Pedazos de tela

Un par de calcetas delatoras

¿Qué es una prenda? ¿Únicamente un producto? ¿O un objeto cuya relación con la historia, la cultura y la tecnología definen no solo al individuo sino también su temperamento y su interacción con otros?

Un elemento que revela de dónde venimos y a dónde vamos. No por nada, la fundación Voogle posee un sitio dedicado por entero a las prendas de vestir llamado “We wear culture”. Y seguramente,  por lo mismo,  existe un museo en Kyoto,  Japón. Donde admirar desde un corsé; símbolo de una época en que no sólo se apretujaban las carnes dentro de las costillas de ballena,  sino también el pensamiento y opinión femeninos; hasta ridículos artefactos de vestir modernos creados con piezas de madera. Extrañamente, japoneses.

Es decir, una prenda de vestir revela mucho más allá del material de confección. Revela filosofías de vida,  modelos económicos y estratos sociales.

Algo digno de aprender, del mismo modo que una cultura culinaria. Algo que se puede adaptar a la cultura propia del mismo modo que el jitomate se adaptó a la cocina italiana. Como el kimono de mezclilla o como los boleros inspirados en el traje de luces.  
Es,  en conjunto,  un elemento maravilloso.

4 de Agosto/Ejercicio creativo #1

Un lindo minino

Una vez más de la serie “Palabras”. Este fue resultado de un ejercicio creativo. Sí, algunos me quedan más o menos y otros…son malos. Espero que mi descaro al publicarlos no sea mucho. Si creen que es malo por favor, acepto críticas.

4 de Agosto/Ejercicio creativo #1

Meten los bigotes,

luego todo el bote.

Juegan a sablazos,

piratas de cartones.

Ensartan y pescan lo que sea se mueva.

¡Ah, señor desorden!

¿Y los guantes dónde?

¿Serán acaso,

esos dos mininos?

No,

están bajo un pila de libros.

¿Es una opinión? ¿Es un hecho? ¿Es superman?

Escribir como estilo de vida

Tú tienes una opinión (o muchas). Yo tengo opiniones. Tus vecinos opinan. Y esto no es un ejercicio de gramática, es un intento no muy serio de establecer qué es una opinión y que es un hecho.

Todo escritor necesita investigar y recabar información (y antes de que piensen que ya me olvidé de ustedes añado: diseñadores, dibujantes, ingenieros y maestros). En el transcurso de este proceso nos encontramos con que la información está procesada por personas y las personas tienen opiniones, es inevitable. Son personas. Tal vez hasta las computadoras tienen la suya. A Multivac le gustaba que le pidieran las cosas por favor en un cuento de Asimov.

Han leído una conferencia de Jonathan Sumption (¿debería pensar que tal vez no está en línea con el propósito del blog y no leyeron la traducción?). Han leído la sección de preguntas y respuestas. Han visto lo difícil que resulta que incluso —o tal vez por lo mismo— personas con educación y un título escuchen y analicen siguiendo el hilo de lo que están diciendo realmente y no lo que quieren escuchar según sus prejuicios. Lo que nos lleva a una pregunta fundamental para el proceso de escribir: ¿Cuándo deja de ser valiosa una opinión para volverse un mero zumbar de mosca?

Porque a un escritor/diseñador/ingeniero o maestro le interesa tener opiniones que valga la pena escuchar. Tal vez. Tal vez no. Tal vez sólo deseemos pelear menos con la esposa/amigo/el mundo por tonterías y discutir más inteligentemente con tal de que existan puntos de vista variados sin darnos de trancazos —físicos y virtuales (Twitter y FB son geniales para decir cosas de las que arrepentirse).

Con este propósito traduciré el punto no. 6 de una página web donde se resume un podcast de la BBC, en donde Douglas Alexander (con ayuda de terapistas de pareja) enseña a estar en desacuerdo —A Guide to Disagreeing Better[1]— y se titula

ENTENDIENDO LA DIFERENCIA ENTRE UN HECHO Y UNA OPINIÓN

Nuestras opiniones son perspectivas que deben ser probadas contra evidencia —no sólo armas que esgrimir contra nuestros oponentes.

Cathy, madre adoptiva, fue elegida al azar para la Asamblea Ciudadana que debatió las estrictas leyes de aborto irlandesas. [Ella confiesa que aceptó llevada por el deseo de unas vacaciones en el podcast, tiene 5 hijos]. Allí, se encontró con individuos de puntos de vista a años luz de los suyos, y un grupo de expertos seleccionado para ofrecer todos los datos relevantes.

“Lo más importante que aprendí es que mi opinión es sólo mi opinión”  dice Cathy.  “A menos que inviertas tiempo y esfuerzo en hacerla una opinión informada, entonces es sólo tú opinión y no vale la pena pelearse por ella”. Siempre busca evidencia real y experiencia antes de clavar tus talones [supongo que se refiere a la ya no tan popular imagen de un burro negándose a moverse y podríamos sustituir con un Wind…trabándose en alguna tarea].

Tener la voluntad de escuchar y tener la curiosidad. No tienes que cambiar de opinión. Sólo escuchar.

Aquí termina la traducción del consejo. Si, parece un tema al azar como tema de un blog donde se busca contestar a la terrible pregunta: ¿cómo escribir ficción? Pero es que creo que; si pretendemos convencer como ________________ —anoten su profesión— tenemos (fíjense bien he dicho tenemos, o sea que yo también) que aprender a escuchar y darnos cuenta donde comienza a meter su cuchara nuestro prejuicio o nuestra cabecita cuadrada para darle una patada en el trasero.

