e Guerra y arte https://merriamagrain.com Sitio sobre chorradas acerca de cómo escribir ficción Mon, 30 Oct 2023 03:51:47 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://i0.wp.com/merriamagrain.com/wp-content/uploads/2022/01/logo.png?fit=32%2C32&ssl=1 Guerra y arte https://merriamagrain.com 32 32 201301457 El atractivo fatal de la guerra p2 https://merriamagrain.com/2020/07/29/el-atractivo-fatal-de-la-guerra-p2/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=el-atractivo-fatal-de-la-guerra-p2 https://merriamagrain.com/2020/07/29/el-atractivo-fatal-de-la-guerra-p2/#respond Wed, 29 Jul 2020 17:13:00 +0000 http://merriamagrain.com/?p=520

Y ha habido usos muy específicos de las Artes en la guerra. La música por ejemplo. Antes de las comunicaciones modernas en el campo de batalla, era muy difícil comunicarse, muy peligroso. Si enviabas corredores, frecuentemente los mataban y los mensajes podían no llegar. Y así, los instrumentos musicales podían usualmente llegar a la distancia —cosas tales como trompetas, cornetas, tambores, gaitas. Podían ser usadas para marcar el paso para los soldados que marchaban a la guerra; para llamarlos a las líneas enemigas; para llamarlos a la retirada. La Armada británica incluso tenía señales especiales para indicar a aquéllos en batalla si lo que se acercaba era la infantería o la caballería. Y así había usos específicos de las Artes en la guerra.

En las regulaciones para los rifles de la Infantería británica, en las Guerras Napoleónicas, había una lista de mensajes con instrumentos musicales que se podían dar durante la batalla, y por supuesto, siempre había un impacto psicológico. Si escuchabas las gaitas viniendo hacia ti desde el otro lado, era absolutamente terrorífico. Hay una cita magnífica que encontré de un veterano británico de la Guerra Española en las Guerras Napoleónicas que sobrevivió a Waterloo, y que para este punto debía ser de hecho, un soldado bien curtido. Y el dijo “La artillería francesa abría fuego y eso ya era bastante malo, y entonces oíamos los tambores franceses tocando la señal de carga” Y el dijo —y eso era alguien que había estado en más de una gran batalla —“Este era un sonido que pocos hombres, sin importar lo valientes que fueran, pueden escuchar sin sentir de alguna forma una sensación de descontento” Justo hoy estuve en la galería de arte aquí y estuve mirando algunas de las maravillosas pinturas, y una de ellas sin embargo era otro uso de las Artes —y esto era en la Primera Guerra Mundial: los barcos embaucadores[1]. Un número de pintores muy famosos —y aquí hay pinturas también de barcos deslumbrantes —barcos pintados, barcos de carga o barcos de guerra, con locos diseños para hacerlos difícil de localizar en el mar, para hacer difícil estimar su velocidad y su dirección. Y estos eran, de facto, muy efectivos; si van a la Galería Nacional, pueden ver una maravillosa pintura de un barco embaucador.

Y entonces, por supuesto, siempre hemos tenido en la guerra escritores que escriben cosas para alentar a la gente a enlistarse, a mantener el espíritu en alto, escribiendo propaganda. Thomas Hardy, el gran poeta británico, quién tendía a ser alguien que no soportaba la autoridad, cuando empezó la Primera Guerra Mundial escribió una cancioncilla —diría que no una de sus mejores pero déjenme leérselas: “La necesidad de Inglaterra somos nosotros; su angustia nos dejaría remordiente consciencia: nope. Vemos bien lo que hacemos. ¡Aunque algunos no! La victoria corona al insobornable”.

            Así que las Artes han jugados un papel muy específico en el rol de la guerra y algunas veces las personas han atacado las Artes desde el otro lado. En la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, Saint-Saens, Camille Saint-Saens, el compositor francés y otros formaron algo llamado La Ligue Nationale pour la defense de la Musique Francaise para intentar e impedir toda representación de música alemana en Francia. Esta, se decía, socavaría la moral francesa.

