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The language web: A web of words

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  • La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p5

    Bradford: a green cobweb
    Bradford: a green cobweb by Chris Downer is licensed under CC-BY-SA 2.0

    Por supuesto, no solo recordamos palabras viejas. También acuñamos palabras nuevas[1]–  «Una maroma de gato muerto», un repunte temporal en los precios de las acciones antes de caer en picado. «Greenism», ser activo en el cuidado del ambiente. «Medianascencia», que sucede entre la adolescencia y la senescencia. Un «revishólico» es un adicto a las revistas mientras que un «paracaídas dorado[2]» te permite flotar suavemente hasta la tierra del desempleo.

    Muchas de estas nuevas palabras caen y se desvanecen como las gotas de lluvia en la tierra seca. Solo unas cuantas se quedan en la canasta de la atención pública y logran abrirse paso hasta el diccionario. Justo como lo expresó James Brampton, escritor del siglo XVIIII: » Como el mar del sur, las expresiones van y vienen. Las palabras del Rey Edward no son palabras en lo absoluto».

    Acuñar palabras es fácil, a los niños no les cuesta ningún trabajo, sin embargo resultan extrañas según los estándares adultos. «Yo sopeo» dijo un pequeño de tres años mientras comía sopa *Y en español no hubiera estado tan errado de tener un bolillo o tortilla en la mano*. Incluso los chicos de 11 a 12 años hacen conjeturas locas. A un grupo se le pregunto que nombre le darían a un «wug» muy pequeño, suponiendo que existiera un bicho llamado «wug». Algunas de las sugerencias fueron woggle, wuggable, y wugtugbug. En vez de wugño o wugmini, que serían las respuestas adultas[3] y que se volvían más comunes entre los adolescentes; aunque muchos sugirieron microwug o miniwug.

    Relacionado con una explosión en el uso del prefijo mini y micro en el uso del idioma. Este cohete mini micro se lanzó en los 60’s con palabras como miniauto, minibar minifalda y microondas volviéndose palabras comunes. Desde entonces la partícula mini se metió en todos lados. «Debo haberme salido de mi mini mente» comento un escritor.

    La confianza en la formación de palabras puede ser este salto que sucede alrededor de los trece. Es una habilidad que los hablantes no nativos encuentran difícil de dominar. Algunas palabras que creen que deberían existir simplemente no existen. «Un principio de idealización se aplica muchosea» escribió un científico japonés en el prefacio de su libro. Y cada vez que hablamos, tenemos que escoger entre esta gran variedad y cantidad de palabras viejas y nuevas a nuestra disposición.

    Alguna vez se pensó que buscar una palabra era casi como cazar un libro en una biblioteca. Una persona iba al librero mental en el cual el léxico estaba almacenado, así como estaba y después, lo sacaba de ahí. Si la selección ocurría con demasiada prisa, el vecino de al lado, izquierda o derecha, por ejemplo geranio en vez de hortensia; era seleccionado. Pero este ordenado modelo bibliotecario es poco probable. Es más como sacar varios libros a la vez y regresar los que no se necesitan. El subconsciente se prepara de más, tomando más palabras de las que pueden usarse.

    La evidencia más directa viene de fusionar dos o más palabras en una sola,[4] cómo en: «Se cagoteo» de carcajear y cagar. «Es frío en Groenislandia», una mezcla de Groenlandia e Islandia pero dicho en un restaurante griego. «Le dieron una ovación calurosa» dijo un político mezclando ovación de pie y caluroso aplauso. En otra ocasión el gobierno fue acusado de «encogerse de pies» ante un asunto importante. El que lo dijo presumiblemente hablaba de encogerse de hombros y arrastrar los pies[5]. Tanto el sonido como el significado de ven entretejidos en el proceso de selección.

