Cathy Birch menciona en su libro “The Creative Writer’s Workbook” como, de repente, escribir pasa a segundo término comparado con actividades tan triviales como lavar la ropa, cocinar, revisar tu Twitter, ir a la fiesta de Malabares.
Y, si encima como la mayoría de nosotros, tienes un empleo del mundo real (muchas personas consideran escribir un empleo irreal pues consideran que pagarte por escribir es como pagarle a alguien por hacer el logotipo que su sobrinito podría dibujar mejor que el diseñador gráfico) no vas a tener mucho tiempo que digamos para escribir-dibujar tu comic o investigar ese periodo histórico que te interesa para escribir tu guión.
Ella propone una solución que, en apariencia, contraviene lo que dice Chuck Wending acerca de los escritores. Que hay que escribir la friolera de 25,000 palabras al día (¿cómo diablos hacen eso? Yo lo que tengo son broncas con escribir más hehehe). O lo que cuentan algunos escritores que hacen, sentarse y garrapatear algo en el papel o romperlo y hacer bolitas que encestar en el bote de la basura porque no saben que escribir y que se llama “pantalonear (pantsing)”
A mí, sinceramente, no me seduce la idea de sentarme en un escritorio mirando fijamente una página en blanco durante 7 horas al día. No puedo. Me parece un desperdicio de día cuando puedo coser, bordar y/o remendar. Algunos de ustedes menos, puesto que su trabajo se los impide. No todos podemos conseguir trabajos que tengan que ver con escribir porque ó escribimos-dibujamos nuestro proyecto mientras trabajamos o no escribimos. Por eso, me gusta lo que ella propone:
UNA FRANJA PEQUEÑA Y REGULAR DE TIEMPO
¿Quéso?
Escribir durante 10-20-30 minutos al día SIN PONERTE A PENSAR SI ES BUENO, MARAVILLOSO O TRASCENDENTAL. Escribe. TODOS LOS DÍAS. A final de cuentas, 10 minutos sumados a la semana son 70 minutos de escritura que podrás cotejar, ampliar o tirar a la basura. Y son mucho más que mirar el papel en blanco o torturarte porque no son prosa inmortal.
Esto te ayudará muchísimo ya que, para la mayoría de nosotros, trabajar siguiendo un objetivo auto-impuesto es algo nuevo, desmoralizante y carecemos de la disciplina para llevarlo a cabo.
Así que, ponte manos a la obra, temporizador listo y cumple el tiempo, número de palabras o de imágenes que has elegido hacer y no te preocupes si son buenas o no. Para eso existe la fase de la auto-edición. O la de “amigo…critica mi trabajo please”. Únete al blog.
Cómo escribir ficción con miedo y mucha perseverancia
Ahí afuera… ahí afuera hay un montón de escritores, guionistas, dibujantes de cómic. Es casi imposible contarlos. Están los que han tenido éxito, los que apenas, los que tuvieron que darse por vencidos a causa de su economía, los que estudian y escriben una vez a la semana. Una multitud contra la que competir…
Así que tienes en las manos a tu primer hijo (escrito) y como todo padre/madre orgulloso/a te pones a enseñárselo a cuánto ser con patas se te cruza en el camino. Crees que tiene derecho a ser visto o leído por un editor-juez de concurso-director de cine para ser amado y alabado… generar ventas, regalías…un cambio universal. Lo envías a concurso. Y esperas. Esperas un poco más. Sin respuesta. Tal vez los jueces son unos cegatos que no entienden nada de tu talento. Te auto-publicas o imprimes unos cuantos ejemplares para vender. Aumentando la oferta masiva de títulos entre los que escoger. Lo que en la era Netflix-HBO implica… un título más en un océano de peces grandotes y de buen sabor[1] contra ti, pececito sabor a soya. Populares. Con una capacidad para contar historias muy por encima de la tuya. A años luz.
