Clasificaciones para quebrarse la cabeza en dos partes

(Según Sarah Domet en “90 days to your novel”  y que me hacen querer claudicar. De hecho si no claudico es porque tengo el talento de ser obstinada y cuando alguien me dice que no…)

A grandes rasgos existen dos tipos de escena narrativa: interna y externa.

Las internas se caracterizan porque mucho de lo que pasa en el día, pasa en nuestras cabezas. Las discusiones entre todos los yo existentes, lo que pensamos de las cortinas de la vecina o lo mucho que nos agradó ver el magnífico derriere del vecino o vecina que lava el coche en domingo…

Al contrario, las externas se refieren a todos los encuentros casuales de nuestro personaje con personajes menores. Si compra pan o va al gimnasio entonces saluda a la asistente de mostrador o se despide del recepcionista con un movimiento de cabeza. Una especie de interacción que le permite enlazarse con el mundo exterior y, que de acuerdo con Domet; en caso de faltar, hace de la historia algo aburrido…

Si recuerdo bien, Teresa (de “La insoportable levedad del ser”) no tiene mucha interacción que digamos con otros personajes. Mucho menos la niña de “El amante de la China del Norte”. Aunque quizás por eso,  estas historias son LITERATURA y no resultan tan populares como Agatha Christie. Para Sarah Domet[1], las buenas novelas están pobladas de estas relaciones casuales en formas y arreglos distintos. Lo que nos lleva a Miss Marple; Miss Marple siempre está recordando lo que dijo o hizo este o aquel tipo y habla con toooodo el mundo. Así que algo de razón debe de tener. Pocas personas se sustraen a la emoción de resolver un acertijo de Chritie.

Hay un webtoon en particular donde ver este juego de escena interna/externa de una forma particularmente divertida y encantadora: Yumi’s cells de Donggeon Lee. Los pensamientos del personaje principal, Yumi; son actuados en escena por la célula del amor, del hambre, emocional, la de las buenas manera, la racional, histeria, traviesa. Todo lo que pasa por su cabeza es un juego de interacción entre estos mini-personajes. Por lo que, al menos en este caso, las escenas externas muestran a Yumi como una entidad que engloba lo que sucede fuera; ya sea sola o con otros personajes. Me parece que es un buen ejemplo porque es un webtoon y está a medio camino entre el guión y la novela. A Ronald B. Tobias (el de las “20 master plots”) le gusta usar películas en sus ejemplos (además de libros) porque lleva menos tiempo VER de qué demonios está hablando. Aunque quizás haga falta un medio con recursos distintos —dónde verlo y leerlo; pues en el cine (no digo que sea más fácil escribir para cine)  cuentas con imágenes que se mueven y en las novelas sólo te puedes fiar de las palabras. Un mismo problema con herramientas diferentes.

OTROS TIPOS DE ESCENAS:

¡Peligro! Aquí  veo aproximarse el barco del cliché en la escena de ambientación

La brisa fresca y el cielo azul cuando nuestro personaje está de buenas y la tormenta cuando las cosas van mal.

 Claro, es impensable que un buen autor no las pueda arreglar para ambientar. Y, como dice el anfitrión de Esto es ópera cuando habla de Turandot: “no siempre el cliché es malo”. El cliché puede ambientar rápidamente logrando una identificación sin mayores explicaciones:

La mañana brillaba al sol, le sonrió a su imagen en el espejo.

También puede ayudar; aportándonos un poco de direccionalidad a la hora de buscar nuestra propia ambientación. En Yumi’s Cells; Donggeon Lee utiliza  a una banda de rock llamada “Endorfinas”  para ejemplificar lo bien que se siente Yumi en determinadas circunstancias.

Camilleri —mi escritor fetiche—dice abiertamente algo como esto: el cielo tronaba y Montalbano, que cambiaba de humor según el clima, estaba que echaba chispas. Y nosotros echamos chispas con el comisario.

Explicadas hasta el cansancio en Conceal don’t feel 1 y su secuela. Las escenas emocionales. Oh, vaya ¿es una lata ir a leerlas? De acuerdo[2]; para Domet resulta imprescindible explicar con sensaciones físicas las emociones para darle sabor al caldo. Yo creo que te las puedes brincar diciendo como se siente el personaje en corto, si lo que importa es la acción. Por supuesto, son de lo más importante si el cuento es un romance. O, en las tramas de venganza y de cenicienta donde resulta imprescindible darle emoción al asunto.

CONTINUARÁ…


[1] Usa como ejemplo a Charles Dickens que poblaba sus novelas con docenas de personajes “insignificantes pero divertidos de conocer”. ¿Algún experto en Dickens por ahí? Yo solo he leído Christmas Carol y no fue de mis favoritos, por lo tanto no recuerdo mucho.