Cómo ya se habrán dado cuenta, me gustan los podcasts de la BBC (“no nos digas, no lo habíamos notado” es casi seguro que están pensando).  Pues hace unos meses o un año ya[2], estaba escuchando un debate titulado “Imagen” del programa “A 100 women”. Sí, exactamente, se debatió que tan importante resulta el atractivo físico en general para la vida diaria, el trabajo y el éxito —también se mencionó de pasada el manoseo de usuarias de transporte público por parte de individuos masculinos. Para no hacer largo el cuento, hubo un consenso general en que la belleza no era preponderante como arma para lograr el éxito, entre las asistentes jóvenes que tomaron la palabra.

Cómo parte del panel,  había una invitada no tan joven, con un Ph y una investigación en la mano —lo que no quiere decir que dijera la verdad “absoluta” sino que hay que escuchar con más atención porque no va a decirte una opinión sin respaldo o de plano su opinión no viene al caso porque esta allí para darte información pura y dura. En algún momento le dieron la palabra y explicó que [no puedo citar porque no soy buena transcribiendo y tampoco entendí muy bien su nombre y no quiero nombrar mal a esta persona, se acepta ayuda para arreglar este desperfecto] además de tener buenos modales y habilidades o cualificaciones; el mundo moderno iba a exigir más y más el atractivo físico; no sólo de las mujeres sino de las personas en general.

¿Pueden imaginar que pasó después? Pues que las chicas que habían tomado antes la palabra no la dejaron terminar de hablar. Porque NO estaba de acuerdo con su opinión. A pesar de que les estaba leyendo los resultados. En una palabra: datos. Los datos analizados puede que reflejen un punto de vista (el de aquel que los recaba o idea la prueba) pero rara vez tienen una opinión propia acerca se sí mismos. Las jóvenes no estaban “cancelando” una opinión, estaban cancelando su derecho a la información. Ellas sólitas. Así sin más. Sólo porque no estaban de acuerdo.

La presentadora[3], como buena presentadora de medios, rehuyo la polémica —bien lo dijo Sumption, la tirana democracia no admite matices ni contradicciones— y les dio la palabra a las chicas hasta que se acabó el tiempo, literalmente. ¿Qué piensan? ¿Es importante? ¿No lo es? ¿Es una opinión algo invaluable sólo porque es la opinión de uno y merece darse de moquetazos con el otro? ¿No es fantástico que otros tengan opiniones y aún así podamos encontrarnos con lo que tenemos en común? ¿No tiene nada que ver con escribir? Eso sí, búsquense con quien discutir civilizadamente. Alguien como Claudithe. O Nali.



[1] Que  me parece también importante para un escritor pues es información que nos ayuda a convencer y a mirar desde otro punto de vista pero que guardaré para otra entrada

[2] No llevo un diario, escribo cartas sin fecha

[3] A decir verdad, ésta es otra razón por la que me gusta la BBC, porque sé de qué pie cojean

El horror, el horror, el horror

Se levantó la bruma y el bosque hacía callar hasta el musgo, no se oían ni las hojas secas crujir bajo mis pasos. Me volví y pude verlo. El fin del mundo, una línea blanca que separaba el dibujo donde yo estaba de otro mundo. Un mundo afuera de la tinta que constituían mis brazos, piernas, manos, oídos, todo.

Hoy les traigo un cartón —no me gusta el nombre de meme y eran cartones en los periódicos (aunque fueran fotos) —así que prefiero ese nombre, el otro parece que vas a ser víctima del efecto  Carbonaro y eso no me agradaría nada— que público Di An en su muro de Caralibro, como le dice Big Choma. OJO: es una opinión personal que compartimos ella y yo. Lo que no quiere decir que los otros libros no resulten también fantásticos para otras personas,  después de todo; han hecho películas con ellos.

Además, no es la opinión lo que me impulsa a publicarlo sino la idea que vino después. Me hizo pensar en cómo la personalidad y el trabajo individual son tan dispares que un autor puede escribir páginas y páginas para lograr asustarnos (y disfrutamos el grimoire); mientras que otro con un simple cuentito nos hace pasar noches mirando debajo de la almohada o incluso, lavarla más seguido.

Ambos son referentes y maestros [a pesar de que uno de ellos ya se murió] de uno de mis géneros menos favoritos: el horror[1]. Curiosamente este género es el favorito indiscutible de muchos de mis amigos.

¡El horror es emocionante! Sí y no. El horror es un género donde se consigue el sobresalto a base de construir tensión. Y la tensión es muy difícil de lograr pues consiste en: ¡que no pase absolutamente nada sin que el lector se aburra!

Y hablo en serio. Pregúntense ¿qué sucede desde el inicio hasta el momento en que sucede el primer susto? ¿Hay un conflicto o mínimo de conflictos? ¿Hay una cierta pincelada en el aire de una expectativa?

En “La entrada” de Gerry Durrell, realmente no sucede nada hasta que Peter Letting entra en la mansión del tío de Gideon. Hasta entonces se presenta, introduce a Gideon, medio lo investiga, va a su casa. Todo es tan trivialmente normal. Excepto porque al investigarlo, otro personaje nos da la pista que nos hará preguntarnos qué tiene de “malvado” el tío de Gideon.

Hasta que nos meten al cuarto de los espejos y ya nada será igual. La realidad se ve distorsionada de tal manera que es necesario un trueque de tal magnitud para regresarla a su cauce normal que no volveremos a darla por sentado. Al menos hasta que algo más nos distraiga (la primera vez que lo leí le tuve miedo al espejo como dos meses).

Quiroga nos mantiene expectantes diciéndonos que la trágica heroína languidece en cama. ¿Han visto una garrapata? No son tan feas. Son como una alubia con patas en un extremo y tan chiquitas que no se les ve la mandíbula chupa-chups. Lo que las hace “espantosas”[2]  es que son tan duras que tuve que aplastarla con un martillo para matarla cuando se la quite a Evilio[3] y el resultado fue una masa estilo asfalto (parece que no había  comido). Eso nos da una idea de la maestría con la que Quiroga nos hace horrorizarnos con un animalito (repugnante sí) que ni es feroz ni es tan desconocido como “el horror” de Lovecraft[4].