    Un músico comento sobre el director Toscanini: «tenía muy poca sinfonía con la música moderna» hablando de simpatía[6]. Con frecuencia, Toscanini conducía sinfonías. Ambas palabras se vieron activadas probablemente y entonces se escogió la incorrecta. Tales errores indican que es normal activar más palabras de las que se necesitan y suprimir las que no se desea usar. A veces se suprime la palabra que se desea usar. “Una idea inicial puede progresivamente dirigirse a conexiones lógicas y expandirse a palabras asociadas”. Eventualmente hay un montón de palabras listas para usarse, todas similares a la palabra requerida de un modo u otro.

    Las palabras más parecidas en significado y sonido más favorecidas mientras que las otras, pierden fuerza por el camino y se desvanecen. Finalmente, hay un ganador que sale disparado como un pan tostado del tostador. Ocasionalmente, saldrá el pan equivocado si hay más de un competidor con las mismas características. Todo en menos de un parpadeo[7].

    Demasiadas palabras se ven activadas porque demasiadas se parecen. La telaraña del lenguaje humano no es bidimensional ni tridimensional, es MULTIDIMENSIONAL. En una obra de teatro de Michael Frayn, Orden alfabético, un personaje intenta localizar dónde puso una secretaria un archivo importante. Lo más probable era que lo hubiera archivado bajo el nombre de la persona que lo dijo, lo que no sabemos, o la ocasión en la que dicho, que tampoco sabemos. Podemos concebir que lo haya archivado bajo castigo corporal o corporal, castigo. Partido laboral o laboral, partido. La mente humana puede hacer todos eso archivos. Pero manipular la vasta, entretejida telaraña de palabras nos lleva a crear atajos.

    Colar las opciones puede involucrar trampas inesperadas. Esto lo discutiré en la próxima conferencia. Aún así, que afortunados somos al poder elegir de entre 50000 palabras acumuladas, las que necesitamos. Tal vez nuestra habilidad solo sea visible, comparándola con alguien que la ha perdido como les sucede a algunas víctimas de ataque al corazón. En el libro Nabakov’s pale fire, se describe esta frustrante condición. “Aún podía hablar. Se detenía y palpaba para encontrar un sonido útil. Pero de las células vecinas, las impostoras tomaban el lugar de las palabras que necesitaba y se veía implorante mientras trataba de razonar en vano con los monstruos de su mente”. A menudo las palabras parecen tener poderes mágicos. Una sobreviviente del Titanic supuestamente dijo «Mi apellido de soltera es Trucha[8], ¿cómo se supone que me ahogara?» Aunque el aspecto más mágico del lenguaje es la increíble cantidad de palabras que conocemos y la velocidad con la que encontramos las que queremos.

    Um…seguro escucho lo que estás pensando ¿por qué discutir el uso de las palabas en un blog sobre escribir ficción? Elemental mi querido John Snow. Tal vez las palabras no signifiquen nada si no les damos ese valor pero también significan muchas cosas. Y ese es el tema para la próxima entrada. Aunque no sé si traducir la siguiente conferencia Reith o dejarte con un parafraseo estilo Merriam. Puedes votar en los comentarios. Bye.


    [1] ¿Recuerdas cuando uno guardaba cosas en red en vez de en la nube?

    [2] A dead cat bounce, greenism, medianescense, magaholic, golden parachute en el original.

    [3] Wuglet o wugling según otras palabras en inglés en el original, tales como piglet o newling.

    [4] Algo que es muy propio del idioma inglés, el coreano y el japonés pero no tan común en español. Lo que no quiere decir que no exista….he aprendido palabras cómo tarupido con Sophie.

    [5] *»She chuttled”, chuckled/chortled, “It’s cold in Greeceland”, Greenland/Iceland. “He was given a standing applause,” standing ovation/loud applause. “Shrugging their feet”, shrugging their shoulders/dragging their feet.

    [6] En inglés symphony y sympathy.

    [7] Parece que eso es lo que hacen los correctores de teclado de los teléfonos. Si colocas bien el comienzo de la palabra, es más probable que termines con la palabra que querías en vez de sí te equivocas en el principio.

