Hola, este fragmento proviene de Suspense de Patricia Highsmith. Me pareció divertido puesto que habla de la ficción y la realidad…cada una siendo una esquina opuesta de nuestra mente y al mismo tiempo no. Cada una un uso del lenguaje y la confusión absoluta de la burocracia. Helo aquí.
Una vez, cuando ya tenía resuelto todo lo relativo a un piso nuevo en Manhattan —ya había pagado el alquiler por anticipado, firmado el contrato y avisado a los de las mudanzas— me dijeron que no podía ocuparlo porque era un piso para profesionales. Los escritores no son profesionales, ya que «sus clientes no les visitan». Estuve a punto de escribir al Departamento de la Vivienda o a quien hubiera redactado semejante ley y decirles: «No tienen ustedes idea de cuántos personajes llaman a mi puerta y vienen a verme cada día, y son absolutamente necesarios para mi existencia.» Pero no llegué a escribir, sólo me hice la reflexión de que las prostitutas probablemente tenían derecho a un piso como aquél, pero los escritores no.
Edna O’Brien, la inteligente novelista irlandesa, dijo en una entrevista: «Los escritores siempre están trabajando. Nunca paran.» Esta es la naturaleza de la profesión de escritor, al menos del que escribe novelas o narraciones. Los escritores o están desarrollando una idea o buscando, aunque sea inconscientemente, el germen de una idea. Yo me dedico a crear debido al aburrimiento que me producen la realidad y la monotonía de la rutina y de los objetos que me rodean. Por tanto, no me disgusta este aburrimiento que me invade de vez en cuando, e incluso trato de crearlo mediante la rutina. Yo no «tengo que trabajar» en el sentido de que deba obligarme a hacerlo o a pensar en lo que he de hacer, ya que el trabajo viene a mí. Me produce el mismo placer hacer una mesa, un buen dibujo, algún cuadro esporádico, que escribir un libro o una narración corta. Este aburrimiento es una circunstancia afortunada y apenas me percato de él hasta que se me ocurre una idea para escribir un libro o un relato corto.
Pero es más importante que los personajes se muevan y tomen decisiones como personas de carne y hueso, que les dé la oportunidad de deliberar, de elegir, de volverse atrás, de tomar otras decisiones, como hacen las personas en la vida real. Los argumentos rígidos, aunque sean perfectos, pueden hacer que los personajes de un libro parezcan autómatas.
“Pienso que también es posible hacer que un héroe-psicópata sea totalmente repugnante y, pese a ello, resulte fascinante precisamente por su depravación. Estuve muy cerca de lograrlo con Bruno en Extraños en un tren, pues ni siquiera la generosidad de Bruno es constante ni oportuna, y nada más puede decirse en favor suyo. Pero en la citada novela la maldad de Bruno quedaba compensada con la «bondad» de Guy, lo cual simplificó considerablemente el problema de crear un héroe simpático, que en este caso era Guy. Todo depende de la habilidad del escritor, de si es capaz de divertirse con la maldad de su héroe-psicópata. En caso afirmativo, el libro es entretenido y entonces no hay razón por la cual el lector deba «simpatizar» con el héroe. Si tiene que haber «identificación del lector», término del que ya estoy bastante cansada, entonces conviene dar al lector uno o dos personajes secundarios (preferiblemente un personaje que no sea asesinado por el héroe-psicópata) con los que pueda identificarse.”
Tú historia podría comenzar así…. también…bueno darle lecciones de nado porque no sabe nadar. O meter un zombie que se ha arrancado los dientes para que muerda suavecito en un programa de televisión[1]…¿De qué demonios estás hablando Merriam? ¿Otra vez con tus chorradas?
Si pero no. Son las chorradas de Patricia Highsmith en Suspense:
«El marco gobierna en gran medida el tipo de personajes que utilizarás. Pero la narración podría mejorar si se utilizara un personaje que no fuera nada típico del marco en cuestión, que no fuera la clase de persona que uno esperaría encontrar en tal ambiente. Las incongruencias tienen un límite que debe respetarse, pero el resultado, si lo hay, es más interesante de lo normal.»
Este principio resulta visible en Rise from Ashes (Madeleine Rosca, webtoon, terminada), dónde una medium exorcista comienza la historia como…¡fantasma atrapada por una fuerza caza fantasmas!
También podemos encontrarnos con vampiro abstemio…que no es raro el vampiro que se abstiene de beber sangre al principio por absurdos sentimientos morales y se deja llevar después hacía la «perdición de la bebida» …
En Tong Lin Fei (originalmente novela ligera china, probablemente de estilo Wuxia, adaptada a webtoon y anime aún sin terminar los dos últimos) la princesa consorte del guapo príncipe Ye You Ming es una caja de sorpresas capaz de realizar acrobacias marciales, exorcizar fantasmas o de mostrar verdadero interés en las personas —a diferencia de otras hijas de familia rica y bien educadas; en una suerte de heroína moderna cuya presencia en una corte china resulta de lo más atípica pues ninguna de sus acciones tiene razones escondidas y, por lo tanto, es libre de hablar. Sin dejar de mencionar que posee un par de atractivos delanteros capaces de cortar en seco a cualquier hombre.
Todo consiste en encontrar un personaje que no se mueva como pez en el agua en el medio ambiente que hemos elegido para lograr que el cúmulo de rocas (problemas) que le arrojaremos al personaje, resulten en decisiones “inevitables pero inesperadas”[1]