A ustedes ¿les gusta el horror?


En realidad puedo contar con los dedos los cuentos (no novelas) de horror que me gustan: “El almohadón de plumas” y “La gallina degollada” de Horacio Quiroga, además de “La entrada” (comercial, ya estoy subiendo la versión leída a mi canal de YouTele) de Durrell.

[2] Vivo en una zona donde los vecinos traen sus vacas u ovejas a pastar así que no sería raro que se le pegara una a los perros

[3] Le he cambiado el nombre al perro para proteger su intimidad perruna, a las niñas gato también.

[4] No, Lovecraft con todo y regalo de Dan no llegó a conquistarme. Ni siquiera Poe con todo su genio. El único autor de horror que me gusta es Quiroga. A menos que ustedes me presenten un libro de horror genial.

¿Y qué era antes? ¿Una vaca?

No tenía ninguna foto de una vaca. Tantas vacas (hablo literalmente de los ungulados) alrededor y ninguna foto.

Fue al prado y escogió una vaca. La más rellenita, de ojos lánguidos y pestañas impermeables contra chubascos de tan tupidas y largas. La de piel tan suave y nacarada que era casi imposible tocarla sin tener un colapso mental de éxtasis. Pues bien, se la llevó al establo. A la mañana siguiente, lo seguía mansa una mujer desnuda…la pobre vaca “se había hecho mujer”.

¿No les parece absurda la frase: “la hizo mujer”? Da la impresión de que si no conoces a un hombre en el sentido bíblico nunca serás mujer. Aunque tengas cien años. Es decir, si eres lesbiana, olvídate de ser mujer. Y peor si perteneces a esa minoría entre las minorías a quiénes no interesa el sexo (sí, sí existen). Serás un ungulado por siempre y para siempre. Porque antes de que “la hicieran mujer” ¿qué era? ¿una niña, a los 20? ¿Por qué se necesita un hombre para crecer y dejar de ser niña? Los hombres no “se hacen hombres” teniendo encuentros sexuales. ¿O si?

Aclaro que fue una compañera de escuela (Bebuquin) la que me abrió los ojos a este asunto tan complicado de las frases hechas y re-contrahechas que usamos sin pensarlas. Ella era la que hacía la pregunta del título cada vez que la oía.

Antes de que se la oyera decir, me tenía sin cuidado que en más de un relato las mujeres se “hicieran mujeres”  después de intercambiar fluidos. Era obvio que el autor hablaba de una “transición” pero; hasta qué grado se puede hacer que uno piense sinsentidos con una sola frase, ni se me ocurría.  No hay imagen inocente ni metáfora sin doble filo.

Kiki y Buba

Kiki y Buba son dos amibas muy amigas aunque sean tan diferentes en su aspecto. Kiki es rockera y a Buba le gusta la música clásica. Kiki es lenta para comer y Buba lo absorbe todo como aspirador.

Este, ejem ¿dices que la amiba redonda se llama Kiki? Y la de bordes filosos se llama ¿Buba? Como que pasa algo raro aquí.
Sí, y estoy segura que diseñadores e ingenieros ya se dieron cuenta. Para los escritores no creo que resulte TAN evidente pero seguro que ya notaron que algo no funciona con los nombres.

Lo que sucede es que todos los seres humanos somos sinestéticos. Algunos más y otros menos. Algunos con respecto de números y colores; ven los números 5 de color rojo y los 2 de color verde; en vez de negros como la mayoría de nosotros (cuando están impresos en tinta negra porque podemos imprimirlos o verlos en pantalla con esos colores a propósito). O son capaces de ponerle color al sonido y ven colores cuando escuchan a… ¿Les gusta Tchaikovskyi, Siddhartha o quizás Pharaon[1]?

¿Estás segura que no se las tronaron o algo parecido? El LSD tiene esos efectos psicotrópicos…y hay hongos. Segura que no. Y no, no tienen ninguna enfermedad psiquiátrica. Tan sólo resulta que una parte de sus cerebros es diferente. Es una ligerísima y minúscula mutación que les permite realizar asociaciones no evidentes. De hecho, es algo como lo que pasa con los nombres de Kiki y Buba y que, a menos que tengamos una lesión cerebral, somos capaces de comprender.

¿No pensaron que Kiki le queda mejor a la amiba con bordes aserrados? ¿Y qué Buba es mejor para la amiba redonda? Ah, pues es lo mismo y es una parte de nuestros cerebros que nos permite asociar palabras con imágenes o crear sonidos y asociarlos con palabras. Una asociación física con un concepto abstracto. Digan: “pequeño”. ¿De qué tamaño se abre su boca con la letra “e”.  Ahora digan “grande”  y díganme: ¿no abrieron al máximo con la letra “a”?

¿Se les ocurre como usar esta característica de nuestros cerebros en sus cuentos/cómics/diseños/inventos? Yo acabo de hacerlo de forma deliberada*  En el ciclo de conferencias Reith del 2003 dictada por Vilayanur S. Ramachandran con el título” The emerging mind“, el neuro-científico emplea el ejemplo pero lo usa nombrando a la amiba redonda “Buba”  y a la de bordes filosos “Kiki” como un ejercicio para demostrar cómo funciona la sinestesia  a la audiencia. Y esta no es una traducción  porque no había transcripción, además a mí se me antojó usar esta característica de la mente para crear un choque entre lo que veían y lo que oían desde que la oí *
Mención aparte aunque relacionada, buscando en el Voogle, acabo de descubrir que la sinestesia no sólo es una sensación secundaria o asociada de un sentido que repercute en otro sentido sino:


s. f. Figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. “«amarillo chillón» o «se oye la luz»

Ahora poseen una herramienta más para escribir ficción o diseñar. Aunque vaya, si lo que esperaban era aprender a ponerle nombre a sus personajes pues pueden visitar este otro artículo en este blog (no conozco al autor personalmente, Big Choma fue el descubridor y como es generoso compartió el dato). .


