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  • Una disquisición sobre la brujería aplicada y el cultivo del uso de la palabra

    » No, las palabras no significan nada, los lugares y las horas no significan nada, no tienen ningún poder a menos que el mago conozca las palabras. No que las sepa de memoria, sino que las conozca, que las haya vivido. De modo que un hechizo birrioso, medio olvidado, farfullado a trompicones, hasta un hechizo así puede obrar su efecto si el que lo dice siente el significado en su corazón; mientras que con todo el cotorreo perfecto de Ruino, aprendido en un libro, no se va a ninguna parte.»

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    Doneval. Graham Dunstan Martin 1988. Espasa-Calpe

    Escribir tal vez no tenga nada que ver con la brujería, la hechicería o la magia. Al menos no con hacer este tipo de magia en donde no existe ninguna fuerza magnética, eléctrica, cinética o cualesquier otra medible por la ciencia que mueve o transforma objetos y personas a voluntad —al realizar en si el acto de escribir que es distinto de escribir sobre la magia.

    Lo que sí hace, es llevarnos de nuevo por el laberinto de significados que nuestra mente ha enterrado tras el uso de las palabras. Estás palabras que arrojamos como meros vehículos de información a los que apenas préstamos atención durante una conversación. Porque, en realidad, el lenguaje no nació para comunicar otra información que la negativa —no hay autobuses, no hay vacunas, no esto[1]; y que como toda respuesta evolutiva es malísima para otras funciones tales como informar emociones, información espacial (intenta describir la ruta más simple atravesando la ciudad sin un mapa) y dolor. Añadiéndole que los antropólogos establecen el origen del habla como la interacción social a nivel piojito mental.

    ¡No! ¿Cómo puede ser eso? Adopta una postura simiesca (pretendiendo ser algún eslabón perdido), la que tú quieras, e intenta comunicarte sin hablar. Solo con gritos y gemidos. Hay una serie muy limitada de cosas que puedes comunicar. Cosas como peligro, busco una pareja, encontré comida y tal vez, duele. Intenta ser parte del clan. Te encontrarás con que socializar tiene mucho que ver con acicalarse unos a otros.

    Entonces llévalo al extremo con más de 30 individuos a los que visitar y dedicarles una media hora promedio, rebuscando bichitos por entre su piel. ¡Son 15 horas al día! Y eso si le dedicas solo media hora. ¿Cuándo duermes, cuándo buscas comida?

    Al parecer, algún antepasado humano lo resolvió inventando los «¡Hola! ¿Cómo estás?» —¿De qué otra forma me explicas que en realidad no esperamos respuesta a esta pregunta del vecino o de ninguna otra persona, en general?; como una forma de acicalamiento rápido y sencillo. Lo de usar el habla —y su versión adaptada, la escritura; para intercambiar información es solo un subproducto que demuestra su éxito al ser adaptable (mientras que los filósofos se empeñaban en hacer del habla algo maravilloso destinado a comunicarnos…).

    ¡Eso es un $#@@7o! A lo mejor, recuerda que este blog habla de chorradas. Por lo mientras, mira este video. ¿Sigues creyendo que el habla se inventó para transmitir información viendo lo complicada que puede resultar una lengua desde una perspectiva ajena? Mira este otro. ¿Entiendes ahora porque escribir es cultivar el uso de la palabra sin usarla directamente? Escribir ficción tiene que ver con recordar que es fría y refrescante. Con sentir en la mano las patitas minúsculas de ese acorazado de puntitos negros que trepaba por un tallo de flores cuál gotas de sangre. Con usar ese tipo de magia en que hay que vivir las palabras.

    No por nada McKee (El guión. Story) dice que el lenguaje es solo una herramienta para contar historias. Se pueden contar historias muy cortas con solo una imagen…

    Gracias por leer la chorrada de hoy. Lo genial de este blog no soy yo solita. Es esta comunidad donde nos hacemos piojito mental con chorradas.


    [1] Adaptación imaginativa de In a web of deceit, 2a Conferencia Reith de 1996 , dada por Jean Atchinson

  • Una disquisición sobre la hechicería

    —Pero—dijo Evan—, si el lenguaje de la magia[1] hay que vivirlo y sentirlo, ¿por qué no se usa nuestra propia lengua? ¿No es eso lo que vivimos y sentimos más de cerca?

    —Sí, desde cierto punto de vista—dijo Favila, entrando en la conversación—. Pero no desde otro. Dime, Evan, ¿tú al hablar normalmente vas pensando en lo que significan las palabras?

    —Claro

    —¡Que va! —dijo Favila riendo—. Cuando vas al mercado de Villatrampa y pides una libra de mantequilla, ¿al pedirla, sientes en la mano el peso de la libra? Cuando dices “mantequilla”, ¿sientes la dorada mantequilla sobre la lengua?

    —Hombre, no—dijo Evan—. Sí, tendrás razón. ¿Pero quieres decir con eso que una lengua distinta puede ser mejor?

    —¡Sí, para que sientas el sabor de la mantequilla!

    —¿Y eso por qué?

    —Pues precisamente porque no es la lengua acostumbrada. Todos los sabores y colores, todos los aromas y texturas del mundo los llevamos aprisionados en el fondo del alma, tapados por el lenguaje. Verás, es que el lenguaje es como el dinero. Es un montón de moneditas que se pueden cambiar y permutar sin pensar. […] Es un mero indicador, no es una cosa de verdad.

    —¿Pero por qué es mejor una lengua desconocida?

    —Como te digo, precisamente porque es desconocida. Porque obliga a la mente a salir de sus hábitos….

    Doneval. Capítulo 19 pg. 246-247. Graham Dunstan Martín, Espasa-Calpe 1988.


    [1]En la próxima entrada te diré porque he puesto esto aquí. Por lo mientras, piénsala.