[2] Cómo detesto las escenas de recuerdos en los doramas, son demasiado largas y no aportan nada a lo que ya viste. Resultan repetitivas si ya viste el episodio. Si no, te ahorran el ir a verlo…

Conceal don’t feel no. 2

Desde la entrada sobre la emoción y cómo no decirla (recuerden, sólo mostrarla, no decirla y eso fue humor negro), han pasado unas cuantas páginas de Homo Deus de Yuval Noah Harari  (también de Las dos torres de Tolkien, que aunque no lo crean no había leído). Y en ellas he encontrado un resumen interesante y lógico del cambio social y su reflejo en la forma de la expresión literaria.

Es como leer a Joseph Campbell pero con una perspectiva histórica en vez de psicológica, en pocos párrafos. Además de estar relacionada con la entrada anterior (Conceal don’t feel) al hablar de los sentimientos, las ideas dominantes y la forma en la que se representan en la literatura o los medios. La realidad es que, no podría decirlo mejor (no soy tan buena escribiendo) pero lo intentaré y añadiré un comentario/crítica.

Harari habla del humanismo como de una religión. Para él, las religiones no necesariamente requieren de un dios, sino de una serie de postulados que creemos y entendemos como especie y que nos guían a través del mundo en una especie de cartilla filosófica moral.  De tal suerte que el humanismo comienza sus dogmas  de fe con el valor de la vida humana como centro. La religión cristiana (desde la ortodoxa hasta la protestante y new age) ponen a dios en el centro del universo y nos convierte en meros recipientes de una voluntad externa. Para este tipo de concepción del mundo, los sentimientos humanos NO son preponderantes.

El humanismo (algunas personas o muchas lo mezclan con residuos de creencias en dios) ve la vida humana como una serie de experiencias. Por eso el arte y el turismo se concentran en vendernos experiencias: la ruta Otomí, el impacto de las cataratas del Niágara…la búsqueda del cambio a través de la experiencia humana. Vaya, este hombre habla de la trama de búsqueda como producto del humanismo.

¿Cito un poquito? Si, citaré un poquito.


“De forma parecida, mientras que la mayoría de las narraciones pre-modernas se centraban en acontecimientos y actos externos, las novelas, las películas y los poemas modernos suelen girar alrededor de sentimientos.
Las epopeyas grecorromanas y las aventuras caballerescas medievales eran catálogos de hazañas heroicas, no de sentimientos. Un capítulo contaba cómo el valiente caballero luchaba contra un ogro monstruoso y lo mataba. En otro capítulo se relataba cómo el caballero rescataba a una hermosa princesa presa por un dragón que escupía fuego y lo mataba. Un tercer capítulo narraba cómo un malvado hechicero secuestraba a la princesa y cómo el caballero perseguía al hechicero y lo mataba. No sorprendía que el héroe fuera invariablemente un caballero, en lugar de un carpintero o un campesino, porque los campesinos no realizaban hazañas heroicas.
De manera significativa, los héroes nunca experimentaban ningún proceso importante de cambio interno. Aquiles, Arturo, Roldán y Lanzarote eran guerreros intrépidos que ya tenían una visión caballeresca del mundo antes de que emprendieran sus aventuras, y seguían siendo guerreros intrépidos con la misma concepción del mundo al final. Todos los ogros que mataron y todas las princesas que rescataron confirmaron su coraje y perseverancia, pero en último término les enseñaron pocas cosas.
Que el foco humanista se centrara en los sentimientos y las experiencias, en lugar de en las hazañas, transformó el arte. A Wordsworth, a Dostoievski, a Dickens y a Zola les importaban poco los valientes caballeros y sus proezas, y en cambio describieron cómo se sentía la gente corriente y las amas de casa”

 Después de este párrafo ejemplifica como Survivor (nunca he visto el programa, así que tendré que creerle) en vez de ofrecernos batallas sangrientas, combates encarnizados a muerte con un solo vencedor; al gusto del patricio medieval o del espectador grecorromano, nos ofrece cinco minutos de desafíos de educación física para preescolares y montones de charlas analizando lo que otros dijeron y los sentimientos resultantes.

Parece lógico y resulta fascinante porque es cierto que la literatura cambió.  Como resultado del cambio de ideas en la mente de montones de seres humanos. Y como bien sabemos, los editores y los escritores solían estar en las líneas de avanzada; con las antenas puestas para ser capaces de imaginar el mundo. Aunque…si, hay un ligero pero…(diría Hamm, la hucha-cerdito, peros, peros, peros)

La historia griega de Jason y el vellocino de oro, con todo y sus acciones heroicas como corresponde a una historia homérica, también habla de sentimientos. Escondidos, claro, bajo la regla “muestra, no expliques/digas”.

Al fin y al cabo, Jason empieza la búsqueda del vellocino como el ingenuo muchacho que visita al usurpador, pidiéndole que le devuelva el trono. Muchacho que se convierte en un astuto rey (durante su viaje) que reconoce no le regresarán el trono usurpado por las buenas. Tendrá que ser Cabrera y asesinar al rey y los súbditos con la cabeza de la Gorgona Medusa o de lo contrario, el será el asesinado. Es decir, no terminó tal como empezó. Un caballero con ideas caballerescas. Porque empezó un caballero con ideas caballerescas y terminó un caballero con ideas prácticas.