    [8] Trout

  • La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p4



    No existe la palabra en inglés que cubra «instrumentos de cocina que abren cosas[1]»  Notar que palabras van juntas es un talento humano natural. Es la clave para sonar nativo. Las personas que crecen hablando inglés británico no hablan de mantequilla echada a perder, huevos rancios o hierba estancada. Prefieren hablar con confianza de mantequilla rancia, huevos podridos e hierba podrida A pesar de que rancio, podrido o echado a perder[2]  tienen significados que se superponen en el diccionario (prácticamente sinónimos en Español y sin embargo nadie dice mantequilla podrida). 

    De modo similar a perseguir y echar a correr detrás[3]. Los angloparlantes los usan con objetos distintos, incluso si no llegan a ser conscientes de ello. Persiguen[4] caballos fugitivos, ladrones, pelotas y otros objetos físicos como en “Más fútbol. Un bonche de idiotas corriendo en un campo persiguiendo una pelota” Ese ejemplo, por cierto, salió del British National Corpus, un centro de datos del inglés hablado y escrito.

    No obstante, buscamos o corremos tras (pursue) ideas abstractas, objetivos, metas y políticas. «Necesitamos tomar la iniciativa en nuestra búsqueda de una estrategia para el empleo y el crecimiento». Así no perseguimos pelotas de fútbol ni corremos detrás de ningún objetivo incluso cuando el significado que le sigue a ambas palabras es el mismo en algunos diccionarios. Y aprendemos a lidiar con palabras nuevas fijándonos en las palabras alrededor, tal como «niñita[5]«.

    Una palabra que se usa mucho pero que apenas hizo su aparición en los diccionarios, así que debió difundirse de algún otro modo. En una encuesta sobre palabras «endebles»; en el periódico, el 80% de ellas venían acompañadas de palabras que sugerían a un masculino débil. «Odia a las niñitas y prefiere la gente fuerte». “Eres un macho si conduces un Mustang pero una niñita si conduces cualquier otro auto”. “Él alcanza la cima, alguien que realiza, no una niñita deprimida” y la lista continúa.

    Los humanos somos muy sensibles a las palabras que aparecen juntas. La sensibilidad a las palabras circundantes es ahora lo que se piensa como la clave al aprendizaje de reglas gramaticales. Los verbos en particular son los referentes alrededor de los cuales se desarrollan las oraciones y su estructura. Hay que poner algo en alguna parte, por ejemplo en «Herbert puse las medusas en el baño». No sé puede decir simplemente que Herbert puso las medusas». La estructura de la oración debió haberse aprendido escuchando las palabras alrededor. Pero las palabras no solo tienen significados conectados. También tienen una estructura en su sonido.

    La información sobre cómo recobramos los sonidos de las palabras viene de los malatropismos (mal uso de palabras parónimas) que son palabras de distinta escritura pero sonido igual o similar que se confunden como «Nos contó un gran antídoto» en lugar de «Nos contó una gran anécdota».

    La señora Malaprop, personaje de la obra teatral Los rivales de Sheridan dijo algo así como «Tan enojado como una alegoría en los bancos del Nilo» en vez de aligátor. En adultos reales se da els efecto bañera, la palabra es como una persona sumergida en una bañera con la cabeza y los pies fuera; la cabeza un poco por encima de los pies. Las personas recuerdan mejor el inicio de la palabra que el final y lo de en medio no tanto.

    Así «meditaciones trascendentales» se convierte en «medicaciones trascendentales» Un portavoz gubernamental dijo «Es una política que considero indispensable» en vez de «indefendible» Y «Mantienes a los pollitos calentitos en un incinerador» en vez de «incubador[6]«…

    También recordamos el ritmo de las palabras y la vocal acentuada la mayor parte del tiempo, aunque no tan bien como los principios y los finales. Distinguimos numerosas palabras similares debido a que tienen letras iniciales distintas tales como habilidad y debilidad o virilidad y esterilidad.