            Por supuesto lo que las Artes han hecho —y esto de nuevo es algo que ha pasado a través de los siglos —es distorsionar la realidad de la guerra. Si ven pinturas, por ejemplo de campos de batalla del siglo XVIII, éstos están con frecuencia muy ordenados y limpios. Hay unos cuántos cuerpos decorativos por aquí y por allá en el campo, sin sangre, ni entrañas saliéndose, ninguna de las cosas que verías realmente en un campo de batalla.

Los Mogoles[2] tenían maravillosas pinturas. Hacían libros conmemorativos después de grandes batallas, que en ocasiones mostraban las matanzas, las batallas, las armas, los soldados, la caballería, los cadáveres y todo estaría bellamente pintado y y sería muy decorativo y jamás tendrías la sensación de que en realidad, hubo sudor y pelea y muerte en todo esto. Y cuando terminaban las guerras, por supuesto, llegaban las Artes en triunfo, para mostrar el lado ganador, para crear las estatuas, crear las pinturas, crear los monumentos que fijarían en la mente de las personas que su lado había ganado y el otro había perdido.

            Pero seamos justos con las Artes, porque no sólo se las ha usado para la propaganda, no sólo se las ha usado para llamar a la batalla o triunfar al final. También han sido muy buenas en mostrar las ambigüedades, creo[3], los muchos sentimientos confusos y las muchas situaciones de la guerra. Sólo daré un ejemplo de la que creo como una de las grandes obras de Shakespeare, y es Enrique V, y hay tres discursos distintos a los que me gustaría referirme. El primero es de Enrique V mismo mientras trata de exhortar a sus tropas a atacar el rodeado pueblo de Harfleur una vez más. Es un discurso famoso, probablemente lo conocen todos, y empieza: “Una vez más a la refriega, queridos amigos, una vez más o tapiar la empalizada (close the wall up) con nuestra inglesa muerte”[4] Y es uno de los discursos más alentadores y pueden ver que está exhortando a los hombres a pelear y muy probablemente a morir.

            Y entonces hay otro momento, más tarde en la obra, la noche de la batalla de Agincourt y Enrique V mismo va a través del campo de sus soldados escuchando lo que dicen. No saben que es el rey. Y un soldado común le dice, mientras hablan de la batalla por venir en la mañana, “Tengo miedo que haya unos pocos que mueran bien que mueran en batalla.[5]” Y luego la escena final —y está en la última parte de la obra—es cuando el Duque de Borgoña, el alguacil/condestable de Francia, habla de lo que la guerra le ha hecho a Francia y hace duelo por la desolación y la crueldad que la guerra ha traído a su país. Y sólo lo leeré, sólo un pedacito, porque creo que ilustra un poco de lo que le hace la guerra a los civiles y a la sociedad. “Y mientras nuestros viñedos, tierras de barbecho, pastizales y cercados; defectuosos en sus propias naturalezas, se vuelven salvajes. Incluso nuestras casas, nosotros mismos y los niños hemos perdido o no aprendido por falta de tiempo. Las ciencias que deberían volverse nuestro país, pero crecieron como salvajes —como lo soldados lo harán. Que nada hacen pero meditar en sangre[6]

También tenemos por supuesto a las Artes mostrando, como nos muestran las ambigüedades, la belleza como lo hizo A. Y. Jackson y Felix Vallottin también en su hermosa pintura Verdun, pero también en las Artes plásticas las Artes visuales muestran el horror de la guerra, y sólo quiero darles un par de ejemplos y serán capaces de pensar por sí mismos. Pero creo que una de las más gráficas y terroríficas representaciones del horror de la guerra son los desastres de Goya causados por la Guerrilla, la Guerra Pequeña como se la llamó, en la que los españoles lucharon contra los franceses en las guerras napoleónicas, y lo que muestra es el salvajismo de ambos lados. Él realmente no escoge un lado sobre el otro. Por ejemplo, en su terrorífica pintura Bestias salvajes, muestra mujeres, una con un bebé en el brazo, matando soldados franceses. En otro, titulado Bárbaros, muestra soldados franceses disparando a un monje atado a un árbol mientras otros soldados observan con indiferencia este espectáculo.

