éxitos de la novela femenina, del corazón… romántica, de aventuras o como se llamen en Ama… allí); que son las tres cosas que la mayoría de nosotros nunca tendrá oportunidad de experimentar (de acuerdo con las líneas de Min Ye Rin en 페픔, Perfum capitulo 13, drama coreano 2019), que son:
ser talentoso,
ser guapo y
ser rico.
¿Será? ¿Viven entre nosotros? Considerando que somos animales sociales que se obligan unos a otros a permanecer dentro del mismo marco de miseria común…es posible[1]. Nos encantan las películas con coches de más de…eh…—¿cuánto cuesta un Lamborghini?…(pregunta una Merriam despistada que sabe más o menos cuánto cuesta un caballo Shire pero no un auto) donde no importa que éstos sean destruidos, vandalizados, robados—¿alguien llamó al seguro? O las aventuras de James Bond que siempre viaja en primera clase y en una sola película visita más lugares caros de los que el bolsillo sería capaz de pagar aún ahorrando durante toda la vida.
Así que sí, si se trata de experimentar una casa con un techo de una altura de más de metro y ochenta centímetros y un baño con la superficie cuadrada de un apartamento de interés social o una bata de baño con logo del Hilton…pues sí. Es algo que muy pocos de nosotros tendremos[2]…
Revisemos el segundo punto: ser guapos o bellos. Nos obsesionados con ser bellos y jóvenes —y digo nos porque cada vez que me encuentro una nueva arruga se me hace un pliegue vertical en el entrecejo de pura preocupación al recordarme como era hace solo 5 años…Contra la verdad biológica en la que la simetría grita: ¡saludable! Y las características sexuales secundarias de libro de biología me recuerdan que debería tener más cintura, más trasero y menos vello en los brazos [candidato a la eliminación]…¡Soy horrible! ¡Buaaaaa!
Por lo tanto… requiero mi dosis diaria de bellas protagonistas con cuerpos esbeltos para calmar mi espíritu y soñar con algo que no voy a poseer nunca (y si me trauma de vez en cuando).
El talento…el talento consiste en saber mandar al carajo a cualquiera que se atreva a decirte que todos tus primos tienen auto y trabajos con pensión (biru biru biru alerta de vampiro emocional) y seguir escribiendo. Haz algo el tiempo suficiente y alguien lo notará decía Asimov. Así que, si el resto del mundo se empeña en seguir siendo igual… emplearé estas tres pequeñas armas, una a la vez, en una especie de mercenarismo del entretenimiento. A seguir escribiendo pueh.
[1] Comentarios antisemitas sobre la riqueza judía…comentarios contra individuos que han conseguido salir del bache…comentarios anti cambie de chip para no sentirse miserable…supongo que captas la idea.
[2] Pero podemos elegir no medir nuestro éxito a través de ello
¿Cómo? Es lo más sencillo del mundo. Haz que no suceda nada.
Sarah Domet (90 days to your novel) cita al escritor de ficción Flannery O’Connor para ejemplificar y explicar justo lo contrario —con respecto a la importancia de los personajes como generadores de la trama:
“If nothing happens, it’s not a story.”
«Si no pasa nada, entonces no es una historia».
Flannery O’Connor
[Domet añadiría que si no le pasa algo a alguien no es una historia].
Suena simple y fácil de hacer. La verdad es que es más sencillo hacer TOOODO lo contrario. Y lo primero que se nos ocurre hacer es una lista de eventos —en la escuela nos enseñan a enlistar las cosas en bonitas listas con numeritos de esos que cuesta trabajo leer…romanos creo que se llaman. ….GRAN suspiro…
Sí, si hacemos que las cosas sean simplemente algo como: se enamoraron a primera vista, se acostaron juntos, ella se embarazo y entonces hubo una boda de emergencia; la cosa no tiene vistas a convertirse en una historia, ni siquiera en un discurso de boda. Incluso un amigo borracho del novio podría contarnos las cosas con mucho más interés…porque lo que es de verdad esencial no solo es que suceda. O que le suceda a alguien. Es que le suceda por UNA razón. Verás…nos gusta creer que las cosas suceden causalmente y no casualmente.
¿Parla usted cristiano señora Merriam? A veces, a veces ni yo entiendo lo que digo…pero lo que trato de decir es que incluso el ser humano más recalcitrante en su lógica del universo (…yo) en la que las cosas no necesitan suceder por una razón determinada ni por el designio de una entidad cuya voluntad es todopoderosa para suceder, disfruta las historias precisamente porque en ellas todo está orquestado para que suceda de CIERTA manera.