    CLIP MUSICAL : CUANDO ESTÁS VIEJO Y GRIS

    Los niños por otro lado, son mejores en el ritmo de las palabras que los adultos y no tan buenos con los principios de las palabras como sucedería en «Papi, cómprame un inodoro de helado» en vez de «cucurucho de helado» y «el león y el Leprechaun» en vez de «el león y el unicornio». ”Don gato» por «mamarracho[7]»  y «marmadillo» por «armadillo». Eventualmente, se mueven hacia el sistema adulto. En parte porque aprenden a leer y en parte porque descubren que el sistema adulto es más rápido para encontrar palabras.


    [1] Ni en español.

    [2] Rancid butter, rotten eggs y rank weeds en el original…los cuales pueden traducirse  prácticamente igual al español en todos los casos.

    [3] Chase y pursue que virtualmente quieren decir perseguir sin diferencia en español

    [4] En el original «we», nosotros.

    [5] Wimp

    [6] Lo que evidentemente iba a causar muchos pollitos muertos solo por nuestra forma de recordar las palabras que, en este caso, la traducción si se deja al ser incubator e incinerator cognados.

    [7] Renuncio a traducir esto. Dice «gandigoose» que es Gandy Goose, un personaje animado por «bandicoot», un marsupial australiano que se traduce como bandicut y cuya relación con Gandy Goose se me escapa del todo a excepción del hecho que existe un bandicut animado.

  • La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p3

    La psicóloga Eleanor Rosch propuso una solución a la inconsistencia a mitad de los años 70s: Los humanos no catalogan a todos los miembros de un grupo de forma igualitaria, señaló. Juzgan que algunos son buenos ejemplos y otros no. Así los petirrojos y los mirlos son pájaros excelentes, a los que ella etiquetó como prototipos.

    Los canarios y las palomas son solo buenos, los tucanes y los patos malos y el pingüino es el peor de todos. Las personas analizan las características de los prototipos, el mejor pájaro, y permiten a cualquier otra cosa que se parezca lo suficiente entrar en la categoría. Lo que explica cómo lidiamos con las excepciones en las que los avestruces, los emues, los pájaros de una pata y los mirlos albinos pueden aceptarse como pájaros.

    No obstante, los niños tardan tiempo en descubrir los prototipos adultos. Una niña pequeña adoptó la media luna como prototipo.  Entonces todo lo que tuviera forma de media luna y fuera brillante era etiquetado como «luna»; incluyendo los cuernos de una vaca, una rodaja de limón y una hoja verde brillante.

    Para otro niño, un «ra-ra» empezó siendo algo muerto y ensangrentado que llevó el gato, tal vez el ruido que hacía al masticar la presa y después, lo aplicó a sus propias heridas embarradas de sangre y arañazos. Más tarde a las cerezas de los helados. Puede llevar un tiempo llegar a la catalogación adulta. Chicos de once años fueron inconsistentes al pedirles que seleccionaran los mejores ejemplos de una categoría.

    Los niños mayores tendían a dar mejores puestos a aquello que les resultaba importante. Le daban la mayor prioridad a los pericos como pájaros, al encontrarlos llamativos y a las papas entre los vegetales porque les gustaban las papas fritas.

    Algunas diferencias inesperadas surgen en distintas culturas. Los angloparlantes esperan que los vehículos tengan ruedas y nombran a los autos y autobuses como los mejores ejemplos de la categoría. Los francófonos hacen menos énfasis en las ruedas; algunos aceptan los «skies» y los «elevadores» como «un vehicule» o vehículos. Muchos maestros italianos de inglés no aceptan que un ganso sea un pájaro con el argumento de que se trata de un ánade[1].

    También dicen que una nuez es una fruta, seca. Algunos maestros de inglés suecos niegan a las frutillas estatus de fruta. Todos se han visto influenciados por su propio idioma sin darse cuenta.

    La telaraña del lenguaje humano involucra mucho más que una serie de prototipos. Es multidimensional. Cada palabra es una encrucijada dónde se unen varias rutas. Algunos de los hilos entretejidos se notan cuando hay algún «desliz de la lengua» cuando las personas sustituyen accidentalmente una palabra por otra.

