Es un acto radical en el que se aprende a escuchar y entender a otros. [Si, está repetido tal cual en el original, tal vez para reafirmar la idea] Y es un acto que aquellos más privilegiados rara vez se ven compelidos a hacer[1].
5. Aprendí que el Sahara es realmente frío de noche. Muy frío.
Cherae se graduó de la Universidad de Indiana en escritura creativa de la Maestría en Bellas Artes. Ha Sido entrenadora personal, maestra de inglés, editora y alguna otra combinación mientras viaja por el mundo. Cuando no está escribiendo o trabajando, aprende idiomas, haciendo noventa mil cosas o leyendo sobre la guerra y la historia [post] colonial. Su ficción corta ha aparecido en Beneath Ceaseless Skies, FIYAH, PodCastle y Uncanny. The Unbroken: Indiebound | Bookshop | Powells | B&N | Amazon
Este artículo apareció en terribleminds el 25 de marzo del 2021 a las 9:09 am | URL: https://wp.me/pv7MR-a7t
[1] Pero tal vez forma parte de este trabajo. Ningún escritor bueno es incapaz de empatizar, empatizar nos lleva a oler los calcetines de los demás y saber, saber que se siente.
Llegué a hablar con marroquíes y algerinos (al menos parcialmente; hubo mucho titubeo de mi parte) en sus propios términos, en sus idiomas de elección, acerca de vivir en un país post–colonial. Y a pesar de haber tenido una buena educación, estaba en una desventaja tremenda en cuanto a mi comprensión de la historia del mundo árabe hablante.
Eso significó investigar más.
Replantearme mis propias creencias —¿cuál es la diferencia entre Israel y Palestina? preguntaría un niño americano ignorante —bueno, he aquí un periodista palestino. ¿Que hay de los franceses? Bueno, he aquí a los miserables del mundo. Mientras más investigas, mejor comprendes las situaciones complejas.Y mientras más comprendes estas complejas situaciones, mejor puedes ayudar a aquellos trabajando en mejorarlas.
Si lo haces bien, aprender un idioma es empatizar. Es un acto radical en el que se aprende a escuchar y entender a otros. Lo que ya es difícil de por sí. Y es un acto que los angloparlantes nativos rara vez se ven compelidos a hacer.
Mientras mejor hablaba árabe, podía hablar con más personas. Al hablar con más personas, más historias me contaban. Más que una combinación de sílabas y ritmos, un idioma es un conjunto de relatos y estos relatos son Historias.
Un idioma es la comida, las tradiciones y las religiones. El idioma correcto, incluso el acento correcto, equivale a poder y privilegios. Inició amistades de por vida y creó momentos de entendimiento mutuo. Y del mismo modo que aprender cada vez más y más francés me expuso al regazo de la rutilante reputación de una nación chic Europea; aprender árabe le dio matices al estereotipo (en su peor expresión) de la imagen homogénea e incompleta (en el mejor caso) del mundo árabe hablante al que estaba expuesta por los medios de comunicación europeos y americanos.
En una fantasía epica como ninguna otra, dos mujeres chocan en un mundo lleno de rebelión, espionaje y poderío militar en las lejanas fronteras de un imperio desierto en ruinas. Touraine es soldado. Robada de niña y educada para matar y morir por el imperio, su única lealtad es para con sus compañeros conscriptos. Pero ahora, su compañía la ha enviado de vuelta a su tierra natal para detener una rebelión, y los lazos de sangre podrían ser aún más fuertes de lo que ella creía. Luca necesita un renegado. Alguien lo suficientemente desesperado para bailar de puntillas sobre el filo de la bayoneta entre cumplir órdenes y acuchillar por la espalda. Alguien que pueda incitar a los rebeldes hacia la paz, mientras Luca se esfuerza en lo que de verdad importa: sacar a su tío fuera de su trono. A través de asesinatos y masacres, tanto en recamaras como en la guerra, Touraine y Luca negociarán el precio de una nación. Solo que algunas cosas no están a la venta
[Promocional del libro incluído solo para que se den una idea y porque así se publica en el blog de Chuck Wendig]
1. Aprendí un idioma
La idea para The Unbroken salió cuando estaba estudiando francés en la universidad. Específicamente cuando estudiaba literatura francófona africana.
Los autores habían escrito sobre su experiencia con el colonialismo, incluyendo su experiencia de escribir en francés en vez de hacerlo en árabe. Que en ese momento deseaba aprender por razones de carrera y académicas como, obtener un diploma en estudios coloniales franceses.
Pero el árabe es difícil de adquirir por tu cuenta sin nada más que unos cuantos tutoriales de Google para dibujar letras. Unos cuantos años después de mis fallidos intentos de aprender solo, abandonando la idea de obtener un doctorado; me ví en mi último año de una Maestría en Bellas Artes en ficción con unos cuantos créditos extras que quemar y una novela que quería estudiar apropiadamente.
