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Sobre la «alta» y «baja» literatura
A pesar de que en los años setenta y ochenta dejó de ser habitual pensar que la ficción popular era una versión trivial y barata de la «alta» literatura, así como de equiparar esta última con pensamientos nobles y humanos y con un gobierno magnánimo, los detractores conservadores de la ficción de masas continuaron clamando contra sus efectos moralmente perjudiciales con el argumento de que satisfacía los pueriles deseos de evasión, emoción y fantasía del lector. Se creía que el consumidor capitalista había llegado a ser tan omnipresente que incluso tenía el poder de debilitar y malbaratar las historias que se contaban, vaciándolas de la riqueza y la variedad que…