    ¿Tienes refrigerador en el auto?» me preguntaron alguna vez. Querían decir «aire acondicionado». Lo que demuestra que ambos mecanismos refrigerantes estaban conectados de alguna manera en su mente. Existen fuertes lazos entre las palabras dentro del mismo dominio de significado, de tal forma que «hermano» puede verse sustituido por «hermana», «tía», «sobrina»; «mañana» por «ayer» y así seguirse por el estilo.

     Incidentalmente, Sigmund Freud sugirió que la sustitución verbal tenía un significado profundo cuando el Presidente austriaco declaró que una sesión del Parlamento se cerraba cuando quería decir que se abría. Freud comentó que «Sin duda el Presidente deseaba en secreto estar en una posición en la que pudiera cerrar la Sesión, pero eso resulta algo  demasiado imaginativo. Tal vez las palabras ‘abrir’ y ‘cerrar’ están tan ligadas una a la otra en el cerebro que alguna distracción causó que el Presidente dijera una en vez de la otra».

    Los pacientes con daño cerebral proveen en ocasiones de evidencia de la existencia de la asociación de palabras. Un paciente de ataque al corazón[2] puede mirar un limón y llamarlo manzana o naranja. El nombre-palabra no ha desaparecido necesariamente de la memoria. Puede que solo se confundan las palabras de significado similar, justo como los otros hablantes confunden las diferentes razas de perro o las marcas de autos.

    Cómo se forman estos grupos de palabras en la mente de las personas ha sido una incógnita durante mucho tiempo. Quizás la repuesta sea muy simple. Las palabras que se pueden reemplazar una a la otra en la estructura de la oración frecuentemente se dan juntas, como naranja y limón: «Naranja dulce, limón partido…[3]» «Las rosa son rojas, las violetas azules.» «Las chicas y chicos salen juntos a jugar.» «Perejil, salvia, romero y tomillo.»

    Incluso los antónimos, totalmente opuestos, puede que se aprendan porque suelen aparecer el uno junto al otro: «No mezcles la ropa limpia con la ropa sucia.» «En lo bueno como en lo adverso[4].»  «Ella no sabe si lo ama o lo odia.» En una larga lista. Y con frecuencia, las personas usan dos palabras relacionadas con tal de evitar un término técnico que abarque las dos. Hablan de «hermanas y hermanos» en vez de decir hermanos[5]. . Pon los cuchillos y tenedores en la mesa» en vez de cubiertos[6], un término formal. «Encontrara la cubertería en el cuarto piso, Madam» En algunos casos no existe un término sombrilla del que se desprendan palabra subordinadas. ¿Que son las bañeras y los lavabos[7]?  ¿Son arreglos de baño? ¿Tal vez baratijas sanitarias[8]? ¿Que son las toses y los estornudos? ¿Indican estos ruidos estrés respiratorio? ¿Qué hay de los abrelatas y los saca corchos, que frecuentemente se confunden en deslices de la lengua?


    [1] En inglés no existe la diferencia entre la palabra ave y pájaro, bird. Lo que hace confusa la categoría en Español. Sin embargo, de esta forma puede notarse lo diferente de la categorización dependiendo del idioma. En el original fowl que podría traducirse como gallina o ave doméstica

    [2] En el original stroke, que hoy en día puede abarcar una gama más amplia de «ataques» por lo que podríamos también interpretarlo como un paciente de accidente cerebro vascular.

    [3] «Naranjas y limones dicen las campanas de Saint Clément» en el original.

    [4] Tendrás que tomar lo áspero con lo suave

    [5] En inglés siblings abarca hermanos y hermanas sin ningún tipo de género, lo que no sucede en español, dónde se usa el masculino hermanos para referirse a ambos

    [6] Cutlery en el original, este ejemplo no tiene ningún sentido en español puesto que se dice «poner los cubiertos sobre la mesa» mientras que rara vez o nunca se solicita poner los cuchillos y los tenedores. ¿Favorecemos los hispanohablantes el uso de términos más técnicos y precisos a diferencia de los angloparlantes?