¿Y qué pasó con los sentimientos? Pues que, durante las múltiples ocasiones en las que este cuento fue contado; fue adquiriendo esa belleza de los vidrios pulidos por el mar, libre de asperezas o bordes filosos. Es decir, los sentimientos se volvieron invisibles, más no inexistentes. Al fin y al cabo, lo que sí dio un giro, fue la forma de presentar las cosas.

Harari no se enreda con las sutilezas de construcción de una trama —después de todo es historiador y su libro no trata de convencernos de cómo escribir una historia.  Aquí lo valioso es que la forma que se le da a la historia resulta inherente al estilo y la conducción mental de la época. Un personaje no puede decir aquello en lo que no podría creer. Ende, Jason no puede abrir la boca para decir que se siente agobiado.  Se siente agobiado pero no lo dice.

Es como dice Hillary Mantel en Adaptation; puede usar un lenguaje moderno pero no expresar lo que no cree o no sería lógico que creyera. Una trampa que podría llevarnos a la incongruencia histórica. Siempre y cuando el lector sepa algo de historia. Cuando no, nos lo tragamos enterito como yo con Hannibal, el origen del mal.

Sin embargo, pensándolo bien…¿cuándo escribió Shakespeare Otelo?  A bien, seguro antes que Wordsworth y Dickens si no puedo precisar el año o el siglo. Claro que Otelo no era ningún ombre común o ama de casa pero ya entonces se reconocían los celos…

Luego, está Sancho Panza; que no es un personaje principal pero que, no es ningún caballero o rey —lo siento…no puedo recordar que hacía Sancho (haré la confesión más horrible de todas las confesiones horribles y quizás esto tenga que ver con mi incapacidad de terminar una novela; no he leído completo El Quijote y para cómo va la cosa no lo haré, no le hallé el gusto) —y que es retratado por Cervantes con sus intereses y preocupaciones a pesar de ello.

Probablemente se deba a esta cualidad del autor que, al estar en sintonía no sólo con su imaginación; sino con las ideas más avanzadas, comienza de alguna forma a influir en los pensadores importantes. Que en algún momento deben de leer novelas. O coleccionar ukiyo-e.

¡Quién sabe? ¿Y tú, piensas que nombrar los sentimientos es una cualidad humana de hace siglos o comenzó con el humanismo?

Comenten…comenten…comenten…no poseo la verdad universal y si creen que estoy siendo ofensiva o no los convence mi argumentación es bueno que nos confrontemos para que haya más ideas. O si no, comenten para que no me sienta sola…sniff sniff, lagrimitas de coco.

Me gusta el color azul y soy niña

Cómo preámbulo a esta frase creo que necesito explicar dos cosas: una, mi sobrino está en edad preescolar y dos; comprendo que de alguna forma se les tiene que enseñar a los pequeños qué baño les corresponde. En México, los baños públicos para adultos siguen separados por la polaridad hombre-mujer o mujer-hombre.[1]

Con esta información empiezan las chorradas de hoy.

Jugando con mi sobrino (no recuerdo exactamente qué pasaba ni por qué salió (mi mente es a cada segundo que pasa un caos más revuelto, se me empiezan a ocurrir cosas en desorden), expresé que me gustaba el azul. Él, inmediatamente replicó:

—Pero tú eres niña, te gusta el rosa

—No, a mi me gusta más el color azul

—A las niñas les gusta el rosa y a los niños el azul

—Pues soy niña y a mí, no me gusta el rosa —contestó mi contestatario y rebelde afán de llevar la contraria (y que tiene confianza en que mi sobrino me rebatirá con igual espíritu contradictorio); porque la verdad, si me gusta el rosa…no todas las tonalidades.

Odio con fervor el rosa pastel con el que tejen las chambritas para bebé – – y también el azul del mismo tono. Sin embargo, si me dan a elegir, preferiré el azul al rosa desde el medianoche más profundo hasta el azul turquesa más brillante, cítrico y chillón.

Desde entonces, he observado la amplia gama de colores presentes en los juguetes para niños y la pobreza de tonalidades en los juguetes de niña. Pues, así sea una patineta, una bicicleta o ¡un arco! (Katniss logró lo que Mérida de Valiente no pudo, dar variedad a las actividades de riesgo femeninas); éstos suelen ser invariablemente, rosas. De cuando en cuando y con suerte, puede uno encontrar el morado.

Claro que ésta ausencia de opciones se revierte de forma extraordinaria en la edad adulta. Los hombres no suelen tener acceso a prendas tan coloridas como las femeninas y el eterno blanco y negro es el parangón de la elegancia del buen vestir masculino. Pasando por el azul marino y el gris.

Sólo los gays se permitían variar su guardarropa con esa fantasía policromática del espíritu libre de prejuicios. 