[1] Pharaon es un rapero ruso, lo sé porque el internet me llevo a ver un video suyo mientras buscaba una canción de Phillip Kirkorov (un extraño cruce entre Juanga, Walter Mercado y Tarkan). O al menos creía que era de Phillip Kirkorov porque no la encontré —liubi liubu liubi amarte siempre (y no, no es la de Romania). Reconozco que tengo un gusto musical espantoso que va desde la música clásica hasta los one hit wonders y la música folclórica (me sale lo malinchista en estos caso, así que suele ser de otros países) y cosas raras como el Grosse Liebe de la película Menz heart. Por lo regular Dan es el que me presenta con cosas que se me pegan (y que sí son de buen gusto).

La ley y el ocaso de la política

JONATHAN SUMPTION: EL IMPERIO DE LA LEY 3 (Sesión de preguntas)

ANITA ANAND: Jonathan, gracias por todo. Vamos a abrir el tiempo para las preguntas en un momento para la audiencia aquí, en Middle Temple pero se me ocurrió algo escuchándote hablar, ¿la expansión del dominio  de la ley no es de seguro, sólo una consecuencia natural de una sociedad más compleja?  Ya sabes, ahora tenemos más abogados pero también tenemos más  contadores, actuarios, más de nosotros,; ¿No muestra esto que sólo vivimos en una economía de servicio más complicada?

JONATHAN SUMPTION: Estoy seguro que si pero también elección en cuanto a las locaciones, y son de amplio espectro, donde ponemos la intrusión de la ley y el Estado. Mi punto es que, en áreas donde tenemos elección, hemos optado por extremo más intrusivo de la escala.

ANITA ANAND: Okay. Tomemos, antes que nada una pregunta aquí.

NICK HARDWICK: Hola, soy Nick Hardwick de la Real Universidad Holloway de Londres. Si es el caso, como sugieres, que montones de personas creen que el Estado puede y debería prevenir algunas de las tragedias públicas que ocurren, no debería asumirse de ello que si fallan en hacerlo; es que existe un individuo a quien culpar y no es el interés de la justicia considerar a dichos individuos como responsables o ¿incrementa el tipo de comportamiento de aversión al riesgo con un posible set de consecuencias adversas?

JONATHAN SUMPTION: Fundamentalmente estoy en desacuerdo con tu punto de vista al respecto. Creo que una cosa es decir que necesitamos un sistema de regulación de riesgos — deseamos este sistema, no hay ninguna duda al respecto— y otra cosa concluir que alguien es culpable siempre que colapsa. Todas las instituciones humanas colapsan en los márgenes, todas ellas y por supuesto, existe un elemento considerable de  juicio en decidir a dónde llevar los estándares de su intromisión.  Puedes llevarlo a un punto en el que es extremamente efectivo pero intrusivo de forma desagradable. Puedes llevarlo a un punto en que sea tan bajo que resulte inefectivo. Pienso que la mayoría de nosotros cree que debería estar en algún punto intermedio. Pero no creo que el ejercicio de reducir el riesgo sea una herramienta asistida por la búsqueda de chivos expiatorios o se objetos de venganza.


ANN WHALEY: Me llamo Ann Whaley de Chalfont Saint Peter en Buckinghamshire. Lord Sumption, ha criticado la expansión de la ley en áreas que históricamente han la referencia de los políticos pero cuando tenemos una ley rota que está causando mucho sufrimiento a un buen número de personas,  a dónde vamos sino a la Corte cuando los políticos se rehúsan a actuar[1]

La manta de lo prohibición sobre la eutanasia [la mujer dice literalmente assisted dying pero este término es un poco ambiguo] es un ejemplo. Forzó a mi marido Geoffrey de viajar hasta Dignitas) en Suiza a principios de este año. Se estaba muriendo de enfermedad neuro-motora  y simplemente deseaba ahorrarse las agonizantes semanas finales que le quedaban por delante. Lo ayudé arreglando su último vuelo y acompañándolo. Al hacerlo, se me acusó criminalmente por una notificación anónima de nuestros planes y se me entrevistó bajo custodia.


Temíamos que a Geoff no se le permitiera viajar o que me arrestaran.  Eventualmente la investigación se abandonó pero la intrusión de la policía en nuestras vidas devastó a nuestra familia. La ley en vigor sobre eutanasia no está funcionando y una gran mayoría del público desea ver un cambio.


ANITA ANAND: Okay. Hagamos —¿Te molesta si sólo le damos la palabra a Jonathan Sumption?


JONATHAN SUMPTION: Entiendo completamente tu interés en este tema pero creo que lo que no aceptaría es que necesariamente signifique que las decisiones de este tipo deban ser tomadas por jueces. El problema es que se trata de un serio asunto moral y es un asunto del que, a pesar de la avasalladora opinión del público a favor, existe mucha evidencia proveniente de encuestas que sugiere que eso depende mucho del nivel de detalle con el que se pregunta. Pero bajo cualquier revisión, es un tema en el que las personas tienen firmes valores morales y con el cual están en desacuerdo. Existe un gran número de personas —no estoy expresando mi opinión, simplemente haciendo hincapié que hay muchos que sienten que—debe haber un cambio en la ley para permitir el suicidio asistido [Sumption literalmente lo dice así, assisted suicide] podría provocar que un buen número de personas fueran vulnerables a presión invisible por parte de su familia y así por el estilo.

Hay otros que piensan que la intervención de un tercero en la vida de otro para apagar ésta última es moralmente cuestionable.

Ahora, la pregunta que hay que hacer es; ¿cómo resolvemos ese desacuerdo?  Me parece a mí que existe una diferencia de opinión dentro de una comunidad democrática que requiere  de un proceso político para resolverla[2].

