De la exactitud en la descripción del personaje

Hay descripciones más profusas que otras. Y de esto creo que los dibujantes de cómic se van a reír de mí; ellos no sufren por tener que describir al personaje, sólo dibujan. Los de guión van a desesperarse pues este es un tema delicado; ellos no escogen a los actores/actrices —aunque si describen en términos generales como se ve el personaje y puede que sufran con la tentación de describir casi al detalle algo que debería ser bastante conciso.

A lo que te truje Chencha pues.

Una pincelada escueta en un libro, otra en uno nuevo y Montalbano tiene todo su cabello, es delgado y usa bigote. ¿De qué color son sus ojos? ¿El cabello? ¿Es alto? Todo eso queda a la imaginación privada de cada lector. Si es que resistió la tentación de ver la serie de televisión, porque entonces lo que imaginábamos fue destruido y cedió paso a la imagen en la pantalla. Mi Catarella era todo menos gordo. Es de esta forma que un escritor puede ser vago y sin embargo, despertar la imaginación.

En contraste, los vampiros de J. Ward son altísimos, tan rellenos de músculos como un luchador, poseen una ira salvaje contra sus enemigos pero son toda ternura con sus “hembras” o “machos”[1] —J.  Ward es una escritora incluyente así es que hay por lo menos vampiros hetero y gay. Llevan el cabello largo, en fabulosas ondas rubias, multicolores o lo cortan como soldados. Amén de poseer  ojos de colores fantásticos desde el blanco y el azul Bahamas hasta dos coloraciones distintas al mismo tiempo. Con todos estos detalles, casi podríamos ir a obtener un retrato hablado.

A primera vista, parece que la abundancia descriptiva reside en el sexo del escritor.
Hasta que nos topamos con Annette Levi Willard. O, John Updike. Pues Updike es capaz de describir en términos químicos los colores otoñales de las hojas y crea personajes con peso, manías físicas, manos o pies tan definidos que casi podríamos tocarlos. Sin ser tan gráfico como Ward.

Mientras que Levi Willard en Mi Jane busca Tarzán[2] nos conduce con la misma gracia pero sin tantos detalles visuales. Pinceladitas por aquí y por allá como: la francesa de bonitos senos. ¿Alguna otra cosa?  No, excepto que esta francesa es terriblemente miope y eso sólo me dice que debe tener ojitos un poco saltones[3].

¿Es entonces la nacionalidad?

No. O tal vez sí. Hemingway no describía con esta exuberancia de detalles anatómicos en sus cuentos. Sin embargo si forzando mi memoria a recordar El viejo y el mar, creo recordar que del viejo si hace una descripción más que gráfica y sobre todo anímica.[4] Maria Luisa Alcott, Jean Webster…pero ellas aún con los detalles, nos dan descripciones que no servirían para un retrato hablado contundente.

Parecería que describir con tanto detalle es un producto post-cine de color con influencia directa en  la literatura juvenil como Vampire Diaries[5]. Mario Puzo describe a más de un personaje secundario como si se tratará del principal en una especie de ambientación que te lleva al mundo del crimen por características exteriores.

Entonces, ¿describir o no describirlo todo? ¿Qué es más importante, la exactitud de la imagen o la imaginación?

Supongo que la cosa es un poco similar al dilema de Hamlet. Si asesino al traidor en el momento de la oración, irá al cielo y entonces su crimen quedaría impune. Así que debo esperar el momento propicio.

Es decir, no describas cuando la acción o la imaginación cuenten más que los detalles porque arruinarías la fiesta. Y esto no es una regla, sólo una idea. ¿Ustedes describen con exactitud de fotografía o son parcos? ¿Qué piensan?


[1] A mí no me miren. La autora misma lo encasilla así como resultado de “la biología” que se inventó para estas novelas. Y como es literatura erótica femenina, no es como para ponerse exigente.

[2] Me encanta este libro porque es una historia de amor con una mujer que abandonó el feminismo pero no su valor de ser.

[3] Parece que las personas con miopía muy aguda no sólo corremos el riesgo de sufrir un desgarre de córnea al practicar el bungee sino que, por características morfológicas de la miopía también tenemos ojos saltones (puffy eyes); aunque eso no quiere decir que seamos parientes de los Simpson. 

[4] Hace ya un rato que lo leí y Hemingway no ocupa una posición destacada en mi mini-biblioteca. Lo siento por ser hereje….

[5] Esto de los Vampire Diaries me recuerda mi entrada NO TE LO CREO. Porque en los quince minutos que llegué a ver de la serie —pecado capital, me gustan los vampiros (soy fan de Underworld) — todos en el salón de la protagonista están tan guapos —maestros incluidos— que debieron hacer una criba extraordinaria para reunir a tantos chicos que no requirieran pantalones talla extra ni chicas que no ganarían un concurso de belleza escolar como mínimo. ¿A dónde se fue el talento? Ah. Ser bello es un talento porque requiere la disciplina de cerrar la boca frente a una barra de chocolate y ejercitarse 10 horas al día. No es broma. Yo no tengo ese talento. Me zamparía la barra de chocolate y máximo hago diez minutos de ejercicio al día que es mejor que nada (lo que hacía antes).

¿Are? ¿Y la popo de perro?

Y,  de repente, dejó de haber regalitos de perro. La cosa era un misterio, hasta que mi mamá se encontró a estos simpáticos trabajadores de limpia. ¡Ojalá estuvieran activos todo el año! Son muy eficientes y lindos. Lo malo es que con una o dos ya tienen suficiente comida para sus retoños[1].


[1] Otro punto malo es que los retoños son larvas come-raíces…les he declarado la guerra desde que se comieron un bulbo de dalia. Sí hay algo que me hace declarar la guerra es que alguien se meta con mis macetas…(de la frase “¿Por qué se meten con mis macetas?” comercial del difunto Instituto Federal Electoral y ahora INE)

El atractivo fatal de la guerra p3

Finalmente, por supuesto lo que las Artes hacen —y hay muchas otras cosas que hacen y que todos ustedes serán capaces de pensar por sí mismos—es que ayuda o ayuda al menos a mostrar el duelo y la pérdida. Y de nuevo, quiero darles un ejemplo; a pesar de que por supuesto hay cientos, y ese es el de Kathe Kollwitz, la gran pintora y escultora alemana y activista de la izquierda, una activista social. Ella y su esposo vivían en una zona pobre de Berlín dónde él llevaba una clínica para la gente que vivía allí. Tenían un hijo de 18 años. Se ofreció voluntario en Agosto de 1914 para pelear en las fuerzas alemanas y ella no intentó detenerlo, algo que más tarde, se reprocharía a sí misma por el resto de su vida. Se fue el 12 de Octubre de 1914 y murió diez días más tarde. Ella y su esposo jamás dejaron de hacer duelo. Su dormitorio fue dejado tal cual. Cada año cuando era su cumpleaños o hubiera sido su cumpleaños, encendían velas para celebrar su cumpleaños y cada año añadían una vela más para mostrar la edad que hubiera tenido si no lo hubieran matado a los 18. Como ella dijo de su hijo llamado Peter, ella dijo: “Peter era una semilla para ser plantada que no debería haber sido enterrada” Intentó hacer un memorial, experimentó con varias cosas para el cementerio donde su hijo fue enterrado en Bélgica, y lo que finalmente creó —y aún pueden verlo allí— son dos figuras. Ella pensaba tener al chico muerto pero después sintió que era simplemente imposible. El había desaparecido en un vacío. Y como resultado hay una madre doliente con la cabeza inclinada y abrazándose a sí misma y un padre de pie que mira a lo lejos, también doliente. Ambos están allí y están solos, cada uno en su propio dolor.