Y  con toda la libertad de elección de colores que hacemos gala en el vestido (y los zapatos), seguimos haciendo uso del rosa como estandarte en las campañas comerciales o sociales que implican mujeres. Hay un shampoo con una campaña televisiva para Argentina con el “poder rosa” como eslogan y el cáncer de seno se identifica con un lazo rosa perla.

¿En qué momento se vestirán los bebés de rosa y/o azul con independencia de su sexo?
Supongo que cuando hayamos abandonado el machismo interior del código de colores dónde se necesitan diferencias entre uno y otro.

Claro que este tipo de cosas son más un acuerdo tácito para volver el mundo más comprensible y fácil de catalogar que un elemento machista subconsciente. Porque hasta a mi (que lo estuve pensando) se me haría un poquito (de acuerdo, un algo) raro; un bebé niño con ropa en rosa o vestidos. La mantita puede ser de cualquier color. ¿La ropa? No sé. También me causa conflicto no ser capaz de definir al mundo en polaridades, le ahorran a uno situaciones complejas…hasta que recuerdo que preferiría una navaja Suiza de regalo a un anillo de diamantes o una bolsa de marca. Y la variedad de Pantones en los objetos.


[1] ¿Siguen separados en los recintos escolares y se unifican para los adultos ó se han vuelto uno para todos en todas partes; en otros países? —comenten y no me dejen con la duda… Google no es tan bueno respondiendo estas preguntas

Conceal don’t feel

Cuando escribimos/dibujamos cómics o diseñamos pasamos al extremo opuesto. Amplificamos, exageramos y magnificamos nuestras emociones, todo lo contrario de lo que expresa el título. El objetivo: lograr una reacción. Conseguir que la audiencia/target se emocione y odie, ame, le entre hambre.

Eh, para, para, para. ¿No se supone que ibas a hablar de la máxima: “muestra, no expliques o digas”?

Oh…Si, estaba a punto de olvidarlo.

¿Recuerdan que ya les había dicho, sean perspicaces cuando lean manuales? En “90 days to your novel”, en concreto en el capítulo sobre los tipos de escenas, Sarah Domet lo vuelve a mencionar… sólo que ella nos aclara:

“He aquí una regla general para tratar con emociones en la ficción: Nunca menciones explícitamente la emoción. No escribas ‘Estaba triste’ o ‘se sentía feliz’. Estoy segura que has escuchado la regla: Muestra, no digas (don’t tell). A los lectores no les gusta que les digan como leer una escena,  en cambio a los lectores les gusta relacionarse con las emociones a través de sensaciones físicas. Si usas una escena emocional para revelar la ira de Kevin porque han robado en su bar, Milton’s, no escribas ‘Kevin estaba furioso’. En vez de eso, muéstralo: ‘Las manos de Kevin se cerraron en puños que se tornaron rojos y más tarde, blancos. Su cara se sentía caliente, como una tetera a punto de explotar con la presión del vapor. Se mordió el interior de las mejillas y probó la sangre, cálida y metálica’ “

Pero, ¿es esto cierto?

No del todo. Supongo que Sarah Domet no había leído a Camilleri. Y eso no es ninguna sorpresa. Un escritor, diseñador o dibujante tiene menos y menos tiempo para leer y ver por placer que por trabajo. Poco a poco el tiempo para refrescar nuestras  ideas se reduce. Dando por descontado que ya hubiera Montalbano en el 2010. Así que no la juzgaremos por ello.
Sin embargo, no creeré a pie juntillas la máxima. Y cito, de Muerte en mar abierto de (así es)  Andrea Camilleri, 2014:

“Livia, fascinada por aquella noche tranquila y clara, quiso esperar a que el barco correo estuviera en mar abierto para marcharse”.

Y que conste que no lo usa sólo con Livia, aunque también de vez en vez, Montalbano relincha de alegría como aconseja Domet.

De este fragmento obtenemos algo, la máxima es más que nada, sólo una regla general y no una regla de oro. Después de todo, las reglas están allí hasta que alguien más llega y las rompe. Por lo pronto, podemos hacer lo que podemos hacer y buscamos hacer.

NO TE LO CREO

Escribir como estilo de vida

No te lo creo

En teoría, un personaje es válido por la identificación que sentimos hacia él o ella. No necesita ser apabullante en su belleza.

¿En serio?

No te lo creo.

En primer lugar porque tanto el cine como la televisión y los cómics funcionan con imágenes. Y nos sentimos atraídos hacia la belleza más que al talento. Por desgracia y desearíamos que no fuera así, tratamos de convencernos que no.

En segunda, porque más y más, hemos convertido a la belleza en un requisito, no en un elemento inherente a la persona.

¿Y cuál es el origen de esta reflexión sobre la belleza física en cómics, películas, series, novelas?

Simple. Un comentario acerca de un personaje de webtoon.

Como trasfondo, déjenme explicar un poco la historia. No toda porque no es imprescindible. Tampoco el nombre del webtoon, que tiene sus méritos, pero no generó por si mismo todo este rollo.

