Categoría: Frivolidades
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Recompensa
Había una vez un caballero errante. Era joven y guapo. Tan guapo que las muchachas y las viejitas, estiraban el pescuezo para verlo pasar. Tan guapo que la mesera de la taberna, le servía otra a cuenta de la casa y se sentaba en un rincón a chorrear baba. Porque no se atrevía a hablar…
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ESPEJOS
—Y… ¿qué hacía ella? —Escribía y escribía. Y todo ocurría. Detrás del espejo al que asomaba.