Ademanes fortuitos

Palabras no. 32

En cada uno,

en cada barrio,

hay seres que se humillan y viven su existencia;

a quiénes bastan miradas verdaderas de amor no compartido.

Dulces palabras y están convencidos,

ademanes fortuitos de pertenencia,

coqueteos de prueba para sobrevivir a base de despojos tiernos de miseria.

Una dicha tejida de meras y sabrosas,

relampagueantes trolas.

C.L. Clark: cinco cosas que aprendí escribiendo The Unbroken p4 y última

Escribir como estilo de vida

4. Si lo haces bien, escribir es empatizar


Es un acto radical en el que se aprende a escuchar y entender a otros. [Si, está repetido tal cual en el original, tal vez para reafirmar la idea] Y es un acto que aquellos más  privilegiados rara vez se ven compelidos a hacer[1].

 5. Aprendí que el Sahara es realmente frío de noche.
Muy frío.

Cherae se graduó de la Universidad de Indiana en escritura creativa de la Maestría en Bellas Artes. Ha Sido entrenadora personal, maestra de inglés, editora y alguna otra combinación mientras viaja por el mundo. Cuando no está escribiendo o trabajando, aprende idiomas, haciendo noventa mil cosas o leyendo sobre la guerra y la historia [post] colonial. Si ficción corta ha aparecido en Beneath Ceaseless Skies, FIYAH, PodCastle y Uncanny.
The Unbroken: Indiebound | Bookshop | Powells | B&N | Amazon

Este artículo apareció en terribleminds el 25 de marzo del 2021 a las 9:09 am | URL: https://wp.me/pv7MR-a7t


[1] Pero tal vez forma parte de este trabajo. Ningún escritor bueno es incapaz de empatizar, empatizar nos lleva a oler los calcetines de los demás y saber, saber que se siente.  

C.L. Clark: cinco cosas que aprendí escribiendo The Unbroken p3

Escribir como estilo de vida

Llegué a hablar con marroquíes y algerinos (al menos parcialmente; hubo mucho titubeo de mi parte) en sus propios términos, en sus idiomas de elección, acerca de vivir en un país post–colonial. Y a pesar de haber tenido una buena educación, estaba en una desventaja tremenda en cuanto a mi comprensión de la historia del mundo árabe hablante.

Eso significó investigar más.

Replantearme mis propias creencias —¿cuál es la diferencia entre Israel y Palestina? preguntaría un niño americano ignorante —bueno, he aquí un periodista palestino. ¿Que hay de los franceses? Bueno, he aquí a los miserables del mundo. Mientras más investigas, mejor comprendes las situaciones complejas.Y mientras más comprendes estas complejas situaciones, mejor puedes ayudar a aquellos trabajando en mejorarlas.

Si lo haces bien, aprender un idioma es empatizar. Es un acto radical en el que se aprende a escuchar y entender a otros. Lo que ya es difícil de por sí. Y es un acto que los angloparlantes nativos rara vez se ven compelidos a hacer.

Inserción promocional

Sí, está entrada es un promocional insertado para anunciar que Big Choma ya se animó a subir un webtoon. Y la verdad es que está que hace que muera de envidia porque está genial —también me da orgullo porque es mi cuate, rival y colega (todo eso junto) ¡Por Big Choma!

No, no se me olvida incluir el link. Aquí abajo:

https://www.webtoons.com/es/challenge/carro%C3%B1a/list?title_no=589379

C.L. Clark: cinco cosas que aprendí escribiendo The Unbroken p2

Escribir como estilo de vida

Mientras mejor hablaba árabe, podía hablar con más personas. Al hablar con más personas, más historias me contaban. Más que una combinación de sílabas y ritmos, un idioma es un conjunto de relatos y estos relatos son Historias.

Un idioma es la comida, las tradiciones y las religiones. El idioma correcto, incluso el acento correcto, equivale a poder y privilegios. Inició amistades de por vida y creó momentos de entendimiento mutuo. Y del mismo modo que aprender cada vez más y más francés me expuso al regazo de la rutilante reputación de una nación chic Europea; aprender árabe le dio matices al estereotipo (en su peor expresión) de la imagen homogénea e incompleta (en el mejor caso) del mundo árabe hablante al que estaba expuesta por los medios de comunicación  europeos y americanos.

C.L. Clark: cinco cosas que aprendí escribiendo The Unbroken p1

Escribir como estilo de vida

En una fantasía epica como ninguna otra, dos mujeres chocan en un mundo lleno de rebelión, espionaje y poderío militar en las lejanas fronteras de un imperio desierto en ruinas.
Touraine es soldado. Robada de niña y educada para matar y morir por el imperio, su única lealtad es para con sus compañeros conscriptos. Pero ahora, su compañía la ha enviado de vuelta a su tierra natal para detener una rebelión, y los lazos de sangre podrían ser aún más fuertes de lo que ella creía.
Luca necesita un renegado. Alguien lo suficientemente desesperado para bailar de puntillas sobre el filo de la bayoneta entre cumplir órdenes y acuchillar por la espalda. Alguien que pueda incitar a los rebeldes hacia la paz, mientras Luca se esfuerza en lo que de verdad importa: sacar a su tío fuera de su trono.
A través de asesinatos y masacres, tanto en recamaras como en la guerra, Touraine y Luca negociarán el precio de una nación. Solo que algunas cosas no están a la venta

[Promocional del libro incluído solo para que se den una idea y porque así se publica en el blog de Chuck Wendig]

1. Aprendí un idioma

La idea para The Unbroken salió cuando estaba estudiando francés en la universidad. Específicamente cuando estudiaba literatura francófona africana.