El comentario tiene como eje central al personaje, digamos…Mirna; quien tiene problemas con su aspecto (es gordita y eso no es despectivo, yo también tengo grasa superflua) y traumas debido a una falsa amistad de un estatus económico superior al suyo,  que la traicionó; por lo que intriga para que otros niños acosen o aíslen al personaje femenino principal: Diana.

 En otras palabras, el autor quiso incluir una razón para comprender el origen de su animadversión hacia Diana y hacer la historia menos unilateral en este juego del cambio de puntos de vista. Aunque creo que no lo logró…como verán después.

Diana es perfecta. Tiene dinero, es talentosa, bella (diría un pelado: tiene más curvas que la carretera con cara de muñeca) y además; ¿hay más?, un amor de persona sin fallas de debilidad en su personalidad que la lleven a hacer tonterías o gemir de miedo.

Zip, zero. Las fallas son por completo ajenas a ella. A mí me bastaría esto para odiarla…porque nadie es perfecto y porque como personaje no sabría qué hacer con ella (les dije que tenía sus méritos el webtoon).

Además de Diana, está Ron, su amigo. Con un físico impresionante para alguien de quince años: pectorales de gimnasio, abdomen de six-pack, ojos verdes enormes, cabello rubio, inocente como un pollito bebé.

Aclaro, ambos son así debido a que han sido modificados en un laboratorio, no nacieron así. Hasta aquí el decorado alrededor del comentario.

Pasando ahora sí, al relleno de la empanada. En su comentario, esta persona anónima; odia al personaje Mirna porque ella (la persona del comentario) ha aprendido a quererse a sí misma y no le parece que el aspecto físico sea determinante en absoluto para odiar a otros. Ni sus talentos o desahogo económico. Mirna no merece ninguna compasión, es una ****…

Eh…eh…un momento. Rebobinen. Algo no cuadra, como dice mi comisario favorito. Cuando nos identificamos con un personaje es porque:

  1. Se parece a nosotros (los ojos, el cabello despeinado, tiene un gato o un perro, va al psiquiatra).
  2. Tiene un problema que nosotros tenemos y deseamos superar (amamos al personaje) o nos resulta insoportable (lo odiamos). Genera una emoción, ergo nos engancha en la historia.
  3. Hace cosas que no podemos hacer como James Bond, Superman…Cersi (ser malo y disfrutarlo sin problemas de consciencia). Lo admiramos o envidiamos secretamente.

Supongamos por un minuto que Mirna es realmente despreciable. Y con esto termina este relleno:

 ¿Por qué razón leer un webtoon en el que los personajes principales son perfectos (no casi, perfectos) si te aceptas tal cómo eres? ¿La mera emoción de la acción? ¿Saber el origen o resultado de la modificación en el laboratorio?

Es posible. Quizás el webtoon es mucho mejor de lo que yo podría darle crédito[1].
Sin embargo, justo después de leer este comentario como dije antes… algo no cuadraba.
¿Responden ustedes también con la frase del título o, soy la única? Podría ser.



[1] Yo admito tener cierto nivel de insatisfacción con este puerquecito que me lleva a leer historias así de cuando en cuando; en una especie de tiovivo de reinfección en el que leo, me siento insatisfecha, necesito una dosis de belleza, satisfago mi necesidad de realidad virtual y vuelta a empezar. A lo mejor por eso el comentario tenía un tufillo raro, porque era mi propia consciencia. Por otra parte, no a todos nos gustan las mismas cosas.

Cree

Escribir como estilo de vida

¿Y ahora se supone que debo convertirme a otra religión?
Si… algo así.


A la tuya. Cree en lo que escribes. Lo suficiente como para que a la mitad del proceso no pienses “esto es una mierda”.

Porque seguramente lo será. Al principio. Y  tendrás que pelear con una historia hasta terminarla para que salga la mierda. Entonces la dejarás allí, abonando hasta que esté lista para que la pongas entre las calabazas, los pepinos y los jitomates. Cuando den fruto tus plantitas, tendrás una buena historia. Lo que es seguro se va a tardar un rato. Paciencia. El que abandona pierde.

¿No me crees?
Les dejo este cuento. Fue rechazado. Algunos de ustedes reconocerán en seguida el estilo. La historia que se derivó de éste. Y notarán como se convirtió en abono para una planta aún más bella. Dejen su comentario para ver si adivinan.  Pista: fue publicado en mayo de 1963 en Fantasy and Science Fiction y fue traducido directamente (no sé por quién pero si estoy segura que no fui yo…si lo saben comenten para darle crédito porque sólo se necesita leer para saber el autor del cuento…)


Crean. Celebren sus pequeños logros. Hagan un esfuerzo por desafiarse a sí mismos. Y suscríbanse. Creamos los unos en los otros.