            Así que las Artes han jugado y son muy importantes y pasan a través de la guerra de una forma muy importante. Y por supuesto nos ayudan a conmemorar la guerra como este museo lo demuestra tan bien. Nos ayudan a darle forma a nuestra memoria de la guerra, nos ayudan a darle forma a cómo recordamos la guerra. Y frecuentemente, hay una tensión en esto porque habrá una versión oficial de lo que las personas piensan que debería ser recordado. Los gobiernos frecuentemente desean enviar un mensaje cuando juzgan y conmemoran la guerra y algunas veces, patrocinan un punto de vista determinado. Siempre hay discusiones por supuesto, sobre como deberíamos conmemorar la guerra, ha habido discusiones desde el 2014 sobre cómo debería conmemorarse la Primera Guerra Mundial. En Bretaña por ejemplo, ¿debería verse como algo que fue necesario y justo o debería mirarse como un completo y derrochador desastre? El gobierno de ese momento sintió que la primera versión era más correcta y que había allí algo importante y creo argumentos públicos interesantes.

Frecuentemente, cuando los gobernante juzgan y dirigen la conmemoración, descubren que las personas empiezan a involucrarse y comienzan, con frecuencia, a suplantarlos y entonces tienes siempre esta tensión entre lo que las personas desearían recordar, lo que todos nosotros desearíamos recordar y probablemente tengamos varias cosas que queramos recordar; y lo que los gobiernos desearían que recordáramos. Déjenme darles un solo ejemplo desde la Gran Guerra, de la Primera Guerra Mundial. En Whitehall hay un cenotafio. Cada año en Noviembre 11, colocan coronas[1]. Un cenotafio es una tumba vacía. Es un memorial para aquéllos muertos cuyos restos están en otra parte, y por supuesto; en la Primera Guerra Mundial fue imposible recobrar muchos de los restos de quiénes murieron puesto que fueron, literalmente, volados en pedazos.

Inicialmente diseñado por Sir Edwin Lutyens en madera y yeso como estructura temporal para el desfile de la victoria, en julio de 1919, pero de alguna forma el público se lo apropió. El desfile sucedió y la gente siguió llegando. Cientos de miles de personas llegaron de todo el Reino Unido a visitarlo. Dejaron flores y coronas. Por supuesto, para muchas personas era la única esperanza que tenían de conectarse de alguna manera con la persona que amaban y que se había desvanecido en el pantano del Frente Occidental y entonces el gobierno decidió que debería haber de hecho una estructura permanente en piedra.

En Noviembre de 1920, un cenotafio permanente fue revelado. Ese día, el cuerpo de un soldado desconocido fue traído desde el Frente Occidental, a través de las calles a la Abadía de Westminster, y se suponía que debía ser puesto en una tumba allí (donde de hecho está al día de hoy) pero; de nuevo las autoridades tuvieron que cambiar sus planes, tuvieron que permitir la participación pública. La tumba se dejó abierta por dos semanas y el ataúd estuvo allí. Un millón, veinticinco mil personas (one and a quarter million) hicieron fila frente a éste —muchos de ellos sollozando, otros llorando. Era una acto de duelo colectivo que el gobierno, creo, estuvo forzado a conceder.

Y he visto lo mismo recientemente. Sí van al Monumento a los veteranos de Vietnam en Washington, esa maravilla que verán que la gente va y pone su propia ofrenda —a veces un osito de peluche; algunas veces una botella de cerveza que era a lo mejor, la cerveza favorita de un soldado—y creo que es una cosa muy buena que tenemos esta combinación de conmemoración oficial y no oficial.

En toda Bretaña y Francia y mucho del mundo occidental, después de la Primera Guerra Mundial, la gente construyó monumentos en sus aldeas y pueblos, Eventualmente algo así como 60,000 de ellos en la GB…Gran Bretaña y Francia nada más. El obelisco era popular porque era fácil de hacer y barato, pero la gente también levantó edificios útiles, levantaron clínicas, bibliotecas, jardines, fuentes. En la aldea de mi abuela en Gales del Norte hay algo llamado el Monumento-salón Criccieth donde fui una campanilla azul regordeta y algo resentida, en un desfile de la victoria en 1946.

Así que, parte de lo que hacemos con la conmemoración y con las Artes en esa famosa frase “olvidemos”. Estamos pensando en recordar lo que la guerra significa, estamos intentando preservar alguna recolección de ella para las generaciones futuras. Tal vez hay una esperanza interna que ellas no sufrirán lo que esas generaciones precedentes sufrieron. Y así, preservamos los campos de batalla, tenemos tumbas de guerra —las imperiales y las de la Commonwealth[2]. Soldados de todo el Imperio Británico fueron enterrados allí donde cayeron, alrededor del mundo y creo, de forma muy marcada que no hubo distinciones de rango en esas tumbas en esos cementerios.

Y también, en el desenlace de la Primera Guerra Mundial, fundamos museos de guerra, y esto fue algo bastante nuevo pero creo que fue un intento de lidiar con una guerra que fue más grande de lo que nadie hubiera podido imaginar. El Museo Imperial de Guerra en Bretaña fue fundado en 1917. Australia fundó el suyo también en 1917. El canadiense fue fundado en la Segunda Guerra Mundial.  Los museos —y no necesito decírselo a las personas que trabajan aquí— esto puede ser un poco engañoso porque esperamos que sean a la vez monumentos y lugares de educación —en Australia lidiaron con el asunto haciendo simplemente del Monumento un Museo. Simplemente combinaron los dos. También deberemos creo, recordar —y parte de esto viene del desacuerdo  sobre lo que debería haber en los museos y sobre sí son monumentos o lugares de educación y cómo van estas dos cosas de la mano —deberíamos recordar qué el cómo recordamos la guerra cambia. Tendemos ahora a tener un punto de vista particular de la Primera Guerra Mundial ampliamente como una guerra fútil, un desperdicio, una guerra horripilante. Cuando pensamos en la Primera Guerra Mundial pensamos en barro, pensamos en trincheras, en enormes pérdidas de vidas sin una razón aparente.  Deberíamos recordar que no es como la gente, incluyendo a los veteranos, la consideraron en ese entonces. Los cenotafios y muchos otros monumentos de guerra tienen inscripciones para “nuestros gloriosos muertos[3]

Cuando se descubrió el monumento a los muertos de Beaumont-Hamel en Terranova  —este fue el ataque en el que Terranova perdió tantos hombres—el gobierno le preguntó al general que había estado al mando, el General Haig, que descubriera el monumento y, cuando el General murió en 1928, un gran número de veteranos se presentó a hacer duelo por él.

Fue sólo más tarde cuando algunas de las novelas anti-guerra y de la poesía anti-guerra empezó a salir que empezamos a pensar de forma diferente al respecto, y entonces siempre debemos recordar que cómo recordamos el pasado cambia con el tiempo y frecuentemente, refleja nuestras preocupaciones. Para Canadá, el Monumento de Vimy ha cambiado su significado. Fue erigido donde Canadá tuvo una victoria y dónde los canadienses pelearon por primera vez como una unidad, y cuando fue abierto en 1936; la gente habló de tierra embrujada, de tierra santificada, santificada por los sacrificios de quiénes habían muerto. Creo que ahora, cuando vamos a Vimy, lo vemos más como un monumento al duelo por los muertos de esas guerras y la futilidad de esa Guerra. Es difícil saber porque recordamos como lo hacemos. Yo pensaría si me hubieran preguntado en los 70’s que estábamos empezando a olvidar la Primera Guerra Mundial. En Australia, muy pocas personas asistieron al Servicio de Madrugada en el monumento memorial de Canberra, en el aniversario de Gallipoli[4]. En Bretaña, en los 80´s, hubo menciones a eliminar el Día del Recuerdo en las iglesias y concluir con las ceremonias del 11 de Noviembre, y aún así de alguna forma hemos revivido el interés en la Primera Guerra Mundial y ahora se ha convertido en algo que, sin duda en algunos países pero no todos, celebramos.

