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  • Cómo escribir ficción cronológica

    «Así la elipsis -la omisión de un elemento que pertenece a una serie- consigue su poder expresivo.»

    Mieke Bal. Teoría de la narrativa (Una introducción a la narratología)

    En la entrada anterior, mencioné que armar nuestra fábula de tal forma que los acontecimientos tengan sentido —incluso con lagunas temporales — es una de las técnicas a la hora de escribir ficción; al alterar la cronología alteramos la causalidad. El propósito de la historia se oculta trás estas lagunas.

    Resulta interesante que Mieke, mencione como las personas ponen su atención en el orden de los acontecimientos y como dicho orden, puede modificar opiniones y juicios; al creer que lo que sucede primero siempre es mejor.

    ¿Por qué es interesante? Pues porque, de acuerdo con Mieke, esto nos limita y nos expone a los prejuicios derivados de la cronología. Como en el caso de Adán siendo superior a Eva en el Génesis, solo porque Adán sucedió primero. Una especie de guerra de créditos por orden de aparición… En vez de tener los créditos en orden de importancia. Sea cual sea la importancia.

    Lo que me recuerda «el reflector» de Hilary Mantel (con respecto al cine como medio); iluminando al protagonista en una película. Es bastante usual que el primer personaje al que conocemos en una película, sea su protagonista. Algo no tan riguroso en una novela… A menos que se trate de una novela romántica, dónde conocer lo más pronto posible a los dos seres a unir es casi un requisito de género. De otro modo no sabemos si angustiarnos o no por las meteduras de pata de alguno de los dos.

    Es probable que la lógica de la secuencia cronológica sea determinante en aquello que el lector pone mucha más atención.

    Así pondríamos primero el hecho con un sentido cronológico anterior que deseamos ocultar y después todas las pistas falsas que desvían su atención de tus maquinaciones perversas (mwahaha) hasta que se pueda dejar el telón bajado porque ya hicimos todas las revelaciones posibles y llegamos a las palabras:

    THE END

    (Y este es el final de la entrada también)

    black and white photo of clocks
    Photo by Andrey Grushnikov on Pexels.com
  • Cómo escribir ficción con restricciones temporales

    black and white photo of clocks
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    <<La preferencia por una crisis o por el desarrollo no implica meramente una cierta visión de la realidad o una elección de cierto tipo de textos. Una
    vez elegida, ambas formas contienen implicaciones en la construcción de la fábula.

    Pero un desarrollo también exige una selección. No se presenta toda una vida, sino partes de ella; otras se desechan, se abrevian, o se resumen. >>


    Mieke Bal. Teoría de la narrativa (Una introducción a la narratología)


    El asunto de la plausibilidad de modo notable, ¿a qué sí? Hablar del protagonista cepillándose los dientes o cortándose las uñas no reviste de mayor interés en ninguna fábula bien escrita a menos que algo lo interrumpa o lo modifique. Incluso Mieke nota que los vacíos existenciales o lagunas cronológicas (esos lapsos de tiempo sin especificar) no le importarán al lector. Por eso es que presentamos los acontecimientos de un modo tal que la (H)istoria va adquiriendo sentido. El sentido no tiene por fuerza que ser cronológico sino CAUSAL. Que haya una laguna no significa que dicho período este completamente en blanco. Mencionarlo o no depende de nuestra conveniencia. De lo conveniente que le resulta o no a la fábula (trama).

    «Con todo, ocurre a menudo que los acontecimientos que se han omitido
    se traen a primer plano en otras partes del texto. «

    Mieke Bal. Teoría de la narrativa (Una introducción a la narratología)

    CLIFFHANGERS Y RESTRICCIONES TEMPORALES


    Ya había mencionado que Mieke explica el proceso como la elección entre el desarrollo y la crisis. Al preferir la crisis, se opta por omitir muchos más periodos de tiempo «sin interés» que cuando se prefiere el desarrollo. Con el desarrollo se puede elaborar o explayarse en dichos tiempos «muertos».


    Para mí, no depende de si se elige o no la crisis o el desarrollo, sino del género, la personalidad propia y que tan bien hemos aprendido a mantener un ritmo apropiado para nuestra historia.


    Una historia, para estar bien contada cuenta con un ritmo que nos da las pausas que crean esos «cliff hangers» tan «enojosos» para el lector y que, no obstante son (en parte) la recompensa de su lectura.  Sin cliffhangers no hay motivación para pasar la página.

    Y eso, por supuesto que también depende de la afinidad entre el lector y el autor. Para mí madre, Mi año Salinger fue un desperdicio de tiempo observar a Joana Kroff ver pasar el tiempo como ayudante de agente literario; mientras que para mí fue bastante agradable ver cómo usa ella el principio de la indecisión para mantener la historia. El tenido momento antes de decidirse a escribir.
    Es un ritmo que acelera allí donde hay acción y se ralentiza allí donde debe haber distracción. Y eso, más que definido por la elección entre crisis y desarrollo, también depende mucho del propio autor. Algunas veces, es difícil encontrar las 50 000 palabras cuando se puede hacer algo maravilloso con menos. Sobre todo cuando esa presión para «tener más palabras» solo conduce a repetirse. No hay nada peor que leer un libro «editado» y publicado que parece hacer copy-paste de si mismo cada número de párrafos para que luego te digan que debes evitar ser repetitivo

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