Etiqueta: En la corte del lobo

  • De leyes y hechizos

    Cuando se redactan leyes, se ponen a prueba las palabras, procurando dar con su máxima fuerza. Como los hechizos, tienen que hacer que las cosas sucedan en el mundo real y, como los hechizos, sólo operan si la gente cree en ellas. Si tu ley impone una pena, has de ser capaz de aplicarla…, a los ricos tanto como a los pobres, a la gente de las fronteras escocesas y de las marcas galesas, a los a la gente de las fronteras escocesas y de las marcas galesas, a los hombres de Cornualles igual que a los de Sussex y Kent. Ha redactado este juramento, una muestra de lealtad a Enrique, y se propone que lo presten los hombres de todos los pueblos y aldeas y todas las mujeres de cierta importancia: viudas con patrimonio, terratenientes. Su gente recorrerá el país, llanuras onduladas y brezales, pidiendo a los que apenas hayan oído hablar de Ana Bolena que respalden la sucesión del hijo que lleva en el vientre. Si un hombre sabe que el rey se llama Enrique, que preste juramento; no importa si confunde a este rey con su padre o con algún Enrique anterior, porque los príncipes, como los demás hombres, se desvanecen de la memoria de la gente común.

    Thomas Cromwell, personaje. En la corte del lobo. Hilary Mantel.

  • El propio interés

    Hay personas en este mundo a las que les gusta todo preciso y ajustado, y las hay que aceptan alguna desviación marginal. Él es ambos tipos de persona. No permitiría, por ejemplo, una ambigüedad despreocupada en un arriendo, pero el instinto le indica que a veces un contrato no tiene por qué redactarse con demasiado rigor. Arriendos, autos judiciales, cláusulas, se escriben para que se lean, y cada cual los lee en función de su propio interés.

    Thomas Cromwell, personaje. En la corte del lobo. Hilary Mantel.

  • Como en todas las Historias

    interior of old islamic palace with ornamental dome
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    —Si me preguntáis por los monjes, hablo por experiencia, no por prejuicio. Y, aunque no me cabe duda de que algunas fundaciones están bien regidas, mi experiencia me dice que son más frecuentes el derroche y la corrupción. ¿Puedo sugerir a Su Majestad que si desea ver un desfile de los siete pecados capitales, no organice un baile de máscaras en la corte, sino una visita sin previo aviso a un monasterio? He visto monjes que viven como grandes señores de las ofrendas de los pobres, que prefieren comprar una bendición a comprar pan, y ese comportamiento no es cristiano. Tampoco acepto que los monasterios sean las sedes de cultura que creen algunos. ¿Fue Groeyn un monje, o Colet o Linacre, o cualquiera de nuestros grandes eruditos? Eran universitarios. Los monjes toman niños y los emplean de sirvientes, ni siquiera les enseñan latín macarrónico. No les niego el derecho a algunas comodidades corporales. No siempre puede ser Cuaresma. Lo que no soporto es la hipocresía, el engaño, la ociosidad, sus viejas reliquias, suculto trillado y su falta de inventiva. ¿Cuándo ha salido últimamente algo bueno de un monasterio? No inventan, sólo repiten, y lo que repiten es corrupto. Durante siglos, los monjes han acaparado la pluma, y lo que han escrito es lo que consideramos nuestra Historia, pero yo no creo que lo sea, en realidad. Creo que han suprimido la Historia que no les gusta y han escrito una favorable a Roma.

    Thomas Cromwell en La corte del lobo. Hilary Mantel.