    [7] * En español se les encuentra en la tienda de baños y azulejos. Uno o puede realmente decir que conoce su  propio idioma hasta que no se ve traduciendo este tipo de ideas.

    [8] Sanitary fitmens…fitmen quiere decir mueble.

  • La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p2

    Pero las palabras no son guijarros separados. Están tejidos en una intrincada red cuyos multiples enlaces permiten a los seres humanos recordar y encontrar tantas rápidamente. A primera vista, las palabras son cómo dos lados de un moneda: de un lado el significado y del otro el sonido. Ambos pueden tomarse por separado. Algunas veces los significados pueden verse asociados al sonido incorrecto.

    El príncipe Edward en una entrevista televisiva acerca de su vieja escuela, dijo: «Es difícil usar la pena capital en cualquier institución. Una buena zurra es muy valiosa. Le muestra a las personas que has perdido los estribos.» El príncipe no pretendía decapitar a sus compañeros de clase. Cometió un error verbal, un desliz de la lengua y dijo pena capital en vez de pena corporal[1].

    En otras ocasiones las personas saben la palabra que quieren decir pero no recuerdan el sonido, que segurísimo «tienen en la punta de la lengua». Está fuera de su alcance, como un suelo sumergido que flota bajo la superficie de la memoria. El significado de la palabra es el lado de la moneda que la gente piensa primero a pesar de que no puedan explicar las decenas de miles de palabras que usan. Definir las palabras como en el diccionario es una habilidad técnica  que solo les lexicógrafos adquieren, como descubrió Blackadder cuando intentó re-escribir el diccionario.

    CLIP.

    Blackadder: Cierto. Siguiente la «A»- «A-B»[2].  

    Baldrick: «Abeja»[3]. Bueno, es una cosa que zumba, ¿no?

    Blackadder: ¿Que has hecho Baldrick? Baldrick: he hecho la «C» y la «D».

    Blackadder: Cierto, escuchemos esa.

    Baldrick:  una cosa temblenqueante azul donde viven las sirenas. El mar[4].  

    Blackadder: Sí, pequeño malentendido. Y eso mis expectativas no eran muchas. ¿Qué hay de la «D».

    Baldrick: Estoy muy satisfecho con «perro»[5].

    Blackadder: Sí y ¿tu definición de perro es?
    Baldrick: que no es gato.

    Se termina el clip.

    El punto de vista de que las palabras tienen un significado fijo y preciso es viejo y data al menos del tiempo de Aristóteles. Aún lo encontramos. Según la novelista Evelyn Waugh, la palabras tienen sentidos o significados básicos inalienables, de los que apartarse resulta ya sea una metáfora consciente o vulgaridad inexcusable.

    Tradicionalmente, a la palabra se la mira como a un pastel, con una receta fija dónde se van tachando los ingredientes de la lista —a la que con frecuencia se le llama lista de pendientes con los significados. Pero la idea de la lista funciona…a veces. En su mayor parte para términos técnicos como cuadrado, que es «una figura cerrada plana, de cuatro lados de idéntica longitud y todos sus ángulos internos iguales«.

    Funciona también para significados inventados de modo consciente, como en el significado burocrático de vaca. «Una vaca es un animal bovino hembra que ha nacido ternera, o que en la opinión del ministro, ha sido llevada a un rebaño para reemplazar a algo que ha nacido ternera«[6] Sin embargo, en la mayoría de los casos, las fronteras desdibujadas con bordes estilo unión europea —sin visa, son la norma. Los significado de las palabras se estiran como tejidos cuyos bordes son visibles pero cuya forma detallada depende del gordito que se la ponga —varia con el uso.

