¿Es una opinión? ¿Es un hecho? ¿Es superman?

Escribir como estilo de vida

Tú tienes una opinión (o muchas). Yo tengo opiniones. Tus vecinos opinan. Y esto no es un ejercicio de gramática, es un intento no muy serio de establecer qué es una opinión y que es un hecho.

Todo escritor necesita investigar y recabar información (y antes de que piensen que ya me olvidé de ustedes añado: diseñadores, dibujantes, ingenieros y maestros). En el transcurso de este proceso nos encontramos con que la información está procesada por personas y las personas tienen opiniones, es inevitable. Son personas. Tal vez hasta las computadoras tienen la suya. A Multivac le gustaba que le pidieran las cosas por favor en un cuento de Asimov.

Han leído una conferencia de Jonathan Sumption (¿debería pensar que tal vez no está en línea con el propósito del blog y no leyeron la traducción?). Han leído la sección de preguntas y respuestas. Han visto lo difícil que resulta que incluso —o tal vez por lo mismo— personas con educación y un título escuchen y analicen siguiendo el hilo de lo que están diciendo realmente y no lo que quieren escuchar según sus prejuicios. Lo que nos lleva a una pregunta fundamental para el proceso de escribir: ¿Cuándo deja de ser valiosa una opinión para volverse un mero zumbar de mosca?

Porque a un escritor/diseñador/ingeniero o maestro le interesa tener opiniones que valga la pena escuchar. Tal vez. Tal vez no. Tal vez sólo deseemos pelear menos con la esposa/amigo/el mundo por tonterías y discutir más inteligentemente con tal de que existan puntos de vista variados sin darnos de trancazos —físicos y virtuales (Twitter y FB son geniales para decir cosas de las que arrepentirse).

Con este propósito traduciré el punto no. 6 de una página web donde se resume un podcast de la BBC, en donde Douglas Alexander (con ayuda de terapistas de pareja) enseña a estar en desacuerdo —A Guide to Disagreeing Better[1]— y se titula

ENTENDIENDO LA DIFERENCIA ENTRE UN HECHO Y UNA OPINIÓN

Nuestras opiniones son perspectivas que deben ser probadas contra evidencia —no sólo armas que esgrimir contra nuestros oponentes.

Cathy, madre adoptiva, fue elegida al azar para la Asamblea Ciudadana que debatió las estrictas leyes de aborto irlandesas. [Ella confiesa que aceptó llevada por el deseo de unas vacaciones en el podcast, tiene 5 hijos]. Allí, se encontró con individuos de puntos de vista a años luz de los suyos, y un grupo de expertos seleccionado para ofrecer todos los datos relevantes.

“Lo más importante que aprendí es que mi opinión es sólo mi opinión”  dice Cathy.  “A menos que inviertas tiempo y esfuerzo en hacerla una opinión informada, entonces es sólo tú opinión y no vale la pena pelearse por ella”. Siempre busca evidencia real y experiencia antes de clavar tus talones [supongo que se refiere a la ya no tan popular imagen de un burro negándose a moverse y podríamos sustituir con un Wind…trabándose en alguna tarea].

Tener la voluntad de escuchar y tener la curiosidad. No tienes que cambiar de opinión. Sólo escuchar.

Aquí termina la traducción del consejo. Si, parece un tema al azar como tema de un blog donde se busca contestar a la terrible pregunta: ¿cómo escribir ficción? Pero es que creo que; si pretendemos convencer como ________________ —anoten su profesión— tenemos (fíjense bien he dicho tenemos, o sea que yo también) que aprender a escuchar y darnos cuenta donde comienza a meter su cuchara nuestro prejuicio o nuestra cabecita cuadrada para darle una patada en el trasero.

Cómo ya se habrán dado cuenta, me gustan los podcasts de la BBC (“no nos digas, no lo habíamos notado” es casi seguro que están pensando).  Pues hace unos meses o un año ya[2], estaba escuchando un debate titulado “Imagen” del programa “A 100 women”. Sí, exactamente, se debatió que tan importante resulta el atractivo físico en general para la vida diaria, el trabajo y el éxito —también se mencionó de pasada el manoseo de usuarias de transporte público por parte de individuos masculinos. Para no hacer largo el cuento, hubo un consenso general en que la belleza no era preponderante como arma para lograr el éxito, entre las asistentes jóvenes que tomaron la palabra.

Cómo parte del panel,  había una invitada no tan joven, con un Ph y una investigación en la mano —lo que no quiere decir que dijera la verdad “absoluta” sino que hay que escuchar con más atención porque no va a decirte una opinión sin respaldo o de plano su opinión no viene al caso porque esta allí para darte información pura y dura. En algún momento le dieron la palabra y explicó que [no puedo citar porque no soy buena transcribiendo y tampoco entendí muy bien su nombre y no quiero nombrar mal a esta persona, se acepta ayuda para arreglar este desperfecto] además de tener buenos modales y habilidades o cualificaciones; el mundo moderno iba a exigir más y más el atractivo físico; no sólo de las mujeres sino de las personas en general.

¿Pueden imaginar que pasó después? Pues que las chicas que habían tomado antes la palabra no la dejaron terminar de hablar. Porque NO estaba de acuerdo con su opinión. A pesar de que les estaba leyendo los resultados. En una palabra: datos. Los datos analizados puede que reflejen un punto de vista (el de aquel que los recaba o idea la prueba) pero rara vez tienen una opinión propia acerca se sí mismos. Las jóvenes no estaban “cancelando” una opinión, estaban cancelando su derecho a la información. Ellas sólitas. Así sin más. Sólo porque no estaban de acuerdo.

La presentadora[3], como buena presentadora de medios, rehuyo la polémica —bien lo dijo Sumption, la tirana democracia no admite matices ni contradicciones— y les dio la palabra a las chicas hasta que se acabó el tiempo, literalmente. ¿Qué piensan? ¿Es importante? ¿No lo es? ¿Es una opinión algo invaluable sólo porque es la opinión de uno y merece darse de moquetazos con el otro? ¿No es fantástico que otros tengan opiniones y aún así podamos encontrarnos con lo que tenemos en común? ¿No tiene nada que ver con escribir? Eso sí, búsquense con quien discutir civilizadamente. Alguien como Claudithe. O Nali.



[1] Que  me parece también importante para un escritor pues es información que nos ayuda a convencer y a mirar desde otro punto de vista pero que guardaré para otra entrada

[2] No llevo un diario, escribo cartas sin fecha

[3] A decir verdad, ésta es otra razón por la que me gusta la BBC, porque sé de qué pie cojean

Publicado por merriamagrain

En realidad no me llamo Merriam y tampoco soy Grain. Sin embargo, al pasarme la mitad del tiempo que escribo con un Merriam Webster abierto, pensé que le debía un poco de crédito a mí diccionario. Grain viene del apodo del que me he apropiado para mi correo electrónico. Por lo demás, espero que disfruten de este blog como yo creo que me voy a divertir.

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