La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p5

Por supuesto, no solo recordamos palabras viejas. También acuñamos palabras nuevas[1]–  «Una maroma de gato muerto», un repunte temporal en los precios de las acciones antes de caer en picado. «Greenism», ser activo en el cuidado del ambiente. «Medianascencia», que sucede entre la adolescencia y la senescencia. Un «revishólico» es un adicto a las revistas mientras que un «paracaídas dorado[2]» te permite flotar suavemente hasta la tierra del desempleo.

Muchas de estas nuevas palabras caen y se desvanecen como las gotas de lluvia en la tierra seca. Solo unas cuantas se quedan en la canasta de la atención pública y logran abrirse paso hasta el diccionario. Justo como lo expresó James Brampton, escritor del siglo XVIIII: » Como el mar del sur, las expresiones van y vienen. Las palabras del Rey Edward no son palabras en lo absoluto».

Acuñar palabras es fácil, a los niños no les cuesta ningún trabajo, sin embargo resultan extrañas según los estándares adultos. «Yo sopeo» dijo un pequeño de tres años mientras comía sopa *Y en español no hubiera estado tan errado de tener un bolillo o tortilla en la mano*. Incluso los chicos de 11 a 12 años hacen conjeturas locas. A un grupo se le pregunto que nombre le darían a un «wug» muy pequeño, suponiendo que existiera un bicho llamado «wug». Algunas de las sugerencias fueron woggle, wuggable, y wugtugbug. En vez de wugño o wugmini, que serían las respuestas adultas[3] y que se volvían más comunes entre los adolescentes; aunque muchos sugirieron microwug o miniwug.

Relacionado con una explosión en el uso del prefijo mini y micro en el uso del idioma. Este cohete mini micro se lanzó en los 60’s con palabras como miniauto, minibar minifalda y microondas volviéndose palabras comunes. Desde entonces la partícula mini se metió en todos lados. «Debo haberme salido de mi mini mente» comento un escritor.

La confianza en la formación de palabras puede ser este salto que sucede alrededor de los trece. Es una habilidad que los hablantes no nativos encuentran difícil de dominar. Algunas palabras que creen que deberían existir simplemente no existen. «Un principio de idealización se aplica muchosea» escribió un científico japonés en el prefacio de su libro. Y cada vez que hablamos, tenemos que escoger entre esta gran variedad y cantidad de palabras viejas y nuevas a nuestra disposición.

Alguna vez se pensó que buscar una palabra era casi como cazar un libro en una biblioteca. Una persona iba al librero mental en el cual el léxico estaba almacenado, así como estaba y después, lo sacaba de ahí. Si la selección ocurría con demasiada prisa, el vecino de al lado, izquierda o derecha, por ejemplo geranio en vez de hortensia; era seleccionado. Pero este ordenado modelo bibliotecario es poco probable. Es más como sacar varios libros a la vez y regresar los que no se necesitan. El subconsciente se prepara de más, tomando más palabras de las que pueden usarse.

La evidencia más directa viene de fusionar dos o más palabras en una sola,[4] cómo en: «Se cagoteo» de carcajear y cagar. «Es frío en Groenislandia», una mezcla de Groenlandia e Islandia pero dicho en un restaurante griego. «Le dieron una ovación calurosa» dijo un político mezclando ovación de pie y caluroso aplauso. En otra ocasión el gobierno fue acusado de «encogerse de pies» ante un asunto importante. El que lo dijo presumiblemente hablaba de encogerse de hombros y arrastrar los pies[5]. Tanto el sonido como el significado de ven entretejidos en el proceso de selección.

Un músico comento sobre el director Toscanini: «tenía muy poca sinfonía con la música moderna» hablando de simpatía[6]. Con frecuencia, Toscanini conducía sinfonías. Ambas palabras se vieron activadas probablemente y entonces se escogió la incorrecta. Tales errores indican que es normal activar más palabras de las que se necesitan y suprimir las que no se desea usar. A veces se suprime la palabra que se desea usar. “Una idea inicial puede progresivamente dirigirse a conexiones lógicas y expandirse a palabras asociadas”. Eventualmente hay un montón de palabras listas para usarse, todas similares a la palabra requerida de un modo u otro.