Lo intenté de nuevo. El árabe es un lenguaje hermoso, un idioma de poetas y artistas y de algunas de las canciones más bellas que haya escuchado nunca. Es tanto intuitivo como simple y tan complejo como las matemáticas.
Existen multitud de dialectos y la rotación en mi elección de maestros hicieron posible que tuviera contacto con todos ellos — obteniendo como resultado un acento extraño que se gana un montón de cachondeo cada vez que no hablo en árabe formal.
Aquí entro yo con las chorradas. Un consejo a la vez, lee, piensa, rebate, usa.
Como ya recordarán (y si no, ahí va el intro), Chuck Wendig invita a otros autores en su blog Terrible Minds, a compartir su experiencia con cinco cosas que hayan aprendido sobre escribir y de vez en cuando, este blog se queda sin material (ya sea por pereza o cualquier situación conocida como concurso a la vuelta de la esquina aunque luego resulte que no participe…). Así que; si hubo algún autor que me llamara la atención (probablemente sólo por su nombre o el título de su libro), podrán leer la traducción aquí. Hoy, Lauren Ho con El último Tang de pie en una cosa aprendida por entrada[1]. Cuando escribes no sólo tienes que avanzar a tu ritmo sino también reflexionar e incorporar cada consejo que lees y es más difícil si te llenas de ellos. No se puede simplemente leer un montón y tratar de incorporarlos todos, eso por lo regular termina en fracaso.
Lauren Ho: Five Things I Learned Writing Last Tang Standing by terribleminds
(Este es el texto comercial del libro y lo pongo por sí a alguien le interesa el libro, con el título original)
LAST TANG STANDING es una epistolar cómica de voz propia que explora el amor, la amistad y la familia a través de los ojos de una solterona China-Malasia de 33 años, Andrea Tang, determinada a escalar dentro de una prestigiosa firma de abogados y sin embargo aparentar tener novio con el matrimonio como objetivo para tener feliz a su tradicional familia. Especialmente a su madre, que seguramente vivirá una vida muy larga y orientada a los niños adultos.
1. Es muy difícil ponerle título al libro y tú instinto a pesar de la cantidad de alcohol que hayas consumido a lo largo de tu vida adulta, y nunca te ha fallado; por lo regular estará espantosa, espantosamente equivocado. Lo que sugiere que puedes sufrir de una infestación de gusanos[2] de los que deshacerse inmediatamente con una pastilla desparasitante o sufrir las consecuencias (advertencia: consulte a su médico antes de seguir el consejo de un autor).
Oh, y un título no es final hasta que tu editorial (la que publica) decida que lo es. Todo está hecho. Con los puntos sobre las íes, todo tachado [supongo que en una lista de tareas]. Dejas salir un aullido de satisfacción, satisfecho con la eficiencia y brutalidad con la que has destripado tu último aquelarre de trolls en Twitter, esperando que sus familias los deshereden por haber cruzado espadas contigo. Te volteas hacia tu manuscrito, aún jadeante, tu mirada ahora suave, apreciativa, diferente de la que sueles usar con tu familia en LVR (la vida real). Abres tu libro con un click y te deleitas en su gloria textual. Aquí estás con tu preciosidad, orgulloso porque has empleado x cantidad de tiempo en él, constantemente obsesionándote con cada palabra y detalle hasta el punto en que podrías haber estado haciendo el amor mientras planeabas una escena en la que alguien muere, y ahora viene el momento de nombrar a la cosa berreante que acabas de expulsar por tu canal mental [referencia al canal de parto]. ¿Cómo vas a ponerle? Ya tienes un nombre pero a tú editorial no le satisface y ahora, estás de regreso en la mesa de dibujo. ¿Mi consejo? Mantente lejos de que sea demasiado grande, demasiado aburrido, demasiado específico, demasiado vago, demasiado personal, demasiado esotérico y estarás bien. Pan comido. Y definitivamente no infrinjas ninguna propiedad intelectual o te adentres en territorio difamatorio. Después de todo, esos abogados avariciosos saldrán reptando de las paredes [ella usa woodwork pero…no queda] para hacer de tu vida un infierno si los dejas (lo digo como representante legal que soy, no todos podemos ser perfectos). De cualquier modo, así es como el libro se desarrollo desde «My Mother is Watching Me Date: A True Story» (Mi madre observa salir en citas: una historia verdadera) a un más digerible y —bono— legalmente sin problemas: El último Tang de pie.
[1] Al hablar de instinto ella lo llama «gut instinct» o instinto tripudo que no se usa en español y por lo tanto lo de desparasitarse no tiene mucho sentido.
[2] Que más que obedecer a la flojera obedece al principio «una página a la vez» que debería aplicar para «un consejo a la vez».