    En palabras de R. G. Collingwood » el significado apropiado de una palabra jamás es algo que esté asentado en piedra. Es tan cambiante como la marea. Eso lo sabemos desde hace tiempo. Hace casi 65 años[1] el filósofo Wittgenstein señaló la existencia del fenómeno «parecido familiar» usando la palabra “juego” como ejemplo.

    Como miembros de una familia, cada juego tiene similitudes con algún otro juego: Doña blanca[2] y el tenis involucran actividad física, el tenis y el ajedrez necesitan un ganador, el ajedrez y el solitario se juegan normalmente en interiores, y así se sigue —pero no hay un factor único que los una a todos.

    Hace más de 45 años[3], el sociolinguista William Labov atrajo la atención hacia el problema de las fronteras desdibujadas, preguntando el nombre de varios contenedores. No solo las personas no se ponían de acuerdo sobre cuencos, tazas y floreros; también eran veleidosos en días distintos. 

    Ciertas formas era más claras que otras pero algunas dependían del contenido: algunos recipientes eran cuencos cuando estaban llenos de papas y floreros; cuando tenían flores.


    [1] En el original son 40, he añadido la cuenta desde el año de la conferencia para mostrar mejor el tiempo transcurrido.

    [2] Ring-a-roses en el original, similar a Doña Blanca o el corro de la patata por ser juegos infantiles que se juegan en rueda y cantados…o se jugaban.

    [3] De nuevo aumento a la traducción.


    [1] Capital punishment y corporal punishment en el original.

    [2] Todos los chistes en esta sección son medianamente intraducibles

    [3] A bee por el sonido de la a y la b

    [4] Sea que se parece a c

    [5] Dog

    [6] Me disculparan la expresión pero achis…

  • La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p1

    Las palabras son el preludio, el cuento no es otra cosa que la maravilla de las herramientas palabrejas puestas en escena después de horas de práctica.

    Eso diría si pusiera una cita de mi misma. Pero yo no soy citable. Más bien, es tiempo de compartir una conferencia Reith sobre las palabras. Con algo de diferencia. Cómo no encontraba la transcripción y sin transcripción no soy capaz de traducir en tiempo real sino en tiempo floppy disk —de antes de los sistemas operativos orientados a objetos gráficos…primero necesitaba hacer yo misma la transcripción; eso me lleva un rato…Más la traducción. Y esa era mi excusa para darle largas a no hacer esto. Afortunadamente tengo algo de hacker —la persistencia o la gracia de dejarlo cuando no encuentro lo que busco; conseguí las transcripciones que se convirtieron en libro un año después. Y que bien porque yo seguía escuchando Tim Ferrough dónde debía decir Dean Farrar. Por ahora trataré de ganarle a la excusa publicando de a poquitos y de forma intermitente.

    Es decir, hoy tal vez aparezca este trozo y más tarde algo sin nada que ver… Ésta es una conferencia de 1996 —¿¡tan viejita y la vas a poner¡?; sobre las palabras, cómo las entendemos y se las entiende en los círculos lingüistas. El idioma es el inglés por supuesto [es la BBC]…que igual podemos hacernos las mismas preguntas con respecto al español de Cervantes y el nuestro. Tu puedes tomar de aquí lo que te sirva para escribir/diseñar/ingenieriar/enseñar/vivir o simplemente pensar que no tienes nada que ver con ello.

    Especialmente después del debate de la RAR sobre la j o la x y todos los debates sobre si la academia debería negarse en redondo a aceptar los usos populares de las palabras y ponerse pesada[1]

    Al fin que este es un blog dónde se dicen chorradas.

    Este es un podcast de los archivos de las conferencias Reith BBC. Está conferencia de la serie La telaraña del lenguaje dada por Jean Atchinson fue difundida originalmente en 1996.

    Dean Farrar, un respetado intelectual del siglo XIX, alguna vez escucho a escondidas a unos recoge manzanas. «Una vez escuché por un largo rato la conversación de tres plebeyos que recogían manzanas entre las ramas de un huerto. Y tanto como puedo conjeturar de ello, no llegaron a usar más de cien palabras» adivinó. «Se las arreglaron con este pequeño número» sugirió, debido a «su horrible uso reiterado de improperios en el lugar de cada parte de la oración«.