¿Es el momento de abandonarlo todo? Quizás. Aún falta realizar la titánica labor de promoción que te hará preguntarte si vendes o escribes. Que es lo que hace normalmente la editorial por un autor y por lo que los autores por lo regular buscamos ser engullidos por el pez grandote. Tiene más recursos.
¿Todavía sigues aquí?
Volvamos al principio. Tu primer hijo cómic-guión-cuento-novela es maravilloso por el mero hecho de que hayas perseverado lo suficiente para terminarlo. No todos terminan uno. Lo que no quiere decir que sea tan maravilloso como para merecer ser publicado. ¿Eres tan bueno como Monterroso, Stan Lee o Ingmar Bergman?
Sabes la respuesta. Sí aún te comparas con ellos, es porque no sabes lo que eres capaz de hacer o lo que serás capaz de hacer. Pero si has dejado de compararte con ellos, es porque has pasado a ser un bastardo arrogante, sobre todo si nadie te publica todavía. Lo que nos lleva al terreno de las inseguridades. ¿Soy lo bastante bueno?
La respuesta es…no. Todavía no. Estás en el camino. Estás a punto de ser lo suficientemente bueno. ¿Vas a darte por vencido ahora? ¿Ahora? ¿A un round de los nueve asaltos? Soporta unos cuantos golpes más.
¿Son los editores-jueces unos mierdas?
Puede que sí, puede que no. Hay un autor que tiene una columna sabatina en Milenio diario. A veces me hacía gracia, otras simplemente me resultaba un snob insufrible. El dice que le cae gordo que el autor Sutanito le pregunte si ya leyó su nuevo libro… porque hay muchos editores que han terminado por odiar hasta leer por tanta mierda con la que se encuentran y comienzan por odiar su trabajo. Cuando lo leí pensé inmediatamente: “¿y cómo diablos puede uno enterarse dónde está lo bueno si no lo lees?”
Hay mangas por los que yo no daba un centavo a las diez primeras páginas y después se convertían en delicias. Claro que los hay que desde el principio saben a leche y miel. Y los que se comienzan con efervescencia de soda para terminar decepcionando. Igual que ciertas películas se ganan su derecho a no ser vistas.
Un editor se encuentra no con uno, con un montón de manuscritos. Tienen sus propios filtros que les permiten despejar la paja del grano. Filtros que comienzan con asuntos de mercadotecnia, sin importar que tan bueno sea el contenido.
A una editorial o concurso llegan cientos de manuscritos. No todos de personas que quieran DE VERDAD aprender el arte de escribir. Algunos de ellos son copias de telenovelas con sabor a youtuber como especia. He leído cosas así (una manía lectora que me tuve que quitar por salud mental y falta de tiempo). Los editores TIENEN que leer esa pila de cosas. No pueden simplemente botar el manuscrito por gusto (John Dos Pasos nunca consiguió engancharme mientras que quien sea que lo editó debió pensar que era una maravilla).
Así que crean reglas para sí mismos y aquellos en el oficio. Deshacerse de lo que no está en formato, lo que está mal redactado, lo que no tiene conflictos aceptables. Tú no eres una víctima. Eres un autor. APRENDE. INVESTIGA. Estás aquí porque tienes el talento de ser perseverante.
El miedo está ahí para todos. Sobre todo después de varios concursos o rechazos o auto publicaciones sin ventas. Es por eso que tienes un empleo principal o le chupas la vitalidad a quien se deje. Recuerda; Harry Potter fue rechazado 20 o 12 o más de 10 veces[2] e incluso con la primera edición, el editor no hizo una buena labor de promoción. El libro tuvo que esperar a llegar a las bibliotecas para ser leído.
Esto no se acaba hasta que se acaba. Si llegaste hasta aquí, aún te quedan segundos en el reloj.
[1] Con dos nombres tengo para hacerte sentir menos: Juego de tronos y Magpie Murders…
[2] Según la fuente pueden ser 20, según Roger Domingo editor en Grupo Planeta (o eso dicen por ahí) fueron 12.