ANITA ANAND: ¿Puedo,  puedo hacerte una pregunta? Voy a regresar a ti. Aún cuando estas retirado pareces reacio a decir lo que sientes y lo que piensas.

JONATHAN SUMPTION: Te diré exactamente lo que pienso. Creo que la ley debería continuar criminalizando la asistencia para el suicidio y creo que debe romperse la ley.  Creo que debe romperse de cuando en cuando[3]. Necesitamos tener una ley en contra para prevenir el abuso pero siempre ha sido el caso que esto ha sido criminal y siempre ha sido el caso que familiares valientes y amigos han ayudado a las personas a morir, y creo que ese es una concesión [compromise] poco pulcra del tipo que sospecho muy pocos abogados adoptarían, pero no creo que sea necesariamente una obligación moral obedecer la ley y que, a últimas instancias es algo que cada quien debe decidir con su consciencia. Eso, eso es lo que creo.  Ahí es donde debe tomarse la decisión.

ANITA ANAND: Estoy muy  agradecida que me hayas respondido eso con tal candor. ¿Puedo regresar a la persona que hizo la pregunta?

ANN WHALEY: Yo

ANITA ANAND: ¿Cómo reaccionas a lo que ha dicho Jonathan, que es en esencia no cambiar la ley pero romperla?

ANN WHALEY: No, la ley necesita una adaptación. Estoy muy de acuerdo con Lord Sumption que debe haber una ley contra el suicidio.

ANITA ANAND: Okay.

ANN WHALEY: Hay dos puntos. El hecho de que la persona que asiste debe estar cubierta [por la ley].

ANITA ANAND: Sí.

ANN WHALEY: Pero hay un punto de compasión también que es el que no debería haber pasado por una detención y todo el tiempo perdido hasta que el caso; fue obviamente abandonado y, el segundo punto es que la ley se puede adaptar para acomodarse a aquellos de mente sana con una enfermedad terminal que han tenido — y puede probarse psiquiátricamente, que no existe ninguna presión de nadie y mi esposo tuvo que pasar por mucho para probarlo.

ANITA ANAND: Muchas, muchas gracias por compartir algo tan personal y, lo aprecio, tan doloroso, con nosotros. ¿Si, por aquí?

HELENA KENNEDY: Helena Kennedy. Miembro de la Barra [de abogados], miembro de la Cámara de los Lores. Lord Sumption, creo que se ve un poco nostálgico del pasado y que lo ve con lentes color de rosa.  Una de las cosas que ha sucedido es que las personas se han acercado a la Corte para resolver casos de abuso de poder y eso ha sido una mejora importante por lo que la expansión del derecho es bueno porque muchas personas han podido llevar sus quejas a la Corte y la Corte es el lugar adecuado para llevarlas, de otra forma tendríamos personas que se sentirían desvalidos o las llevarían, quizás, a la calle.

JONATHAN SUMPTION: Tu pregunta asume que estoy en contra de la expansión del dominio del derecho. Todo lo que hago es señalar que se ha expandido y la razón por la que lo hago es juzgar y explicar porque la ley ha adquirido un mayor espacio en nuestras vidas y para explicarlo hemos otorgado poder al Estado de formas que, estoy de acuerdo contigo, necesitamos controlar. Si el derecho es la mejor forma de hacerlo, es una que propongo revisar en la segunda y tercer conferencia de esta serie.

Ahora tu opinión de que la ley debería estar separada de la justicia social es simplemente obsoleta, un viejo dogma neo-liberal, ¿No es así?; tomada directamente de F. A.  Hayek. Así que ¿qué propuesta práctica tienes hoy para que la ley se desentienda de tomar parte en el apoyo a la justicia social? Porque sin ésta no estás más que silbándole al viento.

JONATHAN DUMPTION: Admiro enormemente la penetración psicológica con la que declaras poder haber analizado mis verdaderos puntos de vista cuando ni siquiera los he expresado. No siento la menor nostalgia por un período anterior. No lo he dicho y lo que declaras haber detectado en mi voz,  simplemente no está ahí.

ANITA ANAND: Vamos, vamos a tomar…

(APLAUSO DE LA AUDIENCIA)

ANITA ANAND: Tomemos una pregunta del caballero por ¿alli?

IMRAN KHAN: Imran Khan, abogado no jugador de cricket metido a político, sólo para aclarar. Refiriéndonos al asunto de la ley como un instrumento sin filo, no sé si estarás de acuerdo en que es el Estado a través de sus políticos, de forma notable el que impone la tonada del baile social y frecuentemente – – y estoy hablando en particular de tiempos recientes– ciertas comunidades, minorías son atacadas y vilificate. Y me parece a mí, desde el enfoque profesional, que la única forma de darle derechos a esa comunidad minoritaria es a través de la aplicación y el uso de la ley  particularmente porque contiene principios de justicia natural, integridad y derechos y me preguntaba si ¿Podrías darme tu opinión al respecto, por favor?

JONATHAN SUMPTION: Bueno no hay nada de lo que hayas dicho con lo que estaría en desacuerdo excepto, quiero decir que hablas de derechos en general y hay una gran dependencia en el derecho en particular del que estés hablando. Existen muchos derechos que están reflejados apropiadamente en algún tipo de forma atrincherada como sucede con nuestra Acta de Derechos Humanos. Existen otros derechos que se prestan mucho menos a ese tipo de tratamiento. Uno necesita ser terriblemente específico.

ANITA ANAND: ¿Querías ser más específico?

IMRAN KHAN: Si. En realidad es acerca del uso de la ley para promover los derechos de las minorías. La única manera de obtener derechos para estos individuos y proteger su comunidad que es, por su propia naturaleza una minoría comunitaria y una comunidad muy vulnerable. Es sólo a través del derecho que se pueden lograr  derechos positivos o los derechos —para ese sector de la sociedad. Ese no es, me parece, un instrumento sin filo.