    Dean Farrar, Al igual que muchos otros, desestimó con mucho el número de palabras conocido por los hablantes nativos del inglés…o cualquier otro idioma. La conferencia de hoy tiene como tema las palabras. «La telaraña del lenguaje» es el título de todas estas conferencias y el acervo de la palabra humana, con su multiplicidad de relaciones entre sí, es quizás lo más parecido a una telaraña de todos los aspectos del lenguaje — a pesar de que tanto su tamaño como la importancia del léxico o diccionario mental se subestimaba hasta muy recientemente.

    Una opinión muy popular y así mismo falsa, es la de que el tamaño del léxico de una persona equivale a dos tercios del vocabulario total de Shakespeare, cuyas obras incluyen alrededor de 30,000 palabras distintas. Pero hoy día existen muchas más palabras de las que existían en la época de Shakespeare y muchos angloparlantes[2] probablemente conocen el doble. De acuerdo con nuestro mejor pronóstico, un nativo angloparlante educado conoce al menos 50,000 palabras. Por la palabra «conoce» me refiero al «vocabulario potencialmente activo«, esto es palabras que podrían emplearse de forma espontánea, aunque palabras como iglú, gladiolo o trombón, se usarán rara vez. Los humanos absorben palabras como si fueran esponjas. A la edad de cinco años, la mayoría de los niños de habla inglesa pueden usar de modo activo alrededor de 500 palabras; y rápidamente se añaden muchas más, con frecuencia palabras largas y complejas.

    [Cambia la voz y se escucha la grabación de un niño] «Hay de todo tipo, hay triceratops, paquicefalosaurio, un cocodrilo, anquilosaurio, Ese es un barosaurio, un diplodocus, un braquiosaurio,, un triceratops». [Aitchinson continua]

    El número total de palabras se eleva hasta las 20,000 a la edad de 13, y a 50,000 o más alrededor de los 20. Estas cifras se han obtenido al hacer pruebas de la proporción de palabras conocidas en varios diccionarios. Un estudiante universitario típico puede usar dos tercios del contenido del diccionario Concise Oxford; el cuál dice tener 75,000 entradas. Que la mayoría de las personas conoce también docenas de palabras altamente especializadas, las cuales no siempre encuentran cabida en los diccionarios[3]  — como los químicos que se saben los elementos de la tabla periódica. [Se abre un clip musical con la canción de los elementos en inglés]. Sacando promedios, entre las edades de 5 a 20 años, un angloparlante nativo adquiere más de diez palabras al día. Esas son más de 300 palabras al mes y muchas más de 3,000 palabras al año, aunque es muy difícil que se las adquiera a un ritmo constante.

    Esto sobrepasa por mucho los logros de aquellos chimpancés a los que se les ha enseñado las «llamadas» palabras a través de signos y dibujos[4]. El total rara vez alcanza las 500, aún con un entrenamiento intensivo. Como un investigador concluyó: <<La única forma de empezar a hacer un recuento de la brujería de un niño como aprendiz de palabras, dado tan solo el volumen de lo que hay que aprender, es reconocer que los niños llegan con una buena mano al «juego original del lenguaje>>; la habilidad de aprender un lenguaje está claramente imbuida en el ser humano.


    [1] En mi opinión que la RAE sea bastante flexible hace que podamos leer a Cervantes sin necesidad de un diccionario a pesar de los 500 años de tiempo que nos separan. A diferencia de Shakespeare, yo sencillamente no puedo leerlo en el idioma original porque no le entiendo nada.*

    [2] en el original speakers o hablantes pero no tiene sentido en la traducción

    [3] *¿Cuáles conoces tú?

    [4] en el original pictures qué bien puede referirse a fotos o dibujos pero dado que la conferencista es muy concisa lo tomaré como dibujo