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Lunes de patchwork: SNS y escribir

Un minuto

Hoy quiero proponerles un minuto. No de silencio. El silencio no le hace justicia a nadie.

Un minuto de ritmo guapachoso, de cumbia, de risa…metalero si quieren. De abrazos. En memoria de todos los que nos dejaron el año pasado y hasta este año nuevo (año nuevo lunar). Sea por cuestiones que hemos olvidado con el Covid —cáncer, corazón, accidente automovilístico,  vejez, encuentros cercanos del tipo choque policial; o por Covid y sus secuelas.

¡Un brindis —con jugo de zanahoria, cerveza, champagne o lo que les guste— por todos ellos! Por hacer que ahora el huequito que nos dejaron, sea nuestro deber llenarlo con recuerdos en un acto milagroso en el que ellos reviven por un instante en nuestras sinapsis. Estos minutos tendrían que ser aleatorios y acompañados.

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¿Es falso?!! ¿Elvis no está muerto?! ¿WhatsApp será una app de pago?!!

Las fake news abundan. Los terraplanistas abundan. Los testigos del ovni de la biblia de las abducciones sagradas abundan….¿Ya no sabes a quién creerle? Pues Ophelia Pastrana tiene un videito muy útil.

Es lo suficientemente útil como para mandárselo a los amigos que, de repente, les dé por mandarte esas cadenitas de reenviarlo a diez usuarios de x, y i z para mantener su privacidad segura —cuando se añade algo después de la y, se vuelve a usar «y» pero se siente raro cuando debe tener el sonido de la «I». Para enseñarles cómo diferenciar de trancazo las fake news de la reales…bueno…

Todos sabemos que los medios inflan o hasta inventan cosas con tal de tener público (viven del tráfico visual y los anuncios). Este blog se trata de inventar cosas. Pero al menos, las noticias «reales» salieron de alguna parte que se puede comprobar o desmentir (en teoría) y las fake news son peores que los chismes porque ni siquiera sabes si fue Lupita la del 404 la que lo empezó. Al menos se sentirán mejor armados contra ellas. Menos solos en medio de una avalancha de información. También pueden optar por no ver noticias…

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Memoria histórica

¿Alguna vez se te ocurrió que la pandemia duraría tanto tiempo?

¡Claro que no! Ha pasado un siglo desde la última pandemia y ya hay muy pocos que nos la puedan contar. La pandemia más grande y mortífera de todas las conocidas hasta ahora, hace mucho más tiempo que asoló ciudades de toda Europa y Asia.

Lo gracioso del asunto es que por ejemplo, esa misma pandemia de peste bubónica dejó secuelas tan profundas que aún las vemos en el habla occidental en el acto de decir salud cuando las personas estornudan. Es una memoria tan terrible que perduró como un acto inconsciente y que debió afectar a más de una generación y pasar más de una vez.

La influenza española tenía como particularidad, ver morir personas prácticamente frente a tus ojos sin poder hacer nada…¡Sin cubrebocas! ¡Sin vacunas! ¡Sin cuarentena! Y mi siguiente enunciado (después de la explicación) es terrible porque sonará a qué hay quién merece morir y quién no. La realidad es que lo merezcamos o no, somos mortales y eso no aplica a la hora de imaginar porque parece haber durado mucho menos que la pandemia de coronavirus. Que probablemente duró, al menos en apariencia, mucho menos porque todas las personas cuyo sistema inmunológico no era apto para lidiar con sus efectos fallecieron;  al no haber ninguna clase de confinamiento o control sanitario, lo que dejó vivas a las que lo vencieron o a las que nunca se infectaron. Incluso viviendo bajo el mismo techo y no del virus que pescaron en el súper.

Así que, visto en retrospectiva y con esos parámetros (tal vez hay otros que no se me están ocurriendo o no tengo ni idea de cómo imaginarlos) el hecho de que todavía pulula el virus por los rincones no es tan extraordinario. Lo que si resulta más o menos extraordinario es la queja constante de aquellos en casa. ¡Las personas del Medievo que se aislaron en granjas para evitar contagiarse ni siquiera tenían internet! Newton no googleo las tres leyes de la termodinámica. ¿Debo entretener la idea que se distrajeron haciendo niños? Hasta el atleta más entusiasta debe descansar haciendo otras cosas.

¿Tenemos que ser todavía más pacientes? #Quierosalirahorayquestoseacabeya.

