
Sus autores se han propuesto cantar las hazañas de unos héroes y no de celebrar la gloria de determinados reinos o colectividades. Además, si por una parte es probable que algunas de las aventuras relatadas tengan realmente una base histórica, por otra parte no es menos seguro que sus autores no vacilaban en utilizar temas puramente imaginarios; exageraban, por ejemplo, las virtudes del héroe1, narraban sueños proféticos y hacían intervenir a los dioses en sus narraciones. Desde el punto de vista del estilo, los poemas épicos en cuestión se caracterizaban por un empleo abusivo de epítetos convencionales, de prolijas repeticiones, de fórmulas repetitivas y de descripciones a menudo ociosas, sin contar los discursos, a los que reservan gran espacio.
La historia empieza en Sumer. Literatura épica. Noah Kramer.
Todas estas características se encuentran tanto en la poesía épica sumeria como en la de los griegos, de los indios o de los germanos.
No es que recuerde yo gran cosa de la Ilíada2. Tampoco de El cantar de los Nibelungos. Excepto que los protagonistas hablan y hablan y hablan antes de la batalla o cualquier empresa. ¿Tan aburridos estaban? ¿Nadie tiraba flechas antes de la señal? ¿Quién daba la orden de esperarse al discurso? ¿Le hacían caso? ¿Sucedían los discursos?
¿O sería que la incipiente escritura tenía que usarse para probar un arte igualmente importante? La de contar historias políticas… Lograr que un hombre que no conociera de nada al enemigo enfrente quisiera hundirle una espada al sujeto para «mayor gloria de» su dios, su ciudad, su soberano.
¿Por qué llenar de discursos un poema? Pasto kalo.



