Con un desgarrón interno

Cuando salgo, el bolso es inevitable. Aunque no lleve nunca cartera. Las carteras de mujer suelen ser demasiado grandes para meterlas en el bolsillo trasero del pantalón. Son terriblemente lindas pero sumamente enojosas y llamativas así que no las uso. El colmo de la liberación femenina es seguir usando cosas tan incómodas que debe uno meterlas en alguna parte, en lugar de viajar libre y feliz con bolsillos de pantalón grandes. No, hay que lucir el cuerpo con alguna prenda que no se vea bien con los bolsillos rellenos de celular o cartera.

Llevo un monedero de tela satinada acolchada a colores rojo, amarillo, blanco y azul con relieve de hilo anclado a su superficie. Hace ya un rato que reemplacé el forro con fieltro y que la mariposa tejida desapareció; aún con eso no me decido a tirarlo. Además del monedero llevo una bolsa plástica con cierre (un kit de cepillo dental reciclado) donde meter la identificación oficial sin la dirección actualizada, un par de aspirinas, la tarjeta de “movilidad” —que no es otra cosa que la tarjeta que tuve que comprar para poder usar el metro, el metrobús y el trole (dejando la vieja con algún dinero irrecuperable), una aguja con tres hilos y la tarjeta de puntos de alguna farmacia que maneja puntos por su compra.  

Sin importar la pandemia, uso un frasco reciclado de shampoo, de esos que ponen en el baño de los hoteles —cortesía de algún familiar—relleno de gel anti-bacterial…hasta la mitad, un frasco lleno de loción corporal o crema para manos y un espejo color amarillo de alguna tienda coreana del centro (el de la ciudad, aquí ni siquiera hay chinos). Acompañados de una bolsita de Kleenex que se eterniza mientras llega la temporada del estornudo —por lo regular cuando no los cargo, los lentes de sol y un tubo de bálsamo labial que nunca sé para que lo quiero si no me lo pongo.  

Todo eso viaja en la bandolera favorita que es de cuero negro chino —¿cuero chino? (sí, es de auténtico cuero Made in China), muy suave; con cadena metalera y un desgarrón de la bolsa interior que acabo de coser la semana pasada. Allí viajan las gotas para los ojos y la micro navaja suiza con palito para la cutícula.

Este es uno de los ejercicios propuestos hace dos entradas, el de describir el interior de un bolso de mano. ¿Quién se anima a describirme el interior de su cartera o su refrigerador? ¿O a decirme qué tipo de personaje soy sólo con la descripción de mi bandolera?

Publicado por merriamagrain

En realidad no me llamo Merriam y tampoco soy Grain. Sin embargo, al pasarme la mitad del tiempo que escribo con un Merriam Webster abierto, pensé que le debía un poco de crédito a mí diccionario. Grain viene del apodo del que me he apropiado para mi correo electrónico. Por lo demás, espero que disfruten de este blog como yo creo que me voy a divertir.

2 comentarios sobre “Con un desgarrón interno

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