La vacuna está ahí pero no será mañana cuando todos estén vacunados. Ni en un mes. Tal vez seis si no hay retrasos de entregas, problemas con el crédito, personas que se niegan a recibirla…campañas electorales, más muertos…no sé.

Además de todo, hay que considerar las agendas políticas. Las que en teoría, iban a seguir un plan de vacunación nacional y ahora ya cada estado comprará sus vacunas y hará lo que le dé las cosquillas en los…bueno, los estados de cuenta de deuda.

La verdad a mí también me urge ya tener que dejar de tomarme la temperatura en todas partes (cuando es imposible usar una temperatura alta como síntoma para todos los casos). Tener que recordar el barbijo segundos antes de salir (salgo una vez a la semana, máximo tres) y sentirme incómoda cada que paso por el banco. Es temporada de predial y pago de agua anual y todos quieren pagar con descuento (el burro hablando de orejas). Ya me tocó formarme porque se cayó el sistema de la red tributaria y tuve que hacer una reclamación del dinero que se tragó la máquina o cajero inteligente….Es decir, los problemas para que siga con nosotros el virus unos cuantos meses más, ahí están. Y sólo podemos seguir usando nuestro cubrebocas y saliendo lo menos posible. Si se pueden vacunar, vacúnense por favor. Total, si trae microchip, ¿no usamos todos un microchip powered by Android?

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Propósitos de escritor

Escribir como estilo de vida

A diferencia de Chuck Wendig, no hago propósitos de año nuevo. Mi cabeza bulle de burbujas rellenas con ideas eclécticas y a cual más extravagante que la anterior. No sobreviven mucho tiempo, son pompas de jabón que vuelan, se sostienen un instante en el viento y ¡pop!, desaparecen. Otras toman su lugar.
Las ideas que persistentemente insisten por mi atención, las que toman forma incluso antropomórfica, las que sobreviven y se transforman en una especie de pajarillos metomentodo que se dejan ver antes del desayuno, en medio del durama o hasta en sueños (cuando los recuerdo); serán los proyectos que haga. En este momento los sobrevivientes son:

  • Escribir hasta donde me alcance la vista; harto imprevisible cuando el diagnóstico probable es degeneración macular, no comprobable hasta que encuentre un laboratorio que haga estudios sin receta médica. Y si te lo cuento es  —¿porque deseo tu conmiseración y ahogarme en la pena por mi misma?…a lo mejor. Quizá también porque para mí es más práctico avisar de antemano que es probable que sufra un problemita de la vista sin solución  —al menos hasta ahora; que puede empeorar así de pronto (como en el último año) y dejarnos sin Merriam. Tanto a mí, que disfruto impersonando a este personaje escritor; como a ti, que estás leyendo estás chorradas. Cualquier otra cosa, avisaré.
  • Armar la maqueta de Crimson Relish, mi linda opera prima —es mi hijo así que YO lo veo lindo…jejeje soy mamá a la defensiva.
  • Aprender coreano, esto también es idea del marido cornudo y no sé ni para qué pero ya puedo decir hola…안닝하세요!
  • Tener un amigo por correspondencia…tengo muuuuuy buenos amigos y los quiero mucho pero la ilusión de tener un penpal es de esas cosas que siguen ahí, incluso después de diez años así que…Afortunadamente existe una app que funciona como correo lento pero no tan lento y no pierden las cartas como creo que hace Mexpost…
  • Escribir la siguiente gran Merriamnovela (si es que eso existe) poco a poquito. Escribir por lo menos tres ANTES del doomsday.

Creo que esos son los problemas que me gustaría resolver en estos momentos…Al menos los que disfruto resolviendo. Así que, no creo que uno deba sentirse obligado a hacer propósitos de año nuevo. Más bien, creo que debemos sentirnos obligados a revisar lo que creemos y vamos queriendo a lo largo del año.  ¿Es aquello que deseamos una fuente de infelicidad o de felicidad? ¿Se trata de problemas que nos guste resolver o problemas que preferiríamos ni siquiera verlos de lejos? ¿Es esta una forma menos peor de actuar aunque sea sólo un poquito?

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Alzheimer de género

Victoria comentaba con la maestra del grupo de bordado:
—Mi sobrina Dulce le decía a mi hermano que iba a estudiar y volverse química. Mi hermano le contesto que no hablara porque era mujer, que lo demostrara con hechos
—Si, muy cierto porque las chicas luego van y se les olvida con el novio o van y se embarazan…

¿Qué hubiera dicho el padre de la chica a un hijo que dijera lo mismo? ¿Se le habría negado el reconocimiento a su sueño o meta solo porque terminaría embarazado? ¿Ambas mujeres lo tomarían en cuenta como algo realizable y digno de admiración a pesar de que los chicos también dejan la escuela?