            Fotografía, cuando comenzó a hacer su aparición en el campo de batalla, se convirtió en el nuevo medio para transmitir algunos de los horrores de la guerra. En la guerra Civil de los EU, se hizo consciente a la gente, quizás por primera vez, de lo espantosa que puede ser la guerra. Es difícil comprender la guerra sí estás lejos de ella pero la fotografía puede hacerlo comprensible.

            En 1862, en la batalla de Antietam, que es creo el más sangriento día de la guerra civil, se tomó una fotografía famosa —bueno un número de ellas—pero se tomó una muy famosa de los cuerpos de los muertos caídos tras la batalla, y literalmente llegaban hasta el horizonte; no puedes ver dónde terminan estas batallas.

            La batalla del Somme. Se hizo una película de la Batalla del Somme en 1916, que recreo —de hecho casi toda en Hyde Park—como fue la guerra de trincheras, pero de hecho sí mostró algo de lo que fue, y algo así como un cuarto de la población total del Reino Unido la vio en las primeras seis semanas de exhibición y se horrorizó por lo que vio. Y una de las razones por las que la opinión americana o gran parte de la opinión americana se volvió contra la guerra de Vietnam fue porque la guerra se televisó y llegó al hogar de muchas personas y pudieron observar lo que sucedía.

            La primera guerra mundial, las autoridades trataron de controlar lo que era visto y los pintores intentaron resistirse y lo fotógrafos intentaron resistirlo. Una de las cosas curiosas que creo sobre la Primera Guerra Mundial —y pienso que más que una especie de predicción es una coincidencia, pero es difícil pensar que no lo es—era que los artistas en Europa estaban desarrollando estilos que concordaban perfectamente con los despedazados campos de batalla incluso antes de que la guerra estallara. El cubismo, futurismo, expresionismo, todos estos estilos nuevos que estaban experimentando las personas eran espantosamente aptas para lo que estaba a punto de suceder en Europa y lo que estaba a punto de sucederle a los soldados europeos y lo estaba por sucederle a los campos de batalla europeos. Y algunas de las pinturas permanecen con nosotros yo creo que para perseguirnos. John Singer Sargent, pintor de sociedad, hombre reconocido por sus hermosos retratos, fue persuadido de ir a los campos de batalla en 1918. Trabajó allí con acuarelas y más tarde fue y pintó una de sus más famosas pinturas llamada Gaseados, y era simplemente de aquéllos soldados que habían sido gaseados y que estaban alineados —muchos de ellos ciegos por supuesto—para ser tratados.

Un número de pintores se metió en problemas por hacer esto. El pintor alemán Otto Dix pintó una terrorífica y gráfica pintura —ya no podemos verla, desafortunadamente —de cuerpos descomponiéndose después de la batalla llamada La Trinchera. Los nazis despreciaron la pintura. Lo denunciaron como un degenerado y cuando llegaron al poder, quemaron la pintura. La guerra ha sido frecuentemente rechazada por las Artes —y por supuesto podemos pensar en un número de ejemplos pero quiero mirar a una de las más famosas pinturas del siglo XX por un momento y esa, por supuesto es la pintura que Picasso hizo de la Guernica[7]. Abril de 1937, un pequeño pueblo en el país Vasco, importante para los vascos porque allí había un árbol sagrado donde frecuentemente se reunían en sus concilios. Era un símbolo de la independencia vasca o al menos, de la autonomía vasca, famosa en su historia. Tenía 7,000 habitantes, este pequeño pueblo. No tenía ninguna importancia militar. Y la fuerza aérea alemana, en una de las primeras ocasiones en las que se bombardeaban civiles desde el aire, dejó caer 45,359 kilogramos (100, 000 libras) de explosivos en Guernica. Mil quinientas personas murieron, una parte importante de la población. El general Franco, el líder fascista español, declaró más tarde que los vascos lo habían volado ellos mismos. A Picasso ya se le había encargado una pintura mural para el pabellón español en la Feria Mundial de París y encontró entonces el tema. Había estado dudando que pintar y pintó esta obra realmente rápido. Y se ha convertido en una de las más memorables del siglo XX. Muestra el caos. Muestra caballos y personas volando en pedazos y gritando. Hay una mujer con un niño muerto. Es importante de varias maneras, parcialmente porque muestra el impacto de la guerra en los civiles en el siglo XX.