JONATHAN SUMPTION: Bueno, dependería de la ley de la que estás hablando. Quiero decir, el derecho, el número esencia; opera sobre los ciudadanos ordinarios a través de sanciones penales. Opera sobre los ministros gubernamentales y oficiales a través del instrumento de cancelación de sus decisiones.  Creo que hay momentos en los que la única forma de lograr un resultado es ir a por todo, así que ciertamente no estoy diciendo que los instrumentos sin filo sean equívocos en todos los casos.

ANITA ANAND: Una ley contra la negación del holocausto, ¿cómo te sientes al respecto? ¿Jonathan?

JONATHAN SUMPTION: Estaría en contra de una ley contra la negación del holocausto porque creo que no existe ningún  absurdo —con una sola excepción y hablaré de ella— no hay absurdo del que no se les pueda permitir a las personas vomitar [verbalmente] si son lo suficientemente tontas como para hacerlo. La excepción que haría es que el libre discurso está perfectamente legitimado habida cuenta de que llevara a personas perfectamente razonables o grupos razonables, a la violencia y esa es, ampliamente la posición que toma la ley. Pero la idea que uno debería de hecho criminalizar, como muchos países europeos lo hacen, la expresión de las opiniones simplemente porque son basura me parece repugnante.

ANITA ANAND: Si,  una pregunta por aquí. Gracias.

SAILESH MEHTA: Sailesh Meta, abogado. ¿Se están volviendo las políticas de los jueces más y más  importantes cada vez para nosotros?


JONATHAN SUMPTION: Una respuesta corta seria que creo que sería mala idea vetar la política de los jueces. Lo raro es que —la regla en vigor es que no hay nada malo en que tengan una opinión pero es malo que la expresen o permitan que alguien más la conozca. Ahora, quizá no parezca un estado muy lógico de las cosas pero funciona de manera sensata. Quiere decir que los jueces no hacen declaraciones públicas que disminuyan la confianza que los litigantes y otros tendrán en sus decisiones. Uno de los problemas que tengo, y es algo en lo que me gustaría explayarme en futuras conferencias de esta serie, es que hay algunos temas que se les ponen delante a los abogados para que tomen decisiones francamente imposibles, áreas en las que resulta imposible no verse influido por la propia opinión, pues son preguntas no acerca de lo que es el derecho sino lo que debería ser. Es muy difícil contestarlas sin expresar una opinión.

BEN DEAN: Ben Dean, no soy abogado pero si fan de Ally McBeal. Si hubiera un número de personas fuera descrito en un periódico como “Los enemigos de la gente”, ¿lo tomarías como una gran expresión de la libertad de prensa o te preocuparía que la política y la opinión pública presionara a los abogados mayores?

JONATHAN SUMPTION: Creo que la crítica de ese titular a la corte divisional en el caso Miller fue, francamente, absurda. Una de las cosas interesantes fue que, cuando el caso llego a la Suprema Corte no hubo críticas en esa línea y creo que la razón principal fue que se transmitió el proceso judicial [proceedings]. Era bastante obvio para cualquiera que escuchara extractos de las noticias o parte de la transmisión web en sí, que está era una disputa acerca de la ley. Sin embargo, hay otro aspecto que es la función tradicional de los ministros de defender a los jueces de abusos de este tipo y en la que los ministros involucrados, lamentablemente, fallaron.


ANITA ANAND: Muchas gracias. Tengo una pregunta suplementaria ¿sabes quién es Ally McBeal?

JONATHAN SUMPTION: No.

ANITA ANAND: Okay. Pregunta del frente.

JONATHAN SUMPTION: ¿No me vas a decir quién es?

ANITA ANAND: Oh, si. Es una abogada en una serie americana eterna.

JONATHAN SUMPTION: Okay. Si.

ANITA ANAND: Okay. Sólo quisiera regresar a esa interesante pregunta que hicieron en la que los jueces eran saboteadores en un, en un periódico y que tu dijiste había habido un fallo lamentable de aquellos metidos en política cuyo trabajo era proteger a los jueces.  Puedo ver que tenemos aquí a dos antiguos políticos: Malcom Rifkind y Edward Garnier. ¿Reconocen esta caracterización?

EDWARD GARNIER: Bueno, lo vi pasar. Hubo, como Lord Sumption dijo; una falla lamentable del gobierno, o de los ministros relevantes, de proteger a los jueces puestos en la picota. El problema, me parece —y pasé 25 años en la Cámara de los Comunes antes de que me quitaran de en medio con una promoción [booted upstairs]— es que hay una confusión del rol que juega el derecho y lo judicial en la constitución de miembros del Parlamento y eso es lo que causa este tipo de erupciones. Hace 100 años el Lord Canciller hubiera estado muy molesto al respecto. Hoy día no parecen tener mucha idea de que se trata.

JILL RUTTER: Hola, soy Jill Rusted del Instituto para el Gobierno. Deseo preguntar algo ligeramente diferente. Como hablaste de la frontera entre la ley y la política y yo deseo hablar de políticos y abogados. Muy frecuentemente cuando a los políticos se les presenta junto a un problema intratable o uva crisis, su reacción inmediata es recurrir a lo que llamamos una pesquisa judicial [judge-led inquiry].

El problema es demasiado difícil, demasiado tóxico, demasiado controversial para que los políticos lo resuelvan y así nos aferramos a un juicio [ella dice judge pero creo que se refiere más al hecho de buscar un proceso judicial que buscar a un juez], sabiendo ligeramente que eso significa que pasará antes de que el problema regrese y ya lo hayan dejado atrás. Pero me pregunto si ¿has pensado que tal vez nosotros, la gente en el gobierno, recurrimos demasiado a los procesos judiciales o si, piensa que es una buena forma de resolver estos asuntos; ya sea que miremos digamos a Leveson, el Domingo Sangriento o montones de este tipo de problemas? ¿Es así? ¿Cuándo debemos hacerlo y cuando deberían decir las políticos no, de hecho, es algo que nosotros políticos deberíamos solucionar?