Los autores habían escrito sobre su experiencia con el colonialismo, incluyendo su experiencia de escribir en francés en vez de hacerlo en árabe. Que en ese momento deseaba aprender por razones de carrera y académicas como, obtener un diploma en estudios coloniales franceses.

Pero el árabe es difícil de adquirir por tu cuenta sin nada más que unos cuantos tutoriales de Google para dibujar letras. Unos cuantos años después de mis fallidos intentos de aprender solo, abandonando la idea de obtener un doctorado; me ví en mi último año de una Maestría en Bellas Artes en ficción con unos cuantos créditos extras que quemar y una novela que quería estudiar apropiadamente.

Lo intenté de nuevo. El árabe es un lenguaje hermoso, un idioma de poetas y artistas y de algunas de las canciones más bellas que haya escuchado nunca. Es tanto intuitivo como simple y tan complejo como las matemáticas.

Existen multitud de dialectos y la rotación en mi elección de maestros hicieron posible que tuviera contacto con todos ellos — obteniendo como resultado un acento extraño que se gana un montón de cachondeo cada vez que no hablo en árabe formal.

Aquí entro yo con las chorradas. Un consejo a la vez, lee, piensa, rebate, usa.

El poder del público y el boicot

A veces en México nos preguntamos si se puede hacer algo contra x. De que es posible, es posible. Lo que si ya es más difícil es lograr ese paso sencillito y carismático de lograr que más de un mexicano se ponga de acuerdo para que protestemos todos juntos de forma pacífica y en serio. Así, sin embrollos de te rompo la mandarina en gajos, mientras los de la retaguardia se ponen a grafitear estatuas, robar tiendas o todos juntitos decidimos no comprar la marca Tal.

¿Por qué si es posible? Porque los coreanos lo hacen. Se unen de tal forma que logran su independencia sin disparos (marcha del primero de marzo o sam-il), tienen las bancas de sus parques sin rayones o tumban un drama por su representación inexacta y tendenciosa de la historia —…no puedo verificar la fuente de dónde proviene parte de esta idea porque mi coreano alcanza para decir hola y adiós que son la misma palabra; pero este canal de TuTele se dedica con mucho éxito a dar noticias de los medios y idols coreanos en español y no creo que tenga tanto éxito nada más por hablar de Corea…bueno, tal vez.

En todo caso, esto son chorradas personales y están sujetas a ser inexactas y/o sufrir cambios de opinión —es sabio cambiar de opinión cuando descubres que la estás regando.

Lo que en parte creo que es posible porque no suelen usar el pronombre “yo” a la hora de hablar de algo sino 우리, “nosotros” “nuestro”, lo que los vuelve más sensibles a las necesidades de la comunidad, de todos.

Claro que, en ocasiones se pasan un poco con aquello de llamar al marido “nuestro marido” como si todas las señoras de la cuadra compartieran al mismo tipo pero…mexicanos al grito de guerra ¿qué les parece usar más seguido —que conste que no estoy diciendo que siempre;   “nuestro” “nosotros” para referirnos a aquello qué hace falta hacer o aquello que somos en vez de solo pensar en nosotros mismos?

Aprender de los demás no es malinchismo. Es tener opciones. O al menos eso dice Nuval Noah Harari…Pasto kalo (se feliz).

Eh, que dos adolescentes de trece años no pueden retener a un hipogrifo a la fuerza

Escribir como estilo de vida

Nope. Si yo tengo problemas sujetando a un lindo borreguito de tamaño borrego (no más pequeño y tal vez si un poquito más grande que un perro San Bernardo…) con la ayuda de mis 154 cm y 56.8 k de peso…un hipogrifo de esos mismos 154 cm a la cruz —suponiendo que la parte de caballo no fuera un pony o un Shire—arrastraría a dos chicos que combinados, no pesaran más de 80 a 90 kilos.

Y esto, aunque indudablemente es un error de la imaginación, comparada contra lo que yo experimenté aquella vez que termine con el trasero en el piso —era eso o que arrastrarán mi dignidad frontal unos cuantos metros o soltarlo y dejar que se comiera lo que no era asunto suyo; es uno de los riesgos que hay que tomar al escribir, diseñar o hacer cualquier cosa.

Al hacer… probablemente nos vamos a equivocar, seguro. Escribir es un hacer en el que uno de los riesgos de tener que usar la imaginación para suplir el conocimiento de primera mano (no se puede uno poner a hacer todo lo que se imagina…) nos pone en riesgo de afirmar que una bala abre una cerradura o un candado cuando en realidad, es más probable que rebote…¿Alguien ha disparado un arma alguna vez contra un candado?

Así que debemos asumir que alguien va a darse cuenta. Especialmente si han leído nuestra historia más de 3 veces. Debemos estar listos para eso. Hay que equivocarse para hacer cosas. Por eso hoy la entrada lleva el hashtag  #¡Mete la pata haciendo chorradas!

Se feliz.

Contaba lentejas

Palabras no.30

A la luz del cielo conservada,

en un frasco vacío de mermelada,

contrastaba bien el silencio oscuro de la cocina.

Que de mí,

quedaron huellas y sombras entre las leguminosas.

Y para hacer justo el pacto,

resguardadas por dragones fueron las memorias.

De este modo y sin pasado,

una fortaleza de palabras programadas para despertar el sueño.

Un sutil olvido del presente.

Después de horas de insomnio solemne.