traditional teapot and cups on bamboo with newspaper
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En comparación con los libros que leía, la «vida real» tenía todas las de perder (es decir, lo que para OTROS era la «vida real»).

Contra la lectura. Mikita Brottman. Blackie books. [The Solitary Vice (Counterpoint, 2008)].

La autora Nikita Brottman [hablando de como la lectura era para ella no solo un refugio contra la realidad sino lo más real que podía experimentar] menciona, párrafos más adelante, a Proust. Para él, la realidad de la vida era la literatura. Fuera de ella, la vida no era nada. Por lo tanto, se dedicó a escribir hasta morir.
¡Sin comer pastel! ¡Sin hacer pausas! Seguramente sin tener gato. ¡Sin… Sexo! —Que bueno, no es que a mí de todas las personas me interese más el sexo que un pastel de chocolate; pero algunas personas no serán capaces de entender el punto sin que lo mencione. Así de importante les resulta. Me encogeré de hombros y fingiré entender con tal de usar el cliché de forma efectiva.

Aún así, ¿quién se dedica a matarse a fuerza de palabras?

Escribir sí es un estilo de vida. Requiere salir de la «zona». Ser epicureo1. Nada de nada que se vuelva un problema después. Demasiado escribir sin comer ni vivir, acortan el tiempo de escritura. ¿Ya comiste? ¿Dormiste bien2? Pasto kalo.

  1. Para los que asocian epícureo con tragazón, pueden leer El giro, que explica como un manuscrito del De rerum Natura sobrevivió. O el original. La propaganda cristiana le tenía miedo al epicureismo porque los epicureos ya hablaban de átomos y de materia divisible en tiempos de los griegos. Algo muy peligroso para Omn ( isciente, ipresente y ipoderoso); cuya divinidad requería unicidad. Por eso el epicureismo tiene mala fama. A pesar de consistir en rechazar aquello que se volverá un problema más tarde. Cómo no comer. O comer productos lácteos cuando se es intolerante a la lactosa. ↩︎
  2. Lo sé. El trabajo. ↩︎


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