De acuerdo, muchas mujeres se ven asaltadas por el deseo biológico y caen o tropiezan en la búsqueda de su sueño —incluso sin deseos biológicos metiches, puede una perderse en el camino. Pero ¿merece un hombre más credibilidad y respeto por eso?
¿No se merece una mujer joven (incluso una de mediana edad como yo o de 120 años) que se la escuche y aliente a tener una meta y que se la crea capaz tan sólo por ser una persona?

Ah…es que las mujeres se embarazan o se casan o les da menopausia o les da demencia senil…¿No será más bien que los hombres pueden fingir demencia porque los dejamos hacerlo? Incluso aunque hablen y terminen por no hacerlo.

Conozco a alguien a quien le ha tomado un rato porque se embarazó (estúpidas ganas sin condón) y eso supuso muchos baches en la carretera, pero está por acabar su tesis. Igual no en lo que ella quería pero es un grado universitario. ¿Se merece que creamos lo que dice?
Sí. Ella y todas las chicas con un sueño. También los chicos.
Lo que no se vale es tener Alz selectivo por género (incluso si practican la idea del género no binario).

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¿Justificación o explicación de las causas?

Esta objeción se basa en la tendencia habitual a confundir la explicación de las causas con la justificación o aceptación de los resultados. El uso que se hace de una explicación histórica es una cuestión independiente de la explicación propiamente dicha. La comprensión se utiliza con más frecuencia para tratar de alterar un resultado que para repetirlo o perpetuarlo. Por eso los psicólogos intentan comprender la mente de los asesinos y los violadores, por eso los historiadores sociales intentan comprender el genocidio, y por eso los médicos intentan comprender las causas de las enfermedades humanas. Estos investigadores no intentan justificar el asesinato, la violación, el genocidio y la enfermedad. En cambio, intentan utilizar su comprensión de una cadena de causas para interrumpir la cadena.

Armas, germenes y acero. Jarred Diamond. Editorial De bolsillo.
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¿Nos está matando la falta de curiosidad?

Yo no sé ustedes pero yo sí la padezco a ratos. Soy muy crédula y también al mismo tiempo no lo soy.

Es este dedicar más tiempo a criticar o a mal interpretar lo que dice el otro que a hablar en común de lo que nos gusta o a cuestionar directamente por qué o cómo. Una falta de curiosidad que nos impide ver realmente lo que hacemos y decimos y ni siquiera pararnos a pensar qué es.

Por eso me gustó este vídeo. No…no me pagan por difundir nada, es cierto que este blog necesita desesperadamente vender algo pero yo creo que cuando lo haga se los avisaré. También cuando se mude de sitio por la falta de cash…que la mayoría de la población poblacional (también formo parte de la gráfica) está experimentando. Cuando me gusta algo y creo que debería difundirlo porque aporta algo interesante —que no sea el cutis trasero de alguna chica guapa o chico (lo que a veces también resulta una aportación al mundo, ¡no se puede ser nada más un cerebro con patas!), es cuando lo comparto porque pienso que todos los suscritos al blog son requete-inteligentes y también quieren ver las cosas desde otros ángulos. Si terminamos o no teniendo las mismas ideas, eso no es relevante. Ustedes tienen sus propias ideas y yo no las quiero cambiar.


Pues este vídeo es del canal de Youtube Asian Boss y hace la misma pregunta del título. Don’t worry, be happy…tiene subtitulos (y no lo digo porque no sepan inglés). Casi todos los vídeos de este canal los tienen en español o inglés y son…muy esclarecedores.
Bah, no me hagan caso. Hoy es lunes y toca decir chorradas.

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Hay que ponerse en los zapatos del otro…. más bien en el brassier del otro, diría yo

Série de flashcards sobre ropa…son como 3 (y lo llamo serie….)