CONTINUARA…


[1]Dazzled ships en el original. Se refiere al camuflaje disruptivo (dazzle camouflage) atribuido al británico Norman Wilkinson y que consistía en pintar los barcos con patrones a rayas en color contrastante para lograr el efecto que menciona McMillan. Los he llamado así porque era una lata llamarlos barcos con camuflaje disruptivo.

[2] Según mi Merriam Webster: Indio musulmán de o descendiente de uno de los varios grupos conquistadores de mongoles, turcos o de origen persa. Traducido del inglés, mi Larousse en español considera la palabra como sinónimo de mongol; pero creo que se diferencian tanto por la religión como por el arte.

[3] La profesora MacMillan tiende a decir: “también esto, creo”. Lo obviaré un poco de vez en cuando por razones de dolor de muñecas y porque desluce el efecto en general de sus ideas.

[4] “Otra vez a la brecha, queridos amigos, otra vez, o tapen la muralla con nuestros muertos ingleses.” Traducción de 4 dramas históricos en la edición de André Jaume. Versión de Elvio E. Gandolfo. Mi traducción se da por contexto de lo que dice la Profesora y por desgracia por partida doble no he leído la obra ni soy experta en el inglés de Shakespeare.

[5] “Me temo que pocos de los que mueren en batalla mueren bien” Traducción de 4 dramas históricos en la edición de André Jaume. Versión de Elvio E. Gandolfo.

[6] “Y todas nuestras viñas, barbechos, prados y setos, defectuosos en su naturaleza, vuelven a ser páramos. También nuestras familias, nuestros hijos y nosotros mismos hemos perdido, o no aprendemos por falta de tiempo, las ciencias que convendrían a nuestro país;

en cambio crecemos como salvajes (como los soldados que no meditan en otra cosa que la sangre)” Traducción de 4 dramas históricos en la edición de André Jaume. Versión de Elvio E. Gandolfo. Cabe aclarar que la profesora o confunde al Duque de Borgoña con el Condestable/alguacil de Agincourt o que, existe algún error en la traducción de Gandolfo/la edición. Me costó mucho mirar de arriba abajo y casi leer la obra para encontrar el pasaje y eso que estaba frente a mis narices. De cualquier manera, es asombroso que se lo sepa de memoria.

[7] Vean los documentales de Simon Shama de la BBC El poder del arte. Explican muy bien cómo es que la pintura logra representar esto y es bastante digerible.

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Ignoro cuántas películas al año se filman con la guerra como tema principal o de trasfondo. También ignoro cuánto dinero recaudan. Y por encima de todo, ignoro que otro tema se podría usar como sustituto.

¿Qué es lo que sé, entonces?

Que se trata del tema más recurrente[1]. Que se la menciona o se gira alrededor suyo; en una variedad de novelas, videojuegos y películas sin importar el género. Incluidos los cómics y las galletas de animalitos… no eso no (eso ya es locura mía). Simplemente; Tolkien menciona los bravos y valientes guerreros de Gondor  (quizás una mención a la religión pues estos guerreros pelean contra el mal), Guerra y Paz gira alrededor de la conquista de Moscú y la carne de cañón, Hiroshima mon amour ocurre en una Hiroshima post-bomba con una heroína francesa que ha tenido un amante alemán, Mujercitas hace un aparte y narra nos lleva a la angustia de no saber quién volverá del frente. Películas como Dunquerque, Midway, La hora más oscura. Los juegos de video como Halo y Gears of War[2].

Y que, definitivamente no soy ninguna experta. Por lo que les dejo esta traducción de un grupo de conferencias Reith de la BBC del 2018. En ella, la Profesora Margaret MacMillan, historiadora, relaciona la guerra con el arte. ¿Cómo se crea belleza del horror y el absurdo? ¿Por qué nos fascina?
Recuerden, las traducciones aparecen segmentadas. Para esta ocasión he dudado si incluir la presentación y/o la sección de preguntas…aparecen las dos. Esta ha sido, hasta ahora, la traducción que más me ha puesto a prueba. Espero haber estado a la altura de las circunstancias. Y si no, favor de reclamar en el buzón de quejas para que sea procesada como corresponde, con burocracia.