Va de nuez, en una historia se necesita que sucedan las cosas como en la caricatura en la que una pequeña bola de nieve va cuesta abajo y al final se convierte en una BOOOLOOTOTOTA de nieve…la bolita de nieve se vuelve enorme al recolectar nieve en su caída porque ha ido juntando un montón de eventos en apariencia casuales (que haya otras partículas de nieve, que la nieve tenga la profundidad adecuada, que no haya una gran roca en su camino) que tienen una causa inicial no casual (la bola de nieve original y la pendiente).
Para eso, si no has leído Harry Potter, te lo recomiendo ampliamente. J.K. Rowling hace esto de una manera sencilla (cuando uno lo busca no es tan difícil de encontrar…bueno después de releer los libros unas cuantas veces hasta alguien tan babas como yo empieza a captar como funciona al asunto) pero magistral. Y no nos centremos en lo que dice o no dice en sus comentarios de Twitter (que hay una página de blog bastante buena para eso)…
¿Harry Potter necesita encontrarse con la persona que rompió el encantamiento Fidelio sin sospechar que no fue Sirius Black y de quién sin embargo nosotros los lectores ya hemos sido advertidos en contables ocasiones de su existencia? Ponemos una rata y un gato. ¿Quién va a sospechar de un gato queriendo atrapar una rata? ¿Acaso se te ocurrió pensar que la rata era una rata traidora? No, pero tú y yo disfrutamos ir hacia atrás en la historia y ver todas las advertencias posibles estilo Agatha Christie que la autora fue sembrando por el camino. Es por esto que una historia no es una historia si no le pasa nada a alguien de forma que nada resulta casual pero lo parece. Que parezca casual es como hacer que la caja registradora no tenga perdidas de centavos…un verdadero reto. Hora de seguir escribiendo. Casualmente ya lo había dicho en alguna otra parte como una entrada con alguna cita de Ronald. B. Tobías del libro 20 Master plots: todo lo que suceda deberá parecer casual…sin serlo.
Esta cita proviene del libro «Historia de mi vida—con ella» de Helen Keller, que puedes descargar totalmente gratis del proyecto Gutenberg en el idioma original. O buscar una traducción en la web por si acaso te llama la atención…aunque no sea ningún manual de escritura de ficción.
«El escritor joven, como Stevenson ha dicho, instintivamente trata de copiar cuánto le parece admirable y desvía su admiración con notable versatilidad. Es solo después de años de esta práctica que incluso grandes hombres [vamos a añadirle equidad de género y metamos a todas las mujeres anónimas del pasado y a todas las heroínas escritoras que hayan dejado huella en tu educación: Christine Nöstlinger, Jean Webster, Anette Levy-Willard, Marguerite Duras y Virginia Wolf. Añade una en los comentarios para que la celebración del 8 de marzo tenga eco y no sea cosa de un día] han logrado comandar las legiones de palabras que llenan en tropel el camino del pensamiento. Me temo que aún no he completado el proceso. Está claro que no siempre puedo distinguir mis propios pensamientos de aquello que he leído, porque lo que leo se vuelve la sustancia misma y textura de mi mente. En consecuencia, casi todo lo que escribo se parece mucho al patchwork loco que solía hacer cuando recién aprendía a coser. Este patchwork estaba hecho de toda clase de cosas— bonitos trozos de sedas y terciopelos pero predominaban las piezas burdas al tacto.
Así mismo mis composiciones están hechas de burdas nociones propias, imbuidas de los brillantes pensamientos y las maduras opiniones de los escritores que he leído. Me parece que la mayor dificultad de escribir es hacer que la mente educada exprese nuestras ideas confusas, mitad sentimientos, mitad racionalismos, cuando no somos poco más que bultos de tendencias instintivas. Intentar escribir es como intentar armar un rompecabezas chino. Tenemos un patrón en la cabeza que nos gustaría poner en palabras, pero las palabras no encajan en los espacios o, si lo hacen, no encajan con el diseño. Pero seguimos intentándolo porque sabemos que otros han logrado hacerlo, no estamos dispuestos a admitir la derrota. «
“<<No hay forma de volverse original, excepto la de nacer así>> dice Stevenson y a pesar de no serlo, espero algún día, sobrepasar mis emperifolladas composiciones artificiales. Quizás entonces, mis propios pensamientos y experiencias salgan a la superficie. Mientras tanto confío, espero y persevero, e intento que la amarga memoria de <<The Frost King[1]>> se interponga en mis esfuerzos.»
