Era rojo, terrible y delicioso p2

«La niña de Nuestra Señora»

Apenas a las afueras de un gran bosque vivía un leñador con su esposa, que no tuvieron más que una sola hija, una pequeña de tres años. Los tiempos son tan malos que la inflación del 6% eleva los precios de la harina y la cerveza hasta precios inasequibles.

<<¿Puede su hijo sobrevivir con agua?>>   Compadeciéndose de ellos, la virgen María se aparece con una corona resplandeciente de estrellas y le ofrece al padre cuidar de la niña. El padre preocupado, no ve más alternativa que aceptar la oferta. La virgen María toma a la nena y se la lleva al cielo donde come pasteles de azúcar y bebe leche dulce.

Ella crece, cumple catorce años y la virgen se va de viaje, dejándole las trece llaves de las puertas del cielo. ¿Las instrucciones? No abrir la treceava. Puede abrir cualquier otra, menos esa. La chica promete obedecer y se da un tour de doce días en cada puerta. Tras cada puerta un mundo maravilloso de luz y un apóstol sentado, una causa de gran regocijo y asombro.

Y así y todo, no consigue desviar sus pensamientos de la dichosa puerta. Se va a dormir y no lo consigue, <<¿Qué habrá detrás?>> es todo lo que se le ocurre pensar. Los ángeles le aconsejan no abrirla pues sería un pecado. ‘Solo voy a abrirla un poquito, solo un poquito para ver dentro y nada más’ les contesta. ‘Un pecado con tristeza como resultado’ responden los ángeles a su vez. Pasó un día y la niña se quedó sola frente a la puerta.

<<Si la abro ahora ¿quién va a darse cuenta?>> piensa. La Trinidad en todo su esplendor y en medio del fuego es lo que se esconde tras la treceava puerta. Embelesada con la luz, la niña mete un dedo en la luz dorada…Se lava una y otra vez. De nuevo. Siente que el aire se le atora en la garganta y el corazón da brincos desacompasados. El dedo no deja de ser dorado. La virgen regresa a casa, los ángeles se apresuran a recibirla. Alguien falta en la comitiva. Manda llamar a la niña, que esconde las manos a la espalda. ‘¿Abriste la puerta mi ratoncillo?’ ‘No’ ‘¿Abriste la puerta pajarillo mío?’ ‘No, toque las llaves pero nada más’ ‘¿Abriste la puerta niña mía?’ ‘No, me pasee por cada una de las otras puertas pero esa no la abrí’ ‘Como castigo volverás a la tierra como muda’.

 En medio de árboles enormes y con los pies, las piernas y los brazos arañados por las ramas bajas; la niña busca raíces para comer. No sé preocupa por el pudor, no hay nadie a la vista y su agujero de árbol la cobija por las noches. Las raíces y las frutas del bosque se suceden unas a otras hasta que un día de tantos en una vida sin lunes, el rey del país se perdió persiguiendo a un ciervo y se topo con ella. Que fuera muda pasaba a segundo plano con la contemplación de tanta superficie desnuda, sin grasa superflua por la alimentación algo limitada.

Encantado, el rey se la lleva y se casa con ella. Nadie arma complots políticos por la pérdida de una posición de poder a manos (yo diría senos) de una desconocida…tal vez eran políticos zorrunos. Pues bien, la reina y el rey tal vez no hablen mucho el uno con el otro pero si juegan a la casita bajo las sábanas. La comadrona los visita pronto, la virgen llega para conocer a su nieto y preguntar de nuevo ‘¿Quieres regresar al cielo? Solo dime la verdad, de lo contrario me llevaré a tu hijo conmigo’.

Con un mohín, la chica niega confesar y a la mañana siguiente en vez de bebé en la cuna, pañales limpios sin usar. Los zorros políticos que habían estado quietecitos comienzan un rumor: ‘La reina es caníbal’ ‘Debe ser una bruja’ ‘¿Qué pasó con el niño?’ El rey, embobado con su hermosa reina, se preocupa más de seguir produciendo herederos que de escuchar chismes. Hay una segunda visita de la comadrona y el teatro de la negación se reproduce con fidelidad digital. Los consejeros, encantados de proponer a sus sobrinas e hijas como nuevas reinas; llevan al rey «los miedos del pueblo». Gritan mucho, gesticulan y exigen justicia por la sangre derramada…

El rey, imperturbable y ocupado con asuntos de la sucesión, no pierde el tiempo escuchando estás memeces. Hay un tercer heredero y una tercera visita. ‘¿Sigue tu corazón inflexible?’ ‘Admite que abriste la puerta y te devolveré a tus dos pequeños’ ‘No’ niega la reina con la cabeza. ‘¡Esto es el colmo!’ grita el rey, con el peso de los gritos afuera que claman: ‘Es una bruja’ ‘Es canibal’ ‘Mujer come niños’. Los consejeros deciden que vale más quemar una bruja en la estaca que perder su poder. El rey, ha escuchado de otras revueltas y ésta no parece ceder con el tiempo. ¿Es su mujer más valiosa que su trono?  <<Si tan solo pudiera confesar ahora que abrí la puerta>> piensa la reina, con los pies sobre las llamas, el ruidero incesante de la multitud y asfixiándose en el humo de roble quemado. Coff coff, coff, ‘ay’. Descubre que su voz le alcanza para decirlo. ‘Sí, yo lo hice’ grita. La madera ardiente sisea y poco a poco se apaga. Gruesas gotas de lluvia acompañan una luz del cielo. La virgen baja con tres bebés en brazos de los ángeles. ‘He aquí, a tus hijos y tú felicidad’. Este es el cuento. Si te sabes uno de cualquier otra cultura que sea parecido ¡compártelo!. La próxima entrada tú y yo viajaremos por país de papas fritas…son malas para las arterias pero ¿quién se resiste a ellas?

Publicado por merriamagrain

En realidad no me llamo Merriam y tampoco soy Grain. Sin embargo, al pasarme la mitad del tiempo que escribo con un Merriam Webster abierto, pensé que le debía un poco de crédito a mí diccionario. Grain viene del apodo del que me he apropiado para mi correo electrónico. Por lo demás, espero que disfruten de este blog como yo creo que me voy a divertir.

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