CONFERENCIA 5: LA ATRACCIÓN FATAL DE LA GUERRA

APLAUSO DE LA AUDIENCIA

ANITA ANAND: Bienvenidos a la quinta y última Conferencia Reith por la historiadora Canadiense, la Profesora Margaret McMillan.

Esta es, definitivamente, una ocasión de regreso a casa para Margaret y vaya lugar para concluir (la serie de conferencias). Estamos en el arquitectónicamente apabullante Museo Canadiense de la Guerra en Ottawa y aquí, en esta enorme Galería LeBreton estamos rodeados por tanques en un lugar a rebosar de armas desde el siglo XVIII hasta el día de hoy. De hecho hay un avión de guerra suspendido ominosamente sobre nuestras cabezas.

Aquí yace una de las grandes paradojas de la guerra y cómo nos sentimos sobre ella porque, no les mentiré, es excitante estar aquí, rodeados de todos estos objetos, incluso a pesar de que sabemos son armas diseñadas y posiblemente usadas para matar personas.

La Profesora Margaret MacMillan ha llamado a su serie de conferencias La marca de Caín. El asesinato de Abel por Caín fue, según la biblia, tanto el primer homicidio como la primera ocasión en la que los humanos han escrito sobre el asesinato.

En esta charla Margaret McMillan dirigirá nuestra atención a las siguientes preguntas: ¿cómo representamos el conflicto? ¿Cómo lidia el arte con la guerra? ¿Podemos realmente crear belleza del horror y la muerte? Y ¿cómo recordamos realmente la guerra y aquéllos que mueren por esta causa?

Esta conferencia se titula La fatal atracción de la guerra (War’s Fatal Attraction). Por favor, den la bienvenida a la conferencista de las Conferencias Reith del 2018: Profesora Margaret MacMillan.

LA AUDIENCIA APLAUDE

MARGARET MCMILLAN:

Muchas gracias y merci bien (muchas gracias…[3]). Je suis bien hereuse d’etre ici (Muy contenta de estar aquí). Es maravilloso estar en casa y estar con tantos amigos y tantos compatriotas, y muchas gracias a todos por estar aquí, es un gran placer.

En abril de 1918, A. Y. Jackson, el gran artista canadiense, escribió: ‘Fui con Augustus John una noche a ver un ataque con gas que hicimos sobre las líneas alemanas. Era un maravilloso espectáculo de fuegos artificiales con nuestras nubes de gas y las llamaradas alemanas y cohetes de todos los colores.’ Y entonces pintó la escena que forma parte de la colección aquí del Museo de la Guerra llamada Ataque de gas, Lievin 1918. Muchos de ustedes ya la han visto. Es una pintura sombría con un trasfondo muy oscuro, la tierra devastada, pero a la distancia manchones de luz verde y rosa, surgen de lo que parecen estrellas y largas nubes azul-verdosas. Es un trabajo hermoso y es acerca de uno de los más mortales tipos de ataques que tuvieron lugar en la Primera Guerra Mundial.

Este es un lugar muy apropiado para hablar acerca de cómo lidiamos con la guerra en las Artes, como la saboreamos y la imaginamos, como intentamos y la sobrellevamos, como los artistas van y tratan con ella; y es también un lugar muy apropiado pies parte de lo que hacemos con la guerra es conmemorarla —juzgamos y la recordamos, juzgamos y enseñamos acerca de ella. Así un museo es tanto un lugar para coleccionar los artefactos de guerra, los productos de la guerra, pero también dónde juzgarla y darle sentido, juzgarla y conmemorarla.