Las palabras más parecidas en significado y sonido más favorecidas mientras que las otras, pierden fuerza por el camino y se desvanecen. Finalmente, hay un ganador que sale disparado como un pan tostado del tostador. Ocasionalmente, saldrá el pan equivocado si hay más de un competidor con las mismas características. Todo en menos de un parpadeo[7].

Demasiadas palabras se ven activadas porque demasiadas se parecen. La telaraña del lenguaje humano no es bidimensional ni tridimensional, es MULTIDIMENSIONAL. En una obra de teatro de Michael Frayn, Orden alfabético, un personaje intenta localizar dónde puso una secretaria un archivo importante. Lo más probable era que lo hubiera archivado bajo el nombre de la persona que lo dijo, lo que no sabemos, o la ocasión en la que dicho, que tampoco sabemos. Podemos concebir que lo haya archivado bajo castigo corporal o corporal, castigo. Partido laboral o laboral, partido. La mente humana puede hacer todos eso archivos. Pero manipular la vasta, entretejida telaraña de palabras nos lleva a crear atajos.

Colar las opciones puede involucrar trampas inesperadas. Esto lo discutiré en la próxima conferencia. Aún así, que afortunados somos al poder elegir de entre 50000 palabras acumuladas, las que necesitamos. Tal vez nuestra habilidad solo sea visible, comparándola con alguien que la ha perdido como les sucede a algunas víctimas de ataque al corazón. En el libro Nabakov’s pale fire, se describe esta frustrante condición. “Aún podía hablar. Se detenía y palpaba para encontrar un sonido útil. Pero de las células vecinas, las impostoras tomaban el lugar de las palabras que necesitaba y se veía implorante mientras trataba de razonar en vano con los monstruos de su mente”. A menudo las palabras parecen tener poderes mágicos. Una sobreviviente del Titanic supuestamente dijo «Mi apellido de soltera es Trucha[8], ¿cómo se supone que me ahogara?» Aunque el aspecto más mágico del lenguaje es la increíble cantidad de palabras que conocemos y la velocidad con la que encontramos las que queremos.

Um…seguro escucho lo que estás pensando ¿por qué discutir el uso de las palabas en un blog sobre escribir ficción? Elemental mi querido John Snow. Tal vez las palabras no signifiquen nada si no les damos ese valor pero también significan muchas cosas. Y ese es el tema para la próxima entrada. Aunque no sé si traducir la siguiente conferencia Reith o dejarte con un parafraseo estilo Merriam. Puedes votar en los comentarios. Bye.


[1] ¿Recuerdas cuando uno guardaba cosas en red en vez de en la nube?

[2] A dead cat bounce, greenism, medianescense, magaholic, golden parachute en el original.

[3] Wuglet o wugling según otras palabras en inglés en el original, tales como piglet o newling.

[4] Algo que es muy propio del idioma inglés, el coreano y el japonés pero no tan común en español. Lo que no quiere decir que no exista….he aprendido palabras cómo tarupido con Sophie.

[5] *»She chuttled”, chuckled/chortled, “It’s cold in Greeceland”, Greenland/Iceland. “He was given a standing applause,” standing ovation/loud applause. “Shrugging their feet”, shrugging their shoulders/dragging their feet.

[6] En inglés symphony y sympathy.

[7] Parece que eso es lo que hacen los correctores de teclado de los teléfonos. Si colocas bien el comienzo de la palabra, es más probable que termines con la palabra que querías en vez de sí te equivocas en el principio.