JONATHAN SUMPTION: Depende totalmente del —del asunto que el proceso esté investigando. Yo—me inclinó a aceptar que hay algunas investigaciones, y podría ser que la de Sir Leveson sea una, que ha levantado dudas de corte político sobre si la investigación judicial resultará poco útil, pues se puede ver como las recomendaciones de Sir Brian Leveson fueron totalmente ignoradas y la segunda parte de la investigación que iba a entrometerse en aspectos más delicados entre la prensa y el Estado, fue abandonada. La razón fue que a última instancia los políticos no tenían deseos de arriesgarse a pasar por la segunda parte de la investigación[4]. En mi opinión, es una cuestión tan intensamente política, que tanto se regula a la prensa, que podría parecerme que es un asunto en el que los miembros del Parlamento y ministros deberían ponerse de acuerdo pero hay claramente muchas otras investigaciones en las que se necesita una buena cantidad de información antes de tomar una decisión sensata. Hay también, por supuesto, investigaciones a las que puedo llamar casualmente escándalos. Así Matrix Churchill, por ejemplo, donde nada menos que una investigación independiente del gobierno hubiera bastado para asegurarle a la opinión pública que se había manejado de forma apropiada el asunto. 

ANITA ANAND: Tenemos tiempo para una pregunta más y aquí hay un caballero que ha sido increíblemente paciente. Así que vayamos a usted.

IMRAN KHAN: Buenas tardes. Yo también me llamo Imran Khan. No soy el de allí ni el de allá. Me gustaría quedarme con este tema de la ley en el Parlamento; Lord Sumption, siento que ha descrito la ley como algo ligeramente inerte, tal vez como a un espectador desventurado mientras que el Parlamento y la sociedad se han quitado de en medio y —y la ley ha de alguna forma entrado al ruedo a hacer su trabajo y me pregunto ¿si esto es justo? Si mira a la Cámara de los Comunes por ejemplo, cerca de uno de casa seis o uno de casa siete de sus miembros son abogados. Lo que sobrepasa por mucho la proporción con, digamos, trabajadores sociales y doctores o científicos y quizás ¿parte del antídoto para los fenómenos que describe sea que los abogados, tal vez, se quiten de en medio y dejen que el resto de nuestra sociedad diversa tenga más que decir en cómo somos gobernados?

JONATHAN SUMPTION: Sí, quiero decir los abogados siempre han sido una parte mayoritaria de los miembros de la Cámara de los Comunes y todavía lo son pero,  hay una gran diferencia que es que; el número de abogados practicantes en la Cámara de los Comunes es diminuta.

De hecho, creo que Geoffrey Cox, antes de convertirse en Fiscal General, fue probablemente el único. Puede haber uno o dos más. Todos están fuera del ejercicio. Algunos nunca han practicado. No veo ningún signo de una mentalidad legal en particular sobresaliendo del área de la Cámara de los Comunes. Podría ser que si lo hiciera, tuviéramos menos conflictos del tipo [de problema] con el que mis tres conferencias siguientes van a tratar.

ANITA ANAND: Bueno, a menos que el verdadero Imram Khan desee apersonarse y hacer una pregunta, vamos a tener que para aquí. La próxima vez estaremos en Birmingham, donde Jonathan hablará de como la democracia puede acomodarse a las diferencias políticas, un tema dominante en la vida nacional británica hoy día pero, por ahora, gracias a nuestros anfitriones aquí en Middle Temple, a nuestra audiencia y por supuesto a nuestro conferencista de las Conferencias Reith del año 2019 Jonathan Sumption.

(APLAUSOS DE LA AUDIENCIA)

Fin de transcripción y de la traducción. Gracias a los que han leído hasta el final y gracias por sus “likes” y suscripciones. Puede parecer banal pero cada vez que siento que tengo ganas de claudicar de este blog pasa que a) alguien le da Like o b) alguien se suscribe (y yo termino preguntándome por qué).

Por cierto, si hay hipervínculos por todo el texto es porque he pensado que a lo mejor, igual que yo, no conocen a las personas de las que se habla o no están familiarizados con los temas. Pongo los links porque yo también me pregunto: ¿quién demonios es ese o de qué está hablando?

La próxima chorrada se titulará “Kiki y Buba”  y es un tema ligerito y divertido acerca de… pues Kiki y Buba, dos amigas muy amibas. 


[1] Al vivir de los impuestos (no tengo mucha idea si en Inglaterra los políticos mantienen un trabajo aparte aunque no creo), los políticos dependen del electorado y por lo tanto están sujetos a la tiranía de la democracia por lo que cada vez menos se avienen a discutir estos temas para proponer soluciones o elegir de forma controversial; de forma que los derechos de las minorías no sean pisoteados. Y esto al menos es lo que vivimos en común todos los ciudadanos del orbe, no importa donde vivamos.

[2] Sumption no se refiere al referéndum como proceso político pues un referéndum lo único que haría en este caso sería dividir las opiniones —los a favor y los en contra —sin lograr una solución conveniente y práctica a la mayoría de los efectos que proteja tanto a aquellos en situación de vulnerabilidad (los enfermos terminales o postrados en cama/silla de ruedas de por vida que presionados por sus parientes se dejen matar… literalmente) como a los que les sería útil liberarse del sufrimiento por venir y/o de situaciones en que la vida ya no resulta vivible. ¿Vieron “Yo antes de ti”? Pues no sé si les haría gracia vivir con una chica tan guapa que también los quiere, a la que no le puedan ni meter mano porque, pues porque no pueden levantar nada; ni las manos. Por otro lado en “Intouchables” el sujeto con problemas de movilidad decide que quiere seguir vivo y que le van bien los orgasmos por las orejas…hehehe [no es una película “excelente” pero está bien contada]. Ambas respuestas parecen aceptables según los deseos de cada quien.