[1] En su juventud, Helen Keller escribió un cuento que fue publicado y posteriormente acusado de plagio y hallado culpable sin negligencia. Lo que parece bastante difícil de comprobar puesto que aún no escribía pero sí memorizaba todo lo que percibía a través del alfabeto de signos pero nunca hubo una relación clara de aquello que sí le fue leído y aquello que no. La resolución del tribunal causó que el amigo que publicó el cuento terminara por evitarla del todo y esto le dolió tanto que no se volvió a atrever a escribir más cosas…hasta más tarde.
Sarah Domet (90 days to your novel) tiene la misma idea que Chuck Wendig sobre de los personajes como los creadores de la trama y el origen de la historia. El Android del celular. Un personaje bien definido saltará de la página y hará cosas inesperadas, cosas que lo harán memorables.
«El estilo, el tono y la voz reflejan el intelecto, la personalidad y el humor de tu personaje».
Sarah Domet (90 days to your novel)
En esto difiere de Patricia Highsmith [quien nos recomienda disparidad que le dé variedad y complejidad a la trama], puesto que dicha personalidad define donde viven y dónde trabajan y a dónde van, sus elecciones y sus reacciones y que es lo que hace a las viejitas gritar en vez de decirnos que gritan…—para medio citar lo que ella cita sobre Mark Twain y saltar más rápidamente a algo interesante de Hemingway:
“If a writer of prose knows enough about what he is writing about he may omit things that he knows, and the reader, if the writer is writing truly enough, will have a feeling of those things as strongly as though the writer had stated them. The dignity of movement of the iceberg is due to only one-eighth of it being above water. The writer who omits things because he does not know them only makes hollow places in his writing.”
«Si un escritor de prosa sabe lo suficiente acerca de lo que escribe, puede que omita cosas que sabe y el lector, si el escritor escribe honestamente; tendrá un sentimiento fuerte de estas cosas como si el escritor las hubiera afirmado. La dignidad del movimiento de un iceberg se debe a que solo el ocho por ciento está por encima del agua. El escritor que omite cosas porque no las sabe, está dejando agujeros en sus escritos»
Justo el espacio para plantar la semilla del «inevitable pero inesperado» del que habla Robert Mckee (El guión. Story) debido a que este ocho por ciento visible, es la causa principal de que conozcamos al personaje y como actuará en determinadas circunstancias de tal modo que nos volvamos íntimos, cuates, compás, etc, personas tan cercanas que no dudaremos en afirmar o negar porque sus decisiones son lógicas o ilógicas dado un camino determinado y mirando en retrospectiva (como lectores o audiencia).
Como lectores o audiencia, podremos anticipar un poco de la trama gracias a este GPS integrado que constituye la personalidad del personaje y que nos remite a cosas como:
Historia
experiencias
equipaje
complicaciones
miedos
deseos
sabor de helado favorito
talla de zapatos (marca de zapatos que elegiría)
Domet (fan de Scott Fitzgerald) ejemplifica como mirando a Jay Gatsby través del pedazo de iceberg a la vista; podemos afirmar que —si estuviera vivo, escogería un sabor decadente y empalagoso de helado (rich) como el chocolate doble con menta, compraría los trajes en Brooks Brothers y su dormitorio estaría lleno de tonos en caoba…
Con lo que yo disiento un poco…No tanto por disentir sino porque a diferencia de Domet, yo no tengo un background literario sino gráfico. Y en el lenguaje gráfico existen simbolismos preestablecidos e imágenes personales a la manera de los diccionarios individuales de los que habla Milan Kundera (una palabra, un significado distinto para cada individuo en cuanto a su valor moral). El simbolismo preestablecido me lleva al mármol y la madera como elementos de riqueza y mi pobre conocimiento del mundo; a la vainilla —medio insípida pero elegante y menos popular que el chocolate, la marca Burbe…o a los sastres ingleses que menciona Jessica Ward en sus novelas de vampiros sexy. Claro, esto de conocer al personaje a fondo es algo muy difícil de lograr cuando de entrada, es bastante difícil comprender a las personas 3D a nuestro alrededor.
Otras preguntas no fundamentales pero que podemos emplear para ampliar la ficha personal del personaje en nuestros records policiacos como detectives de la arquitectura narrativa son:
¿Qué es lo que más desea tu personaje en la vida?
¿Qué es lo más importante que le ha ocurrido nunca a tu personaje?
¿Cuál es su segundo nombre?
¿Dónde trabaja?