Lo que encuentro maravilloso de la forma en que hemos conmemorado la Primera Guerra Mundial es que parte de ello ha sido transnacional, y así hay un museo en Francia, cerca de Verdun, una de las grandes batallas francesas que trata de mostrar la Batalla del Somme desde el punto de vista alemán, francés e inglés y pienso que eso es realmente muy importante.

Así que los dejaré con una pregunta: ¿qué tanto tiempo seguiremos o qué tanto tiempo deberíamos seguir recordando y qué tanto cambiarán nuestros recuerdos de nuevo? Y ¿deberíamos seguir pensando en la guerra en sí misma? ¿Debemos seguir tentando los misterios de la guerra —su horror y su belleza, su vileza y su nobleza, su chabacanería y su exaltación, su devastación y si desperdicio y su estímulo al cambio? ¿Por cuánto tiempo debemos continuar juzgando e intentando comprender la Guerra? Creo que debemos hacerlo. Creo que debemos hacerlo porque en su comprensión algo acerca de ser humano —nuestra habilidad para organizarnos a nosotros mismos, nuestras emociones y nuestras ideas y nuestra capacidad para la crueldad así como para el bien. Peleamos porque tenemos necesidades, porque deseamos proteger lo que consideramos querido o porque podemos imaginar haciendo mundos diferentes. Peleamos porque podemos. Pero esa larga asociación de la guerra con la sociedad podría estar llegando a su fin —o quizás debería—no porque por desgracia hayamos cambiado, sino porque la tecnología lo ha hecho. Con nuevas y más espantosas armas, la importancia creciente de la inteligencia artificial, las máquinas de matar automatizadas y la guerra cibernética, nos enfrentamos al fin de la humanidad en sí.

Espero que estas conferencias hayan ayudado a entender lo que la guerra significaba en el pasado. Nos tocará a nosotros considerar lo que significará en el futuro. Gracias.

            APLAUSO DE LA AUDIENCIA.

Anita Anand: Otra charla estimulante y provocadora del pensamiento. Podemos tomar preguntas ahora de los espectadores. Tenemos nuestra primera pregunta desde allí.

Richard Balfour: Richard Balfour. Soy abogado en Toronto. ¿Podemos divorciar nuestra forma de ver incluso de los más maravillosos trabajos de arte de guerra desde el punto de vista que expresan? Por poner un ejemplo: ¿Y si la Guernica hubiera plasmado un bombardeo republicano o el Réquiem de Guerra hubiera hecho duelo por la derrota nazi? Y si no podemos ¿derrota la guerra al arte?

Anita Anand: Esa es una buena pregunta

Margaret McMillan: Sí es una magnífica pregunta y tengo que pensarlo por un momento. ¿Puede el gran arte salir de cosas que desaprobamos? Sí creo que sí. Quiero decir que si piensan en las estatuas triunfales que los romanos hicieron de sus guerras que, con gran frecuencia, mostraban una gran crueldad pero aún así lo que producían era de gran belleza; y una de las últimas cosas que Richard Strauss escribió, Los Metamorfoseados, que creo que podría escucharse como una pieza extraordinaria de música. Quiero decir, los musicólogos han argumentado que también critica a los nazis pero no es claro que lo haga. Y sí, pienso que si hubiera un bombardeo republicano y un artista Español del lado de Franco y hubiera hecho una pintura como la Guernica, creo que probablemente lo miraríamos como gran arte.

Y esto podrá ser idealista pero  —quizás el gran arte trasciende de las circunstancias particulares y puede mostrarnos el sufrimiento universal humano[5]. Tendré que seguir pensando en ello.

Anita Anand: Es una pregunta muy interesante porque ¿no es el objeto sino el tiempo lo que te permite pensar que es un gran objeto de arte? Por ejemplo, en América estamos viendo un debate actual muy reñido sobre las estatuas confederadas y el arte confederado, que para algunas personas es arte y para otras una horrible realidad del sufrimiento que no tiene mucho tiempo para ciertas personas. ¿Es esa la diferencia entre digamos Strauss y lo que pasó allí, la distancia de la experiencia?

Margaret MacMillan: Ha habido muchos debates entre sí deberíamos derribar o dejar, y he llegado a pensar que tiene que ser una decisión caso por caso. Y las estatuas que fueron puestas en el sur de América, los soldados confederados, un montón de éstas fueron puestas recientemente. Fueron puestas durante los 50’s cuando el Movimiento por los Derechos Civiles empezaba y fueron puestas deliberadamente para decirle a  los negros Americanos, los Africanos Americanos viviendo en el sur, nosotros ganamos y ustedes perdieron y ceo que esa estatuas deberían ser derribadas sin importar su belleza.

Pero es cierto que la distancia crea una diferencia. Quiero decir, vean estas hermosas pinturas mogoles de batallas, que muestran batallas que causaron una gran crueldad en ese entonces; y las miramos como obras de arte porque no conocemos realmente el contexto y entonces, no nos sentimos obligados a tomar partido. Y miro algunas de estas pinturas triunfales —quiero decir el Napoleón cruzando los Alpes de David, que es una extraordinaria obra de arte. Cuando piensas en la miseria que Napoleón llevó a Europa, no debería conmemorárselo, pero miras la pintura y dices que es una gran obra.

Es decir, tenemos el mismo problema con Wagner. Saben que si miramos los puntos de vista de Richard Wagner, son muy frecuentemente retrógrados, comúnmente los encontramos horribles, su anti-Semitismo es algo que consideramos horrible, pero escribió música tan maravillosa. Y siempre va a ser complicado y siempre nos encontraremos con esta tensión entre quién lo hizo, lo que se muestra y la cosa en sí misma  y nunca lo resolveremos realmente, pero creo que eso es parte de la complejidad de ser humanos y lidiar con las Artes.

Nick Panter: Hola. Nick Panter, solo un ciudadano canadiense, y gracias por hacer esto. Una forma moderna del arte que he visto en televisión —una nueva forma de arte que también nos ha llevado a YouTube y cosas así y la televisión tiene entretenimiento pero también solía tener (algunos dirán) o todavía tiene integridad periodística, pero lo que estamos viendo es la convergencia de los dos. ¿Te encuentras con que la nueva forma de hacer periodismo, que está de moda y puede verse como una forma de arte en la televisión; está exacerbando o diciendo comentarios sobre la marca de Caín y justo esos conceptos de guerra que tiene la gente por ver esos shows en la televisión?

Margaret MacMillan: De nuevo es difícil. ¿Desensibiliza a las personas? ¿las hace menos deseosas de confrontar los horrores de la guerra? Y lo que encuentro que falta en muchas de las noticias de televisión actuales es la disminución de la capacidad de las televisoras para tener gente transmitiendo desde locación y. Y que frecuentemente tenemos gente cubriendo conflictos que realmente no saben…especialmente conflictos complejos. En otras palabras, si miras lo que pasa en Irak y Afganistán donde tienes estas partes móviles y gente cambiando de bando y diferentes ideologías yendo y viniendo. Creo que necesitas gente con profundos conocimientos locales. Y creo que nuestros medios, creo —parcialmente la televisión y sus noticias…la prensa impresa también…simplemente no tienen la capacidad ya de hacerlo y creo que todos perdemos como resultado.[6]

Anita Anand: Margaret, hemos hecho muchas millas con la Marca de Caín. Hemos viajado a lugares que han visto la guerra muy recientemente, otros que han visto un largo periodo de paz. Escuchando todas las voces que has oído, pensando en todas las cosas que has pensado ¿dónde estamos ahora?