[3] Al principio, influida como estoy por la propaganda en forma de películas sobre las bondades del sistema judicial gringo; pensé que era el camino obvio pero al ir comprendiendo más en posteriores conferencias que el sistema inglés se basa en Actas legales y no en una constitución [¡no hay constitución escrita en Inglaterra!] y sí en estas Actas reinterpretadas por los miembros del Parlamento cada vez que ocurre un conflicto moral y que es mediante discusiones y elecciones independientes de su popularidad, que se llega a acuerdos o incluso, la acción de legislar al respecto; que entendí mejor porque no era razonable y terminé pensando que el sistema inglés es mucho mejor que el mexicano [o era pues ahora hay quien aboga por convertirlo en una réplica del gringo]. Pero esa es sólo mi descarriada opinión y puede que esté del todo equivocada.

[4] Si, me imagino que pensarán que esos políticos tenían trapos sucios. Y que eso se debe a que no deberían dejar de vivir como ciudadanos comunes. Sumption explica que eso es imposible en otra de sus conferencias (que no traduciré porque no tiene relación ni directa ni indirecta como en este caso, con este blog), debido a que una clase dedicada exclusivamente a lidiar con asuntos de representación tanto de las masas como de las minorías no puede seguir viviendo del mismo modo pues necesita de un espacio propio en el que desarrollar ideas que podrían contravenir el sentir general y aún así resolver más problemas que cualquier solución consultada. La masa podría imponerse y pisotear resoluciones que protegen a sectores específicos. Cuando la clase política vive aparte pero bajo presión de una base democrática participante entonces su existencia se equilibra. Esta idea me hizo arrepentirme de no votar en las elecciones pasadas. Todo se reduce a que su idea de la política es muy diferente de la que tenemos en México en dónde el político es, básicamente, inútil.

Por el ojo de la cerradura

Por el ojo de la cerradura
En la penumbra donde habitan los susurros
Con curiosidad de estado y poderes de magistrado  (con los que
absolverme legalmente).
Por el interés público,
Sin importar que sea privado.
Por el ojo de la cerradura,
Mirar por dónde vas,
Y tu lo ignores a voluntad.;

Puedo empezar esta entrada de dos maneras: asumiendo que ignoran o asumiendo que saben. Ambas posturas son inconvenientes puesto que, por un lado, menosprecio su inteligencia. Por el otro,  asumo que no tienen intereses propios y únicos y saben exactamente todo lo que sé o me interesa.

Por lo tanto no queda más que un camino: mediar lo más posible ente ambas posturas con ayuda de la quinta enmienda (sabrá el universo que es eso) y el podcast Mapping the future de la BBC radio 4. Además de otros sitios más fumados que no mencionaré porque esos si se vuelan la barda.

En el momento que los empleados de Google se dieron cuenta que el proyecto Keyhole (probablemente en 2004, el año que Google adquirió Earth’s Viewer)  se trataba de espiar a cualquier persona que usara el servicio para localizar un sitio; decidieron que no deseaban participar de él.

Y aunque no lo hicieran —que confiamos en ellos del mismo modo que confiamos en un servicio pagado que nos promete no tener anuncios; el problema no recae realmente en este dilema. O si en esta idea es una teoría conspiratoria del tipo “me he vuelto paranoico”
El problema recae en que tanto estamos dispuestos a creerlo y no sólo creerlo sino a ignorarlo cada vez que usamos este servicio u otros de localización o GPS.

¿Cuántas veces nos ha preguntado una aplicación que deseamos instalar en nuestros celulares o el mismo Maps, si le otorgamos acceso a nuestra ubicación?  El uso de mapas digitales no sólo nos ayuda en gran medida a…no perdernos, evitar el tráfico (o el alcoholimetro a efectos de una madrugada de Sábado), entender el mundo. También nos hace vulnerables, a menos que seamos buenos programadores…[yo definitivamente le he borrado los archivos de inicio a la computadora alguna vez]

¿Tiene Google acceso a tu ubicación GPS o tú crees que no? Eso te pone en el mapa —podrá no ser con propósitos diferentes a los estadísticos pero recolecta la información. No sólo porque nos vuelve localizables, nos convierte en datos susceptibles de ser hackeados. He ahí el problema: ¿estamos tan ansiosos de sacrificar nuestra privacidad a cambio de acceder a los datos ofrecidos por la “nube” en forma de actualización?

Es un problema que la mayoría de las veces elegimos pasar de largo pensando que esas cosas suceden en la imaginación de Jaime Maussan, pero hay cosas ahí afuera con las cuales maravillarse y asustarse a la vez. ¿Alguien leyó el recorte no. 2?

Déjenlo correr en segundo plano en algún lugar de su mente. Después de todo como dice el resumen del programa que escuché “Today, we use maps based on our online searches without thinking. And yet online maps are not peer-reviewed.”  “Usamos mapas en nuestras búsquedas online sin siquiera pensarlo. Empero los mapas en línea no son revisados con base en una relación de profesionales”. Así que todo podría reducirse a celos profesionales. Podría ser.

No wrong time, neither wrong site.

Una vez más, de la colección  "Palabras"  que no ganó un concurso. 



Sin lugares equivocados.
Sin momentos incorrectos.
Existe el espacio.
Existe el tiempo.
 
La tragedia no se basa en su inocencia.
Es la pérdida.
 
En negarles la existencia,
por presunta ejemplaridad exenta,
olvidando adrede.
 
Territorios pre-acordados, campos de batalla,
siempre que no sean dentro de nuestro lado.
Esquirlas de elecciones infinitas detonadas,
porque esa realidad no existe.
 
NO.
Es mejor creer que hay momentos y lugares equivocados.
Gracias al cielo,
que los muertos no son nuestros.
¿Cierto?
Y cuando lo son,
no debieron estar ahí.
 
No debieron.
Sin víctimas, ¿cuál guerra?