[8] Trout

La telaraña de las palabras por Jean Aitchinson p5

Por supuesto, no solo recordamos palabras viejas. También acuñamos palabras nuevas[1]–  «Una maroma de gato muerto», un repunte temporal en los precios de las acciones antes de caer en picado. «Greenism», ser activo en el cuidado del ambiente. «Medianascencia», que sucede entre la adolescencia y la senescencia. Un «revishólico» es un adicto a las revistas mientras que un «paracaídas dorado[2]» te permite flotar suavemente hasta la tierra del desempleo.

Muchas de estas nuevas palabras caen y se desvanecen como las gotas de lluvia en la tierra seca. Solo unas cuantas se quedan en la canasta de la atención pública y logran abrirse paso hasta el diccionario. Justo como lo expresó James Brampton, escritor del siglo XVIIII: » Como el mar del sur, las expresiones van y vienen. Las palabras del Rey Edward no son palabras en lo absoluto».

Acuñar palabras es fácil, a los niños no les cuesta ningún trabajo, sin embargo resultan extrañas según los estándares adultos. «Yo sopeo» dijo un pequeño de tres años mientras comía sopa *Y en español no hubiera estado tan errado de tener un bolillo o tortilla en la mano*. Incluso los chicos de 11 a 12 años hacen conjeturas locas. A un grupo se le pregunto que nombre le darían a un «wug» muy pequeño, suponiendo que existiera un bicho llamado «wug». Algunas de las sugerencias fueron woggle, wuggable, y wugtugbug. En vez de wugño o wugmini, que serían las respuestas adultas[3] y que se volvían más comunes entre los adolescentes; aunque muchos sugirieron microwug o miniwug.

Relacionado con una explosión en el uso del prefijo mini y micro en el uso del idioma. Este cohete mini micro se lanzó en los 60’s con palabras como miniauto, minibar minifalda y microondas volviéndose palabras comunes. Desde entonces la partícula mini se metió en todos lados. «Debo haberme salido de mi mini mente» comento un escritor.

La confianza en la formación de palabras puede ser este salto que sucede alrededor de los trece. Es una habilidad que los hablantes no nativos encuentran difícil de dominar. Algunas palabras que creen que deberían existir simplemente no existen. «Un principio de idealización se aplica muchosea» escribió un científico japonés en el prefacio de su libro. Y cada vez que hablamos, tenemos que escoger entre esta gran variedad y cantidad de palabras viejas y nuevas a nuestra disposición.

Alguna vez se pensó que buscar una palabra era casi como cazar un libro en una biblioteca. Una persona iba al librero mental en el cual el léxico estaba almacenado, así como estaba y después, lo sacaba de ahí. Si la selección ocurría con demasiada prisa, el vecino de al lado, izquierda o derecha, por ejemplo geranio en vez de hortensia; era seleccionado. Pero este ordenado modelo bibliotecario es poco probable. Es más como sacar varios libros a la vez y regresar los que no se necesitan. El subconsciente se prepara de más, tomando más palabras de las que pueden usarse.

La evidencia más directa viene de fusionar dos o más palabras en una sola,[4] cómo en: «Se cagoteo» de carcajear y cagar. «Es frío en Groenislandia», una mezcla de Groenlandia e Islandia pero dicho en un restaurante griego. «Le dieron una ovación calurosa» dijo un político mezclando ovación de pie y caluroso aplauso. En otra ocasión el gobierno fue acusado de «encogerse de pies» ante un asunto importante. El que lo dijo presumiblemente hablaba de encogerse de hombros y arrastrar los pies[5]. Tanto el sonido como el significado de ven entretejidos en el proceso de selección.

Un músico comento sobre el director Toscanini: «tenía muy poca sinfonía con la música moderna» hablando de simpatía[6]. Con frecuencia, Toscanini conducía sinfonías. Ambas palabras se vieron activadas probablemente y entonces se escogió la incorrecta. Tales errores indican que es normal activar más palabras de las que se necesitan y suprimir las que no se desea usar. A veces se suprime la palabra que se desea usar. “Una idea inicial puede progresivamente dirigirse a conexiones lógicas y expandirse a palabras asociadas”. Eventualmente hay un montón de palabras listas para usarse, todas similares a la palabra requerida de un modo u otro.