Tres es el número mágico

Escribir como estilo de vida

No sólo es un número de primera —o primo. Es el más grande y el más pequeño de la narrativa de ficción. Porque, de acuerdo con Joseph Campbell, es el número máximo de intentos que puede un héroe acometer la empresa. Podrá fallar las dos primeras pero deberá salir airoso la tercera… o perderemos la atención del lector. Quién no nos tolerará fallos más allá de éste número. Es constante en los cuentos de hadas; dónde podemos comprobar la teoría de Campbell.

Tres veces se le pregunta a la reina por un crimen imaginario. En dos no abre la boca para defenderse. Al tercero, a punto de ser quemada por bruja, llegan los jóvenes príncipes encantados en cisnes y todos son rescatados. O así por el estilo.

Es la unidad más pequeña de actos en los que se dividirá una historia. Ya antes de Aristóteles, los diversos autores de tragedias y comedias  —algunos ahora anónimos — habían descubierto el tres como número ideal de actos. O mínimo, para lograr nuestra satisfacción.


Y,  a pesar de ello, debe permanecer oculto. No debe nombrarse en ningún momento para enumerar los fallos del personaje. Tampoco debe notarse en el transcurso de nuestra historia con una clara división. Sólo los autores deben saber en qué lugar se esconde.

Además del mínimo de actos, representa el número más apropiado de personajes principales: personaje principal, compinche-patiño-ayudante-interés amoroso y antagonista-villano. O de compañeros, como en El mago de Oz: Espantapájaros, León y Hombre de hojalata.


Bajo estas circunstancias, el número tres parece un “abracadabra” o “ábrete sésamo” que nos da acceso a la magia. ¿No creen?  Casi. Así de cerca.
¿Y tú, conoces otro número mágico?  Cuéntanos.

Epistolar

Debo confesar que nací demasiado tarde en un mundo donde la escritura epistolar ya no se practica. Ni se lee. Ya nadie lee mensajes mayores a tres renglones. A lo más le das like. Y uno de mis sueños dementes es tener un amigo por correspondencia en un idioma que no sea el español…más que nada por la emoción de tener una carta que cruzó el océano en un idioma que no es el mío. Así que escribo cartas cortas para los amigos de siempre. Este texto es parte de una de esas cartas. Esta muy editado porque todavía no escribía tanto como ahora y algunas partes estaban mal redactadas y/o no venían al caso.

De si una persona debería hacer comentarios contra la corriente social

Recientemente, en Febrero creo, adquirí –después de ahorrar casi todo un año- un sitio de internet para tener un blog.

Pues, a causa de ello me puse a investigar un poco logos de escritores para sus blogs. No es que encontrara muchos y tampoco que buscara exhaustivamente. Menos que tenga uno en mente.

El caso es que me metí en la página de la buena señora J.K. Rowling y de otro individuo (Chuck Wending, que me hace mucha gracia lo que escribe sobre escribir). Entre una cosa y otra, me enteré de los comentarios desafortunados que hace la escritora en Twitter.

En especial de uno de seguimiento a un comentario muy sonado. El comentario de origen es anti uso de los baños femeninos por chicas que antes eran hombres (personas trans-género) y como eso creaba algo así como precedentes legales. No lo recuerdo bien pues no es de mi agrado y tampoco viene al caso más información que el hecho de proceder de una fiscal en Londres.

La fiscal perdió su trabajo. Se inició un juicio para que le regresaran su empleo pues un comentario no era causa legal de despido – contraviene la libertad de expresión. Rowling se sumó al comentario añadiendo algo como que el sexo es real. El comentario de Rowling causó revuelo, mucho más que el de la fiscal.

De todo esto sale una pequeña duda: ¿es ilegal hacer comentarios sólo porque son anti LG….no sé que más (¿por qué los individuos no pueden ser simplemente individuos y no hashtags o etiquetas?), racistas, machistas, etc. Digo, no me gustan y son molestos. Equivalen a decir que uno posee la tolerancia de un totalitarista. Por otra parte, habrían tenido que investigar si sus ideas la volvían totalmente parcial. Lo que no es un crimen terrible si no era juez y sólo defendía a las personas con esta clase de ideas. Alguien tiene que defender a los del otro lado también.

Lo que quiero que reflexionen es esto: en 1930 era ilegal ser gay porque la MAYORÍA de las personas pensaba que era pecaminoso y no se podían hacer comentarios al respecto. Falta de libertad de expresión. Si, si, además de un conservadurismo cabezota y esencialmente ignorante pero falta de libertad de expresión en primer lugar. No poder decir libremente ”soy gay” sin que te metan a la cárcel o te bañen con agua helada en esos sitios cristianos de rehabilitación…

Por eso, creo que las personas no deberían perder sus empleos por decir algo. Porque esa es la libertad de expresión. Poder decir las cosas aunque no sea lo que el resto de la gente piense, no sea políticamente correcto, vaya contra la comunidad educada; porque de esa manera, siempre se puede mejorar. Mandándolos a la goma con sus comentarios a la hora de comer. Con buenos argumentos o, nuestro desprecio. No despidiéndolas. ¿O sí? Igual eso necesitan.