¿Qué le gusta de sí misma (o mismo)?
¿Cuál es su día feriado favorito?
¿Cómo bebé su café?
¿Cuál es su música favorita?
¿De qué color está pintado si cuarto? (o su casa…)
¿Qué edad tenía cuando beso a alguien por primera vez?
¿Cuál es su mayor miedo?
Estás preguntas no sirven para escribir absolutamente nada de la trama TODAVÍA…pero son la brújula que nos dice dónde está el norte del personaje y cuando, definitivamente, estás haciendo algo mal porque conoces tan bien al personaje que sabes perfectamente lo que hará y dirá en una especie de memoria cinética [dice Domet]…o aquello capaz de matarlo de la vergüenza. Hasta otra chorrada más.
Está vez te traje un poco de Baudelaire en audio para los «jóvenes literatos» [aunque de joven no tengo ya nada, puede que tú sí…]. Y sí eres una chica, la última parte quizás no tenga nada que ver contigo…sin embargo no se puede regresar en el tiempo ni convencer a un chauvinista ya muerto que se convierta al bando rosa (usar un color es sexista ya de entrada).
Virginia Wolf no pudo jalarle las orejas a Monsieur Baudelaire o re-educarlo al feminismo y demostrarle que ninguna mujer literata es un episodio masculino frustrado…Los hombres sensatos sólo hablan de mujeres pretendiendo que no hablan de ellas para nada.
Tú historia podría comenzar así…. también…bueno darle lecciones de nado porque no sabe nadar. O meter un zombie que se ha arrancado los dientes para que muerda suavecito en un programa de televisión[1]…¿De qué demonios estás hablando Merriam? ¿Otra vez con tus chorradas?
Si pero no. Son las chorradas de Patricia Highsmith en Suspense:
«El marco gobierna en gran medida el tipo de personajes que utilizarás. Pero la narración podría mejorar si se utilizara un personaje que no fuera nada típico del marco en cuestión, que no fuera la clase de persona que uno esperaría encontrar en tal ambiente. Las incongruencias tienen un límite que debe respetarse, pero el resultado, si lo hay, es más interesante de lo normal.»
Este principio resulta visible en Rise from Ashes (Madeleine Rosca, webtoon, terminada), dónde una medium exorcista comienza la historia como…¡fantasma atrapada por una fuerza caza fantasmas!
También podemos encontrarnos con vampiro abstemio…que no es raro el vampiro que se abstiene de beber sangre al principio por absurdos sentimientos morales y se deja llevar después hacía la «perdición de la bebida» …
En Tong Lin Fei (originalmente novela ligera china, probablemente de estilo Wuxia, adaptada a webtoon y anime aún sin terminar los dos últimos) la princesa consorte del guapo príncipe Ye You Ming es una caja de sorpresas capaz de realizar acrobacias marciales, exorcizar fantasmas o de mostrar verdadero interés en las personas —a diferencia de otras hijas de familia rica y bien educadas; en una suerte de heroína moderna cuya presencia en una corte china resulta de lo más atípica pues ninguna de sus acciones tiene razones escondidas y, por lo tanto, es libre de hablar. Sin dejar de mencionar que posee un par de atractivos delanteros capaces de cortar en seco a cualquier hombre.
Todo consiste en encontrar un personaje que no se mueva como pez en el agua en el medio ambiente que hemos elegido para lograr que el cúmulo de rocas (problemas) que le arrojaremos al personaje, resulten en decisiones “inevitables pero inesperadas”[1]
Enemiga como soy de la gramática, si alguien me preguntara ¿qué es el subjuntivo? tendría que confesar abiertamente…que no tengo ni la más remota idea. ¿El post pretérito? Tampoco sé. ¿El futuro, el presente simple y el pasado? Podría explicarlo…tal vez. ¿Las reglas de acentuación? Si no es aguda es esdrújula…
La realidad es que yo me oriento a través del mundo de la gramática usando mi memoria elefantina. Todos tenemos una; la que guarda la información referente a las cosas que nos gustan: los 121 (¿?) elementos de la tabla periódica, las retículas en las portadas de los Beatles, el nombre del álbum y el director del video musical de Depeche Mode de cada canción, los nombres de animaciones, nombres científicos de las plantas favoritas o las presentaciones y declaraciones de Justino B. etc.
Algunos tienen una memoria elefantina más grande que otros pero igual todos tenemos una. La mía recuerda tramas, algunos títulos y frases escritas. Así es como mi horrografía es medianamente aceptable. Gracias a que navego por ese mar tempestuoso con sonar (diccionario y corrector de texto…).
