—Iré ahí inmediatamente y arrestare a los involucrados. — No, usted no arrestará a nadie. Si hay arrestos, habrá juicios y si hay juicios habrá más reportajes que mencionarán que se quemaron los retratos del rey.
Conversación entre el inspector Campbell y Winston Churchill. Peaky blinders. Temporada 1 capitulo 2.
—¿Quieres ver una pelea? —dijo. —Sí. ¿Qué hay de malo en eso? —Para empezar, la gente resulta herida. —Bueno, tampoco sugería que participásemos. Sólo quiero ver una pelea, nada más. Y a algunos de sus famosos héroes. Tienen héroes, ¿verdad? ¡¿No serán todo historias de marineros?!
Conversación entre Rincewind y Dosflores. El color de la magia. Terry Prattchet.
—Mi señor Norfolk tiene instrucciones del rey. —Su propósito es aplastar las objeciones y lo consigue—. La decisión queda a voluntad del rey y además, nadie puede decirme lo que se puede hacer y lo que no, nunca hemos juzgado antes a una reina. —Vamos decidiendo sobre la marcha —dice amistosamente el Lord Canciller.
Igualmente, para explicar de un modo satisfactorio a sus ojos lo que mantiene las entidades cósmicas y los fenómenos de la historia de la civilización, una vez creados, en marcha continua y armoniosa, sin conflicto ni confusión, los «metafísicos» sumerios expusieron otra idea. Esta idea se expresa por la palabra sumeria me, cuyo sentido exacto es todavía incierto. De una manera general, esta palabra parece designar un conjunto de reglas y directrices que forman parte de las cosas de un modo, como si dijéramos, intrínseco a ellas, y que habrían sido asignadas a cada una de ellas por los «dioses creadores» con el objeto de mantenerlas en existencia y en actividad, eternamente, según los planes divinos.
La historia empieza en Sumer. La primera cosmogonía. Noah Kramer.
—¡Excelente! Doy por supuesto que las relaciones entre Dosflores y tú son ya muy buenas. Un buen comienzo. Cuando vuelva sano y salvo a su tierra, comprobarás que no soy desagradecido. Quizá incluso olvide los cargos presentados contra ti. Gracias, Rincewind. Puedes marcharte.
Vetinari, Patricio de Ankh-Morpork. La luz fantástica. Terry Prattchet.
La característica realmente única de nuestro lenguaje no es la capacidad de transmitir información sobre los hombres y los leones. Más bien es la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto. Hasta donde sabemos, solo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado ni olido.
En este clima de división, en el que parece estar al alza la proyección del odio contra muchos grupos, al tiempo que los extremistas de toda denominación manifiestan su desprecio a las instituciones democráticas, contamos con la certeza de que en, algún lugar, alguien —mucha gente, me atrevería a decir— está tomando nota de todo lo que ocurre a partir de su propia experiencia. O quizá lo recuerden y lo anoten más adelante, si pueden. ¿Quedarán ocultos y reprimidos sus mensajes? ¿Aparecerán, siglos después, en una casa vieja, al otro lado de un muro? Mantengamos la esperanza de que no lleguemos a eso. Yo confío en que no ocurra.
Margaret Atwood. El cuento de la criada, introducción.
—Más valdrá que te lo diga, Rincewind. Según costumbre, hay ciertos contactos entre los Señores del Mar Circular y el Emperador del Imperio Ágata —siguió el Patricio—. Es un contacto muy ligero, porque tenemos pocas cosas en común. Nosotros no tenemos nada que ellos quieran, y ellos no tienen nada que nosotros podamos pagar. Es un imperio antiguo, Rincewind. Antiguo, astuto, cruel y muy, muy rico. Así que intercambiamos saludos fraternales por correo albatros. A intervalos poco frecuentes.
Vetinari, patricio de Ankh-Morpork. El color de la magia. Terry Prattchet.
De cuando un imperio se negó a abrir sus puertas porque el otro imperio no tenía nada que le interesara.
Circulan declaraciones, acusaciones, escritos, entre jueces, acusadores, el fiscal general, el despacho del Lord Canciller; cada paso del proceso es claro, lógico y está destinado a crear cadáveres de acuerdo con el procedimiento legal debido. George Rochford será juzgado aparte, como un par del reino; los del común serán juzgados antes. Llega la orden a la Torre: «Traigan los cuerpos». Es decir, traigan a los acusados, llamados Weston, Brereton, Smeaton y Norris, a Westminster Hall para el juicio.
Una reina en el estrado. Hillary Mantel.
¿Y si eran cuerpos, es porque ya sabían que los iban a ejecutar?