Claro que entonces se deriva otro problema: ¿pueden los líderes o influencers hacer comentarios como se les dé la gana? ¿Quién decide que comentario es válido y quién no?

Digo…Mein Kampf se sigue vendiendo. El buen Hitler sigue susurrándole a montones de blanquitos (estoy siendo despectiva con un grupo racial, ¿es válido?) que ellos son superiores.

Luego, un problemón más filosófico que éste.

Últimamente, J.K. Rowling ha sido duramente criticada por este y, otros comentarios similares…además de la falta de personajes de otras orientaciones sexuales y/o que no sean caucásicos como personajes principales.

Hoy día, la mayoría de las personas piensa que un escritor debe ser inclusivo con otras razas (¿acaso los chinos son akitas de orejas pequeñas y los afroamericanos-afroeuropeos-afroaustralianos labradores?-creía que los humanos son todos casi igualitos), incluir personajes de la comunidad LGBT+ añadidos aunque sólo conozcas a una o dos personas que batean de todo –curvas y rectas- y de esas dos personas le hablas bien sólo a una y es un poco irresponsable meterte con cosas de las que no tienes idea.

De acuerdo, Investigamos. ¿Hacer una investigación tan super-exhaustiva que te tardaste cinco años en escribir un libro cuando el mercado exige que escribas por los menos tres…al año sólo para hacer más rico un mundo mágico?

Porque, al final del día, un escritor escribe acerca de lo que conoce.

¿Por qué carambas no puedo escribir lo que se me antoja y puedo?

Una vez hecho mi berrinche los invito a no ser tan categóricos con sus opiniones. Y a no decirlas en público…uno nunca sabe quién podría estarlos escuchando y les niegue un proyecto sólo por su opinión.

Ah y a esta ligera molestia se suma a una columna del periódico Milenio, aunque relacionada con un libro –recomendado por del club de lectura de Oprah y no escrito ni mencionado por Rowling, he pasado a otro asunto-que fue recomendado sin ser leído por: Salma Hayek, Yalitza Aparicio y otra mujer más que no recuerdo y es mexicana también.

El libro causó escándalo entre otras cosas por: hablar del martirio y sufrimiento de un migrante. ¿Y eso que tiene de raro?

En principio por ser extraordinariamente descriptivo al grado de ser tan gráfico que lo han llamado “tortura porn”. En otras palabras, que podría resultar excitante para algunas personas a las que les gusta ver o pagar por torturar a otras.

Que me resulta dudoso pues no lo he leído (por eso no recuerdo el título, se agradecería la colaboración que me ilustre) pero sé de la existencia de un libro de Víctor Hugo que describe: como una banda de maleantes sustraía niños de sus familias; les causaban deformidades físicas para ganar dinero con ellos al obligarlos a mendigar en las calles de tal suerte que los pequeños no regresaban a casa. Que yo sepa, nadie ha llamado “torture porn”  este libro….Gracias Google, el libro se llama “El hombre que ríe”.

Coincido en que hay cosas que es mejor no escribir porque son realmente horribles. Como la llegada del ejército ruso a las provincias de Polonia y Alemania durante la segunda guerra mundial. Y si pensaban que eran amables y liberaban a la población, piénsenselo otra vez porque si las mujeres sobrevivían no era con el mejor de los recuerdos.

Retomando el escándalo, en segunda; el libro causó revuelo porque lo escribió una mujer….gringa[1]. Como resultado, la acusan de plagiarse escenas de otros libros (de hombres migrantes) y de no hacer una investigación exhaustiva.

¿Alguien le pidió una investigación exhaustiva a Guillermo Arriaga por “Hellboy: el ejército dorado”  (los gemelos elfo que no pertenecen al imaginario mexicano)

¿Es que Katzenbach es judío sobreviviente a la Shoah para escribir La sombra?

¿Desde cuándo no puedo usar a un vampiro como personaje principal de un libro sólo porque no nací en Inglaterra, Hungría o Gringolandia? ¿O por qué mi investigación no incluyo todos los aspectos del vampirismo y las necesidades sociales básicas de mi país además de las tradiciones orales propias de Transilvania (es un decir)?


[1] Nada contra esta nacionalidad pero llamarlos americanos equivaldría a que Rusia decidiera cambiar de nombre a “Europa” e italianos, españoles y franceses tuvieran que llamar a sus habitantes “europeos”. ¡Imagínenselo! Hasta donde yo sé, mi país está geográficamente situado en América del Norte. De ahí mi desconcierto y negativa a llamarlos “americanos” Por lo demás me parecen personas muy simpáticas (casi todos…en todas partes hay gente desagradable)

Buscando el cambio

De las 20 tramas maestras que menciona Ronald B. Tobias en “20 Master plots”  la de búsqueda ocupa el primer lugar. Quizás porque las tramas de búsqueda suelen estar entre las historias más populares, pues representan la experiencia humana profunda que nos cambia la vida.
Robert McKee la menciona también… aunque de lo que él diga no les puedo contar porque todavía no he leído esa sección (sólo eché un vistazo). Estoy atorada con su descripción a minutos de dónde introducir tramas secundarias para alargar felizmente el segundo acto sin que se vuelva aburrido (en realidad no es tan complicado pero en cuanto alguien introduce números para explicar algo…)


Cómo el nombre lo dice, la trama de búsqueda implica un objeto, una persona o un lugar que se busca o persigue. Y aquí es dónde se pone algo complicado pues, cualquiera podría nombrar “Dragon Ball” o “Indiana Jones en busca del Arca perdida” como ejemplo con esta etiqueta y esta descripción.