Las palabras más parecidas en significado y sonido más favorecidas mientras que las otras, pierden fuerza por el camino y se desvanecen. Finalmente, hay un ganador que sale disparado como un pan tostado del tostador. Ocasionalmente, saldrá el pan equivocado si hay más de un competidor con las mismas características. Todo en menos de un parpadeo[7].

Demasiadas palabras se ven activadas porque demasiadas se parecen. La telaraña del lenguaje humano no es bidimensional ni tridimensional, es MULTIDIMENSIONAL. En una obra de teatro de Michael Frayn, Orden alfabético, un personaje intenta localizar dónde puso una secretaria un archivo importante. Lo más probable era que lo hubiera archivado bajo el nombre de la persona que lo dijo, lo que no sabemos, o la ocasión en la que dicho, que tampoco sabemos. Podemos concebir que lo haya archivado bajo castigo corporal o corporal, castigo. Partido laboral o laboral, partido. La mente humana puede hacer todos eso archivos. Pero manipular la vasta, entretejida telaraña de palabras nos lleva a crear atajos.

Colar las opciones puede involucrar trampas inesperadas. Esto lo discutiré en la próxima conferencia. Aún así, que afortunados somos al poder elegir de entre 50000 palabras acumuladas, las que necesitamos. Tal vez nuestra habilidad solo sea visible, comparándola con alguien que la ha perdido como les sucede a algunas víctimas de ataque al corazón. En el libro Nabakov’s pale fire, se describe esta frustrante condición. “Aún podía hablar. Se detenía y palpaba para encontrar un sonido útil. Pero de las células vecinas, las impostoras tomaban el lugar de las palabras que necesitaba y se veía implorante mientras trataba de razonar en vano con los monstruos de su mente”. A menudo las palabras parecen tener poderes mágicos. Una sobreviviente del Titanic supuestamente dijo «Mi apellido de soltera es Trucha[8], ¿cómo se supone que me ahogara?» Aunque el aspecto más mágico del lenguaje es la increíble cantidad de palabras que conocemos y la velocidad con la que encontramos las que queremos.

Um…seguro escucho lo que estás pensando ¿por qué discutir el uso de las palabas en un blog sobre escribir ficción? Elemental mi querido John Snow. Tal vez las palabras no signifiquen nada si no les damos ese valor pero también significan muchas cosas. Y ese es el tema para la próxima entrada. Aunque no sé si traducir la siguiente conferencia Reith o dejarte con un parafraseo estilo Merriam. Puedes votar en los comentarios. Bye.


[1] ¿Recuerdas cuando uno guardaba cosas en red en vez de en la nube?

[2] A dead cat bounce, greenism, medianescense, magaholic, golden parachute en el original.

[3] Wuglet o wugling según otras palabras en inglés en el original, tales como piglet o newling.

[4] Algo que es muy propio del idioma inglés, el coreano y el japonés pero no tan común en español. Lo que no quiere decir que no exista….he aprendido palabras cómo tarupido con Sophie.

[5] *»She chuttled”, chuckled/chortled, “It’s cold in Greeceland”, Greenland/Iceland. “He was given a standing applause,” standing ovation/loud applause. “Shrugging their feet”, shrugging their shoulders/dragging their feet.

[6] En inglés symphony y sympathy.

[7] Parece que eso es lo que hacen los correctores de teclado de los teléfonos. Si colocas bien el comienzo de la palabra, es más probable que termines con la palabra que querías en vez de sí te equivocas en el principio.

[8] Trout

Publicado por merriamagrain

En realidad no me llamo Merriam y tampoco soy Grain. Sin embargo, al pasarme la mitad del tiempo que escribo con un Merriam Webster abierto, pensé que le debía un poco de crédito a mí diccionario. Grain viene del apodo del que me he apropiado para mi correo electrónico. Por lo demás, espero que disfruten de este blog como yo creo que me voy a divertir.

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