En el parque Hidalgo, frente a la calle de Revolución

Elegir el lugar del relato es elegir el lugar del crimen. Al menos el nuestro, porque nuestra chorrada será un crimen contra la convención de aquello que es real y aquello que no lo es. Un juego maravilloso en el que (y a pesar de la realidad) podemos colocar todas los diamantes y zafiros que deseemos sin que éstos pierdan su valor como piedras preciosas —¿alguna vez te has puesto a sumar todas las joyas de un solo cuento de hadas?…las piedras preciosas dejarían de serlo tan solo por su abundancia.