Sin embargo, resulta que a Dragon Ball le falta un ingrediente. Goku jamás deja de tener interés por las peleas. Incluso, ¡sigue siendo el mismo inocente que puede subir a la nube voladora después de casarse con Milk y tener hijos! * No cambia. Si acaso, Vegeta es el personaje con más cambio. De príncipe destructor se convierte en padre y marido preocupón, en una especie de subtrama corta.


Indiana no deja de ser en ningún momento, en cualquiera de las películas con este personaje, el aventurero vale conventos (¿de qué están llenos los conventos? diría Cici —una amiga) que se lanza a buscar el tesoro. Tanto en Indiana Jones como Dragón Ball, el personaje es más como un vehículo de transporte que nos lleva de aquí para allá que el punto focal o el objeto del conflicto.
Hace falta el cambio interno. Una transformación en la mentalidad, el alma (si desean llamarlo así), la personalidad. El personaje no termina su viaje igualito a cómo lo empezó. Tanto si logra su objetivo o no, sufrirá una transformación interna.

Es una trama de la mente, un forda. A pesar de y usando toda la acción física posible para representar la búsqueda. Los dos ejemplos que he dado anteriormente son forza, tramas físicas.En ellas el personaje es únicamente como un auto en el que subimos para ir de paseo. No se trata de personajes que sufran el cambio, al lograr o no encontrar su objeto-persona-lugar.


En el libro, Tobias menciona a Jasón y su búsqueda del vellocino de oro como ejemplo. Sin embargo, ya que mi mejor ejemplo de lo que NO es una historia de búsqueda es un título de manga, probablemente sería bueno seguir en la misma línea. Y, el título que usaré como ejemplo es lo suficientemente bueno como para competir contra una novela en profundidad (claro que ésta es una opinión y ustedes pueden disentir y comentar lo contrario —sería interesante). Aquellos que aspiran a dibujar cómic pueden ver más fácilmente de que hablo…mientras que para los que no han leído manga y/o sólo conocen el anime promedio, este puede ser un encuentro cercano del tercer tipo para maravillarse. Espero.


Tomemos Sekine’s love de Kawachi Haruka. En éste manga, el personaje principal es un hombre con un problema de depresión tan grave que no logra ni siquiera enterarse porque su vida es tan miserable —a pesar de su éxito en términos dictados por la sociedad alrededor suyo. Una pregunta hecha durante un goukon —una cita a ciegas en grupo, dispara su búsqueda por una actividad en la que sumergirse (Robert McKee llama este tipo de evento “el detonante” mientras que otros lo llaman plantear el conflicto). Lo que lo lleva a una tienda de manualidades. Empieza a tejer. Como un maniático. Y recuerda, a cada proyecto terminado; imágenes en desorden de situaciones que le causan incomodidad. Teje motivos más y más complicados, enfrentándose a mayores complejidades emocionales. Al final, deja de ser el individuo que deja todo sin aclaraciones, del que se aprovechan los demás, el de antes de este paso por el país de las agujas y las madejas.

Otros ejemplos del libro de Tobías son: Las uvas de la ira, Psicosis, Don Quijote y El Mago de Oz. Para los que no deseen adentrarse en el mundo del manga. Creo que podría incluirse Penélope con Cristina Ricci o El castillo vagabundo de Howl de Diana Wynne Jones.

Esta es la trama de búsqueda.
Un cambio interno.
Un viaje (físico o imaginario o simbólico) para conseguir algo que se desea (para el escritor el objeto no tiene la más pequeña importancia, sólo es importante para el personaje principal) por lo que podemos saltar de la Ceca a la Meca.
Y el cambio que se logra al obtener o no, este deseo. El personaje aprende algo de sí mismo, algo del mundo, se vuelve sabio. Envejece.

¿Cuál es tu historia favorita con trama de búsqueda?

*Para ser veraz, no he visto Dragón Ball completa,  o siquiera la he leído. Hasta ahora no ha captado mi interés pese a las múltiples reposiciones en televisión abierta en México; aunque, no dudo de su calidad pues se ha mantenido popular —Hitcotch era a la vez popular y autor. Lo que afirmo lo hago desde los pocos episodios salteados que he visto. Es posible que esté metiendo la pata. ¿Algún experto de Dragón Ball por ahí que comente y me anime a leer?