Ya hablé demasiado. El punto era explicar lo que Sarah Domet (90 days to your novel) opina de la gramática:
“El objetivo de usarla es muy simple: la invisibilidad.”
Sarah Domet (90 days to your novel)
¿Se trata de la mujer invisible? ¿Por qué entonces hay tantos autores que dan la lata con ella?
Pensemos. ¿Cuántos libros lees al año? Probablemente no muchos y también probablemente un montón (ambas son posibles y ninguna es buena o mala; hay quién le saca algo a los libros, hay quién no o quién empieza con las cataratas, el glaucoma o simplemente la miopía magna hace lo suyo) pero si estás aquí es porque lees. Ya sea este blog, las noticias, los briefs del cliente, los programas educativos…algo lees (obvi diría uno de mis primos). Y notas en menos de lo que canta un gallo cuando escribo sersenar, debolusion o ugnas.
Y…te molesta. Te hace notar que sostienes un celular o un mamotreto de quinientas páginas impreso en papel biblia….en vez de estar rodeado por el increíble verdor acolchado del musgo y el dosel de hojas frescas de los pinos con la fragante resina envolviéndote…la espada de acero templado cuya hoja centellea al sol como un río…
¿Gramática o no gramática? Tal vez, la indispensable a corto plazo y tener un diccionario y/o un manual de gramática sobre el escritorio. So pena de dejar de ser invisible.
Es una maravillosa lectura en tono irónico[1] para instruir sobre los horrores de la lectura y sus posibles consecuencias funestas.
Escúchenla aquí para que reconsideren porque hacen lo que hacen y que les gustaría lograr con ello. Y que si quieren escribir tendrán que leer también…o buscar audio libros. Tal vez nuestra misión no sea crear fuegos artificiales espectaculares pero si momentos de café en el sillón.
[1] Desafortunadamente toda ironía lastima o ridiculiza algo en particular, creando de este modo, molestia en alguien. A todos los grupos religiosos, la ironía de esta entrada está basada en cualquier sociedad que prohíba las preguntas.
De acuerdo con Sarah Domet —90 days to your novel— y cito textual para luego traducirlo:
«Every writer aims to immerse the reader so deeply into the story, to so hypnotize the reader with the details and the writing, that she continues turning the pages. You want your reader to feel like she’s literally present in your fictional world, running right alongside your characters as they get swept up in the action of the story. This is, after all, one of the reasons people read: to lose themselves in a world more interesting than their own.»
«Todo escritor desea sumergir a su lector en su historia de forma tan profunda que lo hipnotice con los detalles y la escritura, así que continúen volteando las páginas [las reseñas de los periódicos como el Times llaman pageturner a los libros destacados…algunas veces por su publicidad y otras porque realmente te harán querer leer todo el libro en tres noches].
Quieres que tú lector se halle de modo literal presente en tu mundo de ficción, corriendo a la par de tus personajes que se ven arrastrados por la acción dentro de la historia. Esto es, después de todo, la razón por la que la gente lee: para perderse a sí mismos en un mundo mucho más interesante que el suyo«
Juguemos pues a envolver al lector con detalles que no parecen importarle al común de los mortales (muchas personas omiten ver, escuchar, sentir y saborear de su vida consciente pero lo notan en cuanto falta en un relato…¿qué pex con esta gente?[1]) y sin embargo nos conectan con ellos de forma emocional.
¿Tienes una prenda favorita (por lo regular una camiseta) que no tiras y te pones con minúsculos agujeritos perceptibles pero igual te vale? Un personaje así ¿lo olvidarías o lo recordarías? ¿Odiarías al villano que ama su capuchino con aroma a vainilla por las mañanas después de enviar al protagonista por él? ¿Recuerdas lo suaves que son los ositos de peluche? Usa:
Tu nariz: ve y huele las rosas o el aroma nauseabundo del zorrillo o el asqueroso aroma a urea que queda en el fondo del aroma de cualquier perfume o fragancia.
Tus ojos: tendrás que aprender más colores de los primarios…Y si estás ciego harás un mejor trabajo que cualquiera de nosotros describiendo cosas con los otros sentidos.
Tu lengua: además de salado hay otros sabores.
Tus dedos: ¿cómo es la superficie de tu escritorio? La mía es lisa, excepto donde el cutter llegó a rayar la formaica.
Tu imaginación: no pienses en el tentáculo rosa que se acaba de robar un tamal de tu refrigerador…