De lo que he estado hablando en estas conferencias es de la complicada relación que tiene la guerra con la sociedad humana, de las formas en las que la guerra se mezcla con la historia y el desarrollo de la sociedad humana y nuestros propios sentimientos bastante confusos sobre la guerra — sentimientos de horror y atracción por ella a la vez. Y hoy quiero mirar particularmente como es que las Artes tratan con esa fascinación y horror y como juzgamos y asimos a través del Arte la complejidad de la guerra y como la juzgamos y la conmemoramos. Y por supuesto aquéllos en el Arte y las Artes mismas responden a la guerra, pero también moldean nuestras actitudes, nos ayudan a conceptualizar la guerra, nos ayudan a recordar la guerra y en ocasiones, nos ayudan a oponernos a la guerra. Cuando se piensa en la Literatura de guerra que fue resultado de la Primera Guerra Mundial o de la literatura, las canciones, las películas consecuencia de la guerra de Vietnam, aquéllas tuvieron una parte importante en dar forma a las reacciones que tuvimos y entonces y desde entonces hacia la guerra. Y esta es una paradoja, creo, los objetos de gran belleza que pueden obtenerse de este intento de tratar con la guerra, pero sólo tenemos que pensar en cosas como el Requiem de la Guerra de Benjamis Britten o la gran novela Guerra y paz o la maravillosa estatua que pueden mirar en el Louvre: La victoria alada de Samotracia.

Es curioso, creo, que no todas las guerras producen el mismo nivel de compromiso artístico. La Primera Guerra Mundial produjo literatura más grande, mejor poesía, mucho mayor cuestionamiento del significado de la guerra que la Segunda Guerra Mundial, y eso podría ser porque la Segunda Guerra Mundial, al menos para aquéllos de nosotros del lado aliado, era mucho más claro: era una guerra que sentíamos que debía ser peleada; mientras que la Primera Guerra Mundial, más y más llegamos a pensar que era una guerra que no debió ser peleada. Y esa es la razón, creo, por la que un buen número de escritura artística y películas y fotografías y la razón que creo por la que mucho se obtuvo de la guerra de Vietnam; que fue una guerra que muchos americanos y otros alrededor del mundo empezaron a pensar que era una guerra que no era necesaria y empezaron a preguntarse porque se había peleado. Así que quiero mirar algunas de las razones, razones particulares por las que los artistas tratan de la guerra y porque apreciamos lo que intentan hacer. Una de las razones, creo, es la catarsis —simplemente juzgar y sacar fuera los sentimientos que tenemos sobre la guerra; tanto si hemos peleado o simplemente la observamos o la hemos sufrido, al descubierto. Hay algo sobre la guerra que viola las normas sociales y sentimos de alguna forma que la guerra es algo que corrompe.

En La Eneida, cuando Eneas persuade finalmente a su padre de abandonar Troya, le pide al viejo que lleve las cosas más sagradas que poseen, los símbolos de la religión de sus dioses y su padre se rehúsa al principio a llevarlas y Eneas discute con él y dice: “Padre” —y cito—“toma en brazos los emblemas sagrados de nuestros dioses patrio. Para mí, fresco de la fiera batalla y la matanza reciente, sería un pecado manipularlos hasta que me haya lavado con agua en movimiento” Y creo que eso es parte de lo que las Artes pueden hacer, es ese acto de catarsis.

Una mujer soviética que fue asistente médico de la Segunda Guerra Mundial dijo una vez:“En la guerra tu alma envejece.” Homero fue visto por los griegos como un doctor del alma y así pienso que es una parte importante de lo que las Artes pueden hacer.

Creo que lo que las Artes pueden hacer, particularmente, quizás durante la guerra, es actuar como gesto de desafío y de esperanza. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, los prisioneros de guerra organizaron obras teatrales y conciertos. Oliver Messiaen, el gran compositor francés, por ejemplo, fue hecho prisionero alemán en 1940 y se halló a sí mismo en la compañía de tres músicos profesionales —un clarinete, un violinista y un chelista—en su prisión en Alemania, y el mismo tocó el piano. Se las arregló para obtener algo de papel y un lápiz de un amistoso guardia alemán y encontraron, asombrosamente, algunos viejos y destartalados instrumentos y escribió un cuarteto al que llamo ó un cuarteto al que llamo El cuarteto del fin de los tiempos. Basado en el Libro de las revelaciones,  en ocho partes y fue tocado por primera vez en el patio del campo y bajo la lluvia el 15 de Enero de 1941. Más tarde recordó: “Nunca se me escuchó con tan absorta atención y comprensión.”

La octava y última parte del cuarteto se titula Elegí a la inmortalidad de Jesús, y de nuevo en palabras de Messiaen, y creo que es valiosos citarlas aquí, “Está especialmente enfocado al segundo aspecto de Jesús, Jesús el hombre, la palabra hecha carne, levantado de entre los muertos para nuestra comunicación de su vida. Es todo amor. Asciende lentamente, el extremo agudo de la ascensión del hombre a su dios, del hijo e dios al padre, el ser hecho divino hacia el paraíso.” Y así actuando, creo, como un gesto de desafío, actuando como catarsis, pero también pienso que las Artes pueden ayudar en darle sentido al misterio de la guerra porque es una actividad misteriosa. ¿Cómo pueden los seres humanos organizarse de esta manera? ¿Cómo pueden soportar lo que soportan en la guerra y cómo pueden, por supuesto, cometer tales horrores frecuentemente?

Tim O’Brien, quien es uno de los grandes escritores (en mi opinión) de la guerra americana en Vietnam dijo: “para el soldado común, al menos, la guerra tiene la textura, el sentimiento espiritual de una enorme niebla fantasmal, densa y permanente” Y empero, seguimos intentando hacer esa apuesta. Seguimos intentando dar voces a los soldados, muchos de los cuáles no se podrían darse voces a sí mismos por supuesto, especialmente antes de la época en que la que muchos soldados eran letrados. En los viejos días sólo los oficiales podían leer y escribir, pero hemos intentado recobrar las experiencias de esos soldados, escuchando las canciones de soldados, escuchando la poesía que se escribió sobre ellos, intentando obtener todas sus voces.

Ahora, las Artes han jugado otros tipos de rol en la guerra: han glorificado por supuesto la guerra y han sido empleadas por la guerra; las Artes han ayudado a preparar a jóvenes hombres para luchar, y ha sido de forma general que son los jóvenes los que parten. Si se piensa en las novelas de G.A. Henty, quien literalmente escribió docenas de novelas antes de la Primera Guerra Mundial sobre heroicos hombres jóvenes que salían a luchar, y los escribió consciente de mentalizarlos para ir y pelear por el Rey, por la Reina, por el Imperio Británico; uno piensa en esas escuelas públicas de chicos o escuelas privadas como se las llamaría aquí en Canadá, quienes recibieron una educación clásica, que leyeron a Homero, La Ilíada, La Odisea, La Eneida. Educaciones clásicas que creyeron que las guerras a punto de librarse serían como esas. Quiénes fueron a la Primera Guerra Mundial con la idea de estos actos heroicos de los héroes clásicos en sus mentes y que por supuesto, encontrarían algo muy distinto cuando llegaron allí.

Y siempre ha habido por supuesto, un elemento teatral en la guerra, el uso de medios para juzgar e intimidar y aterrorizar a los oponentes. En la India; los varios reyes de la India tenían en alta estima a los elefantes en los días anteriores a la formación del imperio británico, pues los elefantes eran terroríficos. Quiero decir, no solían ser muy buenos en guerra —eran muy grandes, si eran heridos eso podía ser una verdadera lata; consumían una cantidad enorme de comida —pero el elefante estaba allí para  desconcertar e infundir el terror. Y creo que por supuesto las palabras “desconcierto” e “infundir terror” con las que somos familiares desde la reciente invasión y ocupación de Irak. Y a través de los siglos las personas han hecho máquinas de guerra, han usado la caballería para intimidar a sus oponentes.

Frecuentemente también en la guerra, puedes ver algunas de las mismas maniobras y la disciplina que se necesita en las Artes, la danza, el teatro. En Mesoamérica, de hecho muchas de las batallas que tomaban lugar entre los diferentes estados de las Américas, sólo tomarían lugar en los tiempos establecidos en el calendario y frecuentemente en América Central y en México; peleaban vistiendo ropa muy elaborada. Establecían las reglas de batalla antes de que empezaran y establecían cuando éstas batallas terminarían. Estaban coreografiadas en un sentido.

CONTINUARA…


[1] Por no olvidar que esta pandemia es una guerra. Una guerra contra el virus, contra nuestras propias costumbres (tocarnos la cara constantemente, saludar de beso, movernos incesantemente de un sitio a otro). Y contra sus consecuencias económicas, sociales y educativas. Contra nuestros propios deseos.

[2] Dan podría hablar de esto mejor que yo.

[3] Mi francés alcanza para decir oui et merde.

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