Hace poco, aparte de morirme de la risa, me percate que la serie de videos de OK chicas; era un maravilloso experimento de comunicación y reflexión. ¿Alguna vez se han puesto a pensar lo que conlleva vivir con el cuerpo del otro? ¿Con sus hábitos? ¿Sus manías? ¿Sus deseos o miedos?[1]

Pues en esta serie de videos, un grupo de hombres jóvenes se ven sometidos a diversas situaciones: desde usar un brassiere de encaje que es bonito pero te corta la respiración, tener un busto de kilo a kilo y medio —en ese sentido la verdad me declaro más bien con una experiencia más masculina que femenina—, dar a luz (dolor incluido), usar tacones (escaleras arriba y abajo) o maquillarse (con ninguna experiencia). Al final, no era sólo el hecho de que aparentemente eran sometidos a tortura, es que; al menos, tuvieron la oportunidad de verse del otro lado y cambiar su forma de ver al mundo en general y de forma más positiva:

  • Si tú sientes que no te gusta hacerlo, no lo hagas.
  • Sí tú crees que te ves sexy en tacones, Póntelos. Pero hazlo por ti, no por ningún calavera.

El tipo de cosas que deberían hacer los niños y las niñas en la escuela (sin la mirada desaprobadora de sus padres) en plan juego, para ponernos; literalmente, en el brassiere o los bigotes del otro. Para dejar de decir que «las mujeres esto» o «los hombres aquello” y ser más felices.


[1] Bueno, esto de escribir conlleva la capacidad de usar nuestra imaginación para hacerlo. Creo que esta era la razón por la que los escritores por lo regular, eran las personas más abiertas a nuevas ideas.

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Cielo estrellado

La comezón titilaba como las galaxias de estrellas. Aparecía y desaparecía o brillaba intensamente con una ferocidad de urgencia. Cada vesícula era una estrella rojiza en un campo  que iba desde el bronceado olivaceo hasta el café con leche y el blanco tostadito (producto de una exposición inconstante y desigual al sol). A veces era la constelación Prurito-en-el-trasero.

Otras la constelación Rasca-la-tripa por encima del ombligo. La constelación Me-pica-la-espalda estaba fuera de su alcance. Pero la más mortificante y desagradable era Tengo-comezón-en-la-nariz porque ardía y le recordaba las cicatrices posibles. Y lo más maravilloso era el hombrecito en su cabeza.

Ese que miraba todo con interés y tomaba nota de todo como si no formará parte del cuerpo. El maldito escritor interior que celebraba toda desgracia menor o mayor como fuente de información y detestaba las alegrías pues no generaban datos. Ese es el autor de esta descripción.

El que recibió con sorna y amor el término médico para la condición de caja de Petri humana en la que se había convertido ella; sobre la que el virus jugaba a dejar supernovas a punto de explotar en pus, estrellas de neutrinos colapsadas en una costra o enanas rojas agrupadas como vía lácteas en miniatura. Un cielo estrellado (y mirándolo bien pensó el hombrecillo tendría que llamarse infierno estrellado porque habría que incluir el culo y la comezón).

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Liberación y esclavismo

Una llamarada en arco desde una colilla de tabaco se regó sobre la yesca seca de los retazos de algodón. Y el fuego jugo a la brisca, los encantados y al lobo; levantando un telón de humo negro. Un telón que se filtró bajo la puerta del vestidor y abrazo a todas las chicas dentro con su beso gris, antes de calcinarlo todo.
El cable se rompió y el elevador no volvió a subir. Abajo, gemidos y gritos de dolor, si el humo no hubiera sido tan denso; el olor a carne quemada hubiera llegado a una nariz inexistente. 145 personas.

Una tragedia espantosa en la fábrica de blusones del Triangle, Nueva York en 1909, parece servir de recordatorio como la tecnología puede convertirse en la espada liberadora y la espada de Damocles al mismo tiempo.

Un invento simple reunía a las 145 personas que murieron en ese edificio: de cuerpo negro con letras doradas pintadas a mano y aguja de acero cuyo ojo había sido pulido hasta el brillo hipnótico; una máquina de coser Singer. En un edificio moderno e iluminado como no solían serlo los talleres de confección. Pero también con medidas de seguridad que fomentaban los accidentes y el reclamo del seguro.
¿La liberación de horas inclinadas sobre tela y forzando la vista para convertirla sábanas y ropa? O ¿la esclavitud de la monotonía y el nuevo ritmo veloz en la confección de prendas para la naciente industria de la moda?

Resulta curioso porque la máquina de coser frente a mí es una reliquia que me conecta con una compañía gringa, la primera globalizada de verdad, su publicidad basada en trajes regionales que el mundo no conoció antes.
Nunca se le adaptó un motor. Las letras ya desvanecidas atestiguan que alguna vez fue un símbolo de lo que era decente hacer para ganarse la vida. Hoy, apenas ronronea de tarde en tarde, por el simple gusto de coser las cosas como uno las desea. Un acto de subversión apenas susurrado dónde las marcas de ropa no existen.