La ley y el ocaso de la política

Hace algunos años la Corte tuvo que lidiar con el caso de un hombre joven que se había roto el cuello sumergiéndose en un lago somero en un conocido sitio paisajístico. Quedó paralizado de por vida. Las autoridades locales fueron demandadas por negligencia. Habían puesto avisos de advertencia pero su caso consistía en que ya que sabían que la gente es apta de ignorarlos, debían tomar medidas para cerrar el lago de cualquier modo. La Corte de Apelación estuvo de acuerdo. Pero cuando el caso alcanzó la Cámara de los Lores, los jueces indicaron que había un precio por proteger a este joven de su propia sonsera. El precio era la pérdida de libertad que haría sufrir a una mayoría que gustaba de visitar el lago y era lo bastante sensata como para hacerlo con seguridad.