Margaret McMillan: Creo que estamos, como frecuentemente lo estábamos en el pasado, chapoteando en el lodo. Hay muchos de nosotros que preferiríamos no ver otra guerra, pero también creo (muchos de nosotros) reconocemos que a veces la guerra vienen lo quieras o no, Espero sinceramente que no y no creo que urgiría a las personas a examinar la guerra porque es algo glorioso, sino porque creo que si no la examinamos no creo que tengamos la capacidad de entenderla. No creo que estudiar la guerra es asumir que es buena, asumir que siempre estará con nosotros, pero es algo que debemos confrontar y necesitamos juzgar y entender porque, si no la entendemos; como podemos mirar al futuro con la esperanza de de evitarla una vez más.

Tantas guerras en el pasado las hemos comenzado por afrentas a nuestro orgullo, honor. Es decir, saben que pensamos que somos adultos, pero frecuentemente nos comportamos como adolescentes. ¿Saben? Si examinan lo que se decía en las capitales europeas en 1914, decían cosas como “no podemos dejar que nos hagan esto”. No es diferente, no me lo parece, cuando lo miras realmente de cerca, de las peleas entre pandillas callejeras. La gente no quiere ser deshonrada y en algunos casos, preferiría morir que ser deshonrada, y creo que tenemos que entender eso y juzgar y lidiar con ello y persuadirlos de que hay otras formas de tener honor y otras formas de evitar el deshonor.

Anita Anand: No puedo pensar en una mejor nota que dejar. Gracias por tan memorable y provocativa serie. Todas las conferencias de la serie están disponibles en el sitio Reith vía sitio web de Radio 4y hay montones de información sobre conferencias anteriores también. Muchas gracias a nuestros anfitriones del Museo de Guerra, la audiencia y gracias especialmente a la conferencista Reith del 2018, la Profesora Margaret MacMillan.

APLAUSOS.


[1] ¿O serán guirnaldas? En México es usual la corona, una gran rueda creada con flores sobre una estructura rígida mientras que; según he visto en las películas, la guirnalda es igual una rueda pero sin un soporte, los tallos van entretejidos y es más usual como forma de entretenimiento para niños y jovencitas que como adorno mortuorio. En fin, un adorno con flores.

[2] Una asociación de estados soberanos bajo un juramento de fidelidad más o menos vinculante hacia la corona Británica.

[3] “Pero he sufrido heridas demasiado profundas, Sam. Intenté salvar la Comarca y la he salvado; pero no para mí. Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven” J. R. R. Tolkien. El retorno del rey. Capítulo 9. Frodo a Sam para despedirse de él frente a los Puertos Grises. No sé si Tolkien se refería a la Primera Guerra Mundial con esta frase, pues estuvo en esa guerra, en las trincheras y por lo que he oído; debió ser tan espantosa que los pocos hombres que regresaron de ella, debieron haber muerto en parte allí. Y aún así, debieron creer que lo que hicieron no fue en vano y que defendieron algo.

[4] Ciudad de la Turquía europea.

[5] En esto coincide con Robert McKee en “Story. El guión.” Para McKee, la gran historia trasciende el trasfondo histórico.

[6] La rapidez de internet y la irresponsabilidad de Twittear o publicar en FB han causado la quiebra de empresas como Reuters, que al menos si no tenían expertos si tenían operativos en todo el mundo. Hoy día, ya ninguna televisora puede pagar eso. Aunque esta es sólo mi opinión. Pudiera haber otras causas.

El atractivo fatal de la guerra p2

Y ha habido usos muy específicos de las Artes en la guerra. La música por ejemplo. Antes de las comunicaciones modernas en el campo de batalla, era muy difícil comunicarse, muy peligroso. Si enviabas corredores, frecuentemente los mataban y los mensajes podían no llegar. Y así, los instrumentos musicales podían usualmente llegar a la distancia —cosas tales como trompetas, cornetas, tambores, gaitas. Podían ser usadas para marcar el paso para los soldados que marchaban a la guerra; para llamarlos a las líneas enemigas; para llamarlos a la retirada. La Armada británica incluso tenía señales especiales para indicar a aquéllos en batalla si lo que se acercaba era la infantería o la caballería. Y así había usos específicos de las Artes en la guerra.

En las regulaciones para los rifles de la Infantería británica, en las Guerras Napoleónicas, había una lista de mensajes con instrumentos musicales que se podían dar durante la batalla, y por supuesto, siempre había un impacto psicológico. Si escuchabas las gaitas viniendo hacia ti desde el otro lado, era absolutamente terrorífico. Hay una cita magnífica que encontré de un veterano británico de la Guerra Española en las Guerras Napoleónicas que sobrevivió a Waterloo, y que para este punto debía ser de hecho, un soldado bien curtido. Y el dijo “La artillería francesa abría fuego y eso ya era bastante malo, y entonces oíamos los tambores franceses tocando la señal de carga” Y el dijo —y eso era alguien que había estado en más de una gran batalla —“Este era un sonido que pocos hombres, sin importar lo valientes que fueran, pueden escuchar sin sentir de alguna forma una sensación de descontento” Justo hoy estuve en la galería de arte aquí y estuve mirando algunas de las maravillosas pinturas, y una de ellas sin embargo era otro uso de las Artes —y esto era en la Primera Guerra Mundial: los barcos embaucadores[1]. Un número de pintores muy famosos —y aquí hay pinturas también de barcos deslumbrantes —barcos pintados, barcos de carga o barcos de guerra, con locos diseños para hacerlos difícil de localizar en el mar, para hacer difícil estimar su velocidad y su dirección. Y estos eran, de facto, muy efectivos; si van a la Galería Nacional, pueden ver una maravillosa pintura de un barco embaucador.

Y entonces, por supuesto, siempre hemos tenido en la guerra escritores que escriben cosas para alentar a la gente a enlistarse, a mantener el espíritu en alto, escribiendo propaganda. Thomas Hardy, el gran poeta británico, quién tendía a ser alguien que no soportaba la autoridad, cuando empezó la Primera Guerra Mundial escribió una cancioncilla —diría que no una de sus mejores pero déjenme leérselas: “La necesidad de Inglaterra somos nosotros; su angustia nos dejaría remordiente consciencia: nope. Vemos bien lo que hacemos. ¡Aunque algunos no! La victoria corona al insobornable”.

            Así que las Artes han jugados un papel muy específico en el rol de la guerra y algunas veces las personas han atacado las Artes desde el otro lado. En la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, Saint-Saens, Camille Saint-Saens, el compositor francés y otros formaron algo llamado La Ligue Nationale pour la defense de la Musique Francaise para intentar e impedir toda representación de música alemana en Francia. Esta, se decía, socavaría la moral francesa.

            Por supuesto lo que las Artes han hecho —y esto de nuevo es algo que ha pasado a través de los siglos —es distorsionar la realidad de la guerra. Si ven pinturas, por ejemplo de campos de batalla del siglo XVIII, éstos están con frecuencia muy ordenados y limpios. Hay unos cuántos cuerpos decorativos por aquí y por allá en el campo, sin sangre, ni entrañas saliéndose, ninguna de las cosas que verías realmente en un campo de batalla.

Los Mogoles[2] tenían maravillosas pinturas. Hacían libros conmemorativos después de grandes batallas, que en ocasiones mostraban las matanzas, las batallas, las armas, los soldados, la caballería, los cadáveres y todo estaría bellamente pintado y y sería muy decorativo y jamás tendrías la sensación de que en realidad, hubo sudor y pelea y muerte en todo esto. Y cuando terminaban las guerras, por supuesto, llegaban las Artes en triunfo, para mostrar el lado ganador, para crear las estatuas, crear las pinturas, crear los monumentos que fijarían en la mente de las personas que su lado había ganado y el otro había perdido.

            Pero seamos justos con las Artes, porque no sólo se las ha usado para la propaganda, no sólo se las ha usado para llamar a la batalla o triunfar al final. También han sido muy buenas en mostrar las ambigüedades, creo[3], los muchos sentimientos confusos y las muchas situaciones de la guerra. Sólo daré un ejemplo de la que creo como una de las grandes obras de Shakespeare, y es Enrique V, y hay tres discursos distintos a los que me gustaría referirme. El primero es de Enrique V mismo mientras trata de exhortar a sus tropas a atacar el rodeado pueblo de Harfleur una vez más. Es un discurso famoso, probablemente lo conocen todos, y empieza: “Una vez más a la refriega, queridos amigos, una vez más o tapiar la empalizada (close the wall up) con nuestra inglesa muerte”[4] Y es uno de los discursos más alentadores y pueden ver que está exhortando a los hombres a pelear y muy probablemente a morir.

            Y entonces hay otro momento, más tarde en la obra, la noche de la batalla de Agincourt y Enrique V mismo va a través del campo de sus soldados escuchando lo que dicen. No saben que es el rey. Y un soldado común le dice, mientras hablan de la batalla por venir en la mañana, “Tengo miedo que haya unos pocos que mueran bien que mueran en batalla.[5]” Y luego la escena final —y está en la última parte de la obra—es cuando el Duque de Borgoña, el alguacil/condestable de Francia, habla de lo que la guerra le ha hecho a Francia y hace duelo por la desolación y la crueldad que la guerra ha traído a su país. Y sólo lo leeré, sólo un pedacito, porque creo que ilustra un poco de lo que le hace la guerra a los civiles y a la sociedad. “Y mientras nuestros viñedos, tierras de barbecho, pastizales y cercados; defectuosos en sus propias naturalezas, se vuelven salvajes. Incluso nuestras casas, nosotros mismos y los niños hemos perdido o no aprendido por falta de tiempo. Las ciencias que deberían volverse nuestro país, pero crecieron como salvajes —como lo soldados lo harán. Que nada hacen pero meditar en sangre[6]

También tenemos por supuesto a las Artes mostrando, como nos muestran las ambigüedades, la belleza como lo hizo A. Y. Jackson y Felix Vallottin también en su hermosa pintura Verdun, pero también en las Artes plásticas las Artes visuales muestran el horror de la guerra, y sólo quiero darles un par de ejemplos y serán capaces de pensar por sí mismos. Pero creo que una de las más gráficas y terroríficas representaciones del horror de la guerra son los desastres de Goya causados por la Guerrilla, la Guerra Pequeña como se la llamó, en la que los españoles lucharon contra los franceses en las guerras napoleónicas, y lo que muestra es el salvajismo de ambos lados. Él realmente no escoge un lado sobre el otro. Por ejemplo, en su terrorífica pintura Bestias salvajes, muestra mujeres, una con un bebé en el brazo, matando soldados franceses. En otro, titulado Bárbaros, muestra soldados franceses disparando a un monje atado a un árbol mientras otros soldados observan con indiferencia este espectáculo.

            Fotografía, cuando comenzó a hacer su aparición en el campo de batalla, se convirtió en el nuevo medio para transmitir algunos de los horrores de la guerra. En la guerra Civil de los EU, se hizo consciente a la gente, quizás por primera vez, de lo espantosa que puede ser la guerra. Es difícil comprender la guerra sí estás lejos de ella pero la fotografía puede hacerlo comprensible.

            En 1862, en la batalla de Antietam, que es creo el más sangriento día de la guerra civil, se tomó una fotografía famosa —bueno un número de ellas—pero se tomó una muy famosa de los cuerpos de los muertos caídos tras la batalla, y literalmente llegaban hasta el horizonte; no puedes ver dónde terminan estas batallas.

            La batalla del Somme. Se hizo una película de la Batalla del Somme en 1916, que recreo —de hecho casi toda en Hyde Park—como fue la guerra de trincheras, pero de hecho sí mostró algo de lo que fue, y algo así como un cuarto de la población total del Reino Unido la vio en las primeras seis semanas de exhibición y se horrorizó por lo que vio. Y una de las razones por las que la opinión americana o gran parte de la opinión americana se volvió contra la guerra de Vietnam fue porque la guerra se televisó y llegó al hogar de muchas personas y pudieron observar lo que sucedía.

            La primera guerra mundial, las autoridades trataron de controlar lo que era visto y los pintores intentaron resistirse y lo fotógrafos intentaron resistirlo. Una de las cosas curiosas que creo sobre la Primera Guerra Mundial —y pienso que más que una especie de predicción es una coincidencia, pero es difícil pensar que no lo es—era que los artistas en Europa estaban desarrollando estilos que concordaban perfectamente con los despedazados campos de batalla incluso antes de que la guerra estallara. El cubismo, futurismo, expresionismo, todos estos estilos nuevos que estaban experimentando las personas eran espantosamente aptas para lo que estaba a punto de suceder en Europa y lo que estaba a punto de sucederle a los soldados europeos y lo estaba por sucederle a los campos de batalla europeos. Y algunas de las pinturas permanecen con nosotros yo creo que para perseguirnos. John Singer Sargent, pintor de sociedad, hombre reconocido por sus hermosos retratos, fue persuadido de ir a los campos de batalla en 1918. Trabajó allí con acuarelas y más tarde fue y pintó una de sus más famosas pinturas llamada Gaseados, y era simplemente de aquéllos soldados que habían sido gaseados y que estaban alineados —muchos de ellos ciegos por supuesto—para ser tratados.

Un número de pintores se metió en problemas por hacer esto. El pintor alemán Otto Dix pintó una terrorífica y gráfica pintura —ya no podemos verla, desafortunadamente —de cuerpos descomponiéndose después de la batalla llamada La Trinchera. Los nazis despreciaron la pintura. Lo denunciaron como un degenerado y cuando llegaron al poder, quemaron la pintura. La guerra ha sido frecuentemente rechazada por las Artes —y por supuesto podemos pensar en un número de ejemplos pero quiero mirar a una de las más famosas pinturas del siglo XX por un momento y esa, por supuesto es la pintura que Picasso hizo de la Guernica[7]. Abril de 1937, un pequeño pueblo en el país Vasco, importante para los vascos porque allí había un árbol sagrado donde frecuentemente se reunían en sus concilios. Era un símbolo de la independencia vasca o al menos, de la autonomía vasca, famosa en su historia. Tenía 7,000 habitantes, este pequeño pueblo. No tenía ninguna importancia militar. Y la fuerza aérea alemana, en una de las primeras ocasiones en las que se bombardeaban civiles desde el aire, dejó caer 45,359 kilogramos (100, 000 libras) de explosivos en Guernica. Mil quinientas personas murieron, una parte importante de la población. El general Franco, el líder fascista español, declaró más tarde que los vascos lo habían volado ellos mismos. A Picasso ya se le había encargado una pintura mural para el pabellón español en la Feria Mundial de París y encontró entonces el tema. Había estado dudando que pintar y pintó esta obra realmente rápido. Y se ha convertido en una de las más memorables del siglo XX. Muestra el caos. Muestra caballos y personas volando en pedazos y gritando. Hay una mujer con un niño muerto. Es importante de varias maneras, parcialmente porque muestra el impacto de la guerra en los civiles en el siglo XX.

CONTINUARA…


[1]Dazzled ships en el original. Se refiere al camuflaje disruptivo (dazzle camouflage) atribuido al británico Norman Wilkinson y que consistía en pintar los barcos con patrones a rayas en color contrastante para lograr el efecto que menciona McMillan. Los he llamado así porque era una lata llamarlos barcos con camuflaje disruptivo.

[2] Según mi Merriam Webster: Indio musulmán de o descendiente de uno de los varios grupos conquistadores de mongoles, turcos o de origen persa. Traducido del inglés, mi Larousse en español considera la palabra como sinónimo de mongol; pero creo que se diferencian tanto por la religión como por el arte.

[3] La profesora MacMillan tiende a decir: “también esto, creo”. Lo obviaré un poco de vez en cuando por razones de dolor de muñecas y porque desluce el efecto en general de sus ideas.

[4] “Otra vez a la brecha, queridos amigos, otra vez, o tapen la muralla con nuestros muertos ingleses.” Traducción de 4 dramas históricos en la edición de André Jaume. Versión de Elvio E. Gandolfo. Mi traducción se da por contexto de lo que dice la Profesora y por desgracia por partida doble no he leído la obra ni soy experta en el inglés de Shakespeare.

[5] “Me temo que pocos de los que mueren en batalla mueren bien” Traducción de 4 dramas históricos en la edición de André Jaume. Versión de Elvio E. Gandolfo.

[6] “Y todas nuestras viñas, barbechos, prados y setos, defectuosos en su naturaleza, vuelven a ser páramos. También nuestras familias, nuestros hijos y nosotros mismos hemos perdido, o no aprendemos por falta de tiempo, las ciencias que convendrían a nuestro país;

en cambio crecemos como salvajes (como los soldados que no meditan en otra cosa que la sangre)” Traducción de 4 dramas históricos en la edición de André Jaume. Versión de Elvio E. Gandolfo. Cabe aclarar que la profesora o confunde al Duque de Borgoña con el Condestable/alguacil de Agincourt o que, existe algún error en la traducción de Gandolfo/la edición. Me costó mucho mirar de arriba abajo y casi leer la obra para encontrar el pasaje y eso que estaba frente a mis narices. De cualquier manera, es asombroso que se lo sepa de memoria.

[7] Vean los documentales de Simon Shama de la BBC El poder del arte. Explican muy bien cómo es que la pintura logra representar esto y es bastante digerible.

Martes de reflexiones atrasadas: conceal don’t feel p3

Acaba de ocurrírseme algo…
¿Y si la regla “muestra, no digas”  está relacionada con esta idea de Harari en que los sentimientos del hombre no contaban hasta poco después del siglo XVII? Y de ahí salió la dichosa regla y no al revés, porque como no contaban no se decían sino que se describía lo que hacía el personaje sin tomar en cuenta que era resultado de lo que sentía. Mmm… ¿Cómo saberlo?

El atractivo fatal de la guerra

Ignoro cuántas películas al año se filman con la guerra como tema principal o de trasfondo. También ignoro cuánto dinero recaudan. Y por encima de todo, ignoro que otro tema se podría usar como sustituto.

¿Qué es lo que sé, entonces?

Que se trata del tema más recurrente[1]. Que se la menciona o se gira alrededor suyo; en una variedad de novelas, videojuegos y películas sin importar el género. Incluidos los cómics y las galletas de animalitos… no eso no (eso ya es locura mía). Simplemente; Tolkien menciona los bravos y valientes guerreros de Gondor  (quizás una mención a la religión pues estos guerreros pelean contra el mal), Guerra y Paz gira alrededor de la conquista de Moscú y la carne de cañón, Hiroshima mon amour ocurre en una Hiroshima post-bomba con una heroína francesa que ha tenido un amante alemán, Mujercitas hace un aparte y narra nos lleva a la angustia de no saber quién volverá del frente. Películas como Dunquerque, Midway, La hora más oscura. Los juegos de video como Halo y Gears of War[2].

Y que, definitivamente no soy ninguna experta. Por lo que les dejo esta traducción de un grupo de conferencias Reith de la BBC del 2018. En ella, la Profesora Margaret MacMillan, historiadora, relaciona la guerra con el arte. ¿Cómo se crea belleza del horror y el absurdo? ¿Por qué nos fascina?
Recuerden, las traducciones aparecen segmentadas. Para esta ocasión he dudado si incluir la presentación y/o la sección de preguntas…aparecen las dos. Esta ha sido, hasta ahora, la traducción que más me ha puesto a prueba. Espero haber estado a la altura de las circunstancias. Y si no, favor de reclamar en el buzón de quejas para que sea procesada como corresponde, con burocracia.


CONFERENCIA 5: LA ATRACCIÓN FATAL DE LA GUERRA

APLAUSO DE LA AUDIENCIA

ANITA ANAND: Bienvenidos a la quinta y última Conferencia Reith por la historiadora Canadiense, la Profesora Margaret McMillan.

Esta es, definitivamente, una ocasión de regreso a casa para Margaret y vaya lugar para concluir (la serie de conferencias). Estamos en el arquitectónicamente apabullante Museo Canadiense de la Guerra en Ottawa y aquí, en esta enorme Galería LeBreton estamos rodeados por tanques en un lugar a rebosar de armas desde el siglo XVIII hasta el día de hoy. De hecho hay un avión de guerra suspendido ominosamente sobre nuestras cabezas.

Aquí yace una de las grandes paradojas de la guerra y cómo nos sentimos sobre ella porque, no les mentiré, es excitante estar aquí, rodeados de todos estos objetos, incluso a pesar de que sabemos son armas diseñadas y posiblemente usadas para matar personas.

La Profesora Margaret MacMillan ha llamado a su serie de conferencias La marca de Caín. El asesinato de Abel por Caín fue, según la biblia, tanto el primer homicidio como la primera ocasión en la que los humanos han escrito sobre el asesinato.

En esta charla Margaret McMillan dirigirá nuestra atención a las siguientes preguntas: ¿cómo representamos el conflicto? ¿Cómo lidia el arte con la guerra? ¿Podemos realmente crear belleza del horror y la muerte? Y ¿cómo recordamos realmente la guerra y aquéllos que mueren por esta causa?

Esta conferencia se titula La fatal atracción de la guerra (War’s Fatal Attraction). Por favor, den la bienvenida a la conferencista de las Conferencias Reith del 2018: Profesora Margaret MacMillan.

LA AUDIENCIA APLAUDE

MARGARET MCMILLAN:

Muchas gracias y merci bien (muchas gracias…[3]). Je suis bien hereuse d’etre ici (Muy contenta de estar aquí). Es maravilloso estar en casa y estar con tantos amigos y tantos compatriotas, y muchas gracias a todos por estar aquí, es un gran placer.

En abril de 1918, A. Y. Jackson, el gran artista canadiense, escribió: ‘Fui con Augustus John una noche a ver un ataque con gas que hicimos sobre las líneas alemanas. Era un maravilloso espectáculo de fuegos artificiales con nuestras nubes de gas y las llamaradas alemanas y cohetes de todos los colores.’ Y entonces pintó la escena que forma parte de la colección aquí del Museo de la Guerra llamada Ataque de gas, Lievin 1918. Muchos de ustedes ya la han visto. Es una pintura sombría con un trasfondo muy oscuro, la tierra devastada, pero a la distancia manchones de luz verde y rosa, surgen de lo que parecen estrellas y largas nubes azul-verdosas. Es un trabajo hermoso y es acerca de uno de los más mortales tipos de ataques que tuvieron lugar en la Primera Guerra Mundial.

Este es un lugar muy apropiado para hablar acerca de cómo lidiamos con la guerra en las Artes, como la saboreamos y la imaginamos, como intentamos y la sobrellevamos, como los artistas van y tratan con ella; y es también un lugar muy apropiado pies parte de lo que hacemos con la guerra es conmemorarla —juzgamos y la recordamos, juzgamos y enseñamos acerca de ella. Así un museo es tanto un lugar para coleccionar los artefactos de guerra, los productos de la guerra, pero también dónde juzgarla y darle sentido, juzgarla y conmemorarla.

De lo que he estado hablando en estas conferencias es de la complicada relación que tiene la guerra con la sociedad humana, de las formas en las que la guerra se mezcla con la historia y el desarrollo de la sociedad humana y nuestros propios sentimientos bastante confusos sobre la guerra — sentimientos de horror y atracción por ella a la vez. Y hoy quiero mirar particularmente como es que las Artes tratan con esa fascinación y horror y como juzgamos y asimos a través del Arte la complejidad de la guerra y como la juzgamos y la conmemoramos. Y por supuesto aquéllos en el Arte y las Artes mismas responden a la guerra, pero también moldean nuestras actitudes, nos ayudan a conceptualizar la guerra, nos ayudan a recordar la guerra y en ocasiones, nos ayudan a oponernos a la guerra. Cuando se piensa en la Literatura de guerra que fue resultado de la Primera Guerra Mundial o de la literatura, las canciones, las películas consecuencia de la guerra de Vietnam, aquéllas tuvieron una parte importante en dar forma a las reacciones que tuvimos y entonces y desde entonces hacia la guerra. Y esta es una paradoja, creo, los objetos de gran belleza que pueden obtenerse de este intento de tratar con la guerra, pero sólo tenemos que pensar en cosas como el Requiem de la Guerra de Benjamis Britten o la gran novela Guerra y paz o la maravillosa estatua que pueden mirar en el Louvre: La victoria alada de Samotracia.

Es curioso, creo, que no todas las guerras producen el mismo nivel de compromiso artístico. La Primera Guerra Mundial produjo literatura más grande, mejor poesía, mucho mayor cuestionamiento del significado de la guerra que la Segunda Guerra Mundial, y eso podría ser porque la Segunda Guerra Mundial, al menos para aquéllos de nosotros del lado aliado, era mucho más claro: era una guerra que sentíamos que debía ser peleada; mientras que la Primera Guerra Mundial, más y más llegamos a pensar que era una guerra que no debió ser peleada. Y esa es la razón, creo, por la que un buen número de escritura artística y películas y fotografías y la razón que creo por la que mucho se obtuvo de la guerra de Vietnam; que fue una guerra que muchos americanos y otros alrededor del mundo empezaron a pensar que era una guerra que no era necesaria y empezaron a preguntarse porque se había peleado. Así que quiero mirar algunas de las razones, razones particulares por las que los artistas tratan de la guerra y porque apreciamos lo que intentan hacer. Una de las razones, creo, es la catarsis —simplemente juzgar y sacar fuera los sentimientos que tenemos sobre la guerra; tanto si hemos peleado o simplemente la observamos o la hemos sufrido, al descubierto. Hay algo sobre la guerra que viola las normas sociales y sentimos de alguna forma que la guerra es algo que corrompe.

En La Eneida, cuando Eneas persuade finalmente a su padre de abandonar Troya, le pide al viejo que lleve las cosas más sagradas que poseen, los símbolos de la religión de sus dioses y su padre se rehúsa al principio a llevarlas y Eneas discute con él y dice: “Padre” —y cito—“toma en brazos los emblemas sagrados de nuestros dioses patrio. Para mí, fresco de la fiera batalla y la matanza reciente, sería un pecado manipularlos hasta que me haya lavado con agua en movimiento” Y creo que eso es parte de lo que las Artes pueden hacer, es ese acto de catarsis.

Una mujer soviética que fue asistente médico de la Segunda Guerra Mundial dijo una vez:“En la guerra tu alma envejece.” Homero fue visto por los griegos como un doctor del alma y así pienso que es una parte importante de lo que las Artes pueden hacer.

Creo que lo que las Artes pueden hacer, particularmente, quizás durante la guerra, es actuar como gesto de desafío y de esperanza. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, los prisioneros de guerra organizaron obras teatrales y conciertos. Oliver Messiaen, el gran compositor francés, por ejemplo, fue hecho prisionero alemán en 1940 y se halló a sí mismo en la compañía de tres músicos profesionales —un clarinete, un violinista y un chelista—en su prisión en Alemania, y el mismo tocó el piano. Se las arregló para obtener algo de papel y un lápiz de un amistoso guardia alemán y encontraron, asombrosamente, algunos viejos y destartalados instrumentos y escribió un cuarteto al que llamo ó un cuarteto al que llamo El cuarteto del fin de los tiempos. Basado en el Libro de las revelaciones,  en ocho partes y fue tocado por primera vez en el patio del campo y bajo la lluvia el 15 de Enero de 1941. Más tarde recordó: “Nunca se me escuchó con tan absorta atención y comprensión.”

La octava y última parte del cuarteto se titula Elegí a la inmortalidad de Jesús, y de nuevo en palabras de Messiaen, y creo que es valiosos citarlas aquí, “Está especialmente enfocado al segundo aspecto de Jesús, Jesús el hombre, la palabra hecha carne, levantado de entre los muertos para nuestra comunicación de su vida. Es todo amor. Asciende lentamente, el extremo agudo de la ascensión del hombre a su dios, del hijo e dios al padre, el ser hecho divino hacia el paraíso.” Y así actuando, creo, como un gesto de desafío, actuando como catarsis, pero también pienso que las Artes pueden ayudar en darle sentido al misterio de la guerra porque es una actividad misteriosa. ¿Cómo pueden los seres humanos organizarse de esta manera? ¿Cómo pueden soportar lo que soportan en la guerra y cómo pueden, por supuesto, cometer tales horrores frecuentemente?

Tim O’Brien, quien es uno de los grandes escritores (en mi opinión) de la guerra americana en Vietnam dijo: “para el soldado común, al menos, la guerra tiene la textura, el sentimiento espiritual de una enorme niebla fantasmal, densa y permanente” Y empero, seguimos intentando hacer esa apuesta. Seguimos intentando dar voces a los soldados, muchos de los cuáles no se podrían darse voces a sí mismos por supuesto, especialmente antes de la época en que la que muchos soldados eran letrados. En los viejos días sólo los oficiales podían leer y escribir, pero hemos intentado recobrar las experiencias de esos soldados, escuchando las canciones de soldados, escuchando la poesía que se escribió sobre ellos, intentando obtener todas sus voces.

Ahora, las Artes han jugado otros tipos de rol en la guerra: han glorificado por supuesto la guerra y han sido empleadas por la guerra; las Artes han ayudado a preparar a jóvenes hombres para luchar, y ha sido de forma general que son los jóvenes los que parten. Si se piensa en las novelas de G.A. Henty, quien literalmente escribió docenas de novelas antes de la Primera Guerra Mundial sobre heroicos hombres jóvenes que salían a luchar, y los escribió consciente de mentalizarlos para ir y pelear por el Rey, por la Reina, por el Imperio Británico; uno piensa en esas escuelas públicas de chicos o escuelas privadas como se las llamaría aquí en Canadá, quienes recibieron una educación clásica, que leyeron a Homero, La Ilíada, La Odisea, La Eneida. Educaciones clásicas que creyeron que las guerras a punto de librarse serían como esas. Quiénes fueron a la Primera Guerra Mundial con la idea de estos actos heroicos de los héroes clásicos en sus mentes y que por supuesto, encontrarían algo muy distinto cuando llegaron allí.

Y siempre ha habido por supuesto, un elemento teatral en la guerra, el uso de medios para juzgar e intimidar y aterrorizar a los oponentes. En la India; los varios reyes de la India tenían en alta estima a los elefantes en los días anteriores a la formación del imperio británico, pues los elefantes eran terroríficos. Quiero decir, no solían ser muy buenos en guerra —eran muy grandes, si eran heridos eso podía ser una verdadera lata; consumían una cantidad enorme de comida —pero el elefante estaba allí para  desconcertar e infundir el terror. Y creo que por supuesto las palabras “desconcierto” e “infundir terror” con las que somos familiares desde la reciente invasión y ocupación de Irak. Y a través de los siglos las personas han hecho máquinas de guerra, han usado la caballería para intimidar a sus oponentes.

Frecuentemente también en la guerra, puedes ver algunas de las mismas maniobras y la disciplina que se necesita en las Artes, la danza, el teatro. En Mesoamérica, de hecho muchas de las batallas que tomaban lugar entre los diferentes estados de las Américas, sólo tomarían lugar en los tiempos establecidos en el calendario y frecuentemente en América Central y en México; peleaban vistiendo ropa muy elaborada. Establecían las reglas de batalla antes de que empezaran y establecían cuando éstas batallas terminarían. Estaban coreografiadas en un sentido.

CONTINUARA…


[1] Por no olvidar que esta pandemia es una guerra. Una guerra contra el virus, contra nuestras propias costumbres (tocarnos la cara constantemente, saludar de beso, movernos incesantemente de un sitio a otro). Y contra sus consecuencias económicas, sociales y educativas. Contra nuestros propios deseos.

[2] Dan podría hablar de esto mejor que yo.

[3] Mi francés alcanza para decir oui et merde.

Sin título

Gracias.

A AnCheJippi[1] que no lee este blog pero que salva mi sentido de la importancia con una palabra o publicación oportuna en FB. Porque está ahí y escucha.

Por buscar en diversos medios las mejores formas y métodos para educar niños. Ella es admirable. Es el mejor ejemplo que tengo de porque la educación es importante en una mujer. Sin importar lo que quiera hacer en la vida. Podrá ejercer “tan solo[2]” la carrera de mamá —que es en sí misma algo muy serio e importante y muy poco reconocido hoy día— pero es que con ella me toca decir que es amante, niña, madre, pecadora, santa, perra, nada entre medio y sin ninguna vergüenza. Y la quiero.

Porque no puedo regresar su belleza nombrándola como simple mención aparte.

GRACIAS


[1] Alguna vez tuvo un correo de Hotmail que se parece a esto y no digo nombres porque intentamos proteger a los particulares de las miradas indiscretas.

[2] Ese “tan solo” pertenece a los que ven la nieve en el tejado del vecino.

Escena 1 toma 2

Me parece que por una vez no odiaré esa costumbre tan suya y burocrática del diccionario de mandarte de aquí para allá en tu búsqueda del saber sin que logre aclararte realmente nada.

Hecho heroico. Esto me da una pista, del mismo modo que Yuval Noah Harari nos lo ha dicho: sólo los actos de los reyes son importantes. Los acontecimientos narrativos nacieron con el acto heroico. Salvar a la doncella. Decapitar al dragón. El acto como una división artificial nació después, cuando poco a poco se permeó la idea[1] de que los actos dignos de contarse no eran sólo los de los reyes o dioses. Aún con eso, lo cotidiano no es heroico. Al menos no hasta que conlleva sobrevivir de modo extraordinario a un evento incitador que interrumpe la vida de TODOS LOS DÍAS.

Y si juntamos acto heroico con “conjunto de decorados” me parece que vamos acorralando poco a poco lo que es una escena. Incluso si al final terminamos con un trozo arrancado de piel porque la bestia se ha escapado.

Al provenir (parece obvio aunque quizás no lo sea, la evolución es un asunto que involucra muchas cosas que estaban pero ya no y no hay restos sin descontar que la evolución no es lineal) del teatro; podemos afirmar que las limitaciones físicas que circunscriben una obra a ocurrir en un lugar o el menor número posible de lugares (presupuesto y movilidad), reducen nuestra subdivisión a un espacio único. Por lo tanto, una escena sucede en un sólo lugar y el cambio de escenario nos da en automático un cambio de escena o el comienzo de una; donde los más importante es este cambio físico de lugar. No descarto que haya escenas que suceden dentro de dos espacios físicos a pesar de que deben ser muy difíciles de lograr; porque eso rompe con la continuidad temporal.

Aunque esto no sucede limitado al espacio físico. El lugar también puede situarse en estados mentales o emocionales. Como una visión del futuro, una llamada telefónica, un monólogo o una alucinación esquizofrénica. Una visión se interrumpe y cambiamos de escena, la llamada telefónica da lugar a otra y la alucinación empieza a involucrar otros aspectos. Es decir, interrupción y cambio de <<lugar>> o de <<la continuidad espacio-tiempo>>.

Sumemos a esto el “suceso considerado como un espectáculo digno de atención“. Entonces tenemos que hay actividades, de la vida diaria  o no, que nos importan. Nos importan porque nos dicen cosas. Son como una carta o una publicación de Facebook, excepto porque no aparece sólo lo bueno, el exterior rosita-fresita. No, incluye las cloacas de la mente. Los rincones oscuros y los prados de cielos azules. Por supuesto…sólo cuando es importante[2]. Hasta aquí. Mi cerebro corre a toda prisa y en segundo plano la aplicación “Debo terminar de traducir ese cuento y mandarlo a Dell magazine magazine para que me rechacen otra vez” junto con “Debo terminar esa maldita cosa roja”[3] o “Quiero terminar de traducir las próximas tres entradas pero necesito encontrar la traducción al español de Henry V”. Así la cosas, debo poner punto final. Hasta el próximo desvarío.


[1] ¿Podríamos decir que tanto Shakespeare y Cervantes comenzaron a filtrar la idea en Las dos alegres comadres y El ingenioso hidalgo…?

[2] El qué o el cómo se vuelve importante es como una jugada política. Parece casual pero no lo es. Repercute.

[3] Novela estúpida, alguno de estos lunes les pondré una probadita.

Standing/De pie

Hoy, hoy estoy triste. Y me apetece ahogarme un poco en melancolía. Cuando lo hago, suelo hacerlo indistintamente en un idioma o el otro; lo que me deja un tanto cercada porque Cropo no lee en inglés y entonces no puede criticar a gusto…y él es implacable. Eso quiero, lectores implacables; con todo y berrinche del lunes 22 de junio.

Añado la traducción y aclaro: creo que los poemas pierden su gracia cuando se los traduce literalmente. Aunque probablemente no la hayan tenido desde el principio. Advertidos quedan pues, si no gustan.

Sparkling dew drops,
Around her ponds of blue eyes.
The wind of her sadness,
Stilled by hope.
Quivering.

Brillante rocío,
Alrededor de ambos,
Azules estanques mirando.
Su dolor soplaba,
Brisa